DAMIEN RICE – “MY FAVOURITE FADED FANTASY”

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Tuvieron qué pasar 8 años para qué finalmente, Damien Rice, se diera de nuevo a conocer a través de My Favourite Faded Fantasy, álbum que encierra todo ese cúmulo de emociones que el irlandés ha guardado por los últimos años y finalmente las expresa cómo una fantasía que se va desgastando, cómo una efigie que ve pasar el tiempo.

Todo en este álbum esta hecho bien, y qué mejor para un regreso tan esperado cómo este. Damien Rice, en este álbum, logra converger su característica voz con letras nuevas que esbozan, en más de una ocasión, esas emociones que el ha sabido convertir en notas musicales; y al mismo tiempo, ha sabido darle un tono más cercano a Jeff Buckley o Elvis Costello a toda su estructura musical.

Damien Rice tanto en O (2002) y 9 (2006) logró establecerse cómo un artista de folk que daba de que hablar. Su teatralidad se mezclaba con su carisma y ese humor etílico irlandés que hacían de él todo un personaje. Sin embargo en My Favourite Faded Fantasy, encontramos a un Damien Rice más maduro y que logra obtener la presencia de un cantante de opera sin dejar de ser un sólo individuo junto a su guitarra sobre el escenario.

My Favourite Faded Fantasy es un álbum algo complejo de escuchar; y más en una época dónde la música ocupa un espacio más amplio en lo que “suena bien”, que en la sinceridad musical de un cantautor bien hecho y derecho. A pesar de ello, esto no le resta seguridad y calidad a Damien Rice, por el contrario, en esta placa lo ha empujado a buscar diferentes formas de acercarse a su música y en la manera en la que la transmite. Claro ejemplo de ello es la mano de Rick Rubin en la producción de este disco.

El álbum abre con “My Favourite Faded Fantasy”, tema que es a penas la punta del iceberg de lo que Rice quiere compartir en este viaje. Los arreglos en general del disco son más arriesgados, mientras que la producción entera mantiene esa veta de folk; y al mismo tiempo, se pueden encontrar toques de rock, blues y hasta indie, en este álbum, dándole un ímpetu más creativo y que puede alcanzar a interesar a nuevos oídos.

Más adelante nos topamos con “I Don’t Want To Change You”, primer sencillo de esta producción. Este tema es un clásico instantáneo de Damien Rice: Drama, sinceridad y grandes acordes que logran estancarse en la cabeza y hacernos sonreír de manera agridulce.

Ocho años después de su último álbum, ocho años en los que Damien Rice se ha añejado cómo un buen whiskey y, de nueva cuenta, nos muestra por qué hay pocos interpretes que pueden coincidir con su mezcla de cinismo, folk, rock y drama.

FOO FIGHTERS – “SONIC HIGHWAYS”

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Después de haber pisado 8 estudios en 8 ciudades diferentes, Dave Grohl y compañía regresan de su épico viaje místico-musical para entregarnos Sonic Highways, un álbum que a pesar de contar con una gran actitud y un sonido potente adornado de una producción magistral, sigue sonando a la misma novedad que eran los Foo Fighters hace 19 años.

Con colaboraciones interesantes cómo integrantes de la banda de hardcore Scream o el productor de Kyuss y Queens Of The Stone Age, Chris Goss e inclusive Rick Nielsen, guitarrista de Cheap Trick, los Foo Fighters en Sonic Highways intentan crear un conglomerado de estilos que van y vienen desde el grunge pasando por el country para crear un álbum lleno de novedades que acaba por sonar poco convincente. Mientras que “The Feast & The Famine” pretende empaparse de ese sonido contestatario y agresivo de la escena de hardcore de Washington de los 80s, más adelante encontramos en “What Did I Do?/God As My Witness” una oda melódica que podría haber salido de cualquier disco de The Beatles.

A pesar de las grandes expectativas que la banda imprimió en esta producción, esta no es exactamente una revisión a fondo de los Foo Fighters. Sonic Highways aboga a la influencia directa de cada uno de los estilos que escuchan o han escuchado los integrantes de la banda y cómo intentaron adaptarlos a esa beta creativa, que en algún momento Grohl y compañía, supieron adecuar a sus necesidades cómo músicos.

Sí, Sonic Highways esta atiborrado de esas guitarras monstruosas, de esas baterías potentes y que nunca se salen de ritmo, de esos crescendos impresionantes y esos riffs que difícilmente abandonarán nuestra cabeza, pero lo que es un hecho, es que en la actualidad los Foo Fighters, son una banda que cada vez más intenta replicar la forma en la que Pearl Jam concibe sus discos, sin resultados muy concretos.

No hay suficiente mojo en este disco cómo en las producciones pasadas de los Foo Fighters… Sí, es un disco potente… Sí, es un disco con una gran producción… Sí, es un disco que incluye “nuevos” elementos para sonar diferente, pero al final, es un disco que dista de ser arriesgado, experimental o emocionante cómo lo fue Wasting Light (2011).

Por todo lo anterior, Sonic Highways no representa la diversidad musical de los Estados Unidos, sin embargo enaltece la necesidad de los Foo Fighters de continuar siendo una banda que llena estadios, embelesa a sus seguidores y que intenta converger sus procesos creativos con las tendencias más significativas del rock, supuestamente para salvarlo.

SEA OLEENA – “SHALLOW”

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Sueños enredados de una hermosa melancolía y sonidos que se traducen en imágenes a través de la sutil voz de Sea Oleena… Eso es Shallow, el primer LP de esta canadiense que después de haber lanzado dos EPs (Sea Oleena, 2010 y Sleplessness, 2011) Se aventura en un LP que evoca las emociones más básicas de la condición humana.

El álbum abre con “If I’m” que a la par es el primer sencillo de esta placa. El tema esta lleno de atmósferas somnolientas y lánguidas notas musicales que se asemejan al despertar de un eterno letargo. Mientras tanto, las armonías tejen la estructura musical del disco, dictando el ritmo que este lleva a lo largo de las 7 canciones que lo conforman.

“Shallow”, la canción que también da nombre a este disco, hace uso de esas armonías que de forma maravillosa le dan un toque cinematográfico a la esencia que la cantante pretende proyectar. Entre trémolos y percusiones, el sonido se acentúa, se hace más romántico y casi hipnótico, terminando con una simple línea de piano debajo de las voces, para dar un inolvidable final a esta canción de ensueño.

En el tercer track, “To Hold”, encontramos guitarras limpias y suaves, aquellas que nos recuerdan un poco más al indie folk y, a momentos, al pop. A pesar de ello, Sea Oleena logra revolucionar su sonido con pasajes de cuerda arriesgados y que pintan un sentimiento nostálgico pero esperanzador.

Sea Oleena presenta en Shallow, un álbum que hace revuelo con los corazones rotos, las emociones y los recuerdos que pinta con un millón de colores en cada tema. “Everyone With Eyes Closed” es claro ejemplo de ello con su ritmo que recuerda a los Cocteau Twins y que diseña una arquitectura minimalista en cada detalle de este álbum. Así; la canadiense, logra transmitir una epidemia de emociones, que por momentos, se hacen presentes todos al mismo tiempo, buscando una salida antes de que estallen a través de esos pequeños crescendos que habitan en el ADN de esta producción.

El álbum cierra con “Paths”, que dentro de un errático intro abre paso a una guitarra sutil que se empalma con la voz de Oleena, para una vez más, darnos un subi-baja musical que denota la calidad musical de la cantante y de esa hermosa música llena de anhelo.

ROYAL BLOOD

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En la isla de la realeza se acuñó esta banda, que más que agrupación es un dúo que suena a una bestia en el escenario. Royal Blood, es en toda la extensión de la palabra, la última banda de rock que existe y logra mantenerlo vivo a la par de reinventarlo; y al mismo tiempo, lo alimenta de eso que carecía: Sexo, psicodélica, agresividad; y sobretodo, actitud.

Mike Kerr (Guitarras, bajo y voz) y Ben Tatcher (Batería) son los encargados de reunir todos los elementos del caos bajo el nombre de Royal Blood y presentarlos cómo una banda que hace palidecer a los “últimos” esfuerzos del rock actual… Carecen de estética, no son atractivos y no les preocupa ensuciarse. Entienden que la música a la que se están entregando nace de las vísceras y la saben ejecutar de manera asombrosa con influencias que van desde el blues, pasando por el garage y el stoner rock.

Con tan sólo un año de existencia, Royal Blood ha logrado posicionarse cómo la banda de elección por aquellos que buscan un sonido desenfadado, bien producido pero crudo. Esta todo en los detalles y gran parte de lo que se ha escrito y dicho hasta ahora acerca de este dúo de Brighton, Inglaterra, se centra en el ruido y las agallas que supuran.

En comparación a otras bandas qué hacen para ellos lo qué creen qué es correcto, Royal Blood hace, inconscientemente, lo que es correcto para un género agónico que se llenó de vida con los ritmos potentes y riffs crujientes que despliegan en su álbum homónimo, Royal Blood, que pareciera haber sido concebido en la década de los 70s pero con un énfasis y atmósfera actual que se adapta, muta y evoluciona para, con fortuna, convertirse en la voz de algunos cuantos.

Su excelente debut es prueba que, al igual que todo lo mejor en la música pesada, son los momentos de calma los que elevan a las bandas ruidosas más alto. Hay luz, sombra y cuidado a lo largo de los matices de todo su álbum homónimo. Las guitarras aplastantes de “Little Monster” y “Out Of The Black” podrían llamar la atención, pero es la dinámica de “Ten Ton Skeleton” o la melodía hábil en “You Can Be So Cruel” que hará a más de uno hundirse en la música de Royal Blood.

Royal Blood es un álbum bastardamente potente, “Little Monster” y” Come On Over” denotan que esta banda es sorprendentemente eficaz. Gracias a su empleo de los componentes básicos de lo que es, en el fondo, un género muy simple, Royal Blood logra distanciarse de sus similares y crear una identidad nueva que, para muchos, no será apreciada cómo debe, pero para otros, con seguridad, les cimbrará el mundo.

BUSH – “MAN ON THE RUN”

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Una cosa que hace Bush es que nunca encuentra complicado el evocar canciones potentes y con letras profundas en cada álbum y Man On the Run no es la excepción. En el se esconde una selección de tracks bien construidos y adornados con esa característica voz de Gavin Rossdale.

Las guitarras ásperas y distorsionadas se hacen notar casi en cada track, desde la potente “Just Like My Other Sins” que abre el álbum, hasta “Dangerous Love”, temas que despiertan ese sonido mezcal de grunge y rock alternativo que Bush supo construir en la década de los 90’s. Mientras tanto, temas cómo “The Only Way Out” o “Broken In Paradise”, demuestran el riesgo que corre la banda al crear nuevas vertientes de rock para adaptarse a las nuevas tendencias sin perder su esencia.

A momentos predictivo, si, pero con una cadencia musical que la banda supo adaptar a su nueva alineación y a la necesidad de crear y rediseñar su sonido. En Man On The Run, Bush no sólo se atreve a salir de su zona de confort y forja en catorce canciones un todo que tiene cómo propósito darle la cara al 2014 y al futuro de la agrupación.

Gavind Rossdale y Robin Goodridge son los únicos integrantes originales de Bush, y ellos dos han encontrado en Chris Traynor (que ha tocado para Helmet y Rossdale en su faceta solista) y Corey Britz el complemento perfecto para forjar un sonido que suena vigente, potente y con ese “toque” que ha diferenciado a Bush de otras bandas surgidas en los 90’s

Man On The Run podría compararse a momentos a Sixteen Stone (1994) o a Razorblade Suitcase (1996), es un álbum crudo pero menos desenfadado. Más formal y mejor producido; dejando de lado esa desolación adolescente y el espíritu de la generación x para, finalmente, llevar en los hombros el peso de madurar a través de la música, de una banda.

Bush, logra en Man On The Run, un álbum diferente y que hace eco. Si bien no cuenta con esa fuerza de sus años mozos, dejará a más de uno satisfecho con su trabajo y su cuidada producción que se traduce a un disco disfrutable y que fluye con facilidad.


 

LOS ATEOS – “NOT FROM THE RIBS OF MEN…”

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Tan sólo pasaron 10 meses para que Los Ateos reinventara su sonido y lograra con su segundo lanzamiento, Not From The Ribs Of Men But From The Stars Up In The Sky: The Magnificent Preparation For Death, provocarnos un suicidio inducido a través de su visceralidad; que sin duda, sorprende y deja un excelente sabor de boca al suponer, que gracias al trabajo de Raquel, Jerri y Rod, la escena del rock nacional no esta muerta y, por el contrario, crece y propone cada vez más fuera del ojo público.

Esta banda mezcla lo más sucio del garage, lo más errático del punk, lo más gamberro del shoegaze; y por momentos, alcanza a transformarse en un acto contestatario que emula el riot-girl de finales de los 90s. En sus notas vocales encontramos similitud con Julie Christmas, vocalista de Made Out Of Babies, sin embargo, Raquel le da un toque más inocente pero no por menos maduro a cada canción. Mientras tanto, Jerri en las guitarras, mezcla un combo de stoner pasando por punk y garage de ese que se hacía en Washington a mediados de los 80s, y remata con un sonido urbano que sólo se emula viviendo con la velocidad que se vive en el Distrito Federal. Rod, por su lado, parece un esquizofrénico detrás de su batería, pareciera tocarla sin conciencia o noción de lo que se debe hacer. El se dedica a cegarse para aporrear la batería cómo un tambor de guerra.

Este conjunto de detalles logra crear en Los Ateos, una banda que por mucho dista de sonar a lo que en la actualidad se hace en México. Podría ser una banda que nació en Nueva York o en la fría costa de Seattle. En este segundo lanzamiento dejan ese “experimento” llamado Paralysis (2013) que los dio a conocer y dan un paso adelante para redefinir y deconstruir un sonido que iba por buen camino pero que, por momentos, no acababa de cuajar.

Not From The Ribs Of Men But From The Stars Up In The Sky: The Magnificent Preparation For Death abre con “S.E.E.O. (Apparently)” que sirve de introducción para el resto de esta producción, se sigue con “Iñigo”, track que pareciera haber sido engendrado en alguna escena de Begotten (Dir. E. Elias Merhige, 1990)… Locura, psicosis y dinamismo, todo converge en esta canción.

Uno de los temas más interesantes de esta producción es “Fausto”. Retoma esos ritmos tribales del rock clásico mientras que Raquel tira líneas de frases y palabras que lo convierten en algo diferente, casi en un himno de brujería para traer al demonio a tomar el té con la banda.

El disco cierra con “Solar”; tema en el que riffs de death metal se aderezan con un poco de witch house para hacer un verdadero caldo de cultivo que dejará clamando por más a quién se arriesgue a hipnotizarse con Los Ateos.