VAMPIRE WEEKEND – “FATHER OF THE BRIDE”

Vampire Weekend ha sido una banda que, por lo regular, es encantadora, alegre y exitosa; estudiantes de Columbia un año, y al siguiente, headliners de casi todos los festivales musicales que puedas imaginar. Mientras usaban suéteres tejidos y parecían tipos que escribían anuncios clasificados en Craiglist, eran provocativamente interculturales, mezclando el dancehall digital con grandes secciones de cuerdas, un toque de punk, raga en formas que no encajaban con ninguna estructura musical y el pop más suave que se pueda saborear para resaltar ese indie desencajado y gastado en el nuevo milenio.

Y a pesar de su cortesía superficial, había algo profundamente antagónico sobre ellos. Esos vestigios de chicos adolescentes suburbanos que crecieron amando el punk y el hardcore pero que nunca se sintieron con derecho sobre la ira que pregona ese género. Por lo mismo, la banda, se empeñó en romper el monopolio de la música comercial sobre sí misma para darle un giro, un toque y un revuelo que los ha redefinido a pesar de, en algún momento, ser una banda de sencillos más que de álbumes.

Con el tiempo maduraron, se volvieron más densos y más serios. Su tercer y último álbum, Modern Vampires Of The City (2013), se sintió como un hechizo. Cada línea estaba saturada de referencias a todo, cada espacio contaba con sonidos extraños y procesados. Incluso los silencios crujían con notas de antaño de vidas pasadas. Se sentía, apropiadamente, como el hogar de la banda en Nueva York, un lugar donde no puedes caminar alrededor de la cuadra sin sentir que estas molestando a los muertos.

Así Ezra Koening se mudó a Los Ángeles, hizo para Netflix la serie animada “Neo Yokio” y se convirtió en padre a la par de que Rostam Batmanglij dejó la banda para trabajar en su música como solista… Y después de estas pequeñas turbulencias tenemos Father Of The Bride, un disco más relajado y amplio que Modern Vampires Of The City, el gran suspiro después de una larga estadía bajo el agua. Todavía hay momentos de conflicto, pero en general, el álbum presenta una sensación de que la banda esta aliviada de dejar sus dudas existenciales atrás y salir relativamente ilesa, agradeciendo estar aquí y llenando los oídos de los escuchas con melodías que provocan sonreír y estar de buen humor.

La música es por lo tanto soleada, festiva, impregnada con toques campiranos, un poco de disco y música atmosférica de fantasía que se nota en “My Mistake”. Mientras que “Flower Moon” tiene un sutil sabor a samba, a algo latino que se asoma entre las mimetizaciones a la Van Morrison.

Anteriormente, Vampire Weekend tendía a depender de muchísimas yuxtaposiciones inusuales; aquí presenta un sonido más compilatorio, un conjunto de “presets culturales” calibrados para inducir nostalgia, repulsión y un mensaje que se vuelve sincero, al igual que su música y que provoca pensar, sentir, involucrarse con uno mismo y con la conexión emocional que muchas veces perdemos.

Para una banda históricamente obsesionada por el mundo, por cómo el hombre lo ha labrado, por su tecnología, su cultura, etc., Father Of The Bride es relativamente más orgánico, un esfuerzo natural más ligero en cuanto a las referencias de cada integrante de la banda, y más confinado a sus pensamientos y emociones. Varias de las canciones – “Hold You Now”, “Married In A Gold Rush”, “We Belong Together” – son literalmente duetos entre Ezra Koening y Danielle Haim (Haim), esfuerzo que provoca que cada canción sea pensada y sentida por dos personas, el yin se reconcilia lentamente con el yang. Los temas hablan de la primavera, el renacer, un cambio de dejar lo viejo atrás y la recuperación de la confianza, y esperanza; en un momento viajamos a través de un jardín – “Sunflower” – y en otro nos relajamos con una canción de cuna que da calor al corazón – “Big Blue”.

Por supuesto, el jardín, ese lugar fértil e inocente en el que morábamos antes de que la civilización nos desviara, es y siempre ha sido una fantasía, y el hogar nunca vuelve a estar en casa después de que uno se va. Hay momentos en que la universalidad de Father Of The Bride se siente forzada, el sonido de una mente inquieta que se dice repetidamente que se relaja, el esfuerzo paradójico que hace la gente en nombre de dejarse ir un poco, de soltarse.

Pero Vampire Weekend nunca ha sido tan legible, y ser legible no es mejor que ser un poco oscuro. Father Of The Bride me hace pensar en algo como Bob Dylan en sus Self Portrait (1970) y New Morning (1970): El sonido de un artista que intenta retroceder, de una manera fascinante y antagónica, hacia la raíz de su sonido, ese que tanto trabajó para cultivar.

Father Of The Bride es la primera que no suenan intensamente vivaces, pero eso no significa que hayan dejado de moverse; en todo caso, con la excepción de “Rich Man”, una canción infantil que combinas sonidos claramente nacidos en África y con toques celta, más una textura vintage casi como de caja de música. Aquí la música es enorme, casi como en Modern Vampires Of The City. A ese le siguen “Harmony Hall” con una reminiscencia sutil a Greatfull Dead y “We Belong Together”, tema que podría ser fácilmente encasillado en un ambiente de campamento de verano.

En general, la felicidad no es un gran arte; por lo menos, no es tan explosivo como la miseria, la tristeza, el deseo o cualquier otro sentimiento arraigado al vacío emocional. Al escuchar Father Of The Bride, percibimos canciones de satisfacción cantadas por personas que tienden a sentirse agitadas, canciones de pertenencia escritas por personas que tienden a sentir que no pertenecen a ninguna parte. Extraño la inquietud de Contra (2010), la grandeza de ese sonido ansioso y autoreflexivo sobre su privilegio. Aún así, se necesita cierto tipo de valentía para sentir el peso de la ligereza, para admitir que las cosas están bien. Con esa reflexión, algo cursi eso sí, el álbum invita a bailar a cualquiera haciendo que la flor de pared (wallflower) deje el muro, florezca y comience a bailar.

KALAX – “III”

El synthwave se ha convertido en la nueva epítome del DIY (Do It Yourself). Todo esto derivado – principalmente – por el éxito que Perturbator generó desde sus concepción. Así, una cornucopia de varios proyectos que se adentran en el synthwave o retrowave atestan los pasillos del mercado musical, brindando un sin fin de opciones que, principalmente, están destinadas a saciar la metáfora de la necesidad de volver a lo básico y a lo más elemental a través de samplers, sintetizadores y sonidos salidos de un Atari o Gameboy.

Por implicación, esto significa que la búsqueda de un nuevo álbum que sea un verdaderamente magnífico dentro del género puede ser tedioso. Pero afortunadamente Kalax esta aquí para cumplir con la tarea de refrescar un género que día a día parece estar más sobresaturado. Kalax, a través de III, logra evitar las mismas emulaciones rítmicas de Vangelis combinadas con la nostalgia por las consolas de videojuegos de antaño; en su lugar, canaliza algo que realmente podría ser un producto de la influyente época de los ochenta sobre la forma en la que uno se puede acercar a la música o a hacerla.

Este nuevo álbum – III – toma dos enfoques notables con la presentación de temas que se vuelven vibrantes ofertas instrumentales a las que se recurren para calificar los intermedios contrastados y las adiciones vocales progresivas sobre la narrativa cinemática del disco. Eso no quiere decir que un enfoque sea más valioso que el otro, por otro lado, se puede decir que ambos se complementan, convergen y dan distintas tonalidades a la paleta color neón que Kalax utiliza en esta nueva producción. “Dream” cobra vida a través de las drum-machines mientras toma un fulgor característico gracias a los sintetizadores. Mientras tanto, “Lili” opta por un enfoque más tierno con una tesitura electrizante y vibrante que fluye a través de los sentidos. Esto es una pintura del tráfico de la ciudad por la noche y como esta poco a poco se va transformando en un lienzo salido de la película Tron (Dir. Steven Lisberger, 1982).

Los vocalistas invitados también se encuentran en abundancia en este disco. Player One adorna con su voz el tema “Not Alone”. Con ella domina el tema pero es sincero al darle una tonalidad cristalina a la canción que se complementa con el estallido del saxofón, logrando en conjunto, capas bañadas de sol. El dúo de PYXIS y Jay Diggs en “Out Of Time” adopta un enfoque mucho más conmovedor, optando por un futurismo romántico. Aquí las voces son sedosas, cálidas y se toman el tiempo para ir de menos a más y envolver al oyente en una aventura única.

III es una visión ambiciosa para Kalax; el grupo de talentos en exhibición en este álbum es realmente increíble y eso únicamente se traduce a que el tiempo de duración del disco es mayor. El álbum sobrepasa la hora de duración y un disco así exige atención y cuidado… Tanto del escucha como del que lo ha creado.

Si bien Liverpool, Inglaterra no es el centro del universo para cualquier esfuerzo musical (o lo dejó de ser hace mucho tiempo) y definitivamente no es la metrópolis bañada por el neón que uno comúnmente asociaría con este género de onda sintética, es la plataforma para que Kalax, proyecto liderado por un solo hombre, sigan recorriendo un largo camino para inyectar autenticidad en III, álbum que sin lugar a dudas ofrece variaciones y novedades a un género que cada vez esta más trillado.

BILLIE EILISH – “WHEN WE ALL FALL ASLEEP, WHERE DO WE GO?”

Convertida en una estrella pop instantánea y obscenamente famosa, Billie Eilish viaja entre su innegable talento y su ácida personalidad para llegar a lugares inhóspitos poco explorados para una chica de tan solo 17 años y que implican la vorágine de la fama y fortuna. Y mientras ella se quita su guarda dental para grabar el intro de su álbum debut, risas ahogadas y sonidos que nos recuerdan que todavía es una adolescente precoz y creativa, acompañan la pista de la que un monstruoso mundo es testigo. When We All Fall Asleep, Where Do We Go? Esta lleno de momentos así: Momentos con los que entendemos que su roce con la oscuridad no anula lo mucho que disfruta el paseo de hacer música.

A los 14 años “Ocean Eyes” le abrió las puertas de la fama a través de las plataformas digitales. La canción la catapultó a un spotlight inconcebible para una artista tan joven mientras que su canción se abría paso por los oídos más experimentados de la crítica musical y aquellos que solo escuchaban por escuchar. El tema, una balada cristalina llena de sintetizadores erráticos y lagrimales, se coloreaba con su extravagante excentricidad que se aleja de la fórmula pop pero que la ayuda a distanciarse de la maceración históricamente lasciva de los ídolos adolescentes de la industria musical. Eilish, con ese anacronismo personal, solo parece ser más mezquina, filosa; pero sobretodo, autosuficiente.

Los mejores momentos de When We All Fall Asleep, Where Do We Go? Encajan perfectamente en ese esquema. Inspirado por los terrores nocturnos de Eilish y sus sueños mas vívidos, el álbum combina las oscuras compulsiones con elogios sombríos, equilibrando sus voces aterciopeladas con bajos profundos y sonidos espeluznantes que hacen parecer cualquier historia de terror como un cuento infantil. Eilish es capaz de tejer algo que es grotesco y delicado al mismo tiempo. En “You Should See Me In A Crown”, ella fabrica un arrullo que se precipita hacia una caída dentro de un abismo infinito lleno de ritmos tectónicos que asemejan el dubstep y que están repletos de murmuros que suavizan el golpe que propiciará la caída.

“Xanny” es ansiedad pura acompañada de acrobacias jazzísticas que hacen temblar la medula. La voz de Eilish se desvanece sobre el ritmo narcoléptico y se sumerge en la desesperación, gimiendo sus líneas más personales y subrayando que esa teenage angst es ferozmente sincera y brutal. Una esencia similar es el motor detrás de “Bury A Friend”, otro potencial sencillo en el que a pesar de la distorsión vocal, la voz de Eilish se siente íntima, cálida, como una caricia que hace observaciones sociales mientras que es tan brillante como oscura.

Aún así, todo el arsenal de Billie Eilish no pueden impedir que su pista más abiertamente pop, “Bad Guy”, se vuelva un poco obsoleta. Un galope veloz proyecta a la intérprete a una letanía de burlas hacia su pareja, compañero o lo que sea, mientras se autoproclama “la que puede hacer que tu novia se vuelva loca… el tipo de chica que puede seducir a tu padre”. Esto nos lleva a pensar que tal vez la intérprete no esta tan lejos del estereotipo del pop adolescente haciéndonos entrar en un entendimiento de que, al menos durante este track, Eilish se transforma en la vocera del post-Christina-Aguilera-Dirty-pop para hacer alarde de su sexualidad y cruzar un límite que, claramente Eilish a través de otros canales, ha demostrado que no necesita.

When We All Fall Asleep, Where Do We Go? Esta cargado de tranquilidad que refleja el pasado de Eilish. Al igual que en su primer EP, Don’t Smile At Me (2017), el sonido se inclina hacia lugares macabros que rozan en un romanticismo del siglo XV. “Wish You Were Gay” resalta las voces de Eilish que merecen algo mejor que estar adornadas con risas de sitcom salidas de Saturday Night Live. “Listen Before I Go” es minimalista, triste y somnolienta, un suave beso bajo la lluvia veraniega que se trasforma en una imagen onírica de un paisaje inexistente. “When The Party Is Over” demuestra aún más lo que Billie Eilish es capaz de lograr con la inercia de su voz… Con estos contrastes y matices, When We All Fall Asleep, Where Do We Go? Se transforma en una plataforma increíble para alguien que de manera prematura ha demostrado un talento crudo y palpitante, sin embargo el álbum es un amplio esfuerzo sonoro lleno de colores, formas, matices, imágenes y relatos que parecen un collage salido de del dormitorio de cualquier adolescente.

VENOM PRISON – “SAMSARA”

Los chicos de Venom Prison está enojados y no perderán tiempo expresando cada centímetro de ira en su más reciente álbum, Samsara. Este disco es una recopilación de nueve temas de “metal extremo” muy bien confeccionados y ejecutados que se enriquecen con todos los elementos más clásicos de la música pesada. Sin embargo, Venom Prison viaja a través de muchos subgéneros que fluyen dentro y fuera de la producción del disco y que inmediatamente nos hacen recordar a otras bandas del género. “Uterine Industrialization” – primer sencillo que se desprende de Samsara – tiene Dying Feauts escrito por todas partes, mientras que “Matriphagy” tiene una desbordante calidad que nos remonta al sonido de Misery Index. Samasara esta cargado de invocaciones a Death, Cannibal Corpse, Phrenelith o Outer Heaven.

La última vez que una banda capturó la atención de los fanáticos más “true” fue con el lanzamiento de Forever (2015) de Code Orange y si hay una forma adecuada y precisa de describir a Venom Prison sería como un Code Orange más brutal, más errático, más enfermo y más desquiciado. Mientras Code Orange fluye entre el las versiones más extremas del hardcore y punk, Venom Prison toma inspiración del death metal y el grind. Mucho de esto se debe a las guitarras de Ash Gray y Ben Thomas, que van hilando pinturas brutales con riffs irregulares que, junto a una excelsa ejecución, desgarran los oídos para proyectar la antesala de lo que podría ser un circle pit a cargo de esta banda.

Por otro lado, Mike Jeffers en el bajo, sostiene una cadencia pesada e hipnótica sin alejarse de las fórmulas establecidas por los guitarristas para ser el acompañante perfecto de una sinfonía del caos.

A lo largo y ancho, Samsara es un disco increíble, pero lo que lo retiene de ser un álbum maravilloso, son las secciones de batería. La elección de Joe Bills de amalgamar ritmos de corte hardcore a la estructura del disco le ha restado potencia y brillo. Si bien en un principio este esfuerzo remonta a Cannibal Corpse, esto daña los acordes que se fusionan en una tormenta de métricas sonoras insípidas. Tal vez si en esa sección hubiera habido un acercamiento más hacia el death metal y las dieciseisavas de sus notas, la sección rítmica de Samsara no habría diluido tanto su sonido general.

La vocalista, Larissa Stupar, es quien hace que Venom Prison se aleje de las reglas más retrogradas de los géneros “duros”. Sin opacar a las guitarras o al bajo, las interpretaciones vocales de Stupar se liberan totalmente en Samsara. Su habilidad para cambiar, sin aparente dificultad entre los diferentes sonidos que caracterizan a los estilos más extremos del metal, son clara muestra de que Larissa se ha convertido en una vocalista madura y experimentada capaz de evocar perfectamente las emociones correspondientes a los riffs subyacentes del álbum, dotándolo de una textura increíble.

Mientras que la primera mitad de Samsara – que marca el intermedio “Deva’s Enemy” – depende en gran medida de los sonidos sónicos, agresivos y casi destructivos; la segunda mitad – que comienza con “Asura’s Realm” – es más melódica, energética y con una carga emocional más prístina. “Sadistic Rituals” y “Dukkha” nos recuerdan al black metal por sus chillidos salvajes y nos hacen entender lo que la banda esta buscando como músicos e intérpretes.

Si hay alguna queja de Samsara es que, a momentos, es un disco crudo, orgánico y muy visceral, características que dejan una sensación de carencia de pulido. Tal vez esto pueda atribuirle alguna clase de inexperiencia a la banda o fue una opción estilística para priorizar un sonido brutal, casi primitivo. Sin embargo esto es una cuestión menor cuando se habla del contenido del álbum que es muy personal y que nos hace entender que cada integrante se desgarra la piel con la ejecución de este disco.

Es así como Venom Prison tiene una relación especial con Samsara, un disco sorprendentemente agradable y que mezcla los aspectos más brutales de la música de corte duro en un solo lugar; encontrando cohesión, brutalidad, honestidad y mucho dinamismo en un collage salpicado de sangre.

LA DISPUTE – “PANORAMA”

Para muchos, siempre habrá un antes y un después de La Dispute. Mientras que los fanáticos más acérrimos de los originarios de Grand Rapids, Michigan siguen alabando su trabajo, hay personajes que después de un par de segundos de escucharlos, deciden que el quinteto es como si Fugazi estuviera grabando audiolibros.

Durante los últimos 10 años La Dispute ha sido una parte fundamental de la llamada The New Wave of Post-HardcoreThe Wave para los amigos – integrada por bandas del calibre de Touché Amore, Thrice, O’Brother, Moving Mountains, etc. Pero desde sus inicios, el quinteto ha sido la banda más exigente y divisoria en el fandom de un subgénero como es en el que están categorizados (post-hardcore). Sus seguidores más radicales describen la música de La Dispute como profética, deslumbrante más allá del arte de hacer música, y a momentos, le dan el trato de literatura en lugar de música.

Es con estos antecedentes con los que La Dispute, después de 5 años, regresa con Panorama. En este álbum quedó atrás la intensidad física, la exaltación vocal y sin ninguna expectativa o gratificación inmediata, el álbum pide a gritos que se le comprometa e intime como si de un libro se tratara… Con atención indivisa y que provoque tomar notas al pie para su posterior discusión y análisis.

Al igual que sus compañeros, La Dispute ha reducido radicalmente sus extremos. Su álbum, Somewhere At The Bottom Of The River Vega & Altair (2008), permanece como uno de los álbumes de hardcore más singulares del siglo. En él, Jordan Dreyer murmuraba y organizaba letras anacrónicas influenciadas por el poema de Edgar Alan Poe “Annabel Lee” o por el trabajo de Kurt Vonnegut, mientras tanto el resto de la banda – Brad Vander Lugt, Chad Morgan Sterenberg, Adam Vass y Corey Stroffolino – incursionaba en el jazz, el scremo, el rock progresivo y el spoken word. Aquel álbum, sin precedentes y sin una ambición sin control, expresa la culpa de Dryer de cómo él bombardeó a sus fanáticos con su arte, cambiando las intenciones de la banda. Mientras que los escuchas podrían pasar por alto el cuidado y atención del crafting de La Dispute, la banda se esmeró en crear un trabajo expresivo, presencial y que los direccionó a crear Rooms Of The House (2014), un disco aún más silencioso, casi sepulcral y póstumo que resalta por sus momentos emocionales bastante tradicionales dentro del género.

Hábil y sutil, Panorama se arrastra hacia la resonancia en lugar de la catarsis, incluso cuando la banda parece crear sonidos más potentes y complejos, se siente que caminan de puntas sobre hielo muy delgado. “Anxiety Panorama” y “View From Our Bedroom Window” son demasiado complacientes como para dar pie a un circle pit, sin embargo, cuentan con ese drama y carga emocional a la que Jordan nos tiene ya acostumbrados. En “In Northern Michigan” las guitarras están muteadas por la mayor parte del ambiente gélido de la canción hasta que se filtran en la melodía del tema, como el sonido de un alfiler que cae, rompiendo el silencio en una habitación vacía. El coro de “Footsteps At The Pond” encuentra la voz de Dreyer siendo una sordina en las guitarras, iluminando la melodía con letras oscuras que se entierran en la mezcla y ecualización del tema, dándole otro tono a la canción, sobretodo por que ello es una decisión curiosa para una banda que confía tanto en las palabras de su frontman.

Panorama encuentra a Dreyer reflexionando sobre los 31 años de existencia que tiene en el mundo relativamente sin tragedia alguna que lo afecte. Mientras transcurre el álbum se va preguntando cómo brindar apoyo a alguien que ha experimentado cosas realmente atroces …Could I even be half of what you need? suplica en “Fulton Street I”. Con poca dirección, Dreyer avanza con buenas intenciones y un miedo paralizante de empeorar las cosas en “Rhodonite & Grief”, que con sus acordes y melancólicos vientos metálicos, podría ser una secuela a “Woman (In Mirror)” canción incluida en Rooms Of The House. Panorama, hasta el momento, da la impresión de ser un disco que habla de la muerte, el dolor; pero sobretodo, de la incapacidad de comunicarse.

En “You Ascendant” Dreyer recorre a través de formas celestiales y monótonas la muerte de una relación y la abrumadora verdad de que una de las dos partes – si así lo deciden – tendrá que irse primero.

En conclusión, Panorama y sus esbozos de poesía brutal y teatralidad visceral, son el claro ejemplo de una historia de amor, historia que todos hemos vivido o vivimos y que solo es necesario leerla entre las líneas que componen el panorama que La Dispute pinta en este disco.