LANA DEL REY – “NORMAN FUCKING ROCKWELL”

Lana Del Rey siempre ha sido una clasicista del pop en lo más profundo de su corazón, sin embargo, no ha sido hasta este momento que ha logrado crear un clásico del pop. Norman Fucking Rockwell es un álbum majestuoso y masivo, más de lo que todos esperábamos. Lana, a través de su voz y visión, transforma su quinto álbum en un vórtice de sórdidos sueños americanos que se ocultan en la cara más retorcida del glamour estadounidense.

Nadie escribe y describe fantasías complejas e imágenes románticas como lo hace Lana… para en un santiamén destruirlas con el propio material con el que las construyó. Sus labios pronuncian “… If I wasn’t so fucked up, I’d fuck you all the time…” o “… your poetry’s bad and you blame the news…”… Pero lo que es un hecho es que a pesar de que las canciones tengan un sonido amable y pegajoso, no las hace menos escalofriantes.

Norman Fucking Rockwell fue icónico incluso antes de su lanzamiento. La serie de brillantes sencillos que Lana estuvo lanzando durante el año pasado se transformaron en una especie de diario, tema por tema. “Venice Bitch” fue una vorágine de nueve minutos de suciedad y guitarras psicodélicas, cuerdas exuberantes y sintetizadores funk que se escuchan ahí en el fondo, manteniendo un bajo perfil pero acentuando el sonido setentero que envuelve al álbum. “Mariners Apartment Complex” es una balada de desamor de carne y hueso que suplica: “…Jesus, can’t a girl just do the best she can?…”

Pero el disco se supera a sí mismo, estirando el ritmo lánguido durante más de una hora. La balada que da título al disco abre con una frase cruda y que es lo más cercano a un momento romántico en este trayecto sonoro: “…Goddamn, man-child, You fucked me so good that I almost said ‘I love you…” esta es la epitoma de cómo un hombre inmaduro le falla emocionalmente en todas las formas posibles y ella reponde: “…You’re just a man, It’s just what you do, Your head in your hands as you color me blue…”

En Norman Fucking Rockwell, Lana Del Rey actualiza su imagen de la “Nancy Sinatra de la Mafia”, donde Jack Antonoff (letrista y productor del álbum) hace de un Lee Hazelwood personal de la cantante al ser, incluso, su acompañante musical. Pero nadie pone en duda de que este es el viaje de Lana. Ella siempre es la chica que hace todas esas canciones suyas, no importa qué canción sea; pero también, es la chica que las canta, la chica que las siente y que por lo mismo la hacen sentir condenada y jodida de alguna emocionante manera. “The Bartender”, “How To Disappear” y “Love Song” son baladas temerarias que podrían sonar de música de fondo en algún thriller erótico de aquellos que inundaban la barra de programación nocturna de Cinema Golden Choice.

Hasta ahora, Ultraviolence (2014) solía ser su mejor álbum, el único en el que su voz y composición finalmente le valieron transformarse en mito. Pero ella, a través de Norman Fucking Rockwell, lo supera. En este álbum se adapta a un mundo musical que ha moldeado a su imagen. Ella resucita una ambientación setentera salida de Laurel Canyon mientras roba títulos de canciones de Neil Young (“Cinnamon Girl”) y Joni Mitchell (“California”) para reinterpretarlas en fiestas donde se bebe ron y se escucha a Crosby, Stills & Nash. Es una dama del valle de California en toda la extensión de la palabra.

En uno de los aspectos más destacados del álbum, “The Next Best American Record”, emula de cierta manera el ritmo psicodélico de Led Zeppelin para iluminarlo con una cadencia erótica y esotérica que permea el fraseo de la intérprete.

Después viene una versión mas sexual del clásico tema de Sublime, “Doin’ Time”. Cuando se jacta de estar representando a Long Beach en la canción, no suena más ridícula que la original, pero hay algo conmovedor en su afecto por la parte del sur de California que hace que el tema sea igual de cálido y representativo para el golden state.

Norman Fucking Rockwell suena como un conjunto de canciones concebidas en el crepúsculo de los setenta cuando todas las canciones en la radio hablaban de Los Ángeles, California, sin importar de dónde eran los cantantes, simplemente por que se entendía que universalmente L.A. era el lugar donde los sueños estadounidenses iban a morir. Todo el mundo sabía que L.A. no se refería solo a una ciudad sino a un laberinto de éxitos de radio AM sobre el romanticismo de los habitantes de pueblos pequeños que huyen a la ciudad para envenenarse tanto, que nunca pueden volver a casa. En este álbum, es justo ese Los Ángeles en el que Lana habita y del que canta. Cuando cierra con “…“Hope Is A Dangerous Thing For a Woman Like Me To Have…But I Have It…” hace que la frase suene a un epitafio para todo el país, sus sueños y sus soñadores.

GRIMES – “ART ANGELS”

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Algunos artistas utiliza alter-egos para proteger su integridad personal y proyectar más de ellos a través de su arte. Sin embargo, artistas como Grimes, utilizan esa herramienta para convertirse más en ellos, para estar más en contacto con la forma en la que son y en la que crean. Es así como detrás de Grimes esta la productora canadiense Claire Boucher, que funge como un titiritero, que junto a su moda, proyecta en su música y su personalidad una persona maximizada, brillante, mutable y que es inexhaustivamente viva todo el tiempo.

Art Angels, el cuarto álbum de la canadiense, es al mismo tiempo su disco más accesible y también el menos personal de su carrera. Este disco es puro histrionismo, felicidad y beats que inundan los oídos de una manera muy peculiar.

Mientras que Visions (2012) tomaba de la década de los 80s ese sonido análogo, en Art Angels encontramos una fórmula curiosa que mezcla lo mejor del pop actual con matices de house, techno e inclusive dub. Todo este conjunto de ideas musicales y esfuerzos de maquetación se juntan con una producción rica y densa, meticulosa en cada detalle para optimizar ese sonido que es capaz de romper las ventanas de tu auto o volar las bocinas de tu laptot.

En el núcleo de Art Angels se encuentra actitud, no estética. En las letras de Grimes uno puede leer un grado de antagonismo bastante característico, especialmente en la melancólica y dinámica “California”, donde hace una crítica ante la forma en la que los medios de comunicación maquilan. Pero a pesar de ello, esta canción es la única que toma ese carácter de Grimes, el resto toma diferentes alter-egos para proyectar una personalidad diferente: “Kill V. Maim” es una alegoría cuasi-masculina para luego romper su estructura con un coro que parece un canto de porrista y seguir con un ritmo con reminiscencias al new wave y ebm… Sin duda la hipermasculinidad e hiperfemeneidad de Grimes colisionan en un solo ente donde Claire Boucher es la productora, directora y la protagonista.

Art Angels no es un disco hecho por alguien que esta tratando de convertirse en una figura decorativa, o de adoración, para una generación. Grimes no esta tratando de salvar la música. Ella está tratando de perderse en ella, de hundirse profundamente en lo que más le gusta.

Y las razones por lo que le gusta es por que, a través de su trabajo, puede explorar los sonidos a los que nos aferramos como preadolescentes. Es por ello que Art Angels esta en un lugar tan alto como esos sencillos pop que inadvertidamente habitan nuestro cerebro.