DASHBOARD CONFESSIONAL – “CROOKED SHADOWS”

Tanto ha sucedido en los 15 años desde que Dasboard Confessional impulsó su drama a través de una adolescencia perpetua y que se nota en su ápice de música emocional, que el “emo” de Chris Carrabba ha tomado un avance hacia un acotamiento más maduro sin dejar atrás esa actitud pop, que desde sus inicios, lo ha caracterizado.

En los comienzos de Dashboard Confessional, Chris Carrabba se hizo un nombre cantando a cerca de cómo tener novia (y cómo perderla) y todas esas vicisitudes que cualquier adolescente vive y sufre en sus años mozos. 8 años después Dashboard Confessional regresa con Crooked Shadows, utilizando esa misma romántica fijación que ha sido el núcleo de todas sus canciones. El enfoque lírico de Carrabba ha evolucionado un poco, ignorando el “yo” que predomina en casi todos sus temas para unificar un “nosotros” en el hilo del álbum. Sin embargo, ese paternalismo heroico del pop sentimentaloide, todavía esta presente.

“We Fight” abre Crooked Shadows y es un ejemplo claro de su regreso: Chris Carrabba sigue metido en las fronteras de su propia emocionalidad y eso es una especie de vocación y obligación hacia sus seguidores que, a pesar de haber crecido y madurado, siguen siendo en espíritu esos adolescentes que continúan conectando con su música. La canción sugiere que esto no es un regreso capitalizador, Carrabba simplemente está asumiendo el mando y sigue siendo un ícono en esta relación.

Cada canción de Crooked Shadows dice lo mismo: “Todavía estoy aquí, nunca me fui y me encanta estar con ustedes”. Las canciones, a pesar de estar permeadas con ese tedio popero, logran conectar con situaciones más complejas y maduras.

Y aunque claramente Carrabba sabe que esta mutando hacia una nueva especie de Ed Sheeran, sus canciones siguen siendo dramáticamente sencillas al estilo de Dashboard Confessional. “Catch You” es un tema ingeniosamente revestido en su producción contemporizante, logrando que ese sonido preparatoriano se diluya, dejando atrás esa esencia clásica de la banda, para poder crecer hacia otra dirección.

Es claro que Crooked Shadows es una evidente ambición hacia la forma en la que el pop debería hacerse en 2018. La fluidez que tienen estas nueve canciones son el lenguaje con el que Chirs Carrabba siempre se quiso identificar y del que ha sido profeta desde casi hace 20 años. Y, al final, esto no exactamente favorece a la esfera pop contemporánea a las que las tendencias actuales están sometidas. Quizás Crooked Shadows demuestre que, el socorrido rock de adulto, es una zona de confort para aquellos que siguen buscando encontrar un poco de atemporalidad en la sangrante honestidad de Chris Carrabba, que expone descaradamente su corazón para ilustrar la indiferencia del sentimentalismo con el que quiere imprimir su más reciente producción.

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PARAMORE – “AFTER LAUGHTER”

Hablar de Paramore es centrar nuestra atención en Hayley Williams, vocalista del trío originario de Tennessee. Una vocalista con actitud, con presencia y que trayendo un background musical nutrido principalmente por hardcore y punk, ha enfocado sus esfuerzos creativos en erigir un sonido que va del pop al punk o del rock al emo y al final, como un simple conglomerado de estilos musicales que han hecho del sonido de la banda algo totalmente identificable. Gracias a esto, Paramore se ha transformado en una banda que más que establecerse como un típico acto de pop o punk o rock, avanza en la manera en la que hace su música, todo adornado con la inconfundible e inmejorable voz de Williams que hasta ha engalanado un dueto con Chino Moreno al interpretar “Passenger” juntos en vivo.

En After Laughter, su más reciente producción, en la que se marca el regreso de Zac Farro en la batería, Haley Williams, Taylor York y el mismo Farro, toman un camino inspirado totalmente en la década de los ochentas para crear un sonido lleno referencias a la cultura pop de esa época, el new wave y las giras musicales en centros comerciales en las que artistas como Tiffany o New Kids On The Block desfilaron más de una vez.

El primer sencillo de After Laughter es “Hard Times”, una alegoría sonora que hace tributo a Duran Duran con ese requinto inconfundible de guitarra y que se complementa con un video que pareciera haber sido filmado en technicolor y que se satura con colores neón y el look de la banda que podría haber salido de la caricatura Kidd Video.

“Rose-Colored Boy” abre con un intro que nos remite a “Girls Just Wanna Have Fun” de Cindy Lauper, sin embargo, la canción toma un giro para hacerla algo diferente pero dentro de la misma línea ochentera en la que After Laughter avanza canción por canción. El tema tiene arreglos dignos de The B52’s que le dan un tono fresco a pesar de que las canciones, en esta ocasión, no le exigen mucho vocalmente a Williams.

Justo a la mitad del álbum nos topamos con “26” una de esas baladas a las que Paramore ya nos tiene acostumbrados, sólo que esta vez el tema podría formar parte del momento romántico de alguna película como The Karate Kid (Dir. John G. Avildsen, 1984) o Say Anything (Dir. Cameron Crowe, 1989).

Una de las cosas que hay que resaltar del álbum, es que a pesar de que todas sus canciones suenan similares, esto nos remite totalmente a los 80’s, cuando las bandas tomaban una dirección diferente para inventar un nuevo álbum y sí, tal vez After Laughter carece de balance o creatividad al 100%, pero le sobra diversión y frescura, recordándonos una vez más, que lo viejo vuelve (aunque sea en forma de ficha, como Alf).

Si en Paramore (2013) la banda logró encontrar un camino alterno a lo que siempre habían hecho, tomando en cuenta todas las alternativas que la música implica, con After Laughter, lo único que Paramore está buscando es recalar en esos 13 años de carrera que tienen encima y seguir divirtiéndose haciendo música.