PJ HARVEY – “THE HOPE SIX DEMOLITION PROJECT”

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The Hope Six Demolition Project es un álbum que viene con una historia adjunta. La preparación de este álbum tiene como ingrediente principal el viaje de Polly Jean a Afganistán, Kosovo y a las partes más lúgubres de Washington D.C. en compañía del cineasta/fotógrafo Seamus Murphy para hacer una crónica visual de los efectos de la pobreza y la guerra.

Este viaje dio cómo resultado un libro llamado El Hueco de la Mano, una recopilación de fotos y poemas que el cineasta y la intérprete construyeron. Este esfuerzo creativo sólo ayudo a galvanizar musicalmente a Harvey. En contraste con Let England Shake (2011), The Hope Six Demolition Project es un álbum simple y estridente. Incluye guitarras distorsionadas, percusiones más rítmicas y veloces, grandes coros cargados de melodías afiladas y una producción eficiente que hacen ver esta nueva producción como un compilado sonoramente abundante para el oído.

El sonido entero de este disco logra direccionarse en diferentes trayectorias, desde el garage de los 60s hasta el blues y el glam, haciendo que el sonido de bandas cómo The Sonics o T-Rex se evoquen a lo largo del álbum. Todo este conjunto de influencias logran un fantástico sonido que a momentos se enturbia con el sobresentimentalismo lírico de Harvey al haberse abrumado con todo lo que presencio en ese viaje. “The Wheel” describe a un grupo de niños en tremenda alegría, mientras que su felicidad contrasta con fotos de niños asesinados por la limpieza étnica, pegadas en un edificio aledaño. “The Ministry of Defence” describe un inmueble en ruinas en Afganistán y cómo los restos fueron vandalizados para simplemente luego descubrir entre los escombros restos humanos.

Y de esta forma The Hope Six Demolition Project se llena con momentos así, dónde el experimento social inequívocamente funciona de una manera sencilla pero devastadora, dónde la música es la cronista y PJ Harvey se convierte en un artífice de protesta y juicio. Aún así el álbum brilla por su simpleza musical que es dónde recae si complejidad. Es un triunfo musical que, de nuevo, demuestra la visión que Polly Jean Harvey a amasado con el tiempo y ha sabido madurar de una forma fuera de lo común.

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DAVID BOWIE †

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A veces es extraño estar expuesto a música que uno no ama o idolatra, pero al mismo tiempo uno entiende la trascendencia que un género, o particularmente, un artista, tienen sobre la historia de la música contemporánea. Mi relación con David Bowie casi siempre ha sido así, siendo mi primera exposición a su música a través de “Under Pressure”, original de Queen, pero donde el hombre que cayó a la tierra presta su voz para adornar esa clásica canción que hiciera al lado del rey de reinas, Freddie Mercury.

Al escuchar acerca de la muerte de uno de los personajes más icónicos del mundo y no sólo de la música, hago una aseveración: se me están muriendo los ídolos. Y no por que David Bowie forme parte de mi ADN musical o de mis preferencias musicales más profundas; sino por que Bowie sencillamente era un personaje musical que todo conocedor y amante de cualquier género musical debería escuchar.

No es casualidad que Ian Curtis fuese un gran admirador del cantante, o que Trent Reznor, después de profesar su fanatismo en más de una ocasión y girar junto a él, lograra hacer mancuerna en una versión de “Im Afraid Of Americans” incluida en el álbum Earthling (1997). Peter Murphy era otro ícono que en más de una ocasión hizo arte con Bowie y ni se diga de su colaboración artística en el filme The Hunger (Dir. Tony Scott, 1983). Y bueno, cómo dejar de lado a Brian Eno, con quien entabló una amistad y hermandad musical que trascendió hasta hace algunos días, y seguramente lo seguirá haciendo.

Bowie era un ser de épocas, un ser que murió muchas veces para emerger de un capullo que le brindara esa mutación que constantemente mantenía debajo de la piel. Cada álbum era un personaje, cada personaje era un alter ego o doppelganger que fungía como la marioneta de David Bowie para proyectar ese énfasis creativo que alcanzaba (y sobraba) para crear música, incursionar en el cine, influenciar artistas y a veces sentarse en un museo y pasar desapercibido.

New wave, glam, rock, punk, pop, funk, drum & bass, electro, etc. Mencionen un género que exista y no habrá ninguno por el cual Bowie, a través de su extensa discografía, no haya pasado de una u otra forma. Recuerden algún álbum de casi cualquier artista y no habrá ninguno que deje fuera a Bowie de su lista de influencias. Bowie era un individuo con arte que sabía crearla y compartirla de una manera que no volveremos a experimentar en un buen rato o nunca.

La realidad es que cada vez hay menos personajes como David Bowie, visionarios del arte, de la música, de la moda y un largo etcétera que con poco esfuerzo hayan transformado la forma en la que miramos y escuchamos la vida; personajes que sin ser humanos son más humanos que cualquier artista del verbo “hartar” que intentan dejar su huella en una historia que no necesita de novatos, pero si de héroes todos los días.