MARILYN MANSON – “HEAVEN UPSIDE DOWN”

Hay algo curioso a cerca de cómo los primeros álbumes de Marilyn Manson fueron considerados tan peligrosos, que fueron culpables de influir en la decisión de los autores de la masacre de la Preparatoria Columbine, en EE.UU. Es absurdo pensar que un hombre que se delinea los ojos y mantiene un discurso a cerca del anticristo en sus canciones solamente pueda orillar a una par de adolescentes a la violencia mortal. Manson se convirtió en un conveniente chivo expiatorio allá por 1999, dado lo soleado que parecía el país vecino del norte, para justificar las acciones de un país que sobre la superficie proyectaba una imagen moralista y recta.

Veinte años después es más fácil comprender que Manson simplemente estaba procesando la misma toxicidad cultural de aquel país, la misma que pudo mover a Eric Harris y Dylan Klebold a ser los autores de la masacre más famosa en una escuela estadounidense y esto, de alguna manera, es un heraldo de la pesadilla que actualmente vivimos y presenciamos todos los días en todos los medios de comunicación masiva a los que estamos expuestos.

En Heaven Upside Down, su décimo álbum, Manson abraza los temas que lo convirtieron en una amenaza y en una estrella de rock. Las canciones “SAY10” y “Je$u$ Cri$is” parecen una burla al estilo witch house de la banda Salem, cosa que hace que el intérprete no parezca una parodia de si mismo y logra darle un poco más de credibilidad al artista. A diferencia de The Pale Emperor (2015), que contaba con capas de glamurosa decadencia de rock pesado, Heaven Upside Down adopta un tono industrial serrado con reminiscencias a Mechanical Animales (1998) con un puñado de filosas guitarras que destacan se acercan al debut del reverendo, Portrait Of An American Family (1994).

En “We Know Where You Fucking Live” un tono metálico inunda el sonido de la canción, mientras que los riffs noventeros del tema acompañan al coro que, obviamente, da nombre a la canción. De manera similar, “Kill4Me”, se acerca al estilo que marca el anterior tema, pero le da un giro al asemejarse al trabajo que Tyler Bates al adaptar un tema de Manson para la película John Wick (Dir. Chad Stahelski, 2014).

Eso no quiere decir que el disco este lleno de momentos cinemáticos o que no haya sonidos nuevos. Mientras que la letra de “Tattooed In Reverse” puede comenzar torpemente, pronto toma un giro y entrega un estribillo tan pegajoso que es similar a aquel de “The Dope Show”. “Blood Honey”, mientras tanto, se convierte en una oda visceral al sexo y como este salva sus momentos más explosivos para los amantes que se olvidan de tabúes y se entregan al hedonismo puro.

Hay un detalle importante que sigue permeando la música del antiguo protégé de Trent Reznor. El pánico que causaba a través de su arte es la amplia comprensión de la cultura pop que tiene para, a través de ella, colar sus ideales “satánicos” y controversiales a los cerebros de los jóvenes. A nadie le importa si no pudiese escribir buenos ganchos musicales o vestirse estrafalariamente en una gala de premios, lo cierto es que Manson transgrede con el simple hecho de existir.

La mayoría de las canciones que se incluyen en Heaven Upside Down, repiten la mayoría las ideas musicales y filosóficas que Manson ha pregonado a lo largo de su carrera. Eso tal vez hace que las opciones de sonido que el álbum mantiene sea tan rica que abarca todos los gustos de todas las facetas del reverendo. Eso es su territorio y así como busca expandirlo, busca defenderlo y reiterar su lugar idiosincrásico en la cultura popular para que nadie se olvide de el.

Así, el valor shockeante de su trabajo, que se ha desgastado desde hace tiempo, lo empuja a ocupar un espacio curiosamente nostálgico dentro del rock. Escuchar su álbumes es complacer el impulso curioso que marcó con su “666” al emparejarlo con esa curiosidad y rebeldía adolescente que tenían el poder de asustar a tus padres, compañeros de clases y maestros. Ahora es irónico que entre más serio es Manson, más risible se vuelve en un mundo en el que, actualmente, el horror es abierto y esta a la orden del día por lo que cualquier valor que su música aún tiene, deriva de lo que se recuerda de él .

 

 

Advertisements

ZOLA JESUS – “OKOVI”

Sobre la portada de su quinto álbum de estudio, Okovi, Zola Jesus esta empapada en una sustancia viscosa similar a la que oscureció su rostro en el frontispicio de su EP Stridulum (2010). El álbum, cuyo nombre significa grilletes en la mayoría de idiomas eslavos, también marca el regreso de Sacred Bones, disquera que alimentó y produjo a la cantante en sus primeros años y en la que ha lanzado todos sus discos a excepción de Taiga (2014). Zola Jesus, también conocida como Nika Roza Danilova, esperaba que con su lanzamiento de 2014 tocara el Valhala de la música “popular”, cosa que no sucedió pero que simplemente le provoco producir música más interesante, más pensada y mejor hecha.

Desde el lanzamiento de Taiga (2014), Danilova ha experimentado varios roces con la muerte: Alguien cercano a ella fue diagnosticado don cáncer, un amigo intentó suicidarse dos veces y ella misma se sintió atraída por el vórtice de la depresión. Okovi relaciona estas historias en repeticiones tanto metafóricas como directas. Danilova anhela suprimir los instintos suicidas de sus allegados en el tema “Witness” mientras que en “Siphon” insiste en repudiar la muerte, incluso, como un proceso natural de la vida del hombre. Estas apelaciones directas a los suicidas conjuntan las reflexiones más abstractas de Zola Jesus sobre la muerte y le dan un significado más complejo sin dejar de lado la simpleza con la que los expresa. Mientras que Taiga a menudo sacrificaba lo literal a favor de tener sonidos más potentes, Okovi es un álbum más dramático que es complicado de ignorar.

Incluso las narrativas explícitas de ficción como “Soak”, en las que Danilova canta como una mujer que decide suicidarse en vez de se asesinada, sobresalen entre los temas más ligeros del álbum. La canción, que transita sobre un cadencioso beat y un violonchelo, logra que Danilova se aventure en la piel del personaje Ophelia de Virginia Wolf, que muere ahogada. El gesto, una sinécdoque para la locura femenina, se siente como el intento de Danilova de externalizar su anhelo por morir, para conectarlo a un arquetipo mucho más antiguo que ella. Mientras ella habita la escena clásica de una mujer que se ahoga, también logra dotar al momento de una teatralidad al explicar que la muerte es algo mucho más ligero cuando se ve desde un escenario o detrás de un cristal.

Esta claro que Zola Jesus encuentra alivio al contar estas historias, pero también, provoca ansiedad, claro ejemplo es “Veka”; un tema oscuro que se regocija de su “gótico” beat y envuelve al escucha con sus múltiples preguntas sin respuestas que hacen eco al poema de Percy Shelley “Ozymandias” y su ilustración de futilidad al intentar construir algo que perdure.

La portada de Okovi difiere de la de Stridulum (2010) de una manera notoria. En lugar de que la sustancia viscosa cubra totalmente el rostro de Danilova, en Okovi, los ojos de la interprete han sido despejados de la suciedad. Ella mira ligeramente a la izquierda con tranquilidad e introspección. Si ponemos más atención, podemos observar que ella no se está ahogando en el aceite, en cambio, parece que el aceite esta sobre una fotografía de la intérprete, con círculos hechos a propósito sobre sus ojos para que pueda presenciarlo todo. Esto, en vez de una mancha, parece más una máscara que ella ha elegido usar. Tal vez el usar esta “máscara” es el mensaje de Zola Jesus para decirnos que todavía lleva los mismos grilletes que le han pesado durante los años, pero al menos ahora puede ver claramente a través de ella. Por todos sus oscuros significados y la muerte, Okovi, es un álbum que claramente se inclina hacia la luz.