THE XX – “I SEE YOU”

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The XX es el perfecto ejemplo de cómo una banda puede volverse instantáneamente famosa sin necesariamente ser una propuesta fresca y que destaque por la química que tienen sus integrantes. Siendo amigos desde siempre, Romy Madley Croft, Jamie Smith y Oliver Sim, encontraron en sus conversaciones personales la razón para formar un acto musical que se consumó como una mezcla de R&B y pop. A pesar de esta “cohesión”, el trío originario de Londres, carecía de esa química sobre el escenario que típicamente se traduce en éxito.

A pesar de esto, The XX son una banda que por momentos muy afortunados, ha logrado ser un signo revelador para el mundo de la música, siendo por instantes una banda inquietante que justifica el adjetivo con producciones lentas y atmosféricas que después de 20 minutos se tornan aburridas.

En I See You, su más reciente producción, la banda intentó crear períodos de disonancia musical que se notan en los ritmos y cadencias que, por ejemplo en “On Hold”, resaltan ese diálogo errático y casi provocativo que Madley Croft y Sim mantienen, llegando a un momento en el que se nota que esa “química” fue practicada mucho tiempo para crear un balance poco honesto y que no logra darle más ímpetu al álbum.

Escuchar varias veces I See You ayuda a darse cuenta de cómo una banda con gran talento lo desaprovecha y no capitaliza los momentos de grandilocuencia musical que tiene, tal y como se nota en “A Violent Noise”, tema que va de menos a más y logra envolver al escucha para que, justo en el momento en el que se cree el tema explotará, este termina.

Independientemente de los huecos de producción que The XX deja en I See You, hay sorpresas en este disco. Esos sonidos que en esta ocasión se atrevieron a integrar le dan una frescura al álbum. Por ahí encontramos ritmos tropicales y momentos mas upbeat que hacen de la experiencia de este disco algo un poco más disfrutable y que invitan a la misma banda a arriesgarse en el futuro.

Lo que si es un hecho es que The XX es el claro ejemplo de una problemática que constantemente encontramos en la música actual y que se ha instalado como una normalidad desde que el “indie” comenzó a ocupar un lugar preponderante dentro del mainstream. Bandas con talento optan por lanzar su material de forma independiente y al no haber una voz guía, una producción más rigurosa o simplemente un filtro que de más forma, cohesión y razón a su material, sobresaturan el mercado de música que dista mucho de ser propositiva para transformarse en productos con una caducidad muy corta.

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ADVENTURES

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Abogando a la nostalgia, Adventures es una banda que revive esos momentos de banda de garage, viejos converse rojos y la esencia de la eterna juventud que pululaba la Generación X. Con su álbum debut, Supersonic Home (2015), la banda liderada por Reba Meyers, Joe Goldman y Jami Morgan (miembros también de Code Orange) se complementa con Kimi Hanauer y Dominic Landolina para desplegar texturas melódicas que a más de un seguidor de Code Orange incomodaría.

Adventures, a través de Supersonic Home, dibuja colores y melodías llenas de un agridulce sabor a melancolía juvenil con potencia a medio pedal, pero que hacen vibrar a aquellos que buscaban un escape a esas épocas en las que Billy Corgan y compañía transitaban las carreteras en un camión de helado.

A pesar de ser la otra cara de la moneda en cuanto a lo que musicalmente Code Orange es, Reba Meyers, Joe Goldman y Jami Morgan entregan a través de Adventures esa infecciosa energía compartida con Code Orange. Y si bien el sonido de Adventures es más pegajoso, es igual de arriesgado que el de Code Orange únicamente por la razón de salir de esa zona de confort que les ha brindado el hardcore logrando un sonido fresco y muy diferente.

“Heavenly” es el primer sencillo del disco debut de está banda y contiene todos esos elementos musicales, visuales y emocionales que caracterizaban la música alternativa de los noventa: Riffs edificantes y brillantes, y una letra emocionalmente filosa.

Adventures hace que al menos tres de los pilares de Code Orange se alejen de esa brutalidad y agresividad que los caracteriza en su banda de hardcore, logrando que los escuchas se den cuenta que no todo es violencia y estruendos en los originarios de Boston, pero que son capaces de estar en contacto con todas sus emociones, influencias y proyecciones personales para expresar un espectro de colores que con apenas un álbum promete entregar un respiro a la aún existente, y cada vez más agónica, Generación X.

BAT FOR LASHES – “THE BRIDE”

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A momentos idealizamos las relaciones y las enaltecemos tanto que se hacen una tragedia Dantesca en la que, a veces, perdemos el hilo de lo que realmente estaba sucediendo en una relación como cualquier otra y que puede ser tan sencilla como complicada. Natasha Khan hace lo propio en su álbum conceptual, The Bride, donde decide explorar los ideales de una relación y sus vicisitudes.

The Bride más que ser una tragedia en la que el novio abandona a la novia en el altar o escapa con alguien más, detalla la muerte de este en un accidente automovilístico cuando se encamina a la ceremonia nupcial. La historia de Khan consigue reunir la angustia y la furia de novias que han experimentado eso y que a ello se le suma la reflexión y el descubrimiento que implica una parábola trágica como la planteada por Bat For Lashes.

Este cuarto álbum le da a Nathasha Khan la tarea de emparejar las cualidades fílmicas que destacaban en Fur & Gold (2006) y Two Suns (2009), con la madurez de The Haunted Hand (2012). Haciendo que The Bride brille por ser un disco que en vez de tener éxitos rítmicos y pegajosos, opta por ritmos más lánguidos que se adaptan a una narrativa de la historia que, al final, recompensa al escucha.

“I Do” abre el disco siendo la antesala del downhill que se viene… Un recuerdo efímero que se hace sonidos e imágenes en el momento en el que el novio pierde la vida, y junto a él, las ilusiones de la novia y con ello, Khan abre un imaginario con su voz que entre el dolor y la serenidad encuentra la resolución necesaria para seguir adelante.

“Never Forgive The Angels” es sombría y melancólica mientas que “Widow’s Peak” postra a la novia en un ritual de purificación en el que las palabras sobran y faltan. “I Will Love Again” es sencilla pero trascendente al ser un tema que recae en el sentido más emocional de la situación que plantea el álbum.

The Bride, sin duda, es un disco que no contiene los elementos más básicos en los que Natasha Khan se ha enfocado a lo largo de su carrera, pero es un paso adelante en su música, en su producción y en la forma en la que se acerca a contar una historia que puede ser personal para muchas personas, pero desde su perspectiva.

FLORENCE & THE MACHINE – “HOW BIG, HOW BLUE, HOW BEAUTIFUL”

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No cabe duda que Florence Welch ha dado un paso importante y en la dirección correcta en lo que se refiera a la forma en la que crea su música. Dejando de lado ese espíritu y ese sonido indie tan prostituido en la última década, Florence Welch demuestra en su más reciente producción, How Big, How Blue, How Beautiful, una evolución hacia un sonido más pulcro, mejor producido y que deja las melodías pop de lado para enfocarse más en un sonido que apuntala que ella, junto a su banda, son un acto que esta tomando una dirección mas clara hacia el rock.

En How Big, How Blue, How Beautiful, Florence Welch y compañía nos inundan de canciones que rozan una estética musical que parece haber salido de la clásica esencia del rock sesentero, sin dejar de lado ese esfuerzo de imprimirle mas blues a su sonido para darle un mayor ímpetu a la emotividad que envuelve a este disco.

Entre los momentos relativamente tranquilos están aquellos que derivan en explosiones sónicas llenas de grandilocuencia musical que evitan recordar esos ganchos pop tan recurrentes en pasadas producciones de Florence And The Machine. “Queen Of Peace” y “Hiding” indican el cambio que Florence Welch dio; y se nota que la interprete estuvo escuchando muchísima música. Esto ha dado un excelente resultado que se nota en la cadencia que tiene cada canción, en la producción y en la madurez que la cantautora ha tomado en este álbum.

How Big, How Blue, How Beautiful se centra principalmente en un romance condenado. El lenguaje que Welch utiliza golpea de formas muy directas al escucha, involucrándolo de una manera personal en el proceso creativo y sentimental en que ella se vio envuelta al grabar este disco. En “St. Jude” una pila de rimas se construye para reflejar los enredos de la vida personal de Welch. Y ahí no acaba la búsqueda de claridad de la cantante, pero al final de How Big, How Blue, How Beautiful, esta claro que ella ha logrado avanzar, crecer y ser más honesta consigo misma.

Al final del camino, nos damos cuenta que Florence Welch es una de esas cantautoras que con el tiempo encarnan ciertos temas que los inspiran a hacer mejor las cosas. Con How Big, How Blue, How Beautiful, Florence Welch ha añadido una cantidad considerable de sentimiento a su catálogo, y se debe a la historia personal que esta directamente ligada a su música; que ella junto a su banda, están tornando su dirección musical hacia alturas más prosperas y más creativas haciéndola una de las artistas que mantienen un equilibrio único entre emoción y creatividad.

MEW – “+/-“

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Mew siempre ha sido una banda surreal, llena de magia, dulzura y unos falsettos que hacen de la voz de Jonas Bjerre un deleite mágico al sobreponerse sobre el rock más áspero que la banda danesa puede erigir. Seis años tuvieron que transcurrir para que Mew lanzara Plus/Minus, otra fábula sonora que desdibuja las fantasías infantiles más asombrosas, llenándolas de una realidad abrumante a través de melodías etéreas y ritmos sacados de cualquier cuento de hadas.

Mientras la voz de Bjerre raya en la fragilidad, las guitarras brillantes iluminan un libro para colorear lleno de rock progresivo que caen en lo bizarro, pero sin dejar atrás la mera intención de los daneses para sorprender a través de su art rock que gradualmente se inunda de intenciones indie para darle otro tono al álbum completo.

En los 6 años que separan a No More Stories… (2006) y Plus/Minus, Mew ha pasado de un rock melódico a un territorio más orientado hacia el pop y el rock alternativo, situación que Jonas ha sabido amalgamar de una manera sorprendente. Gran parte de Plus/Minus suena a un delicado viaje a través de un libro que Bjerre va narrando, con sus giros inesperados y sus colinas escarpadas; pero al final, da un resultado orgánico y armonioso que hace pedir más.

El álbum abre con “Satellites” un tema que incluye las ya clásicas cadencias y ritmos de Mew, pero con un twist que se esconde en el ADN de la estructura de la canción, voces dulces a las que ya estamos acostumbrados pero con un sentimiento aún más edificante que otras veces. “Witness”, el siguiente track con el que tropezamos, tiene como peculiaridad que Jonas modula su voz más hacia tonos graves y adultos, dejando un poco de lado aquellos acentos infantiles y mágicos, creando una dualidad en la canción que indica que la banda va madurando pero sin olvidar sus orígenes.

Un detalle culminante dentro de Plus/Minus es el regreso de el bajista Johan Wohlert, quien se unió a la banda justo a la mitad de la producción de Plus/Minus, haciendo que la banda dejara de ser un trío, e impulsándolos a tomar nuevos ángulos y decisiones que le dan ese sonido particular a esta nueva producción.

Plus/Minus, sin duda, es un álbum para fans. Mew se encargó de escribir un detallado conglomerado de melodías que destacan por su entrega y su sonido clásico donde encontramos giros nuevos que le permiten a la banda recabar nuevos seguidores sin dejar atrás a los viejos… En cualquier caso, el nuevo álbum le sienta bien al cuarteto danés. Dentro de sus ranuras y compases rígidos se construyen elevaciones suaves y melodías atiborradas de eso que sólo Mew sabe hacer, un sentido que sólo ellos saben ejecutar.

DEATH CAB FOR CUTIE – KINTSUGI

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La disolución de un matrimonio y la partida de uno de sus miembros fundadores, son dos eventos seminales que han dado forma al sonido e intensión de la producción más reciente de Death Cab For Cutie, Kintsugi. El nombre de este álbum (Kintsugi); que literalmente significa “reparar las cosas”, queda de maravilla para una banda que recientemente ha sido expuesta a la necesidad de cambiar la manera en la que trabaja y evoluciona.

Es claro que el divorcio de Ben Gibbard y la salida de Chris Walla de la agrupación, una vez concluida su participación en el disco, le han dado una tónica diferente al ahora trío originario de Washington, quien en este disco logra desarrollar una exploración por sonidos ochenteros que dan un resultado cálido y lleno de melancolía pop.

Tal vez “Little Wanderer” sea una de las canciones más fundamentales de Kintsugi. Es tan altamente detallada que es imposible no encontrar un tono autobiográfico en su letra. Por otro lado “You’ve Haunted Me All Your Life” es un tema que resonará una y otra vez en el colectivo emocional de los seguidores de la banda. Un clásico instantáneo.

Las canciones más tranquilas del disco son un respiro, una pausa para continuar con un álbum que parece desmoronar el alma de Gibbard en cada una de las palabras que recita en cada track que conforma a Kintsugi. A pesar de ello, encontramos en “El Dorado” y en “Ingenue” temas más brillantes y alegres, que aunque cuentan con un elemento agridulce, pintan un mejor porvenir. Aquí es donde el sentido del embellecimiento artístico de Kintsugi se cierne sobre toda la banda y su detallada producción que les ha provocado resaltar sobre la escena del rock y del indie, estableciéndose como una banda de culto que se reinventa (más a fuerza que con ganas) en esta, su más reciente placa.

El gran legado de Death Cab For Cutie depende, en gran medida, a la cantidad de historia personal que sus oyentes han impreso en cada una de sus producciones discográficas. Finalmente Kintsugi puede o no encajar con el concepto de lo que, para los fans, la banda debe ser, pero los méritos del grupo son avalados por su aportación tanto emocional cómo musical a una escena agónica, cada vez más sobresaturada de llantos sin sentido y emociones inventadas para vender discos y llenar foros.