KALAX – “III”

El synthwave se ha convertido en la nueva epítome del DIY (Do It Yourself). Todo esto derivado – principalmente – por el éxito que Perturbator generó desde sus concepción. Así, una cornucopia de varios proyectos que se adentran en el synthwave o retrowave atestan los pasillos del mercado musical, brindando un sin fin de opciones que, principalmente, están destinadas a saciar la metáfora de la necesidad de volver a lo básico y a lo más elemental a través de samplers, sintetizadores y sonidos salidos de un Atari o Gameboy.

Por implicación, esto significa que la búsqueda de un nuevo álbum que sea un verdaderamente magnífico dentro del género puede ser tedioso. Pero afortunadamente Kalax esta aquí para cumplir con la tarea de refrescar un género que día a día parece estar más sobresaturado. Kalax, a través de III, logra evitar las mismas emulaciones rítmicas de Vangelis combinadas con la nostalgia por las consolas de videojuegos de antaño; en su lugar, canaliza algo que realmente podría ser un producto de la influyente época de los ochenta sobre la forma en la que uno se puede acercar a la música o a hacerla.

Este nuevo álbum – III – toma dos enfoques notables con la presentación de temas que se vuelven vibrantes ofertas instrumentales a las que se recurren para calificar los intermedios contrastados y las adiciones vocales progresivas sobre la narrativa cinemática del disco. Eso no quiere decir que un enfoque sea más valioso que el otro, por otro lado, se puede decir que ambos se complementan, convergen y dan distintas tonalidades a la paleta color neón que Kalax utiliza en esta nueva producción. “Dream” cobra vida a través de las drum-machines mientras toma un fulgor característico gracias a los sintetizadores. Mientras tanto, “Lili” opta por un enfoque más tierno con una tesitura electrizante y vibrante que fluye a través de los sentidos. Esto es una pintura del tráfico de la ciudad por la noche y como esta poco a poco se va transformando en un lienzo salido de la película Tron (Dir. Steven Lisberger, 1982).

Los vocalistas invitados también se encuentran en abundancia en este disco. Player One adorna con su voz el tema “Not Alone”. Con ella domina el tema pero es sincero al darle una tonalidad cristalina a la canción que se complementa con el estallido del saxofón, logrando en conjunto, capas bañadas de sol. El dúo de PYXIS y Jay Diggs en “Out Of Time” adopta un enfoque mucho más conmovedor, optando por un futurismo romántico. Aquí las voces son sedosas, cálidas y se toman el tiempo para ir de menos a más y envolver al oyente en una aventura única.

III es una visión ambiciosa para Kalax; el grupo de talentos en exhibición en este álbum es realmente increíble y eso únicamente se traduce a que el tiempo de duración del disco es mayor. El álbum sobrepasa la hora de duración y un disco así exige atención y cuidado… Tanto del escucha como del que lo ha creado.

Si bien Liverpool, Inglaterra no es el centro del universo para cualquier esfuerzo musical (o lo dejó de ser hace mucho tiempo) y definitivamente no es la metrópolis bañada por el neón que uno comúnmente asociaría con este género de onda sintética, es la plataforma para que Kalax, proyecto liderado por un solo hombre, sigan recorriendo un largo camino para inyectar autenticidad en III, álbum que sin lugar a dudas ofrece variaciones y novedades a un género que cada vez esta más trillado.

VENOM PRISON – “SAMSARA”

Los chicos de Venom Prison está enojados y no perderán tiempo expresando cada centímetro de ira en su más reciente álbum, Samsara. Este disco es una recopilación de nueve temas de “metal extremo” muy bien confeccionados y ejecutados que se enriquecen con todos los elementos más clásicos de la música pesada. Sin embargo, Venom Prison viaja a través de muchos subgéneros que fluyen dentro y fuera de la producción del disco y que inmediatamente nos hacen recordar a otras bandas del género. “Uterine Industrialization” – primer sencillo que se desprende de Samsara – tiene Dying Feauts escrito por todas partes, mientras que “Matriphagy” tiene una desbordante calidad que nos remonta al sonido de Misery Index. Samasara esta cargado de invocaciones a Death, Cannibal Corpse, Phrenelith o Outer Heaven.

La última vez que una banda capturó la atención de los fanáticos más “true” fue con el lanzamiento de Forever (2015) de Code Orange y si hay una forma adecuada y precisa de describir a Venom Prison sería como un Code Orange más brutal, más errático, más enfermo y más desquiciado. Mientras Code Orange fluye entre el las versiones más extremas del hardcore y punk, Venom Prison toma inspiración del death metal y el grind. Mucho de esto se debe a las guitarras de Ash Gray y Ben Thomas, que van hilando pinturas brutales con riffs irregulares que, junto a una excelsa ejecución, desgarran los oídos para proyectar la antesala de lo que podría ser un circle pit a cargo de esta banda.

Por otro lado, Mike Jeffers en el bajo, sostiene una cadencia pesada e hipnótica sin alejarse de las fórmulas establecidas por los guitarristas para ser el acompañante perfecto de una sinfonía del caos.

A lo largo y ancho, Samsara es un disco increíble, pero lo que lo retiene de ser un álbum maravilloso, son las secciones de batería. La elección de Joe Bills de amalgamar ritmos de corte hardcore a la estructura del disco le ha restado potencia y brillo. Si bien en un principio este esfuerzo remonta a Cannibal Corpse, esto daña los acordes que se fusionan en una tormenta de métricas sonoras insípidas. Tal vez si en esa sección hubiera habido un acercamiento más hacia el death metal y las dieciseisavas de sus notas, la sección rítmica de Samsara no habría diluido tanto su sonido general.

La vocalista, Larissa Stupar, es quien hace que Venom Prison se aleje de las reglas más retrogradas de los géneros “duros”. Sin opacar a las guitarras o al bajo, las interpretaciones vocales de Stupar se liberan totalmente en Samsara. Su habilidad para cambiar, sin aparente dificultad entre los diferentes sonidos que caracterizan a los estilos más extremos del metal, son clara muestra de que Larissa se ha convertido en una vocalista madura y experimentada capaz de evocar perfectamente las emociones correspondientes a los riffs subyacentes del álbum, dotándolo de una textura increíble.

Mientras que la primera mitad de Samsara – que marca el intermedio “Deva’s Enemy” – depende en gran medida de los sonidos sónicos, agresivos y casi destructivos; la segunda mitad – que comienza con “Asura’s Realm” – es más melódica, energética y con una carga emocional más prístina. “Sadistic Rituals” y “Dukkha” nos recuerdan al black metal por sus chillidos salvajes y nos hacen entender lo que la banda esta buscando como músicos e intérpretes.

Si hay alguna queja de Samsara es que, a momentos, es un disco crudo, orgánico y muy visceral, características que dejan una sensación de carencia de pulido. Tal vez esto pueda atribuirle alguna clase de inexperiencia a la banda o fue una opción estilística para priorizar un sonido brutal, casi primitivo. Sin embargo esto es una cuestión menor cuando se habla del contenido del álbum que es muy personal y que nos hace entender que cada integrante se desgarra la piel con la ejecución de este disco.

Es así como Venom Prison tiene una relación especial con Samsara, un disco sorprendentemente agradable y que mezcla los aspectos más brutales de la música de corte duro en un solo lugar; encontrando cohesión, brutalidad, honestidad y mucho dinamismo en un collage salpicado de sangre.

KEITH FLINT †

La primera vez que me enteré de la existencia de The Prodigy fue a través de una programa transmitido por Deutsche Welle TV llamado Big In Germany. Era conducido por un tipo llamado Ingo Schmoll que le sabía a eso de la música y siempre hacía un top de lo que sonaba en Alemania e Inglaterra por allá en 1996/7. Un buen día, sin comentar mucho, puso al aire el video de “Firestarter” y me voló la cabeza. De todo lo que sonaba en aquel tiempo, para mí, The Prodigy era una bocanada de aire fresco que cambiaba muchas cosas que creía o pensaba que conocía. Recuerdo que lo que más me llamó la atención fue el look de Keith Flint, era decadente, casi steam punk pero sin esa actitud de ir poco a poco desgastándose. A la fecha me sigo sintiendo de la misma manera cuando los escucho que cuando los escuché por primera vez.

En ese tiempo no sabía describir muy bien algo así, pero agresivo, corrosivo, energético y determinado son los adjetivos que se me vienen a la mente cuando se habla de Keith Flint y que hoy – por desgracia o gracia del maldito destino – se une a la cada día más creciente lista de artistas, cantantes, vocalistas, performers que por más de una razón que jamás conoceremos, deciden quitarse la vida.

La vitalidad de Keith Flint se esparcía a lo largo y ancho de The Prodigy, contagiando los beats, las secuencias y sampleos del grupo haciendo que el sonido de la banda, poco a poco, se transformaron en algo así como punk rock para la generación del rave. Bailarín principal del acto inglés, Keith Flint nunca concibió participar con su voz con la banda, sin embargo fue en Fat Of The Land (1997) que el mundo lo conoció. Envestido en una sudadera de la bandera de los EE.UU., bermudas viejas y sucias y su particular mohawk-with-a-twist, conocimos a Keith con “Firestarter”, canción y video que mostraba un aspecto decadente casi post-apocalíptico de una sociedad perdida que desperdiciaba las buenas costumbres para volver al punk que, en gran parte, forjó a la nación inglesa.

Proclamado punk, fanático de las motocicletas, responsable por establecer la credibilidad de la música dance de The Prodigy dentro del mainstream y hacer de The Prodigy uno de los más grandes actos en vivo en la historia de la música electrónica, Keith destilaba vitalidad, potencia y una energía inigualable en vivo que hacía sentir a sus fanáticos más allá de vivos.

Pero el frontman no solo transmitía su energía con The Prodigy, poco se conoce de su proyecto alterno Flint con el que únicamente lanzó un álbum – Device #1 (2003) – que tenía un acercamiento más directo al rock y punk, además de participaciones con Clever Brains Fryin’, y el acto de dubstep, Caspa.

Si por algo se le recordará a Keith Flint será por sentirse más que vivo sobre el escenario, por ser un “iniciador de fuego” y por que a quién lo reconociera fuera del escenario siempre lo recibía con una enorme sonrisa y agradecimiento por gustar de lo que hacía.

GUNSHIP – “DARK ALL DAY”

En los últimos años me he dado cuenta que el internet – y en particular YouTube u otras plataformas similares – han matado la nostalgia. Antes de internet y sus oscuros caminos, no era posible acceder a los recuerdos de la infancia, pero en este tiempo en el que vivimos todo ello es posible y esta al alcance de un botón. En algún momento películas como The Goonies (Dir. Richard Donner, 1985), The NeverEnding Story (Dir. Wolfgang Petersen, 1984), Gremlins (Dir. Joe Dante, 1984) o Back To The Future (Dir. Robert Zemeckis, 1985) fueron la antesala de esa niñez que se forjó con elementos de cultura popular y que hicieron de muchos de nosotros vivir el afamado coming-of-age en carne propia y convertirnos en seres nostálgicos, que a pesar de poder revivir esos momentos, seguimos añorando tiempos mejores.

Sin embargo, esa nostalgia parece haberse estancado en los años 80s. Parece que la Generación X y los Millenials no son tan nostálgicos como nosotros: Los Baby Boomers. Aparentemente, todos estamos de acuerdo en que los ochentas fueron una época más allá de mágica y lo vivimos así. Quizá esa es la razón por la que el synthwave/retrowave parecen tener un fuerza única y convertirse en un estilo atemporal para ser un microgénero y que Gunship sabe expresar de forma única.

Así Alex Westaway, Dan Haigh y Alex Ginell mantienen la nostalgia fresca en Dark All Day, su más reciente producción que suena y se siente como una evolución de su primer disco haciendo espacio para que el inquietante synthpop de John Carpenter y Tangerine Dream sigan influenciando su sonido al que le agregan elementos ligeros de música industrial y un tono abiertamente más oscuro y agresivo.

El cambio no es tan drástico como parece. La mayoría de las canciones como “When You Grow Up, Your heart Dies”, “Rise The Midnight Girl” o la romántica e influenciada por Ready Player One, “Art3mis & Parzival”, todavía ocupan esa influencia de banda sonora de película-de-culto-de-los-ochentas mezclada con el punto dulce de viajar a través de Neo Tokio, eso precisamente es Gunship. A pesar de ello, canciones como “The Drone Racing League” y “Cyber City”, tienen ritmos y líneas de bajo que son más agresivas y contundentes, marcadas por capas de guitarras sintéticas y distorsionadas que pertenecen más a un sonido de un club gótico que el que se encontraría en la banda sonora de una película proyectada en un autocinema.

Esta diversidad estilística es principalmente lo que diferencia a Dark All Day de su predecesor. El primer álbum de Gunship no fue un disco lleno de diversidad acústica mientras que Dark All Day proporciona cambios de ritmo y tono por sí solos. El hecho de incluir a Tim Capello – mejor conocido como el saxofonista que aparece en el clásico de horror de vampiros de Joel Schumacher, Lost Boys (1987) – en la canción que da título al álbum, le da un ritmo más bailable e introspectivo a esas guitarras sintéticas que se tornan en experimentación pura.

Y cómo dejar de lado ese acercamiento único que le dan al tema clásico de 1983 de Cindy Lauper, “Time After Time”. Más introspección, mayor textura y un regreso al pasado de una canción que se ha hecho clásica allá, en el pasado. Es como entrar en un vórtice de tiempo en el que no existe nada más que la emulación de la tesitura de la interprete entremezclada con el estilo distintivo de la banda británica.

Si bien Dark All Day es un álbum, para bien o para mal, menos consistente que su predecesor, la fuerza que Gunship despliega en la manera en la que escribe cada melodía para complementarla con brillantes sintetizadores, hacen que el disco sea cautivante y demuestra que la nostalgia no esta muerta todavía

ANATOMY OF THE BEAR – “ALYSU”

Lo vasto de la narrativa del post-rock, una vez mas, nos cuenta una historia individual en un solo álbum, y en esta ocasión, nuestra historia se va desarrollando a través de las bellas composiciones de Anatomy Of The Bear, banda inglesa que después de 6 años de hibernación, regresan con Alysu, nuevo álbum que marca una evolución notoria sin olvidar sus orígenes.

Como es costumbre dentro de las rutinas del post-rock, el concepto de Alysu es una pieza de narrativa cinemática que se enfoca en la historia de Alysu, un personaje que se alista para emprender un viaje en un globo aerostático que inicia con “Awakening II” – una referencia a su primer EP Awakening (2010) – y que durante tres minutos nos mantiene en tensión con notas en crescendo que van iluminando el cielo tornasol.

El comienzo de la historia – “Set Sail For Alysu” – nuestro personaje principal se lanza a la aventura acompañado de reverberaciones sonoras y elementos electrónicos que crean una sensación somnolienta y positiva, construyendo un ambiente vívido a través de las guitarras y que facilitan que la imaginación vuele al dibujar al pequeño globo despegando. Sin llevar mucho tiempo en vuelo, nuestro protagonista llega a “The Summit”. En este bosquejo se ve reflejado el cuidado con el que el álbum fue diseñado. El tema esta lleno de esperanza y un enfoque musical relajante y, al mismo tiempo, desconcertante.

Es aquí donde la encantadora forma de escribir música de la banda entra en escena. Con esos cambios circunstanciales dentro de los ritmos y notas, el dueto consigue un ligero toque cursi y maduro, logrando que la música de Anatomy Of The Bear sea una espada de doble filo, ya que progresivamente va embistiendo cada emoción de una manera casi imperceptible.

Cuando dentro de nuestro cuento la noche cae, Alysu eleva el vuelo para volar sobre las nubes. La noche es silenciosa y pacífica, millones de estrellas tintinean en el cielo y la luna las acaricia suavemente. “Cosmos” abraza al pequeño globo y a su solitario tripulante, mientras que una caja de música hace cosquillas en nuestros oídos y el tremolo de las guitarras empujan a Alysu al llegar “Glowing Morning” para alejarse más allá de lo imaginado.

Ahora, el globo y su tripulante, se encuentra sobrevolando el “Endless Sea” mientras el sol lentamente comienza a levantarse y el sonido del mar encalla en los oídos de nuestro protagonista. Este punto de inflexión en la historia lo marcan las primeras voces en Alysu. Ed Gibbs crea instantáneamente un ambiente suave, frágil y conmovedor y cálido, dotando a su sonido de una personalidad única que hace más espeso el sonido del álbum. Mientras tanto “The Winding Path” esta llena de escalas musicales que nacen de las guitarras melancólicas. Así, nuestro aventurero, tiene el mayor desafío de todo el viaje justo frente a sus ojos. A partir de ahora, Alysu, esta “So Far From Home”, más lejos que nunca. Sentimientos encontrados aparecen y el miedo y la esperanza aumentan ¿Dónde y cómo terminará este viaje?

La narración musical, entonces, comienza una vez más muy despacio. La voz de Gibbs se convierte en parte del ambiente y es casi inaudible en un comienzo. Al mismo tiempo, las letras no pueden ser identificadas, pero se mimetizan con los sintetizadores y las cuerdas que logran crear una hermosa pieza de post-rock que acumula todas esas características del género para convertirse en un clásico instantáneo. Este final crea un impulso enérgico y librea todas las emociones que a lo largo del camino se han acumulado.

Al final, Alysu es un disco que si bien ha sido elaborado de manera independiente, conjuga todas las interpretaciones musicales y personales de una banda que lleva un tiempo madurando y constituyendo su estilo. Si bien tal vez el álbum no cuenta la historia de un personaje llamado Alysu ni su aventurar en un globo aerostático, la música sirve como paleta de colores para dibujar una interpretación personal, que al final, es lo que en general se busca lograr a través de la música, y en especial, a través del post-rock. Alysu es un álbum ligero y fácil de escuchar, pero eso si, requiere paciencia y atención para incorporar sus pequeños detalles dentro de su propio imaginario.

ROLO TOMASSI – “TIME WILL DIE AND LOVE WILL BURY IT”

En estos días, Rolo Tomassi, esta irreconocible. La banda, originaria de Sheffield, Inglaterra, fue precoz al explorar el terreno del mathcore y posicionarse como una promesa de la música experimental de corte duro. Liderada por los incendiarios hermanos Spence – Eva y James – la banda hizo su debut con Hysterics en el 2008. A través de ese disco, la banda, se introdujo a un submundo en el que tuvieron que salir adelante con un sonido lleno de ferocidad técnica y violencia caótica.

Desde entonces, con cada paso que han experimentado, han hecho frente al miedo para convertirse en una de las bandas más innovadoras del underground británico demostrando que con, Time Will Die and Love Will Bury It, su nueva producción, siguen explorándose y evolucionando.

Así, 10 años de progresión implacable llegaron a un punto crítico en su álbum Grievences (2015), que suavizó ese mathcore pero se intensificó la interacción dinámica entre la luz y la sombra, un truco que perfeccionaron en su tercer álbum Atrarea (2012). De esta forma, Time Will Die and Love Will Bury It se construye con esta base consumada, un testimonio de cuán lejos están las bandas del mismo género en comparación con Rolo Tomassi.

Mientras Grievances (2015) era oscuro y se podía percibir el dolor sordo de la vida que ha magullado el alma, el uso incrementado del balance entre luz y oscuridad de Time Will Die and Love Will Bury It, asegura que esto es sólo un arsenal de registros y sonidos excepcionales. “Towards Dawn” y “Aftermath” hacen una apertura inesperada. El primero es una imagen colorida de atmósferas celestiales, mientras que la segunda es un paisaje onírico de post-rock que aprovecha al máximo el lado dulce y perverso de la voz de Eva Spence.

Time Will Die and Love Will Bury It es impresionante en sus formas y matices. Hay tramos aireados, especialmente en “The Hollow Hour”, que se desenvuelve entre una atmósfera inquietante y etérea al musicalizar las pesadillas, pero incluso los momentos más ásperos tienen un lugar del tamaño de una catedral en la estructura del álbum.

“Rituals” es un ataque frenético de agresión y sinuosas señales de cómo la banda maneja los tempos que se construye en cada producción, acompañado por un ambiente premonitorio y el rugido gutural y abrazador de la garganta de Eva que viaja a través de esas suavidad aterciopelada muy a la Deafheaven, para finalmente cerrar el track con un colapso al estilo Converge.

En casi todos los aspectos, Time Will Die and Love Will Bury It, logra ser agobiante, en otros es pesado y en otros es hermoso, todo sin dejar de ser técnicamente hábil. Y es eso, la manera en la que plantean su progreso musical, evolutivo y de madurez, que hace que este nunca baje su ritmo. Hay un equilibrio entre la paz y el caos. “Balancing The Dark”, por ejemplo, es asombroso en su destreza, no únicamente por ser contundente, sino también refrescante e ingeniosa.

Hacia el final del álbum, el respiro finalmente surge con “Contretemps”, canción que abre con una balada de piano mientras construye el resto de su fortaleza alrededor de las melodías de James Spence, que casi se acerca a los niveles de belleza de Explosions In The Sky. Mientras tanto, “Risen”, canción con la que cierra el disco, muestra la otra cara de la moneda de Eva, una voz angelical, dulce e incorpórea. El clímax trae una resonancia emocional a los procedimientos creativos del grupo que confirma la impresionante capacidad del quinteto para viajar por diferentes géneros y estados de ánimo para sonar tan cerca de lo que eran hace diez años y de lo que ahora son.

Por lo tanto, para lo que algunos sonara demasiado pesado o demasiado “experimental”, para otros es un trabajo único de, tal vez, una de las bandas más subestimadas del Reino Unido. Sin embargo, Rolo Tomassi, como muchas otras bandas, han demostrado que existe un mercado para la convergencia entre el metal extremo y otras disciplinas musicales. En cualquier caso, es una alegría tener a una banda como esta que se encarga de seguir explorando la belleza en la brutalidad.

IAMX – “ALIVE IN NEW LIGHT”


En esta época existen pocos artistas con la capacidad de cosechar un frenesí con cada lanzamiento y IAMX es uno de ellos. IAMX, el acto en solitario de Chris Corner (miembro fundador de Sneaker Pimps), abraza desde los principios de su carrera su dedicación por ofrecer música más honesta e inspiradora y proyectarlo en cada una de sus presentaciones en vivo. Tan dedicado a crear su arte de esta manera que mientras habitaba un mundo llamado Sneaker Pimps, al mismo tiempo, gestaba un álbum llamado Kiss + Swallow (2004), disco que ha logrado que sus fanáticos tengan un viaje sin igual a través de la visión del británico radicado en california.

Mientras que álbumes como The Alternative (2006) y Volatile Times (2011) han hecho que Corner madure como cantante, productor, músico y artista en toda la extensión de la palabra, lo que realmente lo hizo exponer toda su crudeza creativa fue The Unified Field en el 2013, álbum que representó un momento crucial tanto en la vida creativa de Corner como en su salud. Con ese ímpetu, en 2015, IAMX lanza Metanoia, álbum que presentó una clara evolución no sólo en la manera de escribir de Corner, pero también en el sonido de la banda que alcanzó un sonido único.

Ahora, en el 2018, IAMX lanza Alive In New Light, un álbum ecléctico, a momentos críptico y que abre con la canción “Stardust”. Un tema que comienza con un enfoque delicado en el piano que se adorna con la voz de Corner. A medida que las letras reflexivas de la pista da paso a un crescendo y a la adición de capas, el oyente es absorbido por el paseo que significa el inicio de Alive In New Light. El segundo tema del disco, el cual le da nombre al disco, podría ser una de las canciones más elaboradas de IAMX a la fecha. “Alive In New Light” constituye la combinación de nuevos sonidos que Chris Corner ha forjado al mezclarlos con texturas familiares de canciones pasadas, y que junto a las letras de introspección, reflexión y agradecimiento, lo convierten en un homenaje a todos los que han estado en el viaje indescriptible que es IAMX.

La voz es uno de los elementos más preponderantes en la carrera de IAMX, con ella demuestra que si hay logros que no ha conocido, seguramente lo hará.

En Alive In New Light, de nuevo, encontramos una vocalista invitada en un álbum de IAMX. Así como en algún momento lo hizo Imogean Heap en “My Secret Friend” (Kingdom Of Welcome Addiction, 2009) ahora hace su aparición en escena Kat Von D (si, la tatuadora californiana). Ella presta su voz en un par de tracks, pero en el que se da uno de los resultados más inquietantes es en “Stalker”. En este, el emparejamiento de sus voces crea una conversación casi siniestra que envuelve en una suavidad sombría a quién se expone a esta canción.

Un mensaje que es una constante a través del álbum es la separación y la celebración de vencer la enfermedad que sufría Corner. Pero ese mensaje realmente sale a la luz con la carga emocional que tiene en su ADN “Mile Deep Hollow”. Cualquier fan que se tome el tiempo para escuchar a Chris Corner y a IAMX podrá escuchar en la canción, y en la voz del intérprete, la sinceridad que le da una forma diferente a toda la extensión del álbum. A medida que el álbum comenzó y va sucumbiendo al final, refleja un viaje bien definido y estructurado junto a todas las lecciones aprendidas en él. El álbum cierra con “The Power And The Glory”, que oficialmente cierra el pasado y da la bienvenida al futuro de la única manera que Corner sabe, trazando su propio camino.

Muchos artistas se pierden a través de las “olas” que se conocen como sus carreras. Los divorcios, los excesos, los éxitos o los fracasos son subjetivos a la experiencia de cada uno de estos, dependiendo de la honestidad con la que cada uno de estos personajes creativos tomen cada una de ellas. IAMX es la encarnación de esa idea y Alive In New Light es excepcional al proyectarlo y al cambiar la fórmula a la que Chris Coner nos tenía acostumbrados y de esta forma acoge lo inesperado.