“BULLETPROOF” by GODSMACK


Cuatro años después de 1000hp (2014), los bostonianos de Godsmack están por lanzar el próximo 27 de Abril When Legends Rise, álbum que marca el regreso del cuarteto de hard rock y que por 20 años ha logrado hacerse de un nombre dentro de la escena del rock duro, permitiéndoles alternar con bandas como Metallica o Judas Priest.

De esta próxima producción se desprende “Bulletproof”, primer sencillo con el que Godsmack pretende mostrar algo del nuevo sonido con el que When Legends Rise vendrá cargado.

La canción, en gran medida, es un clásico de Godsmack. Guitarras potentes, riffs sencillos e interludios que hacen que la voz de Sully Erna se mezcle con las capas melódicas de un corte; que si bien no es áspero o demasiado blando, es un balance particular entre el pasado de la banda y su actualidad que promete poner a más de uno a hacer headbangging.

En “Bulletproof” se nota una evolución en las letras. Sully logra abrir un poco más el abanico de oportunidades que tiene al escribir sus letras, y sobretodo, al experimentar con diferentes tipos y estilos de música; encontrándo la manera perfecta de introducir un sonido más maduro, fresco y diferente al ADN de Godsmack.

Mientras que Sully Erna hace su parte, Tony Rombola complementa una letra directa con acordes de guitarra que hacen que el tema fluya como comúnmente cada canción de Godsmack hace. Mientras tanto, Robbie Merrill emula su bajo con la batería de Shannon Larkin, creando una canción que engloba la nueva (y la vieja) etapa de Godsmack.

“Bulletproof”, para los más acérrimos fans de la banda, seguramente sonara como un tema que se aleja totalmente de la esencia de Godsmack. Seguro le encontrarán un aspecto más “comercial” y un sonido más digerible. A pesar de ello, la banda ha asegurado que su séptimo álbum, tendrá un sonido balanceado entre sonidos más digeribles y otros más duros, llenando las expectativas del fanbase más aguerrido de la banda y de igual forma las de nuevos seguidores.

When Legends Rise será lanzado el próximo 27 de Abril y comenzará un nuevo capítulo dentro de la historia de Godsmack, banda que intentará reencontrarse y reivindicarse a través del sonido que ya podemos percibir a través de su nueva canción, “Bulletproof”.

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METALLICA – “HARDWIRED… TO SELF-DESTRUCT”

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En un nuevo amanecer para la música pesada en el que intrépidas bandas se atreven a redefinir el metal, ¿Cómo la banda más renombrada del género puede mantener su relevancia? A la velocidad a la que vamos y en la forma en la que la música de todo género progresa debemos preguntarnos si habrá un lugar en el futuro para Metallica fuera de los libros de historia. A este ritmo, dónde la definición del género continua expandiéndose en relación con lo que solía ser a principios de los 80’s, ¿puede Metallica mantener el paso? Hardwired… To Self-Destruct puede ser la respuesta.

Atrapando a los oyentes rápidamente, Hardwired… To Self-Destruct se abre paso reintroduciendo los mejores elementos de la banda. “Hardwired” y “Atlas, Rise!” son bestiales. Estallan de vitalidad. La primera es un ejemplo de cómo, después de tantos momentos de tormento, la banda logró trabajar como tal, esa conjunción que desde Master of Puppets (1986) no se escuchaba. Mientras que la segunda, es masiva, con grandes elementos melódicos y uno de los coros más pegajosos en todo el catálogo de Metallica. Los riffs de “Atlas, Rise!” tienen un impacto serio gracias a la batería de Lars Ulrich, que sin mucha novedad, sigue siendo la seguridad rítmica de la banda, mientras que el solo de Kirk Hammet es jactancioso y épico, dando a entender que la banda esta en el mismo barco remando hacia la misma dirección.

Pero entonces, las cosas comienzan a desmoronarse desde el núcleo del álbum. La voz de James Hetfield, por momentos, suena titubeante y evita que canciones cómo “Now That We’re Dead” se conviertan en clásicos. “Confusion” comienza queriendo ser un tema progresivo y complejo pero tropieza con su progresión de acordes fuera de lugar y a esto le sigue un paso en falso llamado “ManUNkind”, con corpulentos riffs bluseros y cambios de tiempo en los que pareciera que cada integrante de la banda pareciera estar en desacuerdo; es como si esta se constituyera de 4 ideas diferentes que no pudieron converger.

Desde ese punto, todo se convierte en un downhill. “Here Comes Revenge” sería una secuela sónica de “Enter Sandman” si no fuera por sus destiempos y decepcionantes crescendos. “Am I Savage?” y “Murder One” dejan atrás todo por lo que Metallica se convirtió en Metallica: La velocidad. La primera se aferra a un solo de Kirk Hammet que podría ser soberbio si no fuera por ese sonido inerme que lo rodea, mientras que “Murder One” podría pasar por un tributo a Mötorhead si sólo lo tocaran al doble de velocidad.

En casi 80 minutos, es comprensible que un álbum como Hardwired… To Self-Destruct tenga momentos de tranquilidad, pero se vuelve demasiado cómodo demasiado pronto, e incluso, sigue tropezando sobre sí mismo una y otra vez. Para cuando llegamos a “Murder One” nos surgen dudas sobre si Metallica sigue reconociendo su propio estatus, apostando por sonidos salidos del rock sureño.

Afortunadamente el arma secreta de Hardwired… To Self-Destruct se llama “Spit Out The Bone”, canción que casi manda todas las dudas sobre este álbum al olvido. Un sonido thrash glorioso lleno de velocidad y riffs que, sin duda, se escucharían mejor acompañados de esa distorsión que engalanó a la banda en los 80’s pero que tal vez dirija a Metallica en la dirección correcta para trabajos futuros. Así, “Spit Out The Bone”, cierra el álbum, tomando los acordes de apertura de “Hardwired” y acelerándolos con una precisión y melodía únicas. Su violencia y emoción cambian naturalmente al igual que los ritmos del tema y esto permite momentos fantásticos como aquellos en dónde Rob Trujillo canaliza a Lemmy Kilmister en un solo de bajo, demasiado bajo. Aquí se escuchan los solos más enérgicos de Hammet mientras que Hetfield se concentra en crear riffs reptantes que se dispersan a lo largo de la canción para mantener a los oyentes al borde de sus audífonos.

Es lamentable que una conjunción como esta se encuentre al final del álbum. Una canción que pudo haber sido el arquetipo para todo el sonido de Hardwired… To Self-Destruct, sin embargo, el combustible que se ha quemado en los corazones de incontables fans de Metallica durante décadas, seguirá siendo esa energía que la agrupación necesita para demostrar que la vieja maquinaria aún no esta acabada.