ULVER – “THE ASSASSINATION OF JULIUS CAESAR”

 

Si algo se puede decir de Ulver es que es una banda en constante cambio, evolucionando dentro de un constante flujo que le da la capacidad de transformar su identidad de maneras insospechadas. La última vez que escuchamos de la manada de lobos noruega fue con aquel álbum de nombre impronunciable en el 2016. Un disco psicodélico y meditativo que, si conoces a la banda, sabrás que lo que muestran los noruegos en su paleta de colores y formas musicales es siempre inesperado. Y de hecho, si tenemos en cuenta su producción anterior, para Ulver, The Assassination Of Julius Caesar, es una parábola muy amplia en la evolución de su sonido.

Musicalmente esta tan lejos de su producción anterior, qué en lugar de ese sonido, el escucha es hipnotizado con una especie de synth-pop encaminado a dibujar parajes celestiales con cada nota, mientras que la increíble voz de Kristoffer Rygg hace de las suyas para envolvernos en una cálida frazada.

Lo que obtenemos al escuchar The Assassination Of Julius Caesar es un trayecto musical que de manera más preponderante se enfoca en la voz de Rygg. Y bueno, en Shadows Of The Sun (2007) o Wars Of The Roses (2011) ya existía tal, pero es justo en esta producción dónde la presencia vocal es la que comanda esta entrega al mezclar ese sonido con letras épicas y momentos de una solidez musical sin igual que se nota en la estructura de temas como “Nemoralia” o “Southern Gothic.

Una presencia mayor en la voz significa una menor presencia musical, o mejor dicho, un manejo más equilibrado de esta. En The Assassination Of Julius Caesar hallamos capas constantes de sintetizadores que se amalgaman con la vocales. Sampleos simples que acentúan las letras de cada una de las canciones y ritmos cadenciosos que seguramente podrían hacer de este álbum el preferido de muchos para ese momento íntimo. Pero aquí lo importante es que Ulver tiene un número aparentemente infinito de formas en las que puede hacer que su estilo cambie y aún funcione. La música es a menudo minimalista y recuerda a la estructura básica de la canción pop, pero de alguna manera lleva un distintivo que la hace hipnótica, relajante y espiritualmente edificante. Esto es la alegría real del álbum, ese sentimiento que Ulver ha inventado para ir hacia un estilo musical más convencional, pero haciéndolo suyo. Si lo quieren constatar solo escuchen “So Falls The World”.

En The Assassination Of Julius Caesar, Rygg es quien lleva el peso de la música en sus hombros. Con su voz, conduce todo hacia un destino indefinido, dándole un impulso único lleno de un aspecto que Ulver había dejado atrás en otras producciones. Pero está bien, perfectamente bien, ya que con ese enfoque uno realmente no puede quejarse y decir que Ulver nos tiene acostumbrado a más de lo mismo. Todo este álbum es una alteración para Ulver, una alteración de lo que la banda representa como tal ya que la instrumentación compleja cambia por una más sencilla y digerible, pero sin restringirla. Desde cierta perspectiva este disco significa un periodo diferente de Ulver, uno lleno de sorpresas y expectativas que hasta a la banda está sorprendiendo.

PARAMORE – “AFTER LAUGHTER”

Hablar de Paramore es centrar nuestra atención en Hayley Williams, vocalista del trío originario de Tennessee. Una vocalista con actitud, con presencia y que trayendo un background musical nutrido principalmente por hardcore y punk, ha enfocado sus esfuerzos creativos en erigir un sonido que va del pop al punk o del rock al emo y al final, como un simple conglomerado de estilos musicales que han hecho del sonido de la banda algo totalmente identificable. Gracias a esto, Paramore se ha transformado en una banda que más que establecerse como un típico acto de pop o punk o rock, avanza en la manera en la que hace su música, todo adornado con la inconfundible e inmejorable voz de Williams que hasta ha engalanado un dueto con Chino Moreno al interpretar “Passenger” juntos en vivo.

En After Laughter, su más reciente producción, en la que se marca el regreso de Zac Farro en la batería, Haley Williams, Taylor York y el mismo Farro, toman un camino inspirado totalmente en la década de los ochentas para crear un sonido lleno referencias a la cultura pop de esa época, el new wave y las giras musicales en centros comerciales en las que artistas como Tiffany o New Kids On The Block desfilaron más de una vez.

El primer sencillo de After Laughter es “Hard Times”, una alegoría sonora que hace tributo a Duran Duran con ese requinto inconfundible de guitarra y que se complementa con un video que pareciera haber sido filmado en technicolor y que se satura con colores neón y el look de la banda que podría haber salido de la caricatura Kidd Video.

“Rose-Colored Boy” abre con un intro que nos remite a “Girls Just Wanna Have Fun” de Cindy Lauper, sin embargo, la canción toma un giro para hacerla algo diferente pero dentro de la misma línea ochentera en la que After Laughter avanza canción por canción. El tema tiene arreglos dignos de The B52’s que le dan un tono fresco a pesar de que las canciones, en esta ocasión, no le exigen mucho vocalmente a Williams.

Justo a la mitad del álbum nos topamos con “26” una de esas baladas a las que Paramore ya nos tiene acostumbrados, sólo que esta vez el tema podría formar parte del momento romántico de alguna película como The Karate Kid (Dir. John G. Avildsen, 1984) o Say Anything (Dir. Cameron Crowe, 1989).

Una de las cosas que hay que resaltar del álbum, es que a pesar de que todas sus canciones suenan similares, esto nos remite totalmente a los 80’s, cuando las bandas tomaban una dirección diferente para inventar un nuevo álbum y sí, tal vez After Laughter carece de balance o creatividad al 100%, pero le sobra diversión y frescura, recordándonos una vez más, que lo viejo vuelve (aunque sea en forma de ficha, como Alf).

Si en Paramore (2013) la banda logró encontrar un camino alterno a lo que siempre habían hecho, tomando en cuenta todas las alternativas que la música implica, con After Laughter, lo único que Paramore está buscando es recalar en esos 13 años de carrera que tienen encima y seguir divirtiéndose haciendo música.

THE BLACK QUEEN – “FEVERDAYDREAM”

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En la tradición de “súper bandas” cómo Team Sleep, How To Destroy Angels o Puscifer; The Black Queen elabora un sonido intoxicante al combinar lo mejor del talento de cada uno de los integrantes que la conforman: Greg Puciato (The Dillinger Escape Plan, Killer Be Killed, Spylacopa), Josh Eustis (Telefon Tel Aviv, NIN) y Steven Alexander (The Dillinger Escape Plan, NIN); personajes que se han encargado de engendrar una oda a la música electrónica de los 80s con retablos y adjetivos sacados del new wave y el synth pop en Fever Daydream, primer LP de la banda localizada en California.

The Black Queen toma el brillo digital de Depeche Mode, los beats industriales de NIN y la ambición de The Dillinger Escape Plan para dibujar paisajes sonoros que podrían haber salido de la mente de cualquier Replicante de Blade Runner, o como si Martin L. Gore usara el álbum Pretty Hate Machine de Nine Inch Nails para hacerse de unos cuantos nuevos samplers electrónicos.

Mientras que la voz de Puciato se vuelve un canon melódico, dejando de lado los gritos y la guturalidad de The Dillinger Escape Plan, las guitarras flotan a través de la bruma creada por los sintetizadores, dándole un soporte vital musical a esta producción que resume gran parte la década de los 80s, musicalmente hablando, en 10 tracks.

“Ice To Never” y “The Death Cannot Touch” son un par de los momentos más tranquilos de Fever Daydream, logrando entregar al escucha un sentido de somnolencia atmosférica que poco a poco va creciendo en intensidad para volverse piezas claves del transcurso del disco.

“The Death Cannot Touch” suena como si Giorgio Moroder y Vangelis hubieran ocupado el lugar que New Order ocupó en su transición del post-punk al new wave, evocando el sonido electrónico del presenta y el pasado.

Las connotaciones góticas de “Silver Scream” captan los sonidos del cold-wave francés de manera similar a lo que Wesley Eisold ha hecho con Cold Cave y al mismo tiempo, la voz de Puciato, hace que los arreglos de cada canción resalten por su ambiente minimalista. “Maybe We Should/Non-Consent” se acerca más al dream-pop de finales de los 80s pero se carga de una actitud industrial que solo demuestra la influencia que tienen ciertas banda sobre los integrantes de The Black Queen.

Lo que el trío ha elaborado aquí es una colección de atmósferas reconfortantes que pueden ser decoradas con arrebatos de rabia y al igual que Deftones, Tool y NIN coexisten junto al éxito que tienen sus proyectos alternos; Puciato, Eutis y Alexandre han creado una entidad refrescante que simboliza una salida alternativa para esa emoción y creatividad, que tal vez en sus otras bandas, no han podido expresar.

 

SUEDE – “NIGHT THOUGHTS”

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Suede es una de esas bandas que involuntariamente se han alejado del mainstream que el brit-pop ha creado fuera de Inglaterra. Mientras que bandas como Pulp, The Verve u Oasis han apelado a formar parte de una ola musical que ha invadido el mundo, Suede se ha mantenido distante de eso a pesar de tener gran aceptación y ser uno de los grupos más ambiciosos de los últimos 20 años.

Al mismo tiempo que los hermanos Gallagher pretendían ser The Beatles y Jarvis Cooker se convertía en el portavoz de distintas causas sociales, Suede y Brett Anderson se encargaban de desenmarañar ese romanticismo profundo, cargado de intimidad y sexo que inunda cada producción de Suede, haciendo que cada álbum se convirtiera en un ícono y Night Thoughts no es la excepción.

Brett Anderson es un tipo que hace que los personajes de sus canciones sean casi reales, al tener emociones verdaderas que pueden compartir con sus escuchas. Estos personajes a momentos se vuelven patéticos, aferrados a sentimientos no correspondidos o formas dentro de los poemas que escribe Anderson para acompañarlos con la teatralidad y sonido que la música de la banda implica.

En Night Thoughts nos encontramos un álbum simplemente magnífico, un registro inesperadamente conmovedor que funciona como un soundtrack visual para una banda que se ha revigorizado en cada canción.

La lujuria, la emoción, el encierro, la persecución y la libertad son sentimientos sinceros que bañan cada uno de los títulos de los tracks de este álbum, haciendo de Night Toughts un disco muy profundo, justo como aquellos pensamientos que a todos nos aquejan antes de conciliar el sueño.

El primer sencillo de Night Thoughts es “Outsiders” una canción que presenta a los protagonistas de esa historia como personajes marginales. Ellos se enamoran por que no tienen otra cosa en la vida, no hay nada más que llene su existencia. Esta pequeña historia se adorna con un sonido que es diferente, pero sigue sonando a Suede.

A momentos pareciera que Anderson trata de emular a Peter Murphy o canalizar un espíritu similar al que se desprende del bajo de Simon Gallup, sólo para el final encontrar un momento dulce y que perdura como sólo Anderson sabe hacer.

En “I Don’t Know How to Reach You” y “What I’m Trying to Tell You” el actor de estas canciones está perdido en la inmensidad de su mente, cegado por la pasión personal. De manera extraordinaria, Anderson y su lírica hiper-romántica erigen una declaración que se complementa con las guitarras de Richard Oakes para hacer himnos instantáneos que hacen eco en el corazón.

Musicalmente, Night Thoughts satisface a los fans más acérrimos al sonido más clásico de los británicos; sin embargo, en este álbum Suede es más incluyente al mostrar chispazos de géneros que han complementado su estatus musical. Desde post-punk pasando por un poco de new wave, la banda de brit-pop se ha transformado en una banda que aboga más al inde o al art-rock que en realidad a un sonido más suave.

El álbum está lleno de texturas y riffs que acentúan la melancolía de Anderson que sigue proporcionando ganchos melódicos que harán feliz a más de uno y es así como Suede se ha convertido en una de esas bandas que hacen lo que mejor saben hacer y a su manera, abordando proyectos ambiciosos, que en el segundo amanecer del grupo, nadie esperaba.

DAVID BOWIE †

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A veces es extraño estar expuesto a música que uno no ama o idolatra, pero al mismo tiempo uno entiende la trascendencia que un género, o particularmente, un artista, tienen sobre la historia de la música contemporánea. Mi relación con David Bowie casi siempre ha sido así, siendo mi primera exposición a su música a través de “Under Pressure”, original de Queen, pero donde el hombre que cayó a la tierra presta su voz para adornar esa clásica canción que hiciera al lado del rey de reinas, Freddie Mercury.

Al escuchar acerca de la muerte de uno de los personajes más icónicos del mundo y no sólo de la música, hago una aseveración: se me están muriendo los ídolos. Y no por que David Bowie forme parte de mi ADN musical o de mis preferencias musicales más profundas; sino por que Bowie sencillamente era un personaje musical que todo conocedor y amante de cualquier género musical debería escuchar.

No es casualidad que Ian Curtis fuese un gran admirador del cantante, o que Trent Reznor, después de profesar su fanatismo en más de una ocasión y girar junto a él, lograra hacer mancuerna en una versión de “Im Afraid Of Americans” incluida en el álbum Earthling (1997). Peter Murphy era otro ícono que en más de una ocasión hizo arte con Bowie y ni se diga de su colaboración artística en el filme The Hunger (Dir. Tony Scott, 1983). Y bueno, cómo dejar de lado a Brian Eno, con quien entabló una amistad y hermandad musical que trascendió hasta hace algunos días, y seguramente lo seguirá haciendo.

Bowie era un ser de épocas, un ser que murió muchas veces para emerger de un capullo que le brindara esa mutación que constantemente mantenía debajo de la piel. Cada álbum era un personaje, cada personaje era un alter ego o doppelganger que fungía como la marioneta de David Bowie para proyectar ese énfasis creativo que alcanzaba (y sobraba) para crear música, incursionar en el cine, influenciar artistas y a veces sentarse en un museo y pasar desapercibido.

New wave, glam, rock, punk, pop, funk, drum & bass, electro, etc. Mencionen un género que exista y no habrá ninguno por el cual Bowie, a través de su extensa discografía, no haya pasado de una u otra forma. Recuerden algún álbum de casi cualquier artista y no habrá ninguno que deje fuera a Bowie de su lista de influencias. Bowie era un individuo con arte que sabía crearla y compartirla de una manera que no volveremos a experimentar en un buen rato o nunca.

La realidad es que cada vez hay menos personajes como David Bowie, visionarios del arte, de la música, de la moda y un largo etcétera que con poco esfuerzo hayan transformado la forma en la que miramos y escuchamos la vida; personajes que sin ser humanos son más humanos que cualquier artista del verbo “hartar” que intentan dejar su huella en una historia que no necesita de novatos, pero si de héroes todos los días.

IAMX – “METANOIA”

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Yo soy “Y”, yo soy “X”… IAMX, la incógnita del androginismo musical regresa en Metanoia. Un álbum que presenta un viaje a través de los abismos de Chris Corner, conocido por haber sido una de las piezas claves dentro de la vena musical de Sneaker Pimps.

Diversificando la fusión del arte y la música, Corner, 5 álbumes después, ha sabido edificar en Metanoia un disco que desuella sus emociones más profundas, presentando una experiencia más personal dentro de su mundo musical y los despeñaderos a los que ya nos tiene acostumbrados.

El álbum presenta una experiencia erótica, obscena y muy lúgubre que pretende darnos todos los pormenores de la corrupción humana. Con tonalidades grisáceas y cadencias rítmicas que nos remontan al acid house de los 90s, pero con un toque de rock alternativo y trip hop que pocas veces se sabe fusionar, Corner logra una amalgama de sonidos que sólo se puede escuchar a través de su trabajo.

En Metanoia, Chris Corner hace de su música un xenomorfo sonoro lleno de capas, de detalles y de alegorías líricas que se enfocan en la hipocresía y superficialidad de la humanidad; pero al mismo tiempo, intenta luchar contra sus propios demonios y su propia angustia; y más en específico, con su narcolepsia crónica como lo detalla el tema “Insomnia”. El tema es un himno al dolor, a la locura, a ese momento en el que uno pierde la capacidad de distinguir el dormir y el estar despierto. Y en la letra y ritmo se aboga a la figura que lo salve, al sexo subsanador y a la locura que puede significar el vivir y crear sin concebir el sueño, al grado de alucinar la salvación.

Sin embargo, el primer single que se desprende de esta producción, es “Happiness.”. La canción es un viaje emocional a través de sintetizadores y voces desalentadoras que hacen de la experiencia de escucharla, una inmersión en los sentimientos más desalentadores que tanto Corner como cualquier otra persona han experimentado.

Sus instrumentaciones tentadoras, y los coros que deliberadamente construye su bajista, Janine Gezang, le dan un toque esquizofrénico a todo el disco que significa el sexto esfuerzo discográfico en la carrera de Corner como solista.

“The BackGround Noise” llega de golpe y nos recuerda con su melodía suave a “The Ecstasy of Gold” de Ennio Morricone pero se transforma en una terapia musical que retrata el pasado new wave y post-punk revival que la música de IAMX mantiene en su ADN.

Metanoia es un álbum que nos presenta un sonido electrónico sin complicaciones: Cajas de ritmos, secuencias y efectos de sonido. La voz, como siempre, tiene un mensaje claro (y mucho drama) que se esconde detrás de metáforas oscuras y sonidos acústicos que dan como resultado el mutante híbrido musical que IAMX es y que nos remonta a álbumes como The Alternative (2006) o Volatile Times (2013).

No cabe duda que el contenido de este disco es particularmente personal para Corner, entre la oscuridad en la que se sumerge, su narcolepsia y sus periodos dramáticos hacen de esta pieza musical única… Sin dejar de lado la melancolía en la que siempre se envuelve.