LANA DEL REY – “NORMAN FUCKING ROCKWELL”

Lana Del Rey siempre ha sido una clasicista del pop en lo más profundo de su corazón, sin embargo, no ha sido hasta este momento que ha logrado crear un clásico del pop. Norman Fucking Rockwell es un álbum majestuoso y masivo, más de lo que todos esperábamos. Lana, a través de su voz y visión, transforma su quinto álbum en un vórtice de sórdidos sueños americanos que se ocultan en la cara más retorcida del glamour estadounidense.

Nadie escribe y describe fantasías complejas e imágenes románticas como lo hace Lana… para en un santiamén destruirlas con el propio material con el que las construyó. Sus labios pronuncian “… If I wasn’t so fucked up, I’d fuck you all the time…” o “… your poetry’s bad and you blame the news…”… Pero lo que es un hecho es que a pesar de que las canciones tengan un sonido amable y pegajoso, no las hace menos escalofriantes.

Norman Fucking Rockwell fue icónico incluso antes de su lanzamiento. La serie de brillantes sencillos que Lana estuvo lanzando durante el año pasado se transformaron en una especie de diario, tema por tema. “Venice Bitch” fue una vorágine de nueve minutos de suciedad y guitarras psicodélicas, cuerdas exuberantes y sintetizadores funk que se escuchan ahí en el fondo, manteniendo un bajo perfil pero acentuando el sonido setentero que envuelve al álbum. “Mariners Apartment Complex” es una balada de desamor de carne y hueso que suplica: “…Jesus, can’t a girl just do the best she can?…”

Pero el disco se supera a sí mismo, estirando el ritmo lánguido durante más de una hora. La balada que da título al disco abre con una frase cruda y que es lo más cercano a un momento romántico en este trayecto sonoro: “…Goddamn, man-child, You fucked me so good that I almost said ‘I love you…” esta es la epitoma de cómo un hombre inmaduro le falla emocionalmente en todas las formas posibles y ella reponde: “…You’re just a man, It’s just what you do, Your head in your hands as you color me blue…”

En Norman Fucking Rockwell, Lana Del Rey actualiza su imagen de la “Nancy Sinatra de la Mafia”, donde Jack Antonoff (letrista y productor del álbum) hace de un Lee Hazelwood personal de la cantante al ser, incluso, su acompañante musical. Pero nadie pone en duda de que este es el viaje de Lana. Ella siempre es la chica que hace todas esas canciones suyas, no importa qué canción sea; pero también, es la chica que las canta, la chica que las siente y que por lo mismo la hacen sentir condenada y jodida de alguna emocionante manera. “The Bartender”, “How To Disappear” y “Love Song” son baladas temerarias que podrían sonar de música de fondo en algún thriller erótico de aquellos que inundaban la barra de programación nocturna de Cinema Golden Choice.

Hasta ahora, Ultraviolence (2014) solía ser su mejor álbum, el único en el que su voz y composición finalmente le valieron transformarse en mito. Pero ella, a través de Norman Fucking Rockwell, lo supera. En este álbum se adapta a un mundo musical que ha moldeado a su imagen. Ella resucita una ambientación setentera salida de Laurel Canyon mientras roba títulos de canciones de Neil Young (“Cinnamon Girl”) y Joni Mitchell (“California”) para reinterpretarlas en fiestas donde se bebe ron y se escucha a Crosby, Stills & Nash. Es una dama del valle de California en toda la extensión de la palabra.

En uno de los aspectos más destacados del álbum, “The Next Best American Record”, emula de cierta manera el ritmo psicodélico de Led Zeppelin para iluminarlo con una cadencia erótica y esotérica que permea el fraseo de la intérprete.

Después viene una versión mas sexual del clásico tema de Sublime, “Doin’ Time”. Cuando se jacta de estar representando a Long Beach en la canción, no suena más ridícula que la original, pero hay algo conmovedor en su afecto por la parte del sur de California que hace que el tema sea igual de cálido y representativo para el golden state.

Norman Fucking Rockwell suena como un conjunto de canciones concebidas en el crepúsculo de los setenta cuando todas las canciones en la radio hablaban de Los Ángeles, California, sin importar de dónde eran los cantantes, simplemente por que se entendía que universalmente L.A. era el lugar donde los sueños estadounidenses iban a morir. Todo el mundo sabía que L.A. no se refería solo a una ciudad sino a un laberinto de éxitos de radio AM sobre el romanticismo de los habitantes de pueblos pequeños que huyen a la ciudad para envenenarse tanto, que nunca pueden volver a casa. En este álbum, es justo ese Los Ángeles en el que Lana habita y del que canta. Cuando cierra con “…“Hope Is A Dangerous Thing For a Woman Like Me To Have…But I Have It…” hace que la frase suene a un epitafio para todo el país, sus sueños y sus soñadores.

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DRAB MAJESTY – “MODERN MIRROR”

Drab Mejesty se crea y se transforma en luz y oscuridad. Cuentan con ese pequeño gran recordatorio gótico a la era del Pornography (1982) de The Cure y a la vorágine de sintetizadores de los primeros trabajos de OMD, Talk Talk, y Animotion. Deb Demure – mejor conocido como Andrew Clinco – comenzó con Drab Majesty mientras aún tocaba en Marriages. Al entrar en papel de Deb Demure, Clinco dramatiza el maquillaje y la indumentaria para su papel, para esconder todo rastro de un tipo que encontrarías en cualquier calle de cualquier ciudad. Así, nos quedamos con una extraña y hermosa criatura que hace música oscura y sublime.

Al mezclar la estética andrógina y las vocales masculinas dominantes, esa paleta de colores juega entre letras futuristas cargadas de un ocultismo cargado de cyber punk. Para Demure, la visualización de su proyecto es muy importante, por lo que junto a ese maquillaje y teatralidad, Drab Majesty hace uso de accesorios, props, vestuario y visuales para acompañar esos paisajes exuberantes y sonoros que son influenciados directamente por los años 80s.

Drab Majesty siempre fue un solo project, pero para su segundo álbum – The Demonstration (2017) – se expandió en un esfuerzo creativo en conjunto con la adhesión de Mona D. Ella no solo ayudó a las funciones de las presentaciones en vivo, si no que ayudó a que el sonido del acto se refinara al mezclar elementos de darkwave, shoegaze y dreampop junto al sonido lo-fi de los 80s que Deb Demure exudaba en su sus inicios.

En el nuevo álbum del dueto californiano – Modern Mirror – el sonido esta más nutrido por el pop, es un disco más accesible y con una luz que por momentos deslumbra. Casi dos años después de su última gira, Drab Majesty aterrizó en Atenas, Grecia, para escribir lo que ahora presentan como un estandarte convergente de sonidos tan oscuros como deslumbrantes que marcan un cambio radical en su sonido más no en su esencia.

“A Dialogue” abre el álbum con un sonido contundente. La grandiosa calidad que el dúo logra al fusionar el ADN del Desintegration de The Cure con la sensibilidad punk de The Damned, pavimentan el camino de una forma única y precisa. “The Other Side” es toda una belleza de synth pop que parecería haber sido grabada durante la década de los ochentas. La voz de Demure realmente es uno de los sonidos más poderosos del disco, y tal vez de la actualidad dentro del electro pop moderno. “Ellipsis” es una melodía dulce de verano, como si A-Ha y Missing Persons hubieran unido esfuerzos para crear música.

Por otro lado, “Noise Of The Void”, canaliza a Sisters Of Mercy en cámara lenta, letargo puro pero con un ataque sónico único. “Oxytocin” es pop grandilocuente que tiene una guitarra de ensueño. “Long Division” vuelve a visitar algunas de las reverberaciones de Rober Smith, mientras que “Out Of Sequence” cierra el álbum con un suspiro rebelde, arquetipo de conducción hacia las capas densas de los sintetizadores que durante siete minutos nos llevan directamente a 1981.

No cabe duda de que Drab Majesty se esta convirtiendo rápidamente en una de las mejores bandas dentro de la escena darkwave/dreampop. Canciones pop bellamente construidas y adornadas con la oscuridad suficiente para que suenen en el Batcave. Eso es Drab Majesty y su espejo moderno, un reflejo de deliciosa oscuridad.

AURORA – “A DIFFERENT KIND OF HUMAN – STEP 2”

A Different Kind of Human es el tercer álbum de la cantautora noruega Aurora, este funge como la segunda parte de su álbum doble y complementa a Infections Of A Different Kind – Step I (2018). Durante la primera mitad de esta producción constituida por dos partes, Aurora se dedicó a explorar la compleja realidad de la corporalidad y proporcionó un disco estelar que no se desvanece en la niebla de su propia ambición conceptual.

El álbum no es tímido en su intención y su histrionismo, ya que Aurora – de tan sólo 22 años – dirige su mirada hacia las crisis ecológicas y las consecuencias que las actitudes egoístas han tenido en la sociedad, todo enfrascado en un ecosistema sistemático que se rodea de paisajes surrealistas. Sólo se necesita escuchar “The Seed” para apreciar esto. El continuo canto de Aurora es la llamada de atención por la cuál la cantante espera despertar algo de conciencia, o como dice ella: “… la música se supone que es combustible… no contra las personas, si no por la capacidad de lo que puede encender dentro de nosotros…”

La habilidad de Aurora siempre ha sido su capacidad de contener mensajes de este tipo dentro de los paisajes sonoros que requieren un análisis más profundo y en A Different Kind Of Human, esto sigue siendo el caso. El álbum, hasta la fecha, es su trabajo más diverso por la sobresaliente producción que tiene y su instrumentación, lo que hacen de este disco algo intrigante y constantemente atractivo.

Alternativamente, A Different Kind Of Human, es una pieza más lenta y aislada durante la cual Aurora ocupa un lugar central, comenzando en un relativo aislamiento de la música y creando momentos de abrumadora esperanza en un álbum que se consume dentro de esas vorágines de felicidad.

Donde quiera que esté en el álbum, se puede sentir la confianza de una artista que esta dispuesta a tomar riesgos y experimentar con su arte para transmitir su mensaje de manera efectiva, por lo tanto, es un placer escuchar el álbum ya que nunca sabes hacia dónde te va a llegar el disco.

La lucha central en cualquier lanzamiento discográfico conformado por dos partes, radica en la capacidad de mantener la coherencia conceptual de ambas partes al tiempo de crear diferencias significativas a través de las cuales se puedan hacer distinciones exitosas. Con A Different Kind Of Human, Aurora demuestra que es más que capaz de caminar esa cuerda floja “artística”. Es un álbum tan seguro como su antecesor logrando que ninguno de los dos viva a la sombra del otro y garantizando la esencialidad de su diálogo artístico.

VAMPIRE WEEKEND – “FATHER OF THE BRIDE”

Vampire Weekend ha sido una banda que, por lo regular, es encantadora, alegre y exitosa; estudiantes de Columbia un año, y al siguiente, headliners de casi todos los festivales musicales que puedas imaginar. Mientras usaban suéteres tejidos y parecían tipos que escribían anuncios clasificados en Craiglist, eran provocativamente interculturales, mezclando el dancehall digital con grandes secciones de cuerdas, un toque de punk, raga en formas que no encajaban con ninguna estructura musical y el pop más suave que se pueda saborear para resaltar ese indie desencajado y gastado en el nuevo milenio.

Y a pesar de su cortesía superficial, había algo profundamente antagónico sobre ellos. Esos vestigios de chicos adolescentes suburbanos que crecieron amando el punk y el hardcore pero que nunca se sintieron con derecho sobre la ira que pregona ese género. Por lo mismo, la banda, se empeñó en romper el monopolio de la música comercial sobre sí misma para darle un giro, un toque y un revuelo que los ha redefinido a pesar de, en algún momento, ser una banda de sencillos más que de álbumes.

Con el tiempo maduraron, se volvieron más densos y más serios. Su tercer y último álbum, Modern Vampires Of The City (2013), se sintió como un hechizo. Cada línea estaba saturada de referencias a todo, cada espacio contaba con sonidos extraños y procesados. Incluso los silencios crujían con notas de antaño de vidas pasadas. Se sentía, apropiadamente, como el hogar de la banda en Nueva York, un lugar donde no puedes caminar alrededor de la cuadra sin sentir que estas molestando a los muertos.

Así Ezra Koening se mudó a Los Ángeles, hizo para Netflix la serie animada “Neo Yokio” y se convirtió en padre a la par de que Rostam Batmanglij dejó la banda para trabajar en su música como solista… Y después de estas pequeñas turbulencias tenemos Father Of The Bride, un disco más relajado y amplio que Modern Vampires Of The City, el gran suspiro después de una larga estadía bajo el agua. Todavía hay momentos de conflicto, pero en general, el álbum presenta una sensación de que la banda esta aliviada de dejar sus dudas existenciales atrás y salir relativamente ilesa, agradeciendo estar aquí y llenando los oídos de los escuchas con melodías que provocan sonreír y estar de buen humor.

La música es por lo tanto soleada, festiva, impregnada con toques campiranos, un poco de disco y música atmosférica de fantasía que se nota en “My Mistake”. Mientras que “Flower Moon” tiene un sutil sabor a samba, a algo latino que se asoma entre las mimetizaciones a la Van Morrison.

Anteriormente, Vampire Weekend tendía a depender de muchísimas yuxtaposiciones inusuales; aquí presenta un sonido más compilatorio, un conjunto de “presets culturales” calibrados para inducir nostalgia, repulsión y un mensaje que se vuelve sincero, al igual que su música y que provoca pensar, sentir, involucrarse con uno mismo y con la conexión emocional que muchas veces perdemos.

Para una banda históricamente obsesionada por el mundo, por cómo el hombre lo ha labrado, por su tecnología, su cultura, etc., Father Of The Bride es relativamente más orgánico, un esfuerzo natural más ligero en cuanto a las referencias de cada integrante de la banda, y más confinado a sus pensamientos y emociones. Varias de las canciones – “Hold You Now”, “Married In A Gold Rush”, “We Belong Together” – son literalmente duetos entre Ezra Koening y Danielle Haim (Haim), esfuerzo que provoca que cada canción sea pensada y sentida por dos personas, el yin se reconcilia lentamente con el yang. Los temas hablan de la primavera, el renacer, un cambio de dejar lo viejo atrás y la recuperación de la confianza, y esperanza; en un momento viajamos a través de un jardín – “Sunflower” – y en otro nos relajamos con una canción de cuna que da calor al corazón – “Big Blue”.

Por supuesto, el jardín, ese lugar fértil e inocente en el que morábamos antes de que la civilización nos desviara, es y siempre ha sido una fantasía, y el hogar nunca vuelve a estar en casa después de que uno se va. Hay momentos en que la universalidad de Father Of The Bride se siente forzada, el sonido de una mente inquieta que se dice repetidamente que se relaja, el esfuerzo paradójico que hace la gente en nombre de dejarse ir un poco, de soltarse.

Pero Vampire Weekend nunca ha sido tan legible, y ser legible no es mejor que ser un poco oscuro. Father Of The Bride me hace pensar en algo como Bob Dylan en sus Self Portrait (1970) y New Morning (1970): El sonido de un artista que intenta retroceder, de una manera fascinante y antagónica, hacia la raíz de su sonido, ese que tanto trabajó para cultivar.

Father Of The Bride es la primera que no suenan intensamente vivaces, pero eso no significa que hayan dejado de moverse; en todo caso, con la excepción de “Rich Man”, una canción infantil que combinas sonidos claramente nacidos en África y con toques celta, más una textura vintage casi como de caja de música. Aquí la música es enorme, casi como en Modern Vampires Of The City. A ese le siguen “Harmony Hall” con una reminiscencia sutil a Greatfull Dead y “We Belong Together”, tema que podría ser fácilmente encasillado en un ambiente de campamento de verano.

En general, la felicidad no es un gran arte; por lo menos, no es tan explosivo como la miseria, la tristeza, el deseo o cualquier otro sentimiento arraigado al vacío emocional. Al escuchar Father Of The Bride, percibimos canciones de satisfacción cantadas por personas que tienden a sentirse agitadas, canciones de pertenencia escritas por personas que tienden a sentir que no pertenecen a ninguna parte. Extraño la inquietud de Contra (2010), la grandeza de ese sonido ansioso y autoreflexivo sobre su privilegio. Aún así, se necesita cierto tipo de valentía para sentir el peso de la ligereza, para admitir que las cosas están bien. Con esa reflexión, algo cursi eso sí, el álbum invita a bailar a cualquiera haciendo que la flor de pared (wallflower) deje el muro, florezca y comience a bailar.

BILLIE EILISH – “WHEN WE ALL FALL ASLEEP, WHERE DO WE GO?”

Convertida en una estrella pop instantánea y obscenamente famosa, Billie Eilish viaja entre su innegable talento y su ácida personalidad para llegar a lugares inhóspitos poco explorados para una chica de tan solo 17 años y que implican la vorágine de la fama y fortuna. Y mientras ella se quita su guarda dental para grabar el intro de su álbum debut, risas ahogadas y sonidos que nos recuerdan que todavía es una adolescente precoz y creativa, acompañan la pista de la que un monstruoso mundo es testigo. When We All Fall Asleep, Where Do We Go? Esta lleno de momentos así: Momentos con los que entendemos que su roce con la oscuridad no anula lo mucho que disfruta el paseo de hacer música.

A los 14 años “Ocean Eyes” le abrió las puertas de la fama a través de las plataformas digitales. La canción la catapultó a un spotlight inconcebible para una artista tan joven mientras que su canción se abría paso por los oídos más experimentados de la crítica musical y aquellos que solo escuchaban por escuchar. El tema, una balada cristalina llena de sintetizadores erráticos y lagrimales, se coloreaba con su extravagante excentricidad que se aleja de la fórmula pop pero que la ayuda a distanciarse de la maceración históricamente lasciva de los ídolos adolescentes de la industria musical. Eilish, con ese anacronismo personal, solo parece ser más mezquina, filosa; pero sobretodo, autosuficiente.

Los mejores momentos de When We All Fall Asleep, Where Do We Go? Encajan perfectamente en ese esquema. Inspirado por los terrores nocturnos de Eilish y sus sueños mas vívidos, el álbum combina las oscuras compulsiones con elogios sombríos, equilibrando sus voces aterciopeladas con bajos profundos y sonidos espeluznantes que hacen parecer cualquier historia de terror como un cuento infantil. Eilish es capaz de tejer algo que es grotesco y delicado al mismo tiempo. En “You Should See Me In A Crown”, ella fabrica un arrullo que se precipita hacia una caída dentro de un abismo infinito lleno de ritmos tectónicos que asemejan el dubstep y que están repletos de murmuros que suavizan el golpe que propiciará la caída.

“Xanny” es ansiedad pura acompañada de acrobacias jazzísticas que hacen temblar la medula. La voz de Eilish se desvanece sobre el ritmo narcoléptico y se sumerge en la desesperación, gimiendo sus líneas más personales y subrayando que esa teenage angst es ferozmente sincera y brutal. Una esencia similar es el motor detrás de “Bury A Friend”, otro potencial sencillo en el que a pesar de la distorsión vocal, la voz de Eilish se siente íntima, cálida, como una caricia que hace observaciones sociales mientras que es tan brillante como oscura.

Aún así, todo el arsenal de Billie Eilish no pueden impedir que su pista más abiertamente pop, “Bad Guy”, se vuelva un poco obsoleta. Un galope veloz proyecta a la intérprete a una letanía de burlas hacia su pareja, compañero o lo que sea, mientras se autoproclama “la que puede hacer que tu novia se vuelva loca… el tipo de chica que puede seducir a tu padre”. Esto nos lleva a pensar que tal vez la intérprete no esta tan lejos del estereotipo del pop adolescente haciéndonos entrar en un entendimiento de que, al menos durante este track, Eilish se transforma en la vocera del post-Christina-Aguilera-Dirty-pop para hacer alarde de su sexualidad y cruzar un límite que, claramente Eilish a través de otros canales, ha demostrado que no necesita.

When We All Fall Asleep, Where Do We Go? Esta cargado de tranquilidad que refleja el pasado de Eilish. Al igual que en su primer EP, Don’t Smile At Me (2017), el sonido se inclina hacia lugares macabros que rozan en un romanticismo del siglo XV. “Wish You Were Gay” resalta las voces de Eilish que merecen algo mejor que estar adornadas con risas de sitcom salidas de Saturday Night Live. “Listen Before I Go” es minimalista, triste y somnolienta, un suave beso bajo la lluvia veraniega que se trasforma en una imagen onírica de un paisaje inexistente. “When The Party Is Over” demuestra aún más lo que Billie Eilish es capaz de lograr con la inercia de su voz… Con estos contrastes y matices, When We All Fall Asleep, Where Do We Go? Se transforma en una plataforma increíble para alguien que de manera prematura ha demostrado un talento crudo y palpitante, sin embargo el álbum es un amplio esfuerzo sonoro lleno de colores, formas, matices, imágenes y relatos que parecen un collage salido de del dormitorio de cualquier adolescente.

AURORA – “INFECTIONS OF A DIFFERENT KIND – STEP 1”

En algún momento de este año – se especulaba que en otoño – se esperaba que Aurora Aksnes lanzara un segundo álbum una vez que escuchamos “Queendom”, un sencillo que abraza el empoderamiento femenino a ritmo de beats y sonidos atmosféricos que hacen a más de uno mover la cabeza. Sin una fecha exacta, sorpresivamente, la cantante de origen nórdico nos regaló la primera parte de Infections Of A Different Kind el pasado septiembre, insinuando que el próximo año tendremos la parte complementaria de este álbum.

Infections Of A Different Kind cuenta con 8 tracks de los cuales se desprenden dos singles – “Queendom” y “Forgotten Love” – como transición para que el público se adapte a su nuevo sonido. Ambos temas tienen una sensación distintiva en comparación con lo que ella hizo en su álbum debut, Running With The Wolves (2015). “Forgotten Love” es un clásico instantáneo con un coro pegajoso que funge como gancho para aquellos que no entienden la transición de Aurora. Mientras tanto, “Queendom”, cuenta con una producción electro-pop que podría describirse como uno de los momentos más optimistas del disco, ya que la canción es un himno incluyente dirigido a toda minoría sin importar, raza, credo, preferencia sexual, estrato, etc.

¿Y qué hay del resto del álbum? Líricamente y en aspectos de sonido, Aurora lleva a Infections Of Another Kind a niveles inesperados. Mientras que en su producción anterior los temas oscuros y sombríos eran la médula de su creatividad, en este álbum, ella explora el folk de su natal Noruega y lo mezcla con inspiradores momentos pop que se ven claramente influenciados por Tori Amos o Kate Bush.

“Churchyard” es una de las canciones mas destacadas del álbum. Es un canto lúgubre con porciones de pop electrónico y un ambiente siniestro. La pista aborda de forma poética como las personas con poder, a menudo, abusan de él. “Soft Universe” describe lo dolorosa que puede ser la vida en este planeta mientras ese dolor se diluye sobre los sintetizadores filosos y gélidos que hacen que los coros del tema se vuelvan instantáneamente temporales.

“All Is Soft Inside” es la pieza central del disco. La canción cuenta el por qué las emociones humanas son la raíz de todo, pero también, como nos cuesta entenderlas. En cuestión de producción, práctica y teoría, esta canción es el cénit más creativo de Aurora hasta la fecha. La canción se construye lentamente para dejar una sensación etérea con reminiscencias pop, techno y new wave que caen en capas para poder saborear cada aspecto de la canción.

“It Happened Quiet”, es una balada que nace en las notas de un arpa. Pareciera que la canción habla de un evento traumático con una esencia meramente vengativa en el último coro de la canción. La voz de Aurora cautiva por durante lo largo y ancho del tema y su inocencia casi infantil se mezcla con los tonos oscuros del fondo de la canción.

Aurora cierra la primera parte de Infections Of A Different Kind con la canción que da nombre al álbum. Sin duda es la canción más tranquila del disco. En ella cuestiona todas las preguntas importantes que uno puede hacer a cerca de Dios, la vida y la fe. Haciendo que la interprete tome una postura cuestionante – y hasta desafiante – a temas que para muchos son sensibles. Con este sonido expande su poesía hacia algo más experimental y que le permite abarcar mas influencias, más capas, más sonidos y más herramientas para crear.

Infections Of A Different Kind es un álbum que suena como si alguien mayor y más maduro hubiese lo hubiera construido. Es raro que un artista sea tan articulado líricamente dentro de un paisaje sonoro como este y Aurora sabe balancear su madurez y su ímpetu juvenil de una manera única.

DEATH CAB FOR CUTIE – “THANK YOU FOR TODAY”

En “Gold Rush”, el primer sencillo de Thank You For Today, Ben Gibbard habla sobre las muchas formas en las que su natal Seattle ha cambiado en las últimas dos décadas, llorando recuerdos de edificios antiguos y momentos íntimos bajo las lámparas antes de sollozar: “Please don’t change, stay the same…” El video que acompaña al sencillo es una reinterpretación de “Bittersweet Symphony” de The Verve en la que se presenta a Gibbard siendo golpeado por transeúntes groseros durante un paseo diurno por un vecindario encallado en la ciudad fundada en el estado de Washington, todo para terminar atrapado en un mar de peatones enchufados a sus teléfonos.

Death Cab For Cutie es una banda conocida por su empalagosa sinceridad que, muy de vez en cuando, enseña los dientes para criticar la efímera vida moderna. Recordemos los momentos finales de “Amputations”, tema incluido en su primer disco Something About Airplanes. La canción muestra un discurso que dice más o menos así: “…In this modern day, we have instant coffee and instant tea—instant disbelief, that’s the reason we will never become anything…”

Pero mientras que “Amputations” es un remanente de aquella época en la que la banda editaba sus discos bajo el sello de Barsuk, su más reciente sencillo, “Gold Rush”, es uno de los pocos momentos en los que Thank You For Today encarna la manera en la que Death Cab For Cutie decidió hacer su música en los 2010s. Construido en torno a un sampleo de “Mind Train” de Yoko Ono, la canción se siente inerte en su constante galope, mientras que la voz de Gibbard es un poco espectral y zigzagueante. Thank You For Today marca el primer álbum de la banda en ser grabado en cinta magnética desde que cambiaron a su productor de casa: Chris Walla. Sin embargo, esta producción producida por el veterano Rich Costey (Muse, Interpol), hace que los 10 tracks que conforman Thank You For Today tengan un brillo competente, único y anónimo.

Si bien es tentador culpar completamente al productor (Costey) por los momentos más vacíos del álbum, la culpa inconfundible es de Gibbard y compañía. Las fallas del álbum son un subproducto de la tendencia de Death Cab For Cutie por confundir momentos líricos con momentos sonoros que influyen en la composición de la música y de las letras de Gibbard, haciendo que se llegue a un punto incongruente en el que algunas canciones no tienen la personalidad que musicalmente – o líricamente – se les quiso dar desde el principio.

Thank You For Today no es tan uniforme como Codes & Keys (2011) que es, sin duda, el álbum más fuerte de Death Cab For Cutie de la década de 2010. En Thank You For Today hay momentos que sugieren que Gibbard y el resto de Death Cab… todavía están luchando con la falta de mojo que ha ensombrecido su trabajo más reciente. “I Dreamed We Spoke Again” sufre de un procesamiento vocal junto a melodías a la deriva y una línea de bajo muy a la New Order que más que original parece un cover. “When We Drive” posee todo el encanto de un comercial de autos mientras que “You moved Away” sofoca sus reflexiones líricas de la vida pasada y esos temas nostálgicos que recorren las venas de todo el álbum.

La canción que cierra el disco, “60 & Punk”, es posiblemente una de las canciones más mordaces que Gibbard ha escrito desde el infame “Someday You Will Be Loved” incluido en Plans (2005).

Antes de Thank You For Today, han sido escasos los logros en lo que respecta a la obra de Death Cab For Cutie en los años 2010s, así que es un alivio que este último lanzamiento ofrezca algunas de las canciones más fuertes de la banda desde Narrow Stairs (2008), joya del indie pop que recuerda los días de gloria de la banda, aunque sea solo por unos minutos.

Luego está “Your Hurricane”, posiblemente la canción más adorable de Death Cab For Cutie en mucho tiempo. Una balada disfrazada de guitarras vintage y una emotiva toma vocal de Gibbard que puede entenderse como uno de sus mejores trabajos. Cierren los ojos y tal vez suene a un clásico. De esta forma se puede comprender que Gibbard todavía es capaz de estos momentos de seda sin sentirse a la deriva. Capitular la nostalgia es a menudo una elección estilística imprudente, pero quizás Death Cab For Cutie podría mirar hacía atrás un poco más en el futuro para comprender que el pasado no siempre tiene que ser un obstáculo, pero si, un buen lugar para descansar un rato.