VAMPIRE WEEKEND – “FATHER OF THE BRIDE”

Vampire Weekend ha sido una banda que, por lo regular, es encantadora, alegre y exitosa; estudiantes de Columbia un año, y al siguiente, headliners de casi todos los festivales musicales que puedas imaginar. Mientras usaban suéteres tejidos y parecían tipos que escribían anuncios clasificados en Craiglist, eran provocativamente interculturales, mezclando el dancehall digital con grandes secciones de cuerdas, un toque de punk, raga en formas que no encajaban con ninguna estructura musical y el pop más suave que se pueda saborear para resaltar ese indie desencajado y gastado en el nuevo milenio.

Y a pesar de su cortesía superficial, había algo profundamente antagónico sobre ellos. Esos vestigios de chicos adolescentes suburbanos que crecieron amando el punk y el hardcore pero que nunca se sintieron con derecho sobre la ira que pregona ese género. Por lo mismo, la banda, se empeñó en romper el monopolio de la música comercial sobre sí misma para darle un giro, un toque y un revuelo que los ha redefinido a pesar de, en algún momento, ser una banda de sencillos más que de álbumes.

Con el tiempo maduraron, se volvieron más densos y más serios. Su tercer y último álbum, Modern Vampires Of The City (2013), se sintió como un hechizo. Cada línea estaba saturada de referencias a todo, cada espacio contaba con sonidos extraños y procesados. Incluso los silencios crujían con notas de antaño de vidas pasadas. Se sentía, apropiadamente, como el hogar de la banda en Nueva York, un lugar donde no puedes caminar alrededor de la cuadra sin sentir que estas molestando a los muertos.

Así Ezra Koening se mudó a Los Ángeles, hizo para Netflix la serie animada “Neo Yokio” y se convirtió en padre a la par de que Rostam Batmanglij dejó la banda para trabajar en su música como solista… Y después de estas pequeñas turbulencias tenemos Father Of The Bride, un disco más relajado y amplio que Modern Vampires Of The City, el gran suspiro después de una larga estadía bajo el agua. Todavía hay momentos de conflicto, pero en general, el álbum presenta una sensación de que la banda esta aliviada de dejar sus dudas existenciales atrás y salir relativamente ilesa, agradeciendo estar aquí y llenando los oídos de los escuchas con melodías que provocan sonreír y estar de buen humor.

La música es por lo tanto soleada, festiva, impregnada con toques campiranos, un poco de disco y música atmosférica de fantasía que se nota en “My Mistake”. Mientras que “Flower Moon” tiene un sutil sabor a samba, a algo latino que se asoma entre las mimetizaciones a la Van Morrison.

Anteriormente, Vampire Weekend tendía a depender de muchísimas yuxtaposiciones inusuales; aquí presenta un sonido más compilatorio, un conjunto de “presets culturales” calibrados para inducir nostalgia, repulsión y un mensaje que se vuelve sincero, al igual que su música y que provoca pensar, sentir, involucrarse con uno mismo y con la conexión emocional que muchas veces perdemos.

Para una banda históricamente obsesionada por el mundo, por cómo el hombre lo ha labrado, por su tecnología, su cultura, etc., Father Of The Bride es relativamente más orgánico, un esfuerzo natural más ligero en cuanto a las referencias de cada integrante de la banda, y más confinado a sus pensamientos y emociones. Varias de las canciones – “Hold You Now”, “Married In A Gold Rush”, “We Belong Together” – son literalmente duetos entre Ezra Koening y Danielle Haim (Haim), esfuerzo que provoca que cada canción sea pensada y sentida por dos personas, el yin se reconcilia lentamente con el yang. Los temas hablan de la primavera, el renacer, un cambio de dejar lo viejo atrás y la recuperación de la confianza, y esperanza; en un momento viajamos a través de un jardín – “Sunflower” – y en otro nos relajamos con una canción de cuna que da calor al corazón – “Big Blue”.

Por supuesto, el jardín, ese lugar fértil e inocente en el que morábamos antes de que la civilización nos desviara, es y siempre ha sido una fantasía, y el hogar nunca vuelve a estar en casa después de que uno se va. Hay momentos en que la universalidad de Father Of The Bride se siente forzada, el sonido de una mente inquieta que se dice repetidamente que se relaja, el esfuerzo paradójico que hace la gente en nombre de dejarse ir un poco, de soltarse.

Pero Vampire Weekend nunca ha sido tan legible, y ser legible no es mejor que ser un poco oscuro. Father Of The Bride me hace pensar en algo como Bob Dylan en sus Self Portrait (1970) y New Morning (1970): El sonido de un artista que intenta retroceder, de una manera fascinante y antagónica, hacia la raíz de su sonido, ese que tanto trabajó para cultivar.

Father Of The Bride es la primera que no suenan intensamente vivaces, pero eso no significa que hayan dejado de moverse; en todo caso, con la excepción de “Rich Man”, una canción infantil que combinas sonidos claramente nacidos en África y con toques celta, más una textura vintage casi como de caja de música. Aquí la música es enorme, casi como en Modern Vampires Of The City. A ese le siguen “Harmony Hall” con una reminiscencia sutil a Greatfull Dead y “We Belong Together”, tema que podría ser fácilmente encasillado en un ambiente de campamento de verano.

En general, la felicidad no es un gran arte; por lo menos, no es tan explosivo como la miseria, la tristeza, el deseo o cualquier otro sentimiento arraigado al vacío emocional. Al escuchar Father Of The Bride, percibimos canciones de satisfacción cantadas por personas que tienden a sentirse agitadas, canciones de pertenencia escritas por personas que tienden a sentir que no pertenecen a ninguna parte. Extraño la inquietud de Contra (2010), la grandeza de ese sonido ansioso y autoreflexivo sobre su privilegio. Aún así, se necesita cierto tipo de valentía para sentir el peso de la ligereza, para admitir que las cosas están bien. Con esa reflexión, algo cursi eso sí, el álbum invita a bailar a cualquiera haciendo que la flor de pared (wallflower) deje el muro, florezca y comience a bailar.

Advertisements

BILLIE EILISH – “WHEN WE ALL FALL ASLEEP, WHERE DO WE GO?”

Convertida en una estrella pop instantánea y obscenamente famosa, Billie Eilish viaja entre su innegable talento y su ácida personalidad para llegar a lugares inhóspitos poco explorados para una chica de tan solo 17 años y que implican la vorágine de la fama y fortuna. Y mientras ella se quita su guarda dental para grabar el intro de su álbum debut, risas ahogadas y sonidos que nos recuerdan que todavía es una adolescente precoz y creativa, acompañan la pista de la que un monstruoso mundo es testigo. When We All Fall Asleep, Where Do We Go? Esta lleno de momentos así: Momentos con los que entendemos que su roce con la oscuridad no anula lo mucho que disfruta el paseo de hacer música.

A los 14 años “Ocean Eyes” le abrió las puertas de la fama a través de las plataformas digitales. La canción la catapultó a un spotlight inconcebible para una artista tan joven mientras que su canción se abría paso por los oídos más experimentados de la crítica musical y aquellos que solo escuchaban por escuchar. El tema, una balada cristalina llena de sintetizadores erráticos y lagrimales, se coloreaba con su extravagante excentricidad que se aleja de la fórmula pop pero que la ayuda a distanciarse de la maceración históricamente lasciva de los ídolos adolescentes de la industria musical. Eilish, con ese anacronismo personal, solo parece ser más mezquina, filosa; pero sobretodo, autosuficiente.

Los mejores momentos de When We All Fall Asleep, Where Do We Go? Encajan perfectamente en ese esquema. Inspirado por los terrores nocturnos de Eilish y sus sueños mas vívidos, el álbum combina las oscuras compulsiones con elogios sombríos, equilibrando sus voces aterciopeladas con bajos profundos y sonidos espeluznantes que hacen parecer cualquier historia de terror como un cuento infantil. Eilish es capaz de tejer algo que es grotesco y delicado al mismo tiempo. En “You Should See Me In A Crown”, ella fabrica un arrullo que se precipita hacia una caída dentro de un abismo infinito lleno de ritmos tectónicos que asemejan el dubstep y que están repletos de murmuros que suavizan el golpe que propiciará la caída.

“Xanny” es ansiedad pura acompañada de acrobacias jazzísticas que hacen temblar la medula. La voz de Eilish se desvanece sobre el ritmo narcoléptico y se sumerge en la desesperación, gimiendo sus líneas más personales y subrayando que esa teenage angst es ferozmente sincera y brutal. Una esencia similar es el motor detrás de “Bury A Friend”, otro potencial sencillo en el que a pesar de la distorsión vocal, la voz de Eilish se siente íntima, cálida, como una caricia que hace observaciones sociales mientras que es tan brillante como oscura.

Aún así, todo el arsenal de Billie Eilish no pueden impedir que su pista más abiertamente pop, “Bad Guy”, se vuelva un poco obsoleta. Un galope veloz proyecta a la intérprete a una letanía de burlas hacia su pareja, compañero o lo que sea, mientras se autoproclama “la que puede hacer que tu novia se vuelva loca… el tipo de chica que puede seducir a tu padre”. Esto nos lleva a pensar que tal vez la intérprete no esta tan lejos del estereotipo del pop adolescente haciéndonos entrar en un entendimiento de que, al menos durante este track, Eilish se transforma en la vocera del post-Christina-Aguilera-Dirty-pop para hacer alarde de su sexualidad y cruzar un límite que, claramente Eilish a través de otros canales, ha demostrado que no necesita.

When We All Fall Asleep, Where Do We Go? Esta cargado de tranquilidad que refleja el pasado de Eilish. Al igual que en su primer EP, Don’t Smile At Me (2017), el sonido se inclina hacia lugares macabros que rozan en un romanticismo del siglo XV. “Wish You Were Gay” resalta las voces de Eilish que merecen algo mejor que estar adornadas con risas de sitcom salidas de Saturday Night Live. “Listen Before I Go” es minimalista, triste y somnolienta, un suave beso bajo la lluvia veraniega que se trasforma en una imagen onírica de un paisaje inexistente. “When The Party Is Over” demuestra aún más lo que Billie Eilish es capaz de lograr con la inercia de su voz… Con estos contrastes y matices, When We All Fall Asleep, Where Do We Go? Se transforma en una plataforma increíble para alguien que de manera prematura ha demostrado un talento crudo y palpitante, sin embargo el álbum es un amplio esfuerzo sonoro lleno de colores, formas, matices, imágenes y relatos que parecen un collage salido de del dormitorio de cualquier adolescente.

AURORA – “INFECTIONS OF A DIFFERENT KIND – STEP 1”

En algún momento de este año – se especulaba que en otoño – se esperaba que Aurora Aksnes lanzara un segundo álbum una vez que escuchamos “Queendom”, un sencillo que abraza el empoderamiento femenino a ritmo de beats y sonidos atmosféricos que hacen a más de uno mover la cabeza. Sin una fecha exacta, sorpresivamente, la cantante de origen nórdico nos regaló la primera parte de Infections Of A Different Kind el pasado septiembre, insinuando que el próximo año tendremos la parte complementaria de este álbum.

Infections Of A Different Kind cuenta con 8 tracks de los cuales se desprenden dos singles – “Queendom” y “Forgotten Love” – como transición para que el público se adapte a su nuevo sonido. Ambos temas tienen una sensación distintiva en comparación con lo que ella hizo en su álbum debut, Running With The Wolves (2015). “Forgotten Love” es un clásico instantáneo con un coro pegajoso que funge como gancho para aquellos que no entienden la transición de Aurora. Mientras tanto, “Queendom”, cuenta con una producción electro-pop que podría describirse como uno de los momentos más optimistas del disco, ya que la canción es un himno incluyente dirigido a toda minoría sin importar, raza, credo, preferencia sexual, estrato, etc.

¿Y qué hay del resto del álbum? Líricamente y en aspectos de sonido, Aurora lleva a Infections Of Another Kind a niveles inesperados. Mientras que en su producción anterior los temas oscuros y sombríos eran la médula de su creatividad, en este álbum, ella explora el folk de su natal Noruega y lo mezcla con inspiradores momentos pop que se ven claramente influenciados por Tori Amos o Kate Bush.

“Churchyard” es una de las canciones mas destacadas del álbum. Es un canto lúgubre con porciones de pop electrónico y un ambiente siniestro. La pista aborda de forma poética como las personas con poder, a menudo, abusan de él. “Soft Universe” describe lo dolorosa que puede ser la vida en este planeta mientras ese dolor se diluye sobre los sintetizadores filosos y gélidos que hacen que los coros del tema se vuelvan instantáneamente temporales.

“All Is Soft Inside” es la pieza central del disco. La canción cuenta el por qué las emociones humanas son la raíz de todo, pero también, como nos cuesta entenderlas. En cuestión de producción, práctica y teoría, esta canción es el cénit más creativo de Aurora hasta la fecha. La canción se construye lentamente para dejar una sensación etérea con reminiscencias pop, techno y new wave que caen en capas para poder saborear cada aspecto de la canción.

“It Happened Quiet”, es una balada que nace en las notas de un arpa. Pareciera que la canción habla de un evento traumático con una esencia meramente vengativa en el último coro de la canción. La voz de Aurora cautiva por durante lo largo y ancho del tema y su inocencia casi infantil se mezcla con los tonos oscuros del fondo de la canción.

Aurora cierra la primera parte de Infections Of A Different Kind con la canción que da nombre al álbum. Sin duda es la canción más tranquila del disco. En ella cuestiona todas las preguntas importantes que uno puede hacer a cerca de Dios, la vida y la fe. Haciendo que la interprete tome una postura cuestionante – y hasta desafiante – a temas que para muchos son sensibles. Con este sonido expande su poesía hacia algo más experimental y que le permite abarcar mas influencias, más capas, más sonidos y más herramientas para crear.

Infections Of A Different Kind es un álbum que suena como si alguien mayor y más maduro hubiese lo hubiera construido. Es raro que un artista sea tan articulado líricamente dentro de un paisaje sonoro como este y Aurora sabe balancear su madurez y su ímpetu juvenil de una manera única.

DEATH CAB FOR CUTIE – “THANK YOU FOR TODAY”

En “Gold Rush”, el primer sencillo de Thank You For Today, Ben Gibbard habla sobre las muchas formas en las que su natal Seattle ha cambiado en las últimas dos décadas, llorando recuerdos de edificios antiguos y momentos íntimos bajo las lámparas antes de sollozar: “Please don’t change, stay the same…” El video que acompaña al sencillo es una reinterpretación de “Bittersweet Symphony” de The Verve en la que se presenta a Gibbard siendo golpeado por transeúntes groseros durante un paseo diurno por un vecindario encallado en la ciudad fundada en el estado de Washington, todo para terminar atrapado en un mar de peatones enchufados a sus teléfonos.

Death Cab For Cutie es una banda conocida por su empalagosa sinceridad que, muy de vez en cuando, enseña los dientes para criticar la efímera vida moderna. Recordemos los momentos finales de “Amputations”, tema incluido en su primer disco Something About Airplanes. La canción muestra un discurso que dice más o menos así: “…In this modern day, we have instant coffee and instant tea—instant disbelief, that’s the reason we will never become anything…”

Pero mientras que “Amputations” es un remanente de aquella época en la que la banda editaba sus discos bajo el sello de Barsuk, su más reciente sencillo, “Gold Rush”, es uno de los pocos momentos en los que Thank You For Today encarna la manera en la que Death Cab For Cutie decidió hacer su música en los 2010s. Construido en torno a un sampleo de “Mind Train” de Yoko Ono, la canción se siente inerte en su constante galope, mientras que la voz de Gibbard es un poco espectral y zigzagueante. Thank You For Today marca el primer álbum de la banda en ser grabado en cinta magnética desde que cambiaron a su productor de casa: Chris Walla. Sin embargo, esta producción producida por el veterano Rich Costey (Muse, Interpol), hace que los 10 tracks que conforman Thank You For Today tengan un brillo competente, único y anónimo.

Si bien es tentador culpar completamente al productor (Costey) por los momentos más vacíos del álbum, la culpa inconfundible es de Gibbard y compañía. Las fallas del álbum son un subproducto de la tendencia de Death Cab For Cutie por confundir momentos líricos con momentos sonoros que influyen en la composición de la música y de las letras de Gibbard, haciendo que se llegue a un punto incongruente en el que algunas canciones no tienen la personalidad que musicalmente – o líricamente – se les quiso dar desde el principio.

Thank You For Today no es tan uniforme como Codes & Keys (2011) que es, sin duda, el álbum más fuerte de Death Cab For Cutie de la década de 2010. En Thank You For Today hay momentos que sugieren que Gibbard y el resto de Death Cab… todavía están luchando con la falta de mojo que ha ensombrecido su trabajo más reciente. “I Dreamed We Spoke Again” sufre de un procesamiento vocal junto a melodías a la deriva y una línea de bajo muy a la New Order que más que original parece un cover. “When We Drive” posee todo el encanto de un comercial de autos mientras que “You moved Away” sofoca sus reflexiones líricas de la vida pasada y esos temas nostálgicos que recorren las venas de todo el álbum.

La canción que cierra el disco, “60 & Punk”, es posiblemente una de las canciones más mordaces que Gibbard ha escrito desde el infame “Someday You Will Be Loved” incluido en Plans (2005).

Antes de Thank You For Today, han sido escasos los logros en lo que respecta a la obra de Death Cab For Cutie en los años 2010s, así que es un alivio que este último lanzamiento ofrezca algunas de las canciones más fuertes de la banda desde Narrow Stairs (2008), joya del indie pop que recuerda los días de gloria de la banda, aunque sea solo por unos minutos.

Luego está “Your Hurricane”, posiblemente la canción más adorable de Death Cab For Cutie en mucho tiempo. Una balada disfrazada de guitarras vintage y una emotiva toma vocal de Gibbard que puede entenderse como uno de sus mejores trabajos. Cierren los ojos y tal vez suene a un clásico. De esta forma se puede comprender que Gibbard todavía es capaz de estos momentos de seda sin sentirse a la deriva. Capitular la nostalgia es a menudo una elección estilística imprudente, pero quizás Death Cab For Cutie podría mirar hacía atrás un poco más en el futuro para comprender que el pasado no siempre tiene que ser un obstáculo, pero si, un buen lugar para descansar un rato.

CŒUR DE PIRATE – “EN CAS DE TEMPÊTE, CE JARDIN SERA FERMÉ”

No es necesario hablar francés para entender lo que Cœur de Pirate dice en su nuevo álbum. En cas de tempête, ce jardin sera fermé la emoción de su voz y las melodías son delicadamente bellas y lo dicen todo. El nombre del álbum, que literalmente significa, “En caso de tormenta, este jardín permanecerá cerrado”, porta un doble significado que sirve como precaución y preservación; y también, representa la turbulenta narrativa que circunda la vida de la artista antes, durante y después de la grabación de este nuevo disco.

En cas de tempête, ce jardin sera fermé es el cuarto álbum de la interprete – nacida como Béatrice Martin – y al mismo tiempo marca el décimo aniversario de la ccantante canadiense. Cantado completamente en francés, Martin suena libre y cruda, a medida que se abre íntimamente canción tras canción.

El álbum, marca un momento importante en la carrera de Béatrice, ya que después de su último álbum – Roses (2015) – Cœur de Pirate se embarcó en una interminable gira que diezmó su salud mientras que tenía que encargarse de su pequeña bebé. Esto le resulto en la perdida de su contrato discográfico con Interscope Records y, aunado a eso, parecía haber perdido los deseos de hacer lo que más ama: La música. Sin embargo, el que haya casi renunciado a la música por completo en un momento personal y estresante, también contribuye con una clara convicción en la pasión redescubierta por lo que mejor sabe hacer.

En En cas de tempête, ce jardin sera fermé muchos sonidos tradicionalmente franceses se manifiestan. “Malade” es oscuro y elegante, tiene una cadencia pausada y casi soñadora. “Combustible” mantiene las cosas sensuales con mucho funk instrumental al igual que “Je Veux Rentrer”. En este álbum la música tiende a transitar por diferentes emociones y humores; así como en algún momento puede ser divertida, en otro, es agridulce. “Dans La Nuit” se vuelve una canción realmente adictiva que se engalana con la participación del rapero Loud y que hacen de este track algo totalmente energético. “Premonition” trae consigo un ambiente más edificante, mientras que “Carte Blanche” proporciona un ambiente cálido y optimista hacia el final.

Uno de los temas que más destacan es “Somnambule”. El piano, las cuerdas y los arreglos suaves unen a la perfección esta canción con las demás, generando un flujo y reflujo natural de emociones que cierran con “De honte et de pardon”, tema dolorosamente conmovedor y que marca un equilibrio perfecto entre el sonido indie de la intérprete y de cómo este se perméa con colores pop que enriquecen de manera notable el sonido de Béatrice (Cœur de Pirate).

En cas de tempête, ce jardin sera fermé afronta a su autora con inseguridades, dolor, ansiedad e inseguridad; pero al final, le da una nueva luz con un dulce mensaje detrás que se mezcla con la intensidad característica de su música y planifica un gran regreso para Cœur de Pirate al robarnos el alma, el corazón y uno que otro suspiro.

“RATS” by GHOST

Ghost es una banda – o más bien acto – que a más de un extremista del metal incomoda por la forma en la que su creador, Tobias Forge, logra romper el status quo de la música pesada al dotar a su grupo con una carga teatral, que a muchos, les podrá parecer ridícula ignorando el sonido que esta tiene. En más de una ocasión han sido comparados con King Diamond por la estética que maneja, por la forma conceptual en la que cada uno de sus álbumes ha sido concebido o simplemente para restarle importancia a un esfuerzo que sobresale por ejecución y creatividad; pero sobretodo, por arriesgarse a hacer algo totalmente diferente a lo que usualmente tiene satisfecho al fanático de pelo largo que ama el headbanging mientras se hacen pedacitos al escuchar un face melting solo.

Ghost se ha dedicado a desestigmatizarse a través de su música, reclutando lo mejor de lo mejor de la escena musical sueca para integrarlo en un conglomerado con el que han logrado canalizar sonidos que viajan desde lo “satánico” hasta un heavy metal clásico que, por momentos, se empapa de esfuerzos poperos y enganches musicales de easy listening que le permiten llegar a una audiencia más grande. Junto a todo esto, el también líder de Magna Carta Cartel, Repugnat y Subvision, incluye esfuerzos artísticos que toman influencia de cine clásico o de culto para adaptarlas, a manera de tributo, al ADN de la banda. Tal es el caso de cada una de las portadas de su álbumes que van alineadas con una filme clásico: Opus Eponymous (2010) con Salem’s Lot (Dir. Tobe Hopper, 1979), Infestissumam (2013) con Amadeus (Dir. Milos Forman, 1983), Meliora (2015) con Metropolis (Dir. Fritz Lang, 1927) y el EP If You Have Ghosts (2013) con Nosferatu (Dir. F.W. Murnau, 1922).

El día de hoy; y después de haber recibido varias señales misteriosas por parte de la banda, esta lanza “Rats”, nuevo sencillo que se desprende de su próxima producción Prequelle y que no solo nos trae nueva música, si no también, un nuevo frontman llamado Cardinal Copia que deja atrás la ya tradicional cónclave para escoger al nuevo Papa Emeritus.

“Rats” esta cargado de un sonido más oscuro y más pesado. Tiene un solo de guitarra filoso y riffs que parecen haber estado empolvándose en el sótano de Ozzy Osbourne desde los años ochenta, además de una batería potente que engloba al tema de manera única.

Aunado a todo esto, el video que acompaña a la canción es una alegoría al cine clásico de horror, inclusive podría decirse que por momentos, hace tributo a Thriller de Michael Jackson. En este encontramos similitudes visuales a The Crazies (Dir. George A. Romero, 1973), Rats!: Night Of Terror (Dir. Bruno Mattei, 1984), Phantasm (Dir. Don Coscarelli, 1979) y texturas visuales que nos recuerdan a Dario Argento junto a un Cardinal Copia, que con su danza, parece un Fred Astaire de ultratumba.

Seguramente el nuevo álbum de Ghost, Prequelle, estará rodeado de controversias, críticas y demás. Eso no le quita que la banda este llena de una producción magnífica y un talento espectacular que pocas bandas saben capitalizar y exteriorizar sin miedo a las críticas dentro de un medio tan cerrado como lo es el metal.

DASHBOARD CONFESSIONAL – “CROOKED SHADOWS”

Tanto ha sucedido en los 15 años desde que Dasboard Confessional impulsó su drama a través de una adolescencia perpetua y que se nota en su ápice de música emocional, que el “emo” de Chris Carrabba ha tomado un avance hacia un acotamiento más maduro sin dejar atrás esa actitud pop, que desde sus inicios, lo ha caracterizado.

En los comienzos de Dashboard Confessional, Chris Carrabba se hizo un nombre cantando a cerca de cómo tener novia (y cómo perderla) y todas esas vicisitudes que cualquier adolescente vive y sufre en sus años mozos. 8 años después Dashboard Confessional regresa con Crooked Shadows, utilizando esa misma romántica fijación que ha sido el núcleo de todas sus canciones. El enfoque lírico de Carrabba ha evolucionado un poco, ignorando el “yo” que predomina en casi todos sus temas para unificar un “nosotros” en el hilo del álbum. Sin embargo, ese paternalismo heroico del pop sentimentaloide, todavía esta presente.

“We Fight” abre Crooked Shadows y es un ejemplo claro de su regreso: Chris Carrabba sigue metido en las fronteras de su propia emocionalidad y eso es una especie de vocación y obligación hacia sus seguidores que, a pesar de haber crecido y madurado, siguen siendo en espíritu esos adolescentes que continúan conectando con su música. La canción sugiere que esto no es un regreso capitalizador, Carrabba simplemente está asumiendo el mando y sigue siendo un ícono en esta relación.

Cada canción de Crooked Shadows dice lo mismo: “Todavía estoy aquí, nunca me fui y me encanta estar con ustedes”. Las canciones, a pesar de estar permeadas con ese tedio popero, logran conectar con situaciones más complejas y maduras.

Y aunque claramente Carrabba sabe que esta mutando hacia una nueva especie de Ed Sheeran, sus canciones siguen siendo dramáticamente sencillas al estilo de Dashboard Confessional. “Catch You” es un tema ingeniosamente revestido en su producción contemporizante, logrando que ese sonido preparatoriano se diluya, dejando atrás esa esencia clásica de la banda, para poder crecer hacia otra dirección.

Es claro que Crooked Shadows es una evidente ambición hacia la forma en la que el pop debería hacerse en 2018. La fluidez que tienen estas nueve canciones son el lenguaje con el que Chirs Carrabba siempre se quiso identificar y del que ha sido profeta desde casi hace 20 años. Y, al final, esto no exactamente favorece a la esfera pop contemporánea a las que las tendencias actuales están sometidas. Quizás Crooked Shadows demuestre que, el socorrido rock de adulto, es una zona de confort para aquellos que siguen buscando encontrar un poco de atemporalidad en la sangrante honestidad de Chris Carrabba, que expone descaradamente su corazón para ilustrar la indiferencia del sentimentalismo con el que quiere imprimir su más reciente producción.