AT THE DRIVE IN – “INTERALIA”

Formados en 1994, At The Drive In fue una de esas bandas que, dentro de la vena del post-hardcore, creó un momentum único en la escena, llegando a ser una de las bandas “alternativas” más representativas del momento al dibujar un plano para la flexibilidad del género exponiendo cómo este podría alcanzar su potencial comercial sin vender su sonido, pero si refinándolo.

Como olvidar esa explosión sonora que es “One Armed Scissor” y lo que en gran medida esta canción y el álbum en el que se incluye (Relationship Of Command, 2000) le representaron a la banda: No sólo destacar en su propia escena, si no convertirse en una de esas bandas que se alejaban de sus cánones al interpretar música que era demasiado melódica para aún llamarse “hardcore”, pero demasiado “pesada” para ser cualquier otra cosa.

En este estrepitoso camino hacia el Valhala musical, en el 2001, la banda decidió separarse. No se sabe si fue el constante abuso de drogas por parte de Cedric Bixler-Zavala a causa de la presión de ascender a la fama, tensiones internas, diferencias creativas o sencillamente el momento indicado para convertirse en mito.

Dieciséis años después, At The Drive In regresa con un nuevo álbum. Y si bien este no es su primer regreso ya que en el 2009 intentaron regresar y en el 2011/12 dieron un par de presentaciones con la alineación original, la falta de entusiasmo por parte de los integrantes fue suficiente para que esos esfuerzos se cancelaran, sin embargo, lo que hace interesante su regreso en 2017 es In•Ter•A•Lia, su nuevo material discográfico que suena a que la banda quiere seguir su camino exactamente donde lo dejo.

Jim Ward no hizo su regreso a la banda en esta etapa, en su lugar, Keeley Davis (que toca a lado de Ward en Sparta) fue reclutado. Así que de muchas formas, Rodriguez-López y Bixler-Zavala, son los que se encargan de seguir escribiendo el legado de At The Drive In.

En In•Ter•A•Lia, la música sigue siendo irritante en su enfoque lírico, pero los puntos de entrada son diferentes ya que el trabajo musical de la banda se nota en la narrativa del disco. Si hay una manera de ser ambiguo y directo, At The Drive In lo sabe hacer a la perfección. “Holtzclaw”, es un tema que produce escozor y conciencia social como una patada en la mandíbula, tomando como tema la condena de 263 años a la que fue condenado el ex oficial de policía Daniel Holtzclaw bajo los cargos de violación.

Musicalmente hablando, In•Ter•A•Lia es emocionante. Las guitarras aúllan, la batería es precisa y disonante mientras que esos elementos hacen química con la voz de Bixler-Zavala para crear un balance al que ya estamos acostumbrados. “Governed By Contagions” es un tema con todo ese color old-school mientras que “Call Broken Arrow” destaca la tarea de la banda a pesar de no haber hecho música juntos después de muchísimo tiempo. Este lapso les ha dado la condición de transformarse en el epítome del punk romantizado surgido en un salón de preparatoria y que ha evolucionado para ir liberando sus sonidos y colores más enigmáticos.

Ese pasado, es el que ha logrado que los originarios de El Paso, Texas encuentren un nuevo compromiso y entusiasmo no sólo para crear música, si no para interpretarla con la intensidad que esas canciones, y las nuevas merecen ser tocadas.

A momentos, In•Ter•A•Lia puede sonar aburrido. “Hostage Stamps” es el tema más flojo del disco y el que cierra este nuevo camino musical, sin embargo, el cuerpo en general del regreso de At The Drive In marca un hito inesperado en el regreso de la banda que sigue siendo feroz, rápido y todavía bastante preciso.

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THE DILLINGER ESCAPE PLAN – “DISSOCIATION”

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Por más de 20 años, The Dillinger Escape Plan se han establecido como uno de los actos más interesantes e innovadores dentro de la música dura. La manera en la que gestionan sus intensos ejercicios musicales a través del math rock, prog, post-hardcore, jazz, punk y quién sabe qué más, los han hecho ser una de las bandas más eclécticas de la escena. Esto sumado a sus intensas presentaciones que incluyen sudor, sangre, y en ocasiones, mucho fuego.

Ellos han sido capaces de vencer la barrera de lo estridente para llevar a sus seguidores a un estado de meditación tan cambiante, que por momentos, no se sabe si uno escucha, sueña o despierta. Su tenacidad por experimentar parecía diseñada para sobrevivir cualquier frontera musical, y sin embargo, por desgracia, hay un límite que The Dillinger Escape Plan no puede sobrevivir: El suyo.

El quinteto, oriundo de New jersey, está lanzando su sexto y último álbum, Dissociation, un disco que acaricia las alturas demenciales que la banda consiguió en Ire Work (2007) y que los catapultó al mainstream para seguir haciendo las cosas a su manera.

No es sorpresa para cualquier fan, que Dissociation esté a la altura de las expectativas de la banda, ya que no sólo es el álbum con el que la banda termina su existencia, si no que también, es un disco totalmente impredecible. Con “Limerent Death” como primer sencillo, la banda sienta las bases en la una unidad perfecta de sonidos afilados y diferentes gamas de negro que bien podrían hacernos pensar en un intrincado tatuaje. El título del sencillo se refiere al final de un estado romántico, y en el, se siente la frustración y la rabia adornadas con las letras de Greg Puciato, que disuelven el ímpetu con el que la banda ejecuta la canción, hasta el momento en el que los sentimientos del pasado se vuelven tan viscerales que dejan de existir.

Como siempre, The Dillinger Escape Plan sabe cómo equilibrar la furia esquizofrénica con los sonidos más relajantes, ya que inmediatamente después de “Limerent Death” escuchamos “Symptom of Terminal Illness” dónde Ben Weinman y Kevin Antreassian esbozan frágiles líneas rítmicas y acordes suaves y hasta los momentos relativamente más tranquilos tienen su propio núcleo lleno de intensidad, como la canción cargada de jazz “Low Feels Blvd”, que nos rompe el momentum para luego encontrarnos con un dulce falsete en “Nothing to Forget”.

“Wanting Not So Much as To”, por su parte, entrelaza esa disociación característica de The Dillinger Escape Plan en un solo track. Billy Rymer se mantiene al día con ritmos dispares y sorprendentes, notas fantasmas y una métrica bizarra que podría caer en un solo género musical que llega hasta “Fuge”, tema que contiene una resbaladiza esencia electrónica muy a la Aphex Twin.

La canción que cierra el álbum lleva el mismo nombre del disco, este tema es una nota apropiada y dramática que sirve como un telón que poco a poco va cerrando y va escondiendo el último aliento de un acto itinerante y explosivo. El estruendo industrial, el ritmo metálico y la voz de Puciato inundan la escena donde su voz crea un juego sugestivo y después de más de 3 minutos de la voz de Puciato, la batería de Rymer hace presencia para mandarla a un lugar de mayor armonía y oscuridad. Los instrumentos se matizan y lo dejan a él sólo en un dramático final.

Sería difícil decir que Dissociation es el mejor álbum de The Dillinger Escape Plan por que siendo el último, siempre tendremos la duda de qué es lo que se les habría ocurrido para dar continuidad a este, pero honestamente, ellos siempre estuvieron muchos pasos adelante, musicalmente hablando, como para tratarlos con una narrativa básica. Así, su último álbum, es cíclico y se engendra a partir del amor para llegar, conclusivamente a la muerte, mientras que en el transcurso musical se puede apreciar toda la belleza del camino que une el inicio y el final.

Es cierto, puede que jamás haya otro disco de The Dillinger Escape Plan, pero este se adapta perfectamente a la trayectoria de la banda.

TOUCHÉ AMORE – “STAGE FOUR”

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Touché Amore es de esas bandas que saben equilibrar en su música lo personal y lo creativo para dar un resultado que implica sentir lo que el mensaje de su música transmite. El nuevo álbum de la banda, Stage Four, es un registro implacable de uno de los momentos más personales de Jeremy Bolm: La muerte de su madre mientras la banda estaba de gira.

Stage Four es un desgarrador momento para la banda en el que se nota la honestidad y la empatía incondicional que Bolm sabe describir en todas sus letras.

… To The Beat of a Dead Horse (2009) y Parting The Sea Between Brightness and Me (2011) muestran a la banda como un trayecto único en el que Jeremy Bolm, junto a Nick Steinhardt, Clayton Stevens, Elliot Babin y Tyler Kirby, han sabido crecer y madurar, logrando que Stage Four, a pesar de ser un disco tan personal para Bolm, suene como un mensaje en conjunto en el que la banda lucha para conquistar a sus demonios.

Stage Four plantea el recorrer de la banda desde el momento en el que se enteran que la madre de Bolm fallece en el 2014 y como el no pudo estar presente, para luego el, recorrer los recuerdos más vívidos que tenía junto a su madre, aferrarse con una sonrisa a los más trascendentales y escribir un álbum, que a la fecha, es el mejor de Touché Amore.

El álbum resalta por la imaginación vivida que plantea en cada canción. Arreglos musicales que hacen que cada canción sea un himno, la manera sencilla en la que se puede apreciar el disco y la tragedia autobiográfica de Stage Four, logran que la banda alcance un nuevo nivel musical y personal en esta nueva producción. Mientras que Bolm muestra una iniciativa melódica más fuerte, las guitarras de Stevens y Steinhart son tan potentes como sutiles, sin dejar a esencia post-hardcore y proto-punk que siempre los ha caracterizado.

Stage Four también resalta por las vocales melódicas de Bolm en “Water Damage” y “Palm Dreams”, detalle que logra que los riffs de las guitarras puedan ser más potentes y complejos para dar mayor brillo al sonido del disco.

“Eight Seconds” habla del momento en el que Bolm se enteró de que su madre se había ido, detallando detalle a detalle la experiencia en esta canción hiper honesta en la que el dolor es una constante y el ritmo una catarsis.

Stage Four es un cúmulo de cambios melódicos que no habíamos visto antes en ningún disco de Touché Amore; sin embargo, encuentra balance en una producción cuidada obsesivamente y una estructura lírica que lo hace resaltar, inclusive, sobre Is Survived By (2013). “Skycraper”, canción que cierra el álbum, es un tema dónde se nota esto en el dueto que Bolm hace junto  a  Julien Baker de la banda Forrister. La canción viaja entre sonidos de shoegaze que implótan con cadencias musicales sacadas directamente del post-hardcore y que a través de la voz de Bolm logra traer de vuelta a su madre por un momento y entregar toda la honestidad que alguna vez ha entregado en algún disco.

THRICE – “TO BE EVERYWHERE IS TO BE NOWHERE”

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Hay bandas que cuando se separan o deciden tomar un break no regresan; o si lo hacen, regresan sin ese mojo que en un principio los hizo escribir la historia que los transformó en quienes son. Con Thrice pasó que después de 4 años de descanso, la banda regresó con una nueva actitud, más madura y más enamorada de su propia música para hacer de To Be Everywhere Is To Be Nowhere un álbum que cubre tanto las necesidades de la banda cómo de sus más exigentes seguidores.

En el advenimiento musical, de este su noveno álbum, pareciera que Thrice nunca se fue, que siempre estuvo ahí y que el tiempo que se tomaron para descansar simplemente les dio las energías necesarias para escribir un álbum que es más artesanal que otros, lo que es inspirador e inesperado.

“Hurricane” abre este disco, una canción catártica en dónde la voz de Dustin Kensrue converge furicamente con la música que Teppei Teranishi, Eddie Breckenridge y Riley Breckenridge crean para recordarnos esa esencia potente que Thrice lograba en discos como The Artist In The Ambulance (2003).

Thrice se mantiene cómo una banda intoxicante, y mientras To Be Everywhere Is To Be Nowhere podría estar compuesto enteramente por canciones que abogan al post-hardcore para complacer a sus fans, el disco construye un sonido que si bien se basa en la esencia principal de la banda, también los lleva a nuevos niveles creativos y cómo músicos para crear un minimalismo musical que por ello mismo se enaltece. “The Window”es como si Radiohead estuviese enojado y no tuviese tanta languidez dónde Eddie brilla por la manera en la que ejecuta el bajo, dando una dinámica sutil que se une en la vida adulta de Thrice.

Y dentro de ese espíritu, To Be Everywhere Is To Be Nowhere también tiene momentos ambientales como se escucha en “Seneca”, canción que funge como el precursor perfecto para introducirnos a “Black Honey”, el track más potente del disco, canción que brilla por el tecnicismo y el acompañamiento atmosférico que toda la banda logra. Tema que brilla por el timbre que Kensrue maneja desde Major/Minor (2011) y que brilla en “Stay with Me”.

Thrice siempre ha tenido una capacidad innata para hacer música lo suficientemente pesada para un mosh pit, pero al mismo tiempo, bastante cerebral para revelar más de ellos mismos a través de cada canción. “Whistleblower” fortalece esa dinámica. El álbum cierra con “Salt & Shadow”, un experimento que cuenta con capas de armonías, instrumentación etérea y una calidad inquietante. La mayoría de las bandas no serían capaces de iniciar un álbum con guitarras tan potentes y cerrarlo con una línea de piano sutil y delicada, sin embargo, este tipo de versatilidades siempre ha estado en el núcleo de Thrice y que se enaltece en este pequeño triunfo llamado To Be Everywhere Is To be Nowhere que deslumbra por su existencia y su ejecución.

“BLACK HONEY” by THRICE

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En 2012 anunciaron su desintegración, haciendo una gira de despedida que en vez de quitarles las ganas de olvidarse de la música pareció haberlos llenado de nuevos bríos y creatividad, para después de una pausa de 4 años, regresaran con un sonido más trabajado, más maduro y mejor adaptado a la idiosincrasia que Thrice esta tomando en esta nueva etapa. Su álbum próximo que verá la luz el 27 de mayo y que lleva por título, To Be Everywhere Is To Be Nowhere, acecha y nos entrega un tema que lleva por título “Black Honey”.

“Black Honey” no sólo es un tema que en galana la forma en la que estará construido su noveno álbum (To Be Everywhere Is To Be Nowhere). La canción parece ser más un himno que toma lo mejor del pasado de la banda y lo llena de detalles novedosos. El ataque a las guitarras, la composición y los tiempos que se iluminan con quiebres imperceptibles que le dan una métrica fantástica a la canción; además, Dustin Kensrue canaliza ese toque áspero en su voz que esta vez nos recuerda un poco a Chris Cornell.

Al mismo tiempo, “Black Honey” nos hace remembrar el último periodo musical de la banda Cave In, siendo una canción dramática y sombría, sin alejarse de esa luminosidad que Thrice le imprime a cada una de sus producciones con coros agresivos, dinámicos y que sólo hacen saborear un poco más de lo que será To Be Everywhere Is To Be Nowhere.