MOGWAI – “EVERY COUNTRY’S SUN”

Durante la última década los scores y soundtracks en los que Mogwai ha participado han amenazado con eclipsar sus lanzamientos de estudio. Tanto la música que escribieron para el documental de la BBC Atomic Living In Dread & Promise (Dir. Mark Cousins, 2015) y para el drama francés, Les Revenants (Dir. Fabrice Gobert, 2012), han logrado destilar la fuerza bruta de la banda escocesa, agregando sorprendente sutileza y gracia a su trabajo. De manera directamente proporcional, el escribir música de forma colaborativa parece ser un acto nato para el cuarteto que les libera de presión para hacer una declaración enorme a través de través de Every Country’s Sun y dejar que la trayectoria que tienen los guíe dentro del estudio.

A excepción del excelente trabajo que hicieron en el 2011 con Hardcore Will Never Die, But You Will, los trabajos más recientes de Mogwai han carecido de esa meticulosidad por la que la banda se hizo famosa. Desde esos ruidosos y enormes sonidos casi lo-fi que los hicieron importantes en sus inicios, hasta el histrionismo sónico del krautrock y la electrónica análoga, la banda se ha esforzado por encontrar un camino estable hacia el futuro. En Every Country’s Sun, su noveno LP, Mogwai encuentra su balance. Finalmente, los de Glasgow, están divirtiéndose, concentrándose y ensuciándose al hacer su música; esta vez, con un poco más de propósito e intensidad.

El álbum incluye temas bizarros que salen de la línea a la que Mogwai nos tiene acostumbrados. “Coolverine” repite muchos de los temas recientes de Mogwai: Frío, atmósferas electrónicas, mid-tempos, art rock y mucho New Order. “Party In The Dark”, sin embargo, es un éxito furioso – una gema de indie pop que cumple la promesa de un sonido futurista – en ese tema, la guitarra de Stuart Braithwaite nunca ha sonado más desnuda y melódica.

Pero en última instancia, estos tracks parecen lados b que han estado enlatados por años; son distantes, pensativos, bien producidos pero no comprometidos con la causa actual de Mogwai. “Sweeties Cerebro” es una canción ambivalente que fluye a través de olas de sintetizadores mientras que “Aka 47” dibuja un camino hacia el olvido lleno de sonidos salidos de una historia distópica. Sin embargo, en otros lugares, Mogwai suena como una nueva banda y en cierto sentido lo son. Ahora son un cuarteto después de la salida de John Cummings en 2015. “Battered At A Scramble” se convierte en una pelea instrumental entre un órgano y un solo de guitarra que nos recuerda a ese joven Mogwai que le temía a satán.

Desde cierta perspectiva, Mogwai se perfila como una nueva banda que intenta cargarse de energía con nuevos sonidos que bajo la producción de Davr Fridann, hacen resonar a la banda. Este regresa a trabajar con ellos después de 16 años tras haber producido Rock Action (2001) y como lo fue en su momento (Rock Action), Every Country’s Sun trata de emular sus guitarras ricas y cálidas. “20 Size” es un brillante pedazo de sonido que resuena con guitarras estrechas y tangibles a la par de que la batería de Martin Bulloch es una fuerza que guía al cuartero a través de conclusiones rítmicas potentes.

Every Country’s Sun es un resumen de la última década en la que la banda de post-rock ha sido perseguida por las mismas preguntas: ¿Ha logrado de manera significativa ir más allá de del sonido con el que han definido un género?, ¿han hecho algo genuinamente interesante?. La respuesta a ambas preguntas es si. Pero la verdadera pregunta para cualquier banda que lleva existiendo por más de 20 años, no es a lo qué juegan, sino cómo lo interpretan. Por lo menos en la mitad de su nuevo álbum, Mogwai juega por primera vez en años, con la misma convicción maliciosa que ha definido sus mejores discos. En el mejor de los casos, Every Country’s Sun, es impetuoso, sin pretensiones y una obra de volumen y violencia que nos hace recordar de dónde viene y cómo se inventó Mogwai hace veinte años.

 

 

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“THE QUEEN’S CONSTELLATION” by JUNIUS

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2009 fue el año en el que los bostonianos de Junius lanzaron su primer LP, The Maertyrdom Of A Catastrophist, basado en el libro Mundos En Colisión (Immanuel Velikovsky, 1950), el cual intenta refutar (de manera muy acertada y científica) los orígenes de la tierra, el hombre, el clima y un sinnúmero de fenómenos terrestres y celestes que presenciamos todos los días. El álbum fue una experiencia musical maravillosa, sumándole el concepto que se escondía en sus notas y letras y que hizo de este el primer álbum en una trilogía de discos conceptuales que se complementan con Reports from the Threshold of Death (2011), álbum que habla de la muerte, la reencarnación y las experiencias cercanas a la muerte y Days of the Fallen Sun (2014) un EP pseudofinal que no puede ser mejor descrito como música que narra los últimos días del planeta.

Tres años y un integrante menos (Mike Nieves) después, la trilogía cierra con Eternal Rituals For The Accretion of Light, disco que está planeado para ser lanzado el 3 de Marzo y que esta basado en el libro Initation (Elisabeth Haich, 2000). El álbum toca temas como el trascender mental y espiritual, aprendiendo que el amor es crucial para ese viaje. En el primer sencillo, “The Queen’s Constellation”, podemos notar que la nueva producción cuenta con ese sonido clásico y grandilocuente que lleva a la banda a lugares aún más diversos.

“The Queen’s Constellation” abre con una filigrana en el teclado mezclando riffs sísmicos y melodías vocales que denotan la influencia vocal que tiene Joseph E. Martínez (Vocalista de Junius) de Chino Moreno y que perfecciona la maquetación a la que Junius nos tiene ya acostumbrados, para llenarnos de sonidos tan poderosos como sutiles, logrando un equilibro perfecto entre ambas dinámicas sonoras. De igual forma, “The Queen’s Constellation”, es una canción que sirve de perfecta introducción para lo que viene en Eternal Rituals For The Accretion of Light, digamos que es un intro de cinco minutos en los que podemos percibir las texturas, la calidez y la filosofía que Junius esta próxima a entregar.

SÔBER – “VULCANO”

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Vulcano, el álbum más reciente de los madrileños de Sôber, se caracteriza por estar repleto de emociones y galopes rítmicos que hacen de este disco una pieza maravillosa de hard rock que supera a producciones anteriores cómo Superbia (2011) y Letargo (2014).

Fieles a su estilo, los hermanos Escobedo, acompañados de Antonio Bernardini y Manu Reyes, logran armar en once canciones un recorrido a través de esas emociones tanto sencillas como complejas que atormentan a cualquier persona con suficiente sangre en la cabeza y calor en el corazón para dejarse llevar. Vulcano es un álbum capaz de recorrer el presente, el pasado y el futuro de Sôber. Entre riffs potentes, baterías veloces y voces que acogen al escucha, Sôber logra crear momentos de intimidad y familiaridad que difieren de cualquier otro período de ímpetu de la banda, y vaya que la intensidad los caracteriza, siendo una de las bandas más dinámicas sobre un escenario.

“Enterrado” es similar a lo que Paradysso, allá por el 2002, quería manifestar musicalmente. Una voz intensa y melódica por parte de Carlos Escobedo acompañada de los acordes complejos de su hermano Jorge. Este es uno de los puntos más eficaces de una banda como Sôber, la manera de llevarnos en un viaje a través de su historia con cada canción sin perder la frescura y novedad. Sin embargo, “La Escalera”, denota un momento más íntimo y descarado de Vulcano, una senda en la que la banda se atreve a seguir haciendo melodías potentes pero acercándose un poco más a la crudeza que en Morfología (1999) los definía.

A pesar de lo clásico que puede ser Sôber, incluso en producciones nuevas como lo es Vulcano, también encontramos momentos arriesgados y que distan de ese color que los españoles manejan a la perfección. “El Viaje” extrae el ambientalismo del post-rock para hacerlo parte del fervor del hard rock, la composición es diferente y la narrativa de la canción también, crescendos de poder mientras al fondo se siente una atmósfera letárgica que genera mirar hacia una dirección diferente en la que Sôber quiso apuntar en esta canción. Sin ser balada, sin ser un potente track, Sôber logra en este tema un momento que lo aleja de toda su historia y lo dispara mil años luz al futuro.

En “Papel Mojado” encontramos guitarras compenetradas, bien ensambladas y que logran dibujar melodías preciosas alrededor de la voz de Carlos Escobedo; mientras que “Estrella Polar” se convierte en uno de esos clásicos cortes de Sôber que ya hemos escuchado en canciones como “Náugrafo” o “Letargo” dándole ese toque de balada a un disco que cierra de manera brutal con “Magnolia”, una canción cargada de un groove metalero que va de menos a más con un magnetismo sonoro que rodea al escucha con mucha distorsión y le da un respiro con un estribillo melódico y pegajoso.

Vulcano es un álbum que sigue marcando la evolución y consolidación de Sôber, una banda que fiel a su estilo, ha sabido encontrar los momentos más importantes para renovar su sonido y convertirse en una banda que merece larga vida y prosperidad.

MONO – “REQUIEM FOR HELL”

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El cuarteto de Tokio, Mono, puede no haber sido siempre la más original de las bandas que entraron al terreno del post-rock. Comenzando su carrera cuando el trayecto de este género ya tenía a grandes representantes, como GS!YBE o Mogwai, Mono ha permanecido como un constante recordatorio de la dinámica del género a pesar de que la fórmula para hacer post-rock se ha reformulado en pocas ocasiones.

A pesar de no reinterpretar la forma de acercase a su música, Mono, ha sabido sobrevivir en una época en la que el post-rock ha sido un poco aislado del mundo musical. En gran parte esto deben agradecerlo al trabajo de Steve Albini que les produjo 3 álbumes y los apoyó como su ingeniero de audio y sala en varias giras, además de ser una de las bandas más conocidas de Japón y constantemente estar creando, inventando y escribiendo nueva música.

Así es cómo 10 años después, Mono, regresa con su noveno álbum de estudio Requiem For Hell, un esfuerzo musical que conglomera lo mejor del back-to-basics de la banda y los reconecta con su sonido original al mismo tiempo que buscan tocar territorios más oscuros y pesados. También, Requiem For Hell, ve a la banda regresar a la producción de Steve Albini que logra encaminar de manera increíble este álbum inspirado en la Divina Comedia de Dante Alghieri.

Si no están familiarizados con la música de Mono deben saber que son dos guitarras, un bajo y batería que a momentos suenan monstruosamente abrumantes, como si tuvieran más integrantes cuando en realidad son sólo cuatro personas. A pesar de todo esto, Mono, es una banda bastante genérica, continúan teniendo esa habilidad para escribir canciones impresionantes, torciendo las guitarras y las cuerdas, las notas e interpolando ese sentimiento que parece hacernos flotar.

Requiem For Hell permanece siendo un álbum muy al estilo de Mono: No hay nada que sorprenda demasiado en este disco. “Death & Rebirth” es un tema clásico que incluye las cualidades más interesantes de Mono para hacerlo un clásico instantáneo de la banda. Mientras tanto, “Ely’s Heartbeat”, concluye un momento despuntante del sonido al que el cuarteto nipón ya nos tiene acostumbrados.

Y, sin embargo, Requiem For Hell simplemente funciona. A pesar de mantener esas tonalidades y colores clásicos, Mono continúa siendo una banda digna de escuchar y de brindarle atención. Tal vez la mayor virtud de Requiem For Hell sea que más allá de describir todo lo que se escucha y cómo, debe servir para describir lo que se siente al escucharlo, sobre todo al tratar de musicalizar la grandeza que exige caer dentro de los nueve círculos del infierno dantesco y salir de él, ileso.