GOD IS AN ASTRONAUT – “EPITAPH”


God Is An Astronaut es considerado uno de los líderes del post-rock. Desde su formación en el 2002, la banda ha mantenido consistentemente un sonido distintivo en la escena de la música instrumental. Impulsados por la música electrónica y los momentos atmosféricos del rock, la banda ha sabido construir una reputación a través de actuaciones increíbles tanto en el estudio como sobre el escenario y en 2018 la banda nos marca su regreso con su álbum Epitaph.

El post-rock es uno de los géneros más versátiles de estos tiempos modernos. Puede ser oscuro y pesado o extremadamente etéreo y ambiental. Esto no sólo permite a las bandas cubrir grandes opciones sonoras al hilar su música, sino también construir una plétora de emociones dentro de esta. Sin embargo, la mayoría de las bandas al obtener el sonido correcto, apenas tocan el aspecto emocional del género. Afortunadamente para God Is An Astronaut esta fórmula siempre ha sido sencilla de entender y se han asegurado que su música no solo tenga la dinámica rica que permite su estilo, sino también la respuesta emocional que requiere. Epitaph no es diferente, el álbum comienza con ”Epitaph”, una canción atmosférica relajante que nos describe lo que el álbum quiere ser y como el track se vuelve meditativo antes de tambalearse en un cúmulo de melancólicos riffs que gritan pesadumbre y desesperación.

“Mortal Coil” cambia las cosas y se basa en una fantástica contribución rítmica con un teclado glorioso. La pista fusiona elementos de música clásica, metal, lo-fi, synth-wave y los amalgama de manera perfecta. Por otro lado, “Seance Room” es una bestia completamente diferente; casi quimérica, que aporta una vibra mucho más oscura a la música. Esta canción esta impulsada por la reverberación de los riffs distorsionados de las guitarras y un ambiente shoegaze. Si Deafheaven alguna vez se aventurara en el territorio del post-rock, sin duda, esto sería lo que uno esperaría.

“Medea” y “Oisin” elevan Epitaph con una nota muy fuerte. El primero tienen una de las atmósferas más livianas de la primera mitad del álbum para, al final, evolucionar y ser el parte aguas de la segunda mitad del disco que es mucho más oscura y cargada de horror. El concepto de monismo dualista se comprende mejor con el ejemplo citado de yin y yang, pero “Medea” sirve como un ejemplo igualmente bueno. Los opuestos, que a primera vista parecen totalmente independientes, pero en realidad son complementados e interconectados. La felicidad y el dolor y, e una nota mucho más sombría, la vida y la muerte son las dos facetas que uno debe aceptar como interconectadas y la pista refleja eso en su sonido. “Oisin”, una canción compuesta en memoria del primo de 7 años de uno de los integrantes de God Is An Astronaut, muestra el dolor de perder a un ser querido de principio a fin. Es un homenaje apropiado en el que cada nota representa la tristeza y el dolor dando al álbum un cierre perfecto.

Sin embargo, la pregunta principal sigue siendo, ¿cómo se compara Epitaph con el material más antiguo de la banda? God Is An Astronaut es una banda que por muchos destellos que tenga no suele evolucionar de producción a producción. Desde All Is Violent, All Is Bright (2005) la banda ha tendido a repetirse un poco, como si esta hubiera preferido mantener su sonido seguro. Es decir, Epitaph se convierte en una verdadera delicia, ya que muestra los signos de una banda lista para experimentar con nuevos sonidos e ideas. Pero al mismo tiempo, la composición y estructura carecen del flujo cohesivo que se espera de un álbum de post-rock. Nunca logra crear la atmósfera absorbente por la cual las primeras obras de God Is An Astronaut son conocidas.

De todas formas, Epitaph es un disco que ve a God Is An Astronaut finalmente saliendo de su zona de confort, ya que la banda trae un amplia variedad de influencias que van desde shoegaze hasta doom e incluso synth-wave. La experiencia de los músicos hace que el álbum brille y que uno se embarque en un viaje lleno de un equilibrio inmaculado de dolor, ira y paz.

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AESTHESYS – “ACHROMATA”

Si algo falta, a momentos, dentro del post rock es la adición de sonidos progresivos que complementen la diversidad de sonidos experimentales que habitan la sonósfera del rock instrumental, por ello, encontrarse con un álbum como lo es Achromata (escrito por los moscovitas de Aesthesys) representa un aliciente único y exquisito dentro de la experiencia musical que simboliza la música instrumental.

La banda conformada por Sasha Coudray (bajo), Victor Krabovich (guitarra), Eldar Ferzaliev (guitarra) y Nik Koniwzki (violín y teclados) a través de Achromata dibujan un estilo de sonido un poco difícil de precisar. Tiene toques de rock progresivo aunque no es la veta principal del álbum; y si bien esta presente, el intrincado sonido de este álbum conceptual esta impulsado por el violín y los teclados, instrumentos que le otorgan una atmósfera diferente que envuelve las voluptuosas baterías y las guitarras que se llenan de una intención salida del shoegaze; y también, hay una gran cantidad de música electrónica que se mimetiza en las capas de cada track, logrando una enorme mezcla de géneros que se sienten clásicos y modernos al mismo tiempo.

La ejecución musical en Achromata es única. El violín de Nik se destaca por sobre todo el armado del disco. Este se abre paso en cada fragmento del álbum. Mientras tanto, la batería de Max, le da un gran impulso a la complejidad con la que Achromata esta escrito. El bajo de Sasha establece un gran tono para cada canción y Victor Y Eldar proporcionan guitarras llenas de emoción y dinamismo. Finalmente, los exuberantes teclados de Victor se vuelven la pieza final de este rompecabezas, dándole a Achromata un sentido fuera de este mundo.

Achromata es más que un álbum de paisajes instrumentales. Aquí hay un significado real y una narración profunda. El disco se acompaña con una historia exuberante y mágica en la que se cuenta la historia de un niño que busca aventuras dentro de un mundo gris. Este se encuentra con un pájaro mágico que acompaña por todo este paraje carente de color para encontrar los colores perdidos, tesoros que nunca supo que existían. En un giro de la historia, el pájaro intenta llevar al pequeño a descubrir la oscuridad, pero esta, emerge del pájaro mismo. Sin dar más detalles, al final el niño percibe todos los colores de su mundo y esto se traduce a la hermosa portada que engalana a este disco.

Es así como la historia emparejada con el contenido de la música, hacen un trabajo maravilloso al llevarnos en un viaje emocional. Sin embargo, algunos de los temas están por encima de otros. “Grauer Wald” es un comienzo fantástico, se siente bastante pesado y esto lo logra sin riffs, puramente con el sonido del violín. “Marea” tienen un ambiente folclórico, espacial y termina con una atmósfera única para terminar.

Dos de los temas más intrincados son “Melanocardia” y “Eosfyllon”. El primero se construye con momentos melancólicos y oscuros, en su trayecto va agregando más instrumentos para edificar una torre hacia el cielo. El segundo cierra el álbum con un genio que culmina con la naturaleza de la historia y mientras la canción se acerca a su cierre dibuja momentos que son atractivos y que complementan la experiencia emocional de descubrir los colores de este mundo a través de este disco.

Aesthesys en Achromata ha producido un álbum maravilloso que se enreda con una historia fantástica, haciendo un esfuerzo intrincado de sonidos y texturas que nos lleva a otro mundo. Sin duda una pieza maravillosa de arte creado a través de múltiples plataformas y perspectivas.

THE BEST OF 2017

 

Cada año nos llenamos de nuevas letras, nuevas melodías y ritmos  que llenan nuestros oídos de nuevas emociones e intenciones. Cada año, la música, se renueva y  nos da la oportunidad de volvernos a emocionar con una de las formas de expresión más puras que el hombre tiene. Una vez más, otro año, nos entregó lo mejor de lo mejor en canciones y álbumes que nos da placer escuchar; por ello a continuación, compartimos un resumen en 100 canciones de lo que fue lo mejor en cuanto a canciones/álbumes del 2017.

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MOGWAI – “EVERY COUNTRY’S SUN”

Durante la última década los scores y soundtracks en los que Mogwai ha participado han amenazado con eclipsar sus lanzamientos de estudio. Tanto la música que escribieron para el documental de la BBC Atomic Living In Dread & Promise (Dir. Mark Cousins, 2015) y para el drama francés, Les Revenants (Dir. Fabrice Gobert, 2012), han logrado destilar la fuerza bruta de la banda escocesa, agregando sorprendente sutileza y gracia a su trabajo. De manera directamente proporcional, el escribir música de forma colaborativa parece ser un acto nato para el cuarteto que les libera de presión para hacer una declaración enorme a través de través de Every Country’s Sun y dejar que la trayectoria que tienen los guíe dentro del estudio.

A excepción del excelente trabajo que hicieron en el 2011 con Hardcore Will Never Die, But You Will, los trabajos más recientes de Mogwai han carecido de esa meticulosidad por la que la banda se hizo famosa. Desde esos ruidosos y enormes sonidos casi lo-fi que los hicieron importantes en sus inicios, hasta el histrionismo sónico del krautrock y la electrónica análoga, la banda se ha esforzado por encontrar un camino estable hacia el futuro. En Every Country’s Sun, su noveno LP, Mogwai encuentra su balance. Finalmente, los de Glasgow, están divirtiéndose, concentrándose y ensuciándose al hacer su música; esta vez, con un poco más de propósito e intensidad.

El álbum incluye temas bizarros que salen de la línea a la que Mogwai nos tiene acostumbrados. “Coolverine” repite muchos de los temas recientes de Mogwai: Frío, atmósferas electrónicas, mid-tempos, art rock y mucho New Order. “Party In The Dark”, sin embargo, es un éxito furioso – una gema de indie pop que cumple la promesa de un sonido futurista – en ese tema, la guitarra de Stuart Braithwaite nunca ha sonado más desnuda y melódica.

Pero en última instancia, estos tracks parecen lados b que han estado enlatados por años; son distantes, pensativos, bien producidos pero no comprometidos con la causa actual de Mogwai. “Sweeties Cerebro” es una canción ambivalente que fluye a través de olas de sintetizadores mientras que “Aka 47” dibuja un camino hacia el olvido lleno de sonidos salidos de una historia distópica. Sin embargo, en otros lugares, Mogwai suena como una nueva banda y en cierto sentido lo son. Ahora son un cuarteto después de la salida de John Cummings en 2015. “Battered At A Scramble” se convierte en una pelea instrumental entre un órgano y un solo de guitarra que nos recuerda a ese joven Mogwai que le temía a satán.

Desde cierta perspectiva, Mogwai se perfila como una nueva banda que intenta cargarse de energía con nuevos sonidos que bajo la producción de Davr Fridann, hacen resonar a la banda. Este regresa a trabajar con ellos después de 16 años tras haber producido Rock Action (2001) y como lo fue en su momento (Rock Action), Every Country’s Sun trata de emular sus guitarras ricas y cálidas. “20 Size” es un brillante pedazo de sonido que resuena con guitarras estrechas y tangibles a la par de que la batería de Martin Bulloch es una fuerza que guía al cuartero a través de conclusiones rítmicas potentes.

Every Country’s Sun es un resumen de la última década en la que la banda de post-rock ha sido perseguida por las mismas preguntas: ¿Ha logrado de manera significativa ir más allá de del sonido con el que han definido un género?, ¿han hecho algo genuinamente interesante?. La respuesta a ambas preguntas es si. Pero la verdadera pregunta para cualquier banda que lleva existiendo por más de 20 años, no es a lo qué juegan, sino cómo lo interpretan. Por lo menos en la mitad de su nuevo álbum, Mogwai juega por primera vez en años, con la misma convicción maliciosa que ha definido sus mejores discos. En el mejor de los casos, Every Country’s Sun, es impetuoso, sin pretensiones y una obra de volumen y violencia que nos hace recordar de dónde viene y cómo se inventó Mogwai hace veinte años.