TOOL – “FEAR INOCULUM”


Llega un punto en el que los fanáticos de algo simplemente dejan de preocuparse. Crecen, maduran, siguen adelante y se convierten en alguien diferente. Sin embargo, la enigmática y legendaria banda californiana Tool, nunca ha tenido que enfrentarse a ese problema. Han pasado trece años desde que la banda lanzó su última producción – 10,000 Days – titulada de esa manera por el tiempo que la madre del frontman, Maynard James Keenan, sufrió de parálisis antes de morir. Han pasado trece años en los que la ausencia de la banda ha hecho mella en sus más radicales fanáticos y curiosos que buscan cualquier pretexto para escrutinar las razones de por qué un artista se toma el tiempo que considera necesario para diseñar, construir y perfeccionar su siguiente obra.

A decir verdad, Maynard James Keenan podría haberse puesto en cuclillas frente a una cámara web, defecar un huevo dorado y decir: “Ahí tienen, el quinto álbum de Tool”, y los fanáticos lo celebrarían y lo tildarían de “genio”. Esto es lo que sucede cuando eres una banda que importa, que influencia y que tiene un mensaje diferente, pero relevante.

Así, trece años de espera han rendido frutos incuantificables para que la banda originaria de California nos entregue Fear Inoculum, primer álbum de Tool en trece años y que nos presenta un sonido que sigue siendo desafiantemente contrario al mundo autoajustado y cuantificado digitalmente en el que ahora vivimos. La banda continua desdibujando la líneas entre el arte, la psicodelia, el metal, la música alternativa y el rock progresivo con una curiosidad y habilidad ilimitada. Aquellos que han esperado desde 10,000 Days encontrarán en este nuevo álbum mucho para deleitarse.

Tool nunca ha seguido las estructuras o restricciones de la música popular, pero aún así, hay algo sorprendentemente accesible en esta nueva producción. “Fear Inoculum”, la canción con la que abre el álbum del mismo nombre, comienza con un patrón repetitivo de tres notas, casi como si la banda intentara evocar a Phillip Glass, convirtiéndose lentamente en una obra de sombría belleza y grandeza. Sí, hay drama, hay oscuridad, es una canción que se convierte en la antesala del Apocalipsis mientras los mortales lo esperan con el rostro en alto con una sonrisa pintada en el rostro.

La pasión por los viajes musicales de la banda es evidente no solo a través del interior de cada uno de sus temas. Por ejemplo, “Pneuma”, sigue de manera similar esta temática con un acorde portentosamente limpio que nace de la guitarra de Adam Jones y que se expande antes de que Maynard James Keenan entre con un patrón vocal rítmico y punzante. Nuevamente el sonido de Tool se teje hacia todas direcciones, como si estas fueran patrones aleatorios de respiración, como un organismo vivo en lugar de una canción. Más adelante el bajo de Justin Chancellor te golpea el pecho al resonar junto a la compleja secuencia con la que Danny Carey toca la batería. Sin duda, una fórmula orgánica que pinta nuevas formas de acercarse a cualquier manera de hacer y experimentar la música.

Al igual que en producciones anteriores, en Fear Inoculum la composición que utiliza Tool puede parecer un enigma, desafiando al escucha al empujarlo a una eterna confusión para descubrir lo que esta sucediendo con exactitud. “Invincible” es un equivalente matemático sonoro de una ilustración de M.C. Escher donde resaltan una serie de notas que se organizan en un prototipo de proporción áurea sonora. El tema comienza con una guitarra a la que la voz de Maynard James Keenan le hace eco para amalgamar potencia y melodía, solo para que inesperadamente el bajo y la batería se unan para dar una sensación de belleza sorprendente, es como toparse de frente con un oasis en medio de un árido desierto.

Fear Inoculum también encuentra a Tool explorando algunos temas musicales familiares. “Descending”, por ejemplo, edifica la tensión que caracteriza a la banda. La canción tiene capas y capas de detalles que viajan en disímiles direcciones armónicas y rítmicas. Pero en lugar de caos, hay una sensación de complejidad cuidadosamente controlada. Es una experiencia multivalente, como si habláramos de “cubismo sonoro”, casi como si se pudiese mirar las diferentes perspectivas de una canción.

Pero si hay un tema general en el álbum ese es que las cosas no son lo que parecen ya que la realidad cambia constantemente. “Culling Voices” encuentra a Maynard James Keenan cantando una melodía que desafía todas las reglas escritas y conocidas del sistema tonal occidental. La canción se desnuda lentamente, como una serpiente mudando de piel. “Legion Inoculant”, una de las pistas adicionales, es una pieza corta y diseñada para crear una atmósfera fantasmal, con bajos graves y una creciente masa de voces humanas que transporta al oyente pero no a un lugar específico. Igualmente misterioso es “Chocolate Chip Trip”, una experiencia cinemática que desafía la categorización. Si este tema fuera una película sabrías que algo horrible esta por suceder.

Mientras que Tool es experto en evocar momentos cinematográficos épicos, la banda demuestra que aún pueden dar sorpresas. En “7empest”, un pequeño arpegio de guitarra muta a un poderoso riff lleno de angustia e ira incipiente, una espiral para tomar el control en lugar de perderlo.

Cerrando el álbum, “Mockingbeat” actúa casi como un cierre hermético del disco. Es una invitación a notar los sonidos que nos rodean cuando la música se detiene, es un camino sin mapa que conduce a cualquier parte.

Fear Inoculum tiene tantas capas y tan profundas que aún si se escucha muchísimas veces seguirá siendo prematuro hacerlo. Lo que no se puede negar es que este enigma llamado Tool y que había permanecido en una caja de Pandora durante tanto tiempo, se siente como una justificación de por qué el mundo nunca se cansó de la idea de tener música nueva de la banda.

Y tal vez ese es el punto. La vida no es lo que parece; hay más debajo de la superficie de lo que uno alcanza a comprender. El don de Tool para el mundo no es una ecuación matemática que resolver, mas bien es una invitación a pensar y sentir, no a seguir el consejo de otra persona. En ese aspecto, Fear Inoculum, es un laberinto musical que te invita con una vaga promesa a conocer algo desconocido en el otro extremo de la vida, de la muerte, del cielo, del infierno y de ti mismo… Es por eso que después de este viaje, una vez más, esperaremos con la respiración contenida hasta 2032 a que nos llegue una nueva dosis de esa experiencia llamada Tool.

ANIMALS AS LEADERS – “THE MADNESS OF MANY”

animals_madness

Solo un puñado de bandas tienen la capacidad y coraje para cruzar la frontera que musicalmente ellas mismas se establecen. Animals As Leaders es definitivamente una de ellas. El trío conformado por Tosin Abasi, Matt Garstka y Javier Reyes se ha consolidado como uno de los principales grupos que establecen un precedente en su acercamiento al rock progresivo desde la vena del hard rock o metal.

Si algo caracteriza a Animals As Leaders es que pueden cubrir un amplio espectro de sonidos con su música que tiene una calidad inexplicable; Es increíble que con sólo tres integrantes, pueden lograr un sonido tan desconcertante y tan interesante al mismo tiempo. Así, una vez más, Animals As Leaders, se atreven a ir más allá en su más reciente producción The Madness of Many.

The Madness of Many logra sumergir al escucha en un viaje personal de reflexión y emoción. Un viaje a través de paisajes y estructuras complejas llenas de pasajes musicales maravillosos, logrando que uno se mantenga atento a los cambios precisos que suceden en el momento justo de cada acorde y ritmo.

Una vez más, la creatividad excepcional que tiene la banda, los llevó a escribir un excelente capítulo dentro de la música progresiva. El álbum abre con “Aritmophobia”, canción que introduce un riff de estilo oriental en los primeros segundos y que se va deslizando sobre texturas de percusión polirrítmica para tener un desenlace insólito.

“Ectogenesis” ofrece algo familiar con la interacción constante del bajo y de la batería, ambos sentando un fondo que enlaza la armonía de la guitarra entre cambios de tiempo y firmas personales que sólo cada uno de los integrantes de la banda es capaz de estructurar. Sin embargo, nada es chocante u obligado en la manera en la que The Madnes of Many se va desarrollando, todo cae en su lugar y fluye como un diseño bien planeado.

Con similitudes al track anterior, “Cognitive Contortions” y “Inner Assassin” continúan con el concepto de ir de menos a más. Crescendos atiborrados de patrones inquietantes y virtuosismo en las cuerdas que se adornan de ritmos amétricos para crear contexturas musicales que desafían cualquier melodía. A estos le sigue “Private Visions of The World” que evoca calidez y una visibilidad borrosa que tal vez pudiera encontrarse en una húmeda tarde de verano.

En marcado contraste con los tracks anteriores, nos topamos con “Backpfeifengesicht”, una canción que toma los elementos más duros del djent para traducirlos en líneas de un rock progresivo futurista que seguramente podría engalanar cualquier mosh-pit.

Tal vez los mejores tracks de The Madness of Many sean “The Glass Bridge”, “The Brain Dance” y “Apeirophobia”. Estos tres tracks son una triada que, sin divulgar mucho, se transforman en un trance capaz de sacar a flote las emociones más antiguas de cada quien, las positivas o negativas, culminando en un inigualable sonido, fino y prodigioso de los tres músicos que constituyen a Animals As Leaders.

En pocas palabras, The Madness of Many, es un álbum que establece un balance entre riffs pesados, pasajes ambientales, pistas gloriosas y armonías únicas que se defienden a través de una sección rítmica de primera clase. Los tempos y los galopes son simples herramientas para producir algo único, evocador y maravilloso que logra ser algo accesible para todos aquellos que creen que el rock progresivo es difícil de escuchar.

COHEED & CAMBRIA – “THE COLOR BEFORE THE SUN”

coheedandcambria_thecolorbeforethesun

Parece demasiado irónico, pero en este punto, el paso más novedoso y progresista que Coheed & Cambria podría dar en su carrera es retroceder un par de pasos. Desde su creación, la música de la banda siempre ha girado alrededor de The Amory Wars, historia escrita por Claudio Sánchez en la cual se describe un mundo de ciencia ficción, héroes y anti-héroes que han alimentado la cosmología de la música de la banda… Pero no más, en The Color Before The Sun y por primera vez, la banda ha escrito una colección de canciones independientes de la rica y extensa saga que por 7 álbumes acompañó al grupo.

En The Color Before The Sun, la banda se toma un poco más personal el papel que tiene dentro de sí misma y crea un álbum que brilla por su honestidad y frescura, al tiempo que que cuenta una historia a cerca de Claudio Sánchez de Nueva York y no de Coheed y Cambria Kilgannon de Heaven’s Fence. Este viaje comienza tomando en cuenta el contenido lírico de este disco. Aún dentro de The Amory Wars, las letras escritas por Sánchez se han basado libremente en experiencia de vida del vocalista, sin embargo en The Color Before The Sun observamos un disco honesto, enmarañado con las experiencias nuevas que Sánchez describe en este álbum como el convertirse en papá por primera vez o mudarse de la campiña neoyorkina a un apartamento en Brooklyn. Todo el entorno de Sánchez, principalmente, se volvió un periodo crucial de transición en su vida y en este álbum lo cuenta de una manera estupenda.

“Here to Mars” podría ser una power ballad que directamente Sánchez le canta a su pareja y de manera honesta, cruda y directa, él detalla sus sentimientos como antes lo ha hecho, sin embargo lo que resalta en esta ocasión, es que no es el héroe de The Amory Wars el que destapa su corazón, es Claudio, el hombre, aquel que en esta canción ha logrado crear un canto que a más de un enamorado le enchinará la piel.

En este disco parece que Sánchez, a momentos, tiene un conflicto interno entre el escapismo de esta nueva etapa y la aceptación de su nueva faceta (al menos en este álbum). “Colors” y “You got spirit kid” son dos canciones que predican el evangelio de aceptar las cosas como son y sacar el mayor provecho de esas experiencias, mientras que “Eraser” y “Ghost” son un escape físico para Sánchez y lo colocan dentro de una realidad que quiere estar sin estar, o tal vez a su manera.

La siguiente mitad del álbum comienza teniendo una actitud más vibrante y entregada, justo como la llegada del hijo de Sánchez, Atlas, que también funge como pieza central del nuevo propósito del frontman para llevar a nuevas alturas todo su trabajo musical. “Atlas”, canción dedicada a su pequeño, es un emotivo himno que retrata esa pertenencia del padre hacia al hijo y, cabalmente, dibuja la responsabilidad de la paternidad pero de una manera más natural.

Más adelante encontramos “The Audience”, una canción que podría ser dedicada a aquellos que los escuchamos, que los entendemos y entendemos. Esta canción es Sánchez y compañía en su estado más crudo y old school: Dinámico, áspero y contestatario. Ese estado que mantienen latente y que busca explotar en cualquier momento. Una valentía renovada que se encuentra en el núcleo de la banda y que jamás desaparecerá.

A pesar de sacar de la escena, con seguridad temporalmente, a The Amory Wars; Coheed & Cambria en The Color Before The Sun suena tan parecido a cualquier álbum de la banda que es reconfortante escucharlos. Mientras que las canciones son exponencialmente más sencillas no han arriesgado esa manera de acercarse a su propia música. Cada tema es inmaculadamente ejecutado y bien escrito. Sin duda no estamos visitando el mundo ficticio de Claudio Sánchez, pero estamos en el verdadero.