CHELSEA WOLFE – “HISS SPUN”

Como una hechicera renaciendo de las cenizas donde fue quemada, Chelsea Wolfe emerge de las profundidades de la oscuridad en su nueva producción Hiss Spun. El sonido que envuelve este álbum es una transición natural y fluida de la ominosa tormenta sonora que su anterior álbum (Abyss, 2015) fue. En Hiss Spun, Chelsea se acerca lo más que puede al metal como un elemento fundamental en su música, al punto de sonar como una versión gótica de principios de los 90s de PJ Harvey.

De hecho, en Hiss Spun, Chelsea Wolfe hace notar que ha adquirido la sabiduría necesaria para incluir ritmos pesados y riffs complejos a su repertorio musical, todo esto a través de las manos de colaboradores de la talla de Troy Van Leeuwen (QOSTA), Aaron Turner (Isis) y por supuesto Kurt Ballou (Converge), quien no solo produjo el álbum, si no que también se encargó de su grabación.

Hiss Spun es la pieza musical más pesada y conmovedora que Chelsea Wolfe tiene en su repertorio. Temas como “16 Psyche”, “Strain” y “Particle Flux” son cortes que incluyen toda la idiosincrasia del doom, aderezándolo con toques folk y momentos de armonías erráticas que establecen un claro romance entre la interprete y la música extrema.

En “Vex”, primer sencillo que se desprende de este álbum, Wolfe se acerca más que nunca a la esencia espiritual del Black Metal, un sonido con el que ha coqueteado en más de una ocasión, pero en el que jamás se había sumergido totalmente. Esta canción, inspirada en un extraño zumbido de las profundidades del océano es, en palabras de la propia cantante, una guía para descubrir las bestias que ahí habitan. En esta versión personal de ese sonido, se percibe un repunte de la emoción traducida en sonidos que se ven complementados con la guitarra estridente de Troy Van Leeuwen mientras que la voz de Chelsea Wolfe se cierne en el aire con melódicos falsetes que se quiebran con los bramidos guturales de Aaron Turner, creando una cacofonía equilibrada en la que Chelsea Wolfe parece estar en casa.

Así, los mejores momentos de Hiss Spun son aquellos que se refieren a las interesantes mezclas que Chelsea inventa en cada track junto al énfasis de transportar a los escuchas a los rincones más oscuros de su espectro musical, aliándolo con sus más inspiradas y desafiantes incursiones instrumentales.

Hiss Spun es un disco complejo y a momentos difícil. Tiene un sonido abrasivo que emana de los altavoces y que pocos se atreven a enfrentar; pero si lo hacen, tendrán la seguridad de descubrir momentos increíbles y música pensante que llena la atmósfera con la voz surrealista de la interprete norteamericana. Hiss Spun crea un ambiente que se relaciona directamente con las emociones mas fútiles y la lucha interior desesperada a la que todos nos hemos visto expuestos, lucha que se ilumina con densas historias y un imaginario único que solamente Chelsea Wolfe sabe dibujar a través de su música profética.

 

“DUBLIN” by GONE IS GONE

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Hace ya algunos meses, Gone Is Gone vio la luz; un proyecto musical conformado por Troy Sanders (Mastodon), Tony Hajjar (At The Drive In), Troy Van Leewen (Queens Of The Stone Age) y Mike Zarin, que en su EP homónimo entregaba sonidos que como antes habíamos mencionado, trascendían por su experimentación y valor para salir de la zona de confort de cada uno de los integrantes y probar cosas diferentes, cosas que de un grupo como este no esperaríamos.

De esta forma, Gone Is Gone nos regala “Dublin”, un corte de su próximo álbum Echolocation, que será lanzado el próximo 6 de enero y que resume el ímpetu creativo con el que esta “súper banda” comunica su mensaje.

“Dublin” es una canción en dónde encontramos un sonido tranquilo, hipnótico; que por momentos toca el sonido drone y que se adorna con sonidos nuevos que le dan una sello diferente a la canción. Si bien la vena de esta banda sería la del stoner rock/sludge, en “Dublin” encontramos una tonelada de efectos de sonido que le dan un ritmo cadencioso y lúgubre, dejando atrás la potencia para intercambiarla por una canción de lento desarrollo que nos direcciona en un crescendo interminable para justo dejarnos en un cliffhanger musical a manera de introducción al resto del disco.

Con “Dublin”, Gone Is Gone logra converger estilos totalmente diferentes para crear algo totalmente nuevo, una novedad que si bien tiene a ciertos personajes detrás de su creación, ellos dejan fluir su creatividad, su talento y su visión, para experimentar y dejar atrás lo clásico para entregarse a una nueva aventura musical.

GONE IS GONE – “GONE IS GONE”

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Cada vez estamos acostumbrados a encasillar a ciertos grupos bajo el sinónimo de “superbands”, cuando en realidad, son sólo un grupo de músicos tratando de canalizar su creatividad en otras vertientes, que si bien son cercanas a su estilo medular, les da la oportunidad de experimentar cosas diferentes a lo usual.

Ahí tenemos a Chino Moreno, vocalista de Deftones, hacer lo propio a través de Team Sleep, Crosses, Saudade y Palms o Maynard J. Keenan con A Perfect Circle y Puscifer. Esfuerzos musicales que no sólo hablan de lo creativo que pueden ser estos frontman, pero también, los diferentes acercamientos musicales que pueden tomar.

En esta vertiente encontramos a Gone Is Gone, banda conformada por Tony Hajjar (At The Drive In), Mike Zarin, Troy Van Leewen (Queens Of The Stone Age) y Troy Sanders (Mastodon). Los dos primeros se dedicaban a hacer música para películas en sus ratos libres, pero buscando llevar a otro nivel la música que hacían, decidieron invitar al bajista de la banda originaria de Atlanta y al guitarrista compañero de Josh Homme. Así se forma Gone Is Gone, banda que hasta cierto punto repite la misma fórmula de hacer dreamteams musicales, que después de un gran álbum, quedan en el olvido… Como le sucedió a Dave Grohl y su increíble Probot.

Sin embargo, Gone Is Gone, es una banda que puede rebasar las expectativas del escucha y trascender. La banda presume a cuatro de los músicos contemporáneos más experimentados y lo demuestran cabalmente en su EP homónimo.

El EP es lo que se podría esperar de estilos tan variados, logrando que cada uno de los integrantes deje su zona de confort, para incursionar en sonidos como el shoegaze, hardcore y hasta post punk. Gone Is Gone logra ser una ecuación perfecta en la que cada una de sus variantes inspira a la otra, mostrando que el esfuerzo en conjunto da frutos tal como el primer sencillo, “Starlight”, lo señala. Esta canción es el ejemplo de cómo cada uno de los componentes de Gone Is Gone se aleja de su estilo principal. Las guitarras de Van Leewen son más brillantes y precisas que en QOTSA, la voz de Troy Sanders, a pesar de sonar igual que en Mastodon, inunda con una melancolía etérea y Hajjar y Zarin permean lo anterior con atmósferas y sonidos que hacen un universo único.

Una de las cosas más destacables de este EP es la atmósfera. Esa es la clave del primer lanzamiento de Gone Is Gone: “One Divided” es un track enteramente sludge pero con un ambiente diferente, más lúgubre y desolado, mientras que “Praying From The Danger” es como si Mogwai le pusiera letra alaguna de sus canciones. Todos esos detalles hacen de este EP un viaje a través de diferentes atmósferas, cada una posándose sobre cada uno de los estilos de los integrantes de la banda, pero funcionando de manera harmónica.

Gone Is Gone, como un acto, puede ser más que la suma de sus partes. Si ponen estas piezas juntas se construye una edificación más cohesiva y que sin duda es, por momentos, más completa que las bandas anteriores de sus integrantes.

FOO FIGHTERS – “SONIC HIGHWAYS”

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Después de haber pisado 8 estudios en 8 ciudades diferentes, Dave Grohl y compañía regresan de su épico viaje místico-musical para entregarnos Sonic Highways, un álbum que a pesar de contar con una gran actitud y un sonido potente adornado de una producción magistral, sigue sonando a la misma novedad que eran los Foo Fighters hace 19 años.

Con colaboraciones interesantes cómo integrantes de la banda de hardcore Scream o el productor de Kyuss y Queens Of The Stone Age, Chris Goss e inclusive Rick Nielsen, guitarrista de Cheap Trick, los Foo Fighters en Sonic Highways intentan crear un conglomerado de estilos que van y vienen desde el grunge pasando por el country para crear un álbum lleno de novedades que acaba por sonar poco convincente. Mientras que “The Feast & The Famine” pretende empaparse de ese sonido contestatario y agresivo de la escena de hardcore de Washington de los 80s, más adelante encontramos en “What Did I Do?/God As My Witness” una oda melódica que podría haber salido de cualquier disco de The Beatles.

A pesar de las grandes expectativas que la banda imprimió en esta producción, esta no es exactamente una revisión a fondo de los Foo Fighters. Sonic Highways aboga a la influencia directa de cada uno de los estilos que escuchan o han escuchado los integrantes de la banda y cómo intentaron adaptarlos a esa beta creativa, que en algún momento Grohl y compañía, supieron adecuar a sus necesidades cómo músicos.

Sí, Sonic Highways esta atiborrado de esas guitarras monstruosas, de esas baterías potentes y que nunca se salen de ritmo, de esos crescendos impresionantes y esos riffs que difícilmente abandonarán nuestra cabeza, pero lo que es un hecho, es que en la actualidad los Foo Fighters, son una banda que cada vez más intenta replicar la forma en la que Pearl Jam concibe sus discos, sin resultados muy concretos.

No hay suficiente mojo en este disco cómo en las producciones pasadas de los Foo Fighters… Sí, es un disco potente… Sí, es un disco con una gran producción… Sí, es un disco que incluye “nuevos” elementos para sonar diferente, pero al final, es un disco que dista de ser arriesgado, experimental o emocionante cómo lo fue Wasting Light (2011).

Por todo lo anterior, Sonic Highways no representa la diversidad musical de los Estados Unidos, sin embargo enaltece la necesidad de los Foo Fighters de continuar siendo una banda que llena estadios, embelesa a sus seguidores y que intenta converger sus procesos creativos con las tendencias más significativas del rock, supuestamente para salvarlo.