PRAYERS – “BAPTISM OF THIEVES”

Esos jóvenes Dioses quedaron en el olvido para dar paso al bautizo de los ladrones, aquellos que han robado almas, vidas y muerte. Prayers, a través de Young Gods (2015) logró establecerse como un acto de rebeldía ante un mainstream musical acostumbrado a lo convencional, a todo aquello que melódicamente entra a la radio y llena los oídos conformistas de los que buscan quedarse en la zona do confort que ofrece la “escena indie”; sin embargo, a través de esas letras descarnadas que exponen la realidad de las pandillas californianas, la vida en la calle junto al amor y la perdida; los de San Diego, vuelven a dibujar imágenes surreales mientras que sus ritmos palpitantes y sintetizadores arremolinados brindan un auténtico ambiente urbano a la música gótica, una mezcla de géneros que trasciende los límites culturales y sociales para romper estereotipos y, una vez más, hacer del dúo californiano un acto que con Baptism Of Thieves busca establecerse como una banda que tiene algo más que decir.

En Baptism Of Thieves, Prayers crea un paisaje distópico moderno basado tanto en la realidad brutal del Siglo XXI como en el ocultismo pagano. Con Leafar Seyer, voz y guía del proyecto y Dave Parley creando los ritmos y secuencias, Prayers abarca mundos entrelazados que se estrechan al haber crecido en ciudades mexicanas para emigrar al norte y crecer rodeados de las culturas punk y góticas de los 80s.

Su creatividad se basa en el conflicto de abrazar estilos alternativos y clandestinos en un seno cultural tradicionalista como lo es el chicancismo y aportar acentos con la disonancia existencial de su realidad “indígena” al ser tratados como inmigrantes en su tierra ancestral y jugarle al vergas dentro de un género musical que durante mucho tiempo se ha visto como un género exclusivamente blanco.

Todo lo anterior se resume en el segundo esfuerzo de larga duración de los californianos, Baptism Of Thieves, álbum que vuelve a ser un conglomerado de sonidos, que si bien se inclinan al cholo goth, busca más vertientes musicales para seguir demostrando que Prayers es más que solo un acto subcultural o de moda.

Impulsado por sintetizadores pulsantes, percusiones metálicas y un bajo oscilante, al álbum abre con “Death Is In Bloom” un corte que por momentos nos recuerda al cold wave francés pero con reminiscencias de hip hop californiano y un toque latino que se alcanza a notar muy por debajo del fraseo de Leafar. Sin duda, un corte imponente, violento y que retoma esos sonidos industriales del darkwave alemán. Mas adelante el sonido se vuelca con “Tears In The Rain”, un tema totalmente synth pop/new wave que se acerca a la idiosincrasia de The Cure al mezclar un sonido brillante con letras dolorosas y lúgubres.

Más adelante viene el primer sencillo del Baptism Of Thieves, “Black Leather”, canción que se apresura con un ritmo de high energy en el que Kat Von D hace una colaboración vocal junto al originario de Michoacán. En palabras de Leafar Sayer, este sencillo es su manera de celebrar todo lo que ha tenido que dejar atrás para que su verdadero “yo” emerja. La voz de Kat Von D es hermosa y complementa el ritmo que es el cimento de la canción. El coro, por lo mismo, logra ser más poderoso. También encontramos un toque de guitarras y bajo muy a lo post-punk que hacen que el tema se vuelva un tema enigmático de rock, saturado de elusivos minuendos y un oscuro romanticismo cargado de sexualidad y ambigüedad emocional.

Finalmente Baptism Of Thieves es el paso siguiente en la carrera de Prayers, finalmente no es una probada más de lo que el dúo californiano puede lograr si no de lo que ya logró y sigue haciendo bajo sus términos, tiempos y reglas.

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ZOLA JESUS – “OKOVI”

Sobre la portada de su quinto álbum de estudio, Okovi, Zola Jesus esta empapada en una sustancia viscosa similar a la que oscureció su rostro en el frontispicio de su EP Stridulum (2010). El álbum, cuyo nombre significa grilletes en la mayoría de idiomas eslavos, también marca el regreso de Sacred Bones, disquera que alimentó y produjo a la cantante en sus primeros años y en la que ha lanzado todos sus discos a excepción de Taiga (2014). Zola Jesus, también conocida como Nika Roza Danilova, esperaba que con su lanzamiento de 2014 tocara el Valhala de la música “popular”, cosa que no sucedió pero que simplemente le provoco producir música más interesante, más pensada y mejor hecha.

Desde el lanzamiento de Taiga (2014), Danilova ha experimentado varios roces con la muerte: Alguien cercano a ella fue diagnosticado don cáncer, un amigo intentó suicidarse dos veces y ella misma se sintió atraída por el vórtice de la depresión. Okovi relaciona estas historias en repeticiones tanto metafóricas como directas. Danilova anhela suprimir los instintos suicidas de sus allegados en el tema “Witness” mientras que en “Siphon” insiste en repudiar la muerte, incluso, como un proceso natural de la vida del hombre. Estas apelaciones directas a los suicidas conjuntan las reflexiones más abstractas de Zola Jesus sobre la muerte y le dan un significado más complejo sin dejar de lado la simpleza con la que los expresa. Mientras que Taiga a menudo sacrificaba lo literal a favor de tener sonidos más potentes, Okovi es un álbum más dramático que es complicado de ignorar.

Incluso las narrativas explícitas de ficción como “Soak”, en las que Danilova canta como una mujer que decide suicidarse en vez de se asesinada, sobresalen entre los temas más ligeros del álbum. La canción, que transita sobre un cadencioso beat y un violonchelo, logra que Danilova se aventure en la piel del personaje Ophelia de Virginia Wolf, que muere ahogada. El gesto, una sinécdoque para la locura femenina, se siente como el intento de Danilova de externalizar su anhelo por morir, para conectarlo a un arquetipo mucho más antiguo que ella. Mientras ella habita la escena clásica de una mujer que se ahoga, también logra dotar al momento de una teatralidad al explicar que la muerte es algo mucho más ligero cuando se ve desde un escenario o detrás de un cristal.

Esta claro que Zola Jesus encuentra alivio al contar estas historias, pero también, provoca ansiedad, claro ejemplo es “Veka”; un tema oscuro que se regocija de su “gótico” beat y envuelve al escucha con sus múltiples preguntas sin respuestas que hacen eco al poema de Percy Shelley “Ozymandias” y su ilustración de futilidad al intentar construir algo que perdure.

La portada de Okovi difiere de la de Stridulum (2010) de una manera notoria. En lugar de que la sustancia viscosa cubra totalmente el rostro de Danilova, en Okovi, los ojos de la interprete han sido despejados de la suciedad. Ella mira ligeramente a la izquierda con tranquilidad e introspección. Si ponemos más atención, podemos observar que ella no se está ahogando en el aceite, en cambio, parece que el aceite esta sobre una fotografía de la intérprete, con círculos hechos a propósito sobre sus ojos para que pueda presenciarlo todo. Esto, en vez de una mancha, parece más una máscara que ella ha elegido usar. Tal vez el usar esta “máscara” es el mensaje de Zola Jesus para decirnos que todavía lleva los mismos grilletes que le han pesado durante los años, pero al menos ahora puede ver claramente a través de ella. Por todos sus oscuros significados y la muerte, Okovi, es un álbum que claramente se inclina hacia la luz.

ULVER – “THE ASSASSINATION OF JULIUS CAESAR”

 

Si algo se puede decir de Ulver es que es una banda en constante cambio, evolucionando dentro de un constante flujo que le da la capacidad de transformar su identidad de maneras insospechadas. La última vez que escuchamos de la manada de lobos noruega fue con aquel álbum de nombre impronunciable en el 2016. Un disco psicodélico y meditativo que, si conoces a la banda, sabrás que lo que muestran los noruegos en su paleta de colores y formas musicales es siempre inesperado. Y de hecho, si tenemos en cuenta su producción anterior, para Ulver, The Assassination Of Julius Caesar, es una parábola muy amplia en la evolución de su sonido.

Musicalmente esta tan lejos de su producción anterior, qué en lugar de ese sonido, el escucha es hipnotizado con una especie de synth-pop encaminado a dibujar parajes celestiales con cada nota, mientras que la increíble voz de Kristoffer Rygg hace de las suyas para envolvernos en una cálida frazada.

Lo que obtenemos al escuchar The Assassination Of Julius Caesar es un trayecto musical que de manera más preponderante se enfoca en la voz de Rygg. Y bueno, en Shadows Of The Sun (2007) o Wars Of The Roses (2011) ya existía tal, pero es justo en esta producción dónde la presencia vocal es la que comanda esta entrega al mezclar ese sonido con letras épicas y momentos de una solidez musical sin igual que se nota en la estructura de temas como “Nemoralia” o “Southern Gothic.

Una presencia mayor en la voz significa una menor presencia musical, o mejor dicho, un manejo más equilibrado de esta. En The Assassination Of Julius Caesar hallamos capas constantes de sintetizadores que se amalgaman con la vocales. Sampleos simples que acentúan las letras de cada una de las canciones y ritmos cadenciosos que seguramente podrían hacer de este álbum el preferido de muchos para ese momento íntimo. Pero aquí lo importante es que Ulver tiene un número aparentemente infinito de formas en las que puede hacer que su estilo cambie y aún funcione. La música es a menudo minimalista y recuerda a la estructura básica de la canción pop, pero de alguna manera lleva un distintivo que la hace hipnótica, relajante y espiritualmente edificante. Esto es la alegría real del álbum, ese sentimiento que Ulver ha inventado para ir hacia un estilo musical más convencional, pero haciéndolo suyo. Si lo quieren constatar solo escuchen “So Falls The World”.

En The Assassination Of Julius Caesar, Rygg es quien lleva el peso de la música en sus hombros. Con su voz, conduce todo hacia un destino indefinido, dándole un impulso único lleno de un aspecto que Ulver había dejado atrás en otras producciones. Pero está bien, perfectamente bien, ya que con ese enfoque uno realmente no puede quejarse y decir que Ulver nos tiene acostumbrado a más de lo mismo. Todo este álbum es una alteración para Ulver, una alteración de lo que la banda representa como tal ya que la instrumentación compleja cambia por una más sencilla y digerible, pero sin restringirla. Desde cierta perspectiva este disco significa un periodo diferente de Ulver, uno lleno de sorpresas y expectativas que hasta a la banda está sorprendiendo.

“HARD TIMES” by PARAMORE

Bienvenidos al mundo technicolor que Paramore dibuja en su nuevo sencillo “Hard Times”. Con este hito, la banda liderada por Hayley Williams, marca su regreso después de 4 años de ausencia para brindarnos una canción llena de sonidos ochenteros que viajan a través de referencias sonoras como The Bangles, Pretenders y Nena.

El track toma una tendencia synth-pop algo colorida y llena de una esencia muy chicle-de-tutti-frutti que se aleja mucho de su anterior producción del 2013, Paramore. Al mismo tiempo, el video del primer sencillo del álbum After Laughter, está lleno de colores pastel, neón y una estética que solo se podría encontrar en la portada de una Trapper Keeper.

También en esta nueva producción se marca el regreso de un antiguo integrante de la banda: Zac Farro, quien se une de nuevo a Williams después de haber dejado la banda, junto con su hermano, ya siete años atrás.

After Laughter será lanzado el próximo 12 de mayo y no podemos esperar más para escuchar más cortes ochenteros, coloridos y divertidos engalanados con la voz de Hayley Williams.

DEPECHE MODE – “SPIRIT”

Depeche Mode es el astro rey que flota en el universo del synth-pop que se encargó de formar, casi en su totalidad, una vez terminada la era del post-punk. Desde que lanzaron Songs Of Faith & Devotion en el 93, Depeche Mode ha estado totalmente alejado de una búsqueda pop dentro de su sonido. En su lugar, se han dedicado a crear sonidos sombríos y sensuales de los que brotan elementos de rock, blues y hasta industriales.

Sin duda, la trayectoria de Depeche Mode, es admirable. Otro tipo de banda se atrevería a hacer una regresión creativa e intentar reproducir el sonido de sus éxitos pasados. Sin embargo, Dave Gahan, Martin Gore y Andy Fletcher, en Spirit, su más reciente álbum, mantienen su evolución sónica muy a pesar de que, por momentos, su sonido es algo liso.

En ese sentido, Spirit, integra los mejores momentos de Depeche Mode; amasando una colección de canciones que fluctúan a través de ritmos granulosos y atmósferas sensuales, estableciendo una ambientación nocturna que nos recuerda esos himnos de estadio que se encargaron de escribir a finales de los ochentas. Aunado a eso, Depeche Mode encuentra una veta política en canciones como “Where’s The Revolution?”, tema que enaltece el clima político mundial y que se complementa con “The Worst Crime” dónde Gahan habla de esos “líderes sin rumbo”.

Las oscilaciones de Spirit hacen que la banda a veces suene algo monótona, pero también, los regresan a un territorio más familiar. La primera parte del álbum los pone en el control del sonido y de ese fervor sexual que su música siempre ha tenido. “You Move”, es claramente una canción en la que se siente esa tensión sexual en la voz de Gahan, y como este la canaliza a través de la cadencia del tema que se va desenvolviendo suavemente en los oídos. Mientras tanto, “Cover Me”, tiene un sentimiento que dibuja una interminable carretera en un viaje infinito a través de un paisaje estelar.

Mucha gente pensaría que Spirit es un disco plano, pero más allá de ello, Depeche Mode ha intentado amalgamar ese sonido que los caracteriza, con temáticas radicales que les dan un acercamiento diferente a las masas, muy a pesar del tenor que incluye en sus letras, en sus ritmos y en su manera creativa de desplegar el talento del trío británico.

THE BLACK QUEEN – “FEVERDAYDREAM”

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En la tradición de “súper bandas” cómo Team Sleep, How To Destroy Angels o Puscifer; The Black Queen elabora un sonido intoxicante al combinar lo mejor del talento de cada uno de los integrantes que la conforman: Greg Puciato (The Dillinger Escape Plan, Killer Be Killed, Spylacopa), Josh Eustis (Telefon Tel Aviv, NIN) y Steven Alexander (The Dillinger Escape Plan, NIN); personajes que se han encargado de engendrar una oda a la música electrónica de los 80s con retablos y adjetivos sacados del new wave y el synth pop en Fever Daydream, primer LP de la banda localizada en California.

The Black Queen toma el brillo digital de Depeche Mode, los beats industriales de NIN y la ambición de The Dillinger Escape Plan para dibujar paisajes sonoros que podrían haber salido de la mente de cualquier Replicante de Blade Runner, o como si Martin L. Gore usara el álbum Pretty Hate Machine de Nine Inch Nails para hacerse de unos cuantos nuevos samplers electrónicos.

Mientras que la voz de Puciato se vuelve un canon melódico, dejando de lado los gritos y la guturalidad de The Dillinger Escape Plan, las guitarras flotan a través de la bruma creada por los sintetizadores, dándole un soporte vital musical a esta producción que resume gran parte la década de los 80s, musicalmente hablando, en 10 tracks.

“Ice To Never” y “The Death Cannot Touch” son un par de los momentos más tranquilos de Fever Daydream, logrando entregar al escucha un sentido de somnolencia atmosférica que poco a poco va creciendo en intensidad para volverse piezas claves del transcurso del disco.

“The Death Cannot Touch” suena como si Giorgio Moroder y Vangelis hubieran ocupado el lugar que New Order ocupó en su transición del post-punk al new wave, evocando el sonido electrónico del presenta y el pasado.

Las connotaciones góticas de “Silver Scream” captan los sonidos del cold-wave francés de manera similar a lo que Wesley Eisold ha hecho con Cold Cave y al mismo tiempo, la voz de Puciato, hace que los arreglos de cada canción resalten por su ambiente minimalista. “Maybe We Should/Non-Consent” se acerca más al dream-pop de finales de los 80s pero se carga de una actitud industrial que solo demuestra la influencia que tienen ciertas banda sobre los integrantes de The Black Queen.

Lo que el trío ha elaborado aquí es una colección de atmósferas reconfortantes que pueden ser decoradas con arrebatos de rabia y al igual que Deftones, Tool y NIN coexisten junto al éxito que tienen sus proyectos alternos; Puciato, Eutis y Alexandre han creado una entidad refrescante que simboliza una salida alternativa para esa emoción y creatividad, que tal vez en sus otras bandas, no han podido expresar.

 

BRAIDS – “DEEP IN THE IRIS”

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Sonidos monocromáticos y mucha humanidad, esas características son las que destacan en la más reciente producción de Braids, Deep In The Iris, donde una vez más la agrupación canadiense implementa de manera muy eficaz loops de percusiones electrónicas junto a una voz elástica y atractiva que permea a todo el disco de una esencia que dista mucho de lo inorgánico y transforma el escuchar este álbum en una experiencia envolvente y notable.

Deep In The Iris, en su primera escuchada, se siente un álbum que gradualmente llena sus sonidos electrónicos con marcadas tonalidades humanas. Entre guitarras y secuencias electrónicas, y la voz de Raphaelle Standell-Preston, la banda logra crear un balance dinámico que logra desviar la atención de detalles para escuchar toda la totalidad de cada canción que constituye al disco.

Mientras que Rhapaelle brilla con ese timbre peculiar, Taylor Smith y Austin Tufts hacen lo propio al llenar el recorrido de la interprete con marcados ritmos que suben y bajan de manera homogénea creando sonidos metálicos, suaves y llenos de sintetizadores; que por momentos, le dan un sonido synth-pop a esta producción. “Letting Go” es un claro ejemplo de una gran armonía que se ve bañada de un ritmo cadencioso que hace de esta canción un momento importante en la producción ya que es el track que abre a Deep In The Iris. Y Braids hace alusión a su manera de crear música al utilizar plantillas de sonidos pop en “Blondie” que se extiende con bucles claves de batería y breakbeats que le dan una regla básica al disco.

Deep In The Iris se siente más accesible y reinventa los trucos del género electrónico de los que la banda ha gozado tanto. Las letras específicas y la claridad de la voz de Standell-Preston da a el álbum una tracción humana inmediata. Debajo de ese brillo inicial, Braids ha acumulado un gran cantidad de complejidades sonoras que se transforman en un rompecabezas que nos toca a nosotros, los escuchas, desenredar.