TOUNDRA – “VORTEX”

Toundra es uno de los actos más interesantes del post-rock europeo y justo acaban de alcanzar el hito de su primera década de existencia y lo celebran con lo que debe ser su trabajo más fuerte hasta la fecha en una avalancha de glotonería instrumental: Vortex. Un álbum que en su complejidad recae su simpleza logrando de esta manera abrir una puerta a lo intrincado del post-rock dibujando un viaje lleno de emociones, intenciones y colores que inundan los sentidos.

En este quinto álbum – que curiosamente ahora si lleva un título en vez de un número que corresponde al orden de disco en el que van – nos encontramos con un sonido bien edificado, construido y elaborado que resalta por su destreza instrumental, su flexiones sonoras; pero sobretodo, por su impresionante regreso.

Los desafíos de escribir y grabar un álbum sin voces se refleja en una producción de gran magnitud. Un trabajo que debe destacar por lo visual que debe ser el sonido y dar los respiros necesarios en cada episodio. Vortex es un álbum que no sólo incluye esas características en sus bocetos, si no que lo proyecta en el producto final para ofrecer una expectativa diferente que se complementa con el contenido de cada canción.

“Cobra”, primer sencillo de este álbum, es un tema que va saltando poco a poco, creciendo y volviéndose más intrincado con el transitar de la batería mientras que las guitarras trazan una potente dirección hacia la preocupación social que tienen a cerca de la guerra y como afecta; de manera positiva o negativa, a todos los países que la sufren.

Mientras tanto, “Mojave” es una pista que se transforma en un taladro estridente de guitarras y que es la pieza central de Vortex al tener una duración de 11 minutos. Su vasta extensión ofrece una extraña sensación al complementarse con el tapping de una maquina de escribir que impregna su sonido, mientras que los arreglos rítmicos y electrónicos otorgan un balanceo que se percibe con el crescendo que la canción ostenta. El tema es un claro ejemplo de la evolución de Toundra al incluir poquísimos elementos electrónicos muy-a-la 65DaysOfStatic pero que pertinentemente le dan un elemento extra para continuar desarrollando su madurez como banda.

La estrella de oro para el mejor riff de Vortex está reservada para “Tuareg”, tema que desata un paso omnipotente al que no le falta nada y que transita a través de reminiscencias que nos recuerdan a Russian Circles y Long Distance Calling pero con su propia personalidad que responde de manera atmosférica.

El tema final del disco es “Cruce Oeste”, una canción meditabunda y amenazante. Esos adjetivos que caracterizan la música de Toundra, y que hacen a Vortex un disco apasionante, logran que el melodrama y la pasión se enaltezcan en todo el trayecto del disco. Esas dos palabras describen satisfactoriamente lo que este álbum resume en sus 43 minutos de duración pero que parecen ser momentos eternos de un viaje, que mientras más cerca se está del final, más cerca del descubrimiento de algo totalmente desconocido se está para relajarnos, entendernos y descubrirnos al mismo tiempo que descubrimos a Toundra una vez más.

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TOUNDRA – “IV”

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Pocas veces se entiende una fabula de manera tan precisa cómo cuando las imágenes se vuelven sonidos, cuando los colores se tornan ritmos y los personajes se transforman en las notas que nacen desde una guitarra, un bajo o una batería. De esta manera tan inherentemente calmante, Toundra en su cuarto álbum nombrado llanamente IV, nos cuenta la historia de dos zorros que escapan de un bosque en llamas, logrando pintar de una forma muy audaz la metáfora de cómo el hombre pretende destruir todo a su paso.

Pero IV no sólo es un concepto o una historia atada a la música. IV es un álbum increíblemente bien ejecutado. Es un disco en el que se pueden apreciar las capas, los colores, los detalles y la producción, que con empeño, esta banda oriunda de Madrid imprimió a todo el sonido de esta nueva placa.

En IV, Toundra logra hacer música más intrincada y con un sinnúmero de capas que convergen de manera perfecta, logrando que un universo de emociones e imágenes sean evocadas para darle un destino más prolífico a este disco.

Se podría decir que IV es tan luminoso cómo obscuro. Cada pista grita un sonido que, poco a poco, edifica un cuerpo lleno de emociones diferentes y que establecen un icónico personaje dentro del post-rock. “Kitsune”, por ejemplo, es un tema clásico dentro de los parámetros del género, sin embargo “Viesca”, toma un rumbo diferente que encaja dentro de la desgarradora historia de los zorros y le da un ímpetu narrativo asombroso.

Con estos resultados, es claro que Toundra a través de IV, empuja sus límites e intenta en cada track algo diferente. Pretende, con éxito, trazar diferentes caminos de emociones para la gente. Intrincado y hermoso, eso es IV, y es un disco con el que se debe tener tiempo suficiente para entender las historias que esta banda trata de describir, o en su defecto, formar plenamente interpretaciones personales del álbum como un todo.