THE BLACK QUEEN – “INFINITE GAMES”

 


Fever Daydream (2016), álbum debut de The Black Queen, colocó al trío californiano en el radar de la música con su seductora síntesis de synth pop, cold wave y un sonido preciso e industrializado que sólo podría haberse forjado en la escena new wave de los años ochentas. De esa manera mostraron una perspectiva compositiva emocionalmente intensa junto a una necesidad intrínseca de hacer las cosas a su manera. Greg Puciato, fundador de este acto, es una expresión de pasión e individualismo que actuó como gancho para muchos.

En Infinite Games, la banda reafirma su pasión y métrica para crear un ambiente oscuro, perturbador y lleno de una cadencia sexual que inunda el ambiente de un aroma distintivo junto a emociones que salen desde lo más profundo de Puciato, ya que durante los 2 años posteriores al lanzamiento a Infinite Games él se vio estremecido profesionalmente y personalmente, tanto por el robo de equipo como por haber experimentado cercanamente el suicido de Chris Cornell al haber estado girando con el. Así, Infinite Games es un acto de rechazo a retroceder ante la adversidad, es una declaratoria intención de sobrellevar lo negativo de manera infinita.

Infinite Games es un genuino trabajo de amor y un viaje expansivo hacia la esfera distópica de ritmos pulsantes, acompañados de un ambiente escalofriante y un minimalismo desarmado que incorpora más influencias y experimentación que su álbum debut (Fever Daydream).

En apenas dos minutos, “Even Still I Want To”, funciona como una distorsión de sonidos ambiguos que van labrando la brecha para el suntuoso “Throw Ino The Dark”, que evoca el sonido new wave de décadas pasadas y presentes. “No Accusations” y “One Edge Of Two” cuentan con las melodías más penetrantes y gélidas del disco, mientras las líneas de bajo que las adornan son palpitantes y rayan en el descaro del R&B. Ambos temas son los más centrados en el pop. La voz de Greg rememora a ese Trent Reznor de principios de los 90s: Destruido, deprimido y vocalizando junto a sintetizadores análogos que manifiestan la incomparable habilidad de The Black Queen para componer la exuberancia a través de sonidos forjados en un procesador de sonido.

A lo largo del álbum, Puciato muestra fragilidad en la voz, no por que sea un tipo “frágil”, más bien es su manera de preparar la escena para todo el álbum que se ve complementada con los ritmos y melodías de Joshua Eustis y Steven Alexander, mientras el ambiente gira y desorienta en cada cambio de canción, casi susurrando cada letra con fragilidad y tristeza.

Con esta línea planificada, The Black Queen lleva al oyente a lo largo y ancho de un paisaje onírico sonoro; a veces hay una sensación de inmensidad – tal vez una ironía que llama a The Dillinger Escape Plan – pero en este caso, el enfoque está en el borde de los sonidos expansivos del disco. Este se siente más enfocado y encuadrado en el borde de la propagación de un nuevo sonido que como un vorágine consume el silencio, llenando los espacios entre notas con metáforas que derriban al oyente.

La mayoría de los tonos electrónicos de Infinite Games se mezclan en una neblina auditiva. La propia edificación de las canciones impulsa ese énfasis. Por un lado, la voz de Puciato fluye, no es irregular y junto a eso, los instrumentos crean atmósferas más espesas a medidas de que el álbum va avanzando.

Al final, el vibe de Infinite Games, es una promesa de emociones que se mimetizan con la cimentación musical del disco, su técnica y su producción, mientras que el escucha es un catalizador para entender que no hay nada más abrumador que él mismo dentro de la ecuación del álbum y de cómo esto da como resultado a la banda sonora de sus poluciones nocturnas.

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MARILYN MANSON – “HEAVEN UPSIDE DOWN”

Hay algo curioso a cerca de cómo los primeros álbumes de Marilyn Manson fueron considerados tan peligrosos, que fueron culpables de influir en la decisión de los autores de la masacre de la Preparatoria Columbine, en EE.UU. Es absurdo pensar que un hombre que se delinea los ojos y mantiene un discurso a cerca del anticristo en sus canciones solamente pueda orillar a una par de adolescentes a la violencia mortal. Manson se convirtió en un conveniente chivo expiatorio allá por 1999, dado lo soleado que parecía el país vecino del norte, para justificar las acciones de un país que sobre la superficie proyectaba una imagen moralista y recta.

Veinte años después es más fácil comprender que Manson simplemente estaba procesando la misma toxicidad cultural de aquel país, la misma que pudo mover a Eric Harris y Dylan Klebold a ser los autores de la masacre más famosa en una escuela estadounidense y esto, de alguna manera, es un heraldo de la pesadilla que actualmente vivimos y presenciamos todos los días en todos los medios de comunicación masiva a los que estamos expuestos.

En Heaven Upside Down, su décimo álbum, Manson abraza los temas que lo convirtieron en una amenaza y en una estrella de rock. Las canciones “SAY10” y “Je$u$ Cri$is” parecen una burla al estilo witch house de la banda Salem, cosa que hace que el intérprete no parezca una parodia de si mismo y logra darle un poco más de credibilidad al artista. A diferencia de The Pale Emperor (2015), que contaba con capas de glamurosa decadencia de rock pesado, Heaven Upside Down adopta un tono industrial serrado con reminiscencias a Mechanical Animales (1998) con un puñado de filosas guitarras que destacan se acercan al debut del reverendo, Portrait Of An American Family (1994).

En “We Know Where You Fucking Live” un tono metálico inunda el sonido de la canción, mientras que los riffs noventeros del tema acompañan al coro que, obviamente, da nombre a la canción. De manera similar, “Kill4Me”, se acerca al estilo que marca el anterior tema, pero le da un giro al asemejarse al trabajo que Tyler Bates al adaptar un tema de Manson para la película John Wick (Dir. Chad Stahelski, 2014).

Eso no quiere decir que el disco este lleno de momentos cinemáticos o que no haya sonidos nuevos. Mientras que la letra de “Tattooed In Reverse” puede comenzar torpemente, pronto toma un giro y entrega un estribillo tan pegajoso que es similar a aquel de “The Dope Show”. “Blood Honey”, mientras tanto, se convierte en una oda visceral al sexo y como este salva sus momentos más explosivos para los amantes que se olvidan de tabúes y se entregan al hedonismo puro.

Hay un detalle importante que sigue permeando la música del antiguo protégé de Trent Reznor. El pánico que causaba a través de su arte es la amplia comprensión de la cultura pop que tiene para, a través de ella, colar sus ideales “satánicos” y controversiales a los cerebros de los jóvenes. A nadie le importa si no pudiese escribir buenos ganchos musicales o vestirse estrafalariamente en una gala de premios, lo cierto es que Manson transgrede con el simple hecho de existir.

La mayoría de las canciones que se incluyen en Heaven Upside Down, repiten la mayoría las ideas musicales y filosóficas que Manson ha pregonado a lo largo de su carrera. Eso tal vez hace que las opciones de sonido que el álbum mantiene sea tan rica que abarca todos los gustos de todas las facetas del reverendo. Eso es su territorio y así como busca expandirlo, busca defenderlo y reiterar su lugar idiosincrásico en la cultura popular para que nadie se olvide de el.

Así, el valor shockeante de su trabajo, que se ha desgastado desde hace tiempo, lo empuja a ocupar un espacio curiosamente nostálgico dentro del rock. Escuchar su álbumes es complacer el impulso curioso que marcó con su “666” al emparejarlo con esa curiosidad y rebeldía adolescente que tenían el poder de asustar a tus padres, compañeros de clases y maestros. Ahora es irónico que entre más serio es Manson, más risible se vuelve en un mundo en el que, actualmente, el horror es abierto y esta a la orden del día por lo que cualquier valor que su música aún tiene, deriva de lo que se recuerda de él .

 

 

CODE ORANGE – “FOREVER”

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Una advertencia para todos: La banda una vez conocida como Code Orange Kids ya no son niños. El cuarteto de Pittsburgh, que ha existido desde que los cuatro cursaban la preparatoria, ha pagado sus cuotas al sobrevivir siendo los inadaptados y los raros en un ambiente tan hostil como lo es cualquier preparatoria en dónde el atreverse a ser “diferente” es un mero acto de supervivencia día tras día.

Code Orange encarna cada una de las emociones que una víctima de bullying siente y va construyendo durante sus años de estudiante; sin embargo, la capacidad del cuarteto para canalizar dichas emociones a través de la música ha dado frutos como girar con Misfits y Deftones. Así, Code Orange se ha posicionado como una de las bandas más importantes de la escena de la música dura. Su anteriores producciones, Love Is love / Return To Dust (2012) y I Am King (2014), fueron producidas por Kurt Ballou, guitarrista de Converge, que junto a Jacob Bannon (vocalista de Converge) y su disquera Deathwish Inc. les otorgaron un voto de confianza a los bostonianos para compartir su arte, y el arte de Code Orange abarca una infinidad de espectros que van desde la agresividad y visceralidad en su música, y con Forever, su tercer álbum, ofrecen pruebas convincentes de que sus ardides de superioridad, en su mayor parte, están justificados.

Tal vez lo que hace tan especial a Code Orange es que no hay un líder en la banda. El grupo es como una entidad que comparte mente, corazón y cuerpo logrando un balance dentro de la estructura de la banda que, a pesar de ser tan jóvenes, les da una unidad que muchas bandas veteranas quisieran tener. Así se crea una cacofonía que viaja de los gritos de Jami Morgan hasta llegar a la voz de Reba Meyers complementándose con las vocalizaciones de Eric Balderose, mientras que Joe Goldman hace lo propio con una voz interna que es un leviatán y lo transforma en una bestia sobre el escenario.

Hay momentos en Forever, dónde la banda parece desvanecerse entre silencios antes de materializarse otra vez. Estos “intermedios” son el arquetipo que incluso en vivo, la banda utiliza para darle un matiz más dramático a su música. “Kill The Creator” y “The Mud” son ejemplos en los que la banda apuntala esta táctica y a pesar de seguir sonando crudos y con un sonido primitivo, se nota un mayor trabajo en las estructuras de las canciones, mejor producción y una clara madurez que les ha ayudado a intentar cosas diferentes como en “Bleeding In The Blur” donde Reba Meyers deja la voz gutural de lado y se entrega a un sonido melódico, que por momentos, nos recuerda a esa escuela del grunge más medular de Seattle. Mientras que “Hurt Goes On” es un tema Reznoriano que se destaca por sus sonidos atmosféricos lúgubres, su voz pausada y su errática estructura melódica.

Forever trajo consigo mucho más de lo que se podría imaginar para esta banda. Mientras que en la superficie del disco encontramos ira y agresión, en su interior descubrimos una bestia única y devastadora. Hay un gran uso de estructuras aquí, sorpresas y mucha energía de principio a fin. Forever no es un álbum únicamente de música “pesada”, si no de música “pesada” eficaz que eleva la presión arterial, tensa los músculos y nada dentro de la mente. Si Forever es sólo el comienzo, entonces habrá más excelencia musical de parte de Code Orange en los años por venir.

NINE INCH NAILS – “NOT THE ACTUAL EVENTS”

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No es de sorprender el hype que provoca una nueva producción de Nine Inch Nails si detrás de esta se encuentra la creatividad, la dinámica y la forma de encarar la música de Trent Reznor. Desde Hesitation Marks (2013); la mayoría de los seguidores del multinstrumentista, han estado esperando nueva música de la banda para quitar ese agridulce sabor de boca que su última producción dejó en muchos.

La cuasi respuesta a esto es el EP Not The Actual Events que funge principalmente como la presentación del productor y compositor Atticus Ross como parte permanente de Nine Inch Nails… Algo que desde hace tiempo ya sabíamos. Así, Not The Actual Events, denota mucho el trabajo del compositor inglés y se nota en su arquitectura musical y sus momentos orgánicos, haciendo que este EP suene más a la música incidental de un filme distópico inexistente, que a un álbum de Nine Inch Nails.

Not The Actual Events abre con “Branches/Bones” un track clásico de la era moderna de NIN. Es corto y va directo al punto ya que, en pocas palabras, es un intro plenamente realizado. “Dear World” se desarrolla un poco más introduciendo el sonido de sintetizadores con una sensación industrial que no acaba por cuajar.

En la corta transición de estos tracks, encontramos reminiscencias muy diluidas a la The Downward Spiral (1994) mientras que el contraste de este “nuevo” sonido permea a la producción entera, sin dejar de lado ese sentimiento político que Reznor ha descubierto últimamente y que ha incluido en sus producciones.

“She’s Gone Away” tiene un sentimiento de trip-hop y más porque Mariqueen Maandig hace una aparición casi imperceptible en la parte vocal. Además de que la cadencia y ritmo del tema encuentran un verdadero compromiso estético que puede ser afable para nuevos escuchas, pero que para la mayoría de los seguidores de Reznor, será insípido.

En “The Idea Of You” encontramos a ese NIN que mucha gente extrañaba. Un track potente en el que Dave Grohl colabora una vez más con Reznor. Así, entregan una canción intensa, potente y en la que se escucha a un Trent Reznor casi enojado y que firmemente se apega a un sonido clásico con nuevos elemento, mientras que en “Burning Bright” colabora Dave Navarro haciendo del track una pieza cercana al noize en la que no se encuentra dirección o motivo, es plana y nunca levanta.

Aún así, Not The Actual Events es un EP que tiene impacto por la manera en la que se hizo. Pocas bandas tienen esa capacidad de ser tan meticulosas en tan poco tiempo para crear un esfuerzo musical que, incluso para la banda, fue diferente. En palabras de Reznor: “Esta producción es poco amistosa e impenetrable, es algo que debíamos hacer” y tal vez tenga razón y la motivación detrás de esto fue despedirse del viejo Nine Inch Nails para presentar y proyectar a la banda hacia un nuevo futuro.

CHEVELLE – “THE NORTH CORRIDOR”

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En una época en la que las bandas van y vienen, es refrescante saber que una banda como Chevelle sigue existiendo fiel a su estilo y creativamente haciéndose un hueco en la escena de la música alternativa. Tal vez ese resultado sea la manera en la que han sabido formular sus discos sin necesariamente seguir un método exacto para cada uno de ellos, haciendo que el sonido de los de Chicago sea inmediatamente reconocible o simplemente es el hecho de que la banda ha logrado eclipsar y superar a varios de sus contemporáneos.

The North Corridor es uno de los trabajos más pesados y complejos de Chevelle. El álbum abre con “Door to Door Cannibals”, un tema en el que las guitarras crujen, la batería se aporrea y el bajo seduce con un grave sonido que adoquina el camino por lo que vendrá más adelante y a pesar de que The North Corridor representa un trabajo más enojado y agresivo, Chevelle selecciona los momentos para utilizar este elemento sin restarle fuerza al álbum.

“Joyride (Omen)” abre con un fuzz en el bajo que es la antesala del sonido en bruto de Chevelle. Las inquietantes voces de Pete Loeffler; que a momentos parecen susurros, la guitarra simple pero compleja y el ritmo de la batería y el bajo, hacen de este tema el perfecto sencillo.

Lo que hace a The North Corridor un álbum tan compacto es que mantiene un momentum muy particular. Nunca hay un solo momento en el que la banda baje el ritmo, Chevelle intenta y logra, mantener al escucha acelerado en un álbum que a momentos suena como el score de 2001: A Space Odyssey ( Dir. Stanley Kubrick, 1968) pero hecho por Trent Reznor y esto es más notorio en “Punchline”, canción que difiere del sonido del resto del disco y de su discografía, pero eso logra que nos embelesemos aún más con su sonido.

El secreto de Chevelle, su cohesión y su sonido es la excelente forma en la que combinan fuertes melodías vocales con ritmos y coros llenos de un gancho armónico que edifican un sonido insuperable. The North Corridor sobresale por su manera sencilla de escucharse a pesar de ser el álbum más pesado de la banda.

Así que, una vez más, Chevelle demuestra ser una de las bandas alternativas más consistentes que existen. Mientras que muchos grupos intentan ser algo que no son, Chevelle no solo se ubica dentro de su realidad, sino que también, ha sabido encontrar las formas para tomar riesgos creativos y enfrentar retos, que al final, les dan madurez con el pasar de los discos.

DAVID BOWIE †

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A veces es extraño estar expuesto a música que uno no ama o idolatra, pero al mismo tiempo uno entiende la trascendencia que un género, o particularmente, un artista, tienen sobre la historia de la música contemporánea. Mi relación con David Bowie casi siempre ha sido así, siendo mi primera exposición a su música a través de “Under Pressure”, original de Queen, pero donde el hombre que cayó a la tierra presta su voz para adornar esa clásica canción que hiciera al lado del rey de reinas, Freddie Mercury.

Al escuchar acerca de la muerte de uno de los personajes más icónicos del mundo y no sólo de la música, hago una aseveración: se me están muriendo los ídolos. Y no por que David Bowie forme parte de mi ADN musical o de mis preferencias musicales más profundas; sino por que Bowie sencillamente era un personaje musical que todo conocedor y amante de cualquier género musical debería escuchar.

No es casualidad que Ian Curtis fuese un gran admirador del cantante, o que Trent Reznor, después de profesar su fanatismo en más de una ocasión y girar junto a él, lograra hacer mancuerna en una versión de “Im Afraid Of Americans” incluida en el álbum Earthling (1997). Peter Murphy era otro ícono que en más de una ocasión hizo arte con Bowie y ni se diga de su colaboración artística en el filme The Hunger (Dir. Tony Scott, 1983). Y bueno, cómo dejar de lado a Brian Eno, con quien entabló una amistad y hermandad musical que trascendió hasta hace algunos días, y seguramente lo seguirá haciendo.

Bowie era un ser de épocas, un ser que murió muchas veces para emerger de un capullo que le brindara esa mutación que constantemente mantenía debajo de la piel. Cada álbum era un personaje, cada personaje era un alter ego o doppelganger que fungía como la marioneta de David Bowie para proyectar ese énfasis creativo que alcanzaba (y sobraba) para crear música, incursionar en el cine, influenciar artistas y a veces sentarse en un museo y pasar desapercibido.

New wave, glam, rock, punk, pop, funk, drum & bass, electro, etc. Mencionen un género que exista y no habrá ninguno por el cual Bowie, a través de su extensa discografía, no haya pasado de una u otra forma. Recuerden algún álbum de casi cualquier artista y no habrá ninguno que deje fuera a Bowie de su lista de influencias. Bowie era un individuo con arte que sabía crearla y compartirla de una manera que no volveremos a experimentar en un buen rato o nunca.

La realidad es que cada vez hay menos personajes como David Bowie, visionarios del arte, de la música, de la moda y un largo etcétera que con poco esfuerzo hayan transformado la forma en la que miramos y escuchamos la vida; personajes que sin ser humanos son más humanos que cualquier artista del verbo “hartar” que intentan dejar su huella en una historia que no necesita de novatos, pero si de héroes todos los días.