ZOLA JESUS – “OKOVI”

Sobre la portada de su quinto álbum de estudio, Okovi, Zola Jesus esta empapada en una sustancia viscosa similar a la que oscureció su rostro en el frontispicio de su EP Stridulum (2010). El álbum, cuyo nombre significa grilletes en la mayoría de idiomas eslavos, también marca el regreso de Sacred Bones, disquera que alimentó y produjo a la cantante en sus primeros años y en la que ha lanzado todos sus discos a excepción de Taiga (2014). Zola Jesus, también conocida como Nika Roza Danilova, esperaba que con su lanzamiento de 2014 tocara el Valhala de la música “popular”, cosa que no sucedió pero que simplemente le provoco producir música más interesante, más pensada y mejor hecha.

Desde el lanzamiento de Taiga (2014), Danilova ha experimentado varios roces con la muerte: Alguien cercano a ella fue diagnosticado don cáncer, un amigo intentó suicidarse dos veces y ella misma se sintió atraída por el vórtice de la depresión. Okovi relaciona estas historias en repeticiones tanto metafóricas como directas. Danilova anhela suprimir los instintos suicidas de sus allegados en el tema “Witness” mientras que en “Siphon” insiste en repudiar la muerte, incluso, como un proceso natural de la vida del hombre. Estas apelaciones directas a los suicidas conjuntan las reflexiones más abstractas de Zola Jesus sobre la muerte y le dan un significado más complejo sin dejar de lado la simpleza con la que los expresa. Mientras que Taiga a menudo sacrificaba lo literal a favor de tener sonidos más potentes, Okovi es un álbum más dramático que es complicado de ignorar.

Incluso las narrativas explícitas de ficción como “Soak”, en las que Danilova canta como una mujer que decide suicidarse en vez de se asesinada, sobresalen entre los temas más ligeros del álbum. La canción, que transita sobre un cadencioso beat y un violonchelo, logra que Danilova se aventure en la piel del personaje Ophelia de Virginia Wolf, que muere ahogada. El gesto, una sinécdoque para la locura femenina, se siente como el intento de Danilova de externalizar su anhelo por morir, para conectarlo a un arquetipo mucho más antiguo que ella. Mientras ella habita la escena clásica de una mujer que se ahoga, también logra dotar al momento de una teatralidad al explicar que la muerte es algo mucho más ligero cuando se ve desde un escenario o detrás de un cristal.

Esta claro que Zola Jesus encuentra alivio al contar estas historias, pero también, provoca ansiedad, claro ejemplo es “Veka”; un tema oscuro que se regocija de su “gótico” beat y envuelve al escucha con sus múltiples preguntas sin respuestas que hacen eco al poema de Percy Shelley “Ozymandias” y su ilustración de futilidad al intentar construir algo que perdure.

La portada de Okovi difiere de la de Stridulum (2010) de una manera notoria. En lugar de que la sustancia viscosa cubra totalmente el rostro de Danilova, en Okovi, los ojos de la interprete han sido despejados de la suciedad. Ella mira ligeramente a la izquierda con tranquilidad e introspección. Si ponemos más atención, podemos observar que ella no se está ahogando en el aceite, en cambio, parece que el aceite esta sobre una fotografía de la intérprete, con círculos hechos a propósito sobre sus ojos para que pueda presenciarlo todo. Esto, en vez de una mancha, parece más una máscara que ella ha elegido usar. Tal vez el usar esta “máscara” es el mensaje de Zola Jesus para decirnos que todavía lleva los mismos grilletes que le han pesado durante los años, pero al menos ahora puede ver claramente a través de ella. Por todos sus oscuros significados y la muerte, Okovi, es un álbum que claramente se inclina hacia la luz.

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BODY COUNT – “BLOODLUST”

Se necesita un equilibrio especial para cruzar la línea divisoria entre la autocompasión y la autoparodia, pero Tracy Marrow, conocido como Ice-T lo ha logrado con gran destreza. Desde el comienzo de su carrera en el hip hop con el álbum Rhyme Pays de 1987, Marrow ha saboreado el papel en el que personalmente se ha encajado como el embajador no oficial de Los Ángeles en el mundo. Como Marrow alguna vez le explicó a Arsenio Hall en 1989, su modus operandi ha sido pintar, intencionalmente, escenarios sobre exagerados en los que muestra al mundo lo que es la vida callejera, mientras que también desalienta a los jóvenes negros de perseguir una vida de crimen. En 1990, Marrow llevó el mismo acercamiento en su proyecto más ambicioso, Body Count, banda que fundó junto a Ernie Cunnigan alias Ernie C.

En un interludio del séptimo álbum de Body Count, Bloodlust, Marrow explica que el comenzó la banda para ofrecer a su eterno compañero y guitarrista de Body Count, Ernie C., un vehículo musical que le ayudara a expresar su amor por tres influencias clave: Black Sabbath, Suicidal Tendencies y Slayer, influencias que han bañado la carrera de Body Count con matices y sonidos sacados de la vieja escuela de la música dura.

Por su cuenta, Ice-T se ha mantenido vigente durante 17 años gracias a su papel del Detective Tutuola en la serie “Law & Order: SUV”. Pero la última vez que Body Count causó un verdadero revuelo, fue en el verano del 91 y del 92, primero como una sorpresa al ser una de las bandas abridoras de la gira inaugural del Lollapalooza y luego como la fuente de una acalorada controversia gracias a su canción “Cop Killer”. Desde entonces, la banda se ha repetido básicamente, casi convirtiéndose en un acto patrimonial antes de su época. En estos días, Body Count puede operar en un espacio cómodo que satisface los apetitos del público por el metal de la vieja escuela y el hardcore. Tan vigente y actual es que Bloodlust incluye un gran cover a “Raining Blood” de Slayer y colaboraciones con Dave Mustaine en “Civil War”, Max Cavalera en “All Love Is Lost” y Randy Blythe de Lamb Of God en “Walk With Me”.

Pero, de cierta forma, la controversia regresa gracias a los recientes incidentes de brutalidad policial que han sido capturados en video. Body Count está preparado para, una vez más, golpear fuerte lo políticamente correcto y hacer de lo cómodo incómodo. Así como “Cop Killer” resonó en su momento, en Bloodlust, “No Lives Matter” se vuelve una manera descarada en la que Body Count hace lo propio con un título que es una ironía al movimiento Black Lives Matter, mientras que también se vuelve un recordatorio de que el racismo esta muy vivo y que las élites del poder ven a todas las personas con desprecio inhumano.

No hace falta decir que a Marrow le gusta explicar las cosas. En Bloodlust suena como si estuviera narrando un segmento de Plaza Sésamo con profanidades y que sigue los pasos más clásicos del hardcore. Sin embargo, su estilo no ha cambiado ni un ápice desde entonces. Toda la banda mantiene la música bastante cruda que suena nueva y old school, y al mismo tiempo, Marrow logra que ese sonido hardcore y thrash no caigan en lo absurdo haciendo de Body Count.

Bloodlust plantea la importancia que Ice-T y Body Count tienen para el mundo, y más en el que ahora tenemos, complementando el mensaje con la capacidad única que la banda tiene de entregar mensajes inmortales, contestatarios y que reaccionan de manera adecuada ante una sociedad que lleva sus moralismos y acciones sociales a un extremo lleno de agresividad e incertidumbre, dónde por momentos, Body Count junto a su álbum Bloodlust, parecen ser la luz al final del túnel.

 

CHELSEA WOLFE – “HISS SPUN”

Como una hechicera renaciendo de las cenizas donde fue quemada, Chelsea Wolfe emerge de las profundidades de la oscuridad en su nueva producción Hiss Spun. El sonido que envuelve este álbum es una transición natural y fluida de la ominosa tormenta sonora que su anterior álbum (Abyss, 2015) fue. En Hiss Spun, Chelsea se acerca lo más que puede al metal como un elemento fundamental en su música, al punto de sonar como una versión gótica de principios de los 90s de PJ Harvey.

De hecho, en Hiss Spun, Chelsea Wolfe hace notar que ha adquirido la sabiduría necesaria para incluir ritmos pesados y riffs complejos a su repertorio musical, todo esto a través de las manos de colaboradores de la talla de Troy Van Leeuwen (QOSTA), Aaron Turner (Isis) y por supuesto Kurt Ballou (Converge), quien no solo produjo el álbum, si no que también se encargó de su grabación.

Hiss Spun es la pieza musical más pesada y conmovedora que Chelsea Wolfe tiene en su repertorio. Temas como “16 Psyche”, “Strain” y “Particle Flux” son cortes que incluyen toda la idiosincrasia del doom, aderezándolo con toques folk y momentos de armonías erráticas que establecen un claro romance entre la interprete y la música extrema.

En “Vex”, primer sencillo que se desprende de este álbum, Wolfe se acerca más que nunca a la esencia espiritual del Black Metal, un sonido con el que ha coqueteado en más de una ocasión, pero en el que jamás se había sumergido totalmente. Esta canción, inspirada en un extraño zumbido de las profundidades del océano es, en palabras de la propia cantante, una guía para descubrir las bestias que ahí habitan. En esta versión personal de ese sonido, se percibe un repunte de la emoción traducida en sonidos que se ven complementados con la guitarra estridente de Troy Van Leeuwen mientras que la voz de Chelsea Wolfe se cierne en el aire con melódicos falsetes que se quiebran con los bramidos guturales de Aaron Turner, creando una cacofonía equilibrada en la que Chelsea Wolfe parece estar en casa.

Así, los mejores momentos de Hiss Spun son aquellos que se refieren a las interesantes mezclas que Chelsea inventa en cada track junto al énfasis de transportar a los escuchas a los rincones más oscuros de su espectro musical, aliándolo con sus más inspiradas y desafiantes incursiones instrumentales.

Hiss Spun es un disco complejo y a momentos difícil. Tiene un sonido abrasivo que emana de los altavoces y que pocos se atreven a enfrentar; pero si lo hacen, tendrán la seguridad de descubrir momentos increíbles y música pensante que llena la atmósfera con la voz surrealista de la interprete norteamericana. Hiss Spun crea un ambiente que se relaciona directamente con las emociones mas fútiles y la lucha interior desesperada a la que todos nos hemos visto expuestos, lucha que se ilumina con densas historias y un imaginario único que solamente Chelsea Wolfe sabe dibujar a través de su música profética.

 

RISE AGAINST – “WOLVES”

Durante la última década, Rise Against se ha convertido en una banda de primer nivel en la escena del rock alternativo. Los de Chicago, Illinois que comenzaron como una banda de hardcore-punk, han evolucionado para sonar, a momentos, más alternativa de lo que solía ser para forjar un sonido único a lo largo de su trayectoria y ser una de esas selectas bandas que con su octavo álbum, Wolves, vuelve a la carga con un sonido melódico y que se aleja de cualquier estereotipo punk al que el cuarteto haya sido sometido.

Wolves abre con la canción que da nombre al álbum, una representación solida del estilo de la banda, que mezcla melodías sedosas con momentos duros y agresivos. “House On Fire” hace que las apuestas suban, logrando que la conjunción de Tim McIlrath, Joe Principe, Brandon Barnes y Zach Blair sea más homogénea que nunca, y mientras que un coro memorable parece contribuir a que esta canción se convierta en un clásico, “The Violence” es un claro llamado a nadar en contra la corriente de intolerancia que baña a la nación del norte.

Las canciones en Wolves son pegajosas y eso tal vez pueda hacernos olvidar lo políticamente cargadas que son. Tim McIlrath se ha encargado de expresar a través de estas canciones, espacios peligrosos donde la misoginia, el racismo, el sexismo y más, no existen. Donde la xenofobia es repudiada, los sentimientos tienen aire y las ideas no mueren. Wolves no intenta crear un espacio seguro, pero si un espacio peligroso para la injusticia.

“Welcome to The Breakdown” se mueve con facilidad entre versos de hardcore punk y momentos de grandilocuencia melódica. “Bulls…t” incorpora breves momentos de reggae con ese épico sonido de rock de arena.

La voz de MacIlrath aporta un enfoque variado a las voces al regular su sonido áspero con tonos más dulces como en “Politics Of Love” mientras que en “Far From Perfect” lleva al límite esa transición entre cantar y gritar.

Wolves consta de 40 concisos minutos de canciones fuertes y potentes. La segunda mitad del disco tiene grandes canciones como “Miracle” y “Mourning in Amerika”, temas que denotan de manera magistral el trabajo de producción de Nick Raskulinecz (Deftones, Mastodon) con el que logró amalgamar aún más el sonido de cada uno de los integrantes con el ímpetu y actitud de la banda.

Así, el cuarteto mantiene su sonido medular sin estancarse al incorporar diversidad a su sonido mientras que Raskulinecz le da un montón de atributos al sonido sin hacerlo demasiado simple. En conclusión: Wolves es una combinación de canciones pegajosas, potentes, llenas de pasión y mensaje que hacen reflexionar. Como todo lo que crea Rise Against.

 

GOLDFINGER- “THE KNIFE”

Cuando una banda se convierte en uno de los grupos más representativos de un género, esto les brinda un derecho único a hacer las cosas como quieran. John Feldmann ha llevado eso al siguiente nivel al cambiar, en más de una ocasión, la alineación de Goldfinger. Y bueno, tal vez su estatus como uno de los líderes de una de las bandas de punk más grandes de los 90s, le da el derecho de hacer de Goldfinger casi un solo-project, pero en realidad lo que Feldmann ha hecho en esta ocasión es hacer de Goldfinger algo así como una supera banda al incluir a Mike Herrera de MxPx, Phillio Sneed de Story Of The Year y a Travis Barker en su más reciente producción, The Knife,

The Knife es un disco que suena más pop que otras producciones de Goldfinger pero eso no le quita calidad. Tal vez ese sonido sea por que en los nueve años que Goldfinger estuvo en stand-by, John Feldmann se dedicó a producir bandas del género y lo más “punk” que hizo fue la producción de el regreso de Blink 182 con California (2016).

Uno de los puntos fuertes de The Knife es la inclusión de Travis Barker. Sus arreglos en esta producción son inmejorables y su adaptación al core del disco hace que las canciones funcionen de otra manera al ser más rítmicas y tener cambios de tiempo que satisfacen el oído. A pesar de que el aparece como artista invitado, su adaptación e integración a la banda y al disco, lo hacen sonar como si llevara toda la existencia de Goldfinger tocando con ellos.

Hay un juego musical divertido en The Knife, mientras John Feldmann no puede evitar a momentos sonar pop por su relación con producciones del género, Herrera y Sneed lo traen de vuelta al mundo del punk demostrando que esta respaldado por dos veteranos del punk que se aseguran que el sonido siga dentro de la línea correcta.

En cuanto a las letras del disco, Feldmann claramente ha madurado. Antes, muchas de sus letras, eran muy literales y carecían de metáforas y estilo, especialmente cuando quería escribir una letra que reflejaba, por ejemplo, enojo. En The Knife, aprendió la gracia de usar la metáfora de una manera que se ha adaptado a su particular forma de escribir que expone en canciones como “Am I Deaf?” o “Tijuana Sunrise”, que funge como una balada llena de sonidos ska y reggae.

El primer sencillo, “Put The Knife Away”, es una maravillosa opción para que los “nuevos” miembros de la banda muestren realmente sus habilidades, haciendo un corte dinámico y asombroso que se adapta a lo que Goldfinger siempre ha sido. “Orthodontist Girl” es exactamente lo que se esperaría de Goldfinger al ser una canción con doble sentido a cerca de la ortodoncia.

The Knife cierra con “Milla”, un homenaje a la hija de Feldmann que juega con las múltiples formas en las que el vocalista puede hacer rimar el nombre de su pequeña, haciendo de la canción, un corte entrañable.

En general, The Knife es un disco muy versátil. Suena menos como un disco clásico de Goldfinger y más como el álbum solitario de Feldmann. Eso no le quita calidad ni diversión. Es perfecto para un crucero, un día de playa, manejar con las ventanillas del auto abajo en un día caluroso de verano o simplemente para hacer de un momento complicado algo sencillo.

 

MASTODON- “EMPEROR OF SAND”


Mastodon, siempre progresista y conceptual, se atreve a desafiar su vigencia como banda a través de Emperor Of Sand, su más reciente producción. En este álbum en el que la banda ha tomado una lección del tiempo; la visión de la impermanencia los ha hecho canalizar su aprendizaje como banda en un disco que, sin duda, podría considerarse una obra maestra.

Emperor of Sand nos cuenta la historia de un hombre condenado a morir a manos del Rey del Desierto. Forzado a vagar por las dunas dónde la sequía lo asola, el personaje cuenta cómo va luchando, entendiéndose y aprendiendo antes de que llegue su fin. Eventualmente, este sucumbe a la mano fría de la muerte, emprendiendo un viaje al que todos, al final de nuestra vida, nos enfrentaremos. Emperor Of Sand es una procesión lógica al catálogo de Mastodon ya que de cierta forma se une a Leviathan (2004) y Crack The Skye (2009) al compartir un concepto que provoca que la audiencia procese el mensaje del álbum desde otra perspectiva. Esto no es algo nuevo para los originarios de Atlanta, GA. Cada uno de sus discos lleva su propia historia sin dejar de lado el core que hace que toda la discografía de la banda converja. Colectivamente, los 7 álbumes que tiene la banda forman una historia global, una progresión tanto musical como temática y en Emperor Of Sand, se siente como si estuviésemos presenciando el final de la historia.

Musicalmente, Emperor Of Sand, es un disco pesado pero que presenta las variantes complejas a las que Mastodon nos tiene acostumbrados. También hay algo desgarrador en el álbum, un “quinto e imperceptible integrante” que de forma invisible añade una belleza intensa al álbum. No hay una derivación fundamental de los elementos sónicos que caracterizan al grupo, sin embargo, este álbum se siente como otra dimensión que hace simbiosis con el universo conocido del grupo.

Hay momentos en este álbum que realmente captan nuestra atención. En “Precious Stones” lo primero que resalta es la batería de Brann Dailor; una adición sutil pero clara de una pandereta, ilumina toda la canción. Parecería un pequeño detalle, pero esto le da una nueva profundidad a la canción.

“Roots Remain” es una canción embrujada, el comienzo abre con el sonido conmovedor de una guitarra con cuerdas de acero, que se complementa con una brisa sonora y distorsionada que resuena en paneo en los audífonos. Estos detalles son solo el indicativo de la mano del productor Brendan O’Brien, que se vuelven más protagonistas en el trayecto del álbum. La guitarra acústica de repente cesa para repentinamente, ser reemplazada por guitarras explosivas y la voz de Troy Sanders rasgando un momento muy introspectivo. A medio camino, la cadencia y el ambiente nos dejan ver que Sanders ha escrito las letras más emotivas que hemos escuchado en un disco de Mastodon. Parecería una carta de despedida, mientras que lo progresivo del momento hace la música más pesada. Momentos emotivos como este, están enredados en el tejido de la canción, añadiendo más complejidad a medida que el track progresa.

“Clandestinity” es un punto culminante en el álbum, esta canción presenta una cadencia urgente. Al llegar al coro, esta toma un giro más lúgubre agregando una sensación de desesperación al personaje de la historia que cuenta el álbum, como si este se diera cuenta que el tiempo se le termina. Justo a la mitad de la canción hay un cambio que a través de los sonidos nos lleva a recorrer las pléyades que Crack The Skye (2009) ya había trazado en un mapa estelar. La canción cierra con enorme solo de guitarra mientras las voces se desvanecen.

Después nos vitoreamos con “Andromeda”, track en el que participa Kevin Sharp de Brutal Truth. Esto, provoca un balance entre las voces de Troy Sanders y Brent Hinds, dando colores más armónicos a pesar de lo áspero de la voz del frontman de la banda neoyorkina. A este momento le sigue “Scorpion Breath”, una canción que podría ser un lado B de Crack The Skye (2009) y que se engalana con la voz de Scott Kelly, vocalista y guitarrista de Neurosis. El tema es potente, balanceado y en él se dibuja el vórtice de la caída del personaje de la historia, su sucumbir y su ascenso a los dioses.

Emperor Of Sand cierra con “Jaguar God, una hermosa introducción acústica permea el camino de lo que será esta canción. Voces armónicas y una batería dramática van creciendo poco a poco hasta volverse un track más pesado. El bajo se convierte en el punto focal de la canción, aquí resalta el hecho de que “Jaguar God” destaca la mezcla clásica de cambios de tiempo y musicalidad de Mastodon, haciendo que el álbum cierre de manera ostentosa. Así, el disco cierra tal y cómo empezó, con un ritmo lento y un solo de guitarra que ve al guerrero del desierto desvanecerse en las arenas del tiempo.

PARAMORE – “AFTER LAUGHTER”

Hablar de Paramore es centrar nuestra atención en Hayley Williams, vocalista del trío originario de Tennessee. Una vocalista con actitud, con presencia y que trayendo un background musical nutrido principalmente por hardcore y punk, ha enfocado sus esfuerzos creativos en erigir un sonido que va del pop al punk o del rock al emo y al final, como un simple conglomerado de estilos musicales que han hecho del sonido de la banda algo totalmente identificable. Gracias a esto, Paramore se ha transformado en una banda que más que establecerse como un típico acto de pop o punk o rock, avanza en la manera en la que hace su música, todo adornado con la inconfundible e inmejorable voz de Williams que hasta ha engalanado un dueto con Chino Moreno al interpretar “Passenger” juntos en vivo.

En After Laughter, su más reciente producción, en la que se marca el regreso de Zac Farro en la batería, Haley Williams, Taylor York y el mismo Farro, toman un camino inspirado totalmente en la década de los ochentas para crear un sonido lleno referencias a la cultura pop de esa época, el new wave y las giras musicales en centros comerciales en las que artistas como Tiffany o New Kids On The Block desfilaron más de una vez.

El primer sencillo de After Laughter es “Hard Times”, una alegoría sonora que hace tributo a Duran Duran con ese requinto inconfundible de guitarra y que se complementa con un video que pareciera haber sido filmado en technicolor y que se satura con colores neón y el look de la banda que podría haber salido de la caricatura Kidd Video.

“Rose-Colored Boy” abre con un intro que nos remite a “Girls Just Wanna Have Fun” de Cindy Lauper, sin embargo, la canción toma un giro para hacerla algo diferente pero dentro de la misma línea ochentera en la que After Laughter avanza canción por canción. El tema tiene arreglos dignos de The B52’s que le dan un tono fresco a pesar de que las canciones, en esta ocasión, no le exigen mucho vocalmente a Williams.

Justo a la mitad del álbum nos topamos con “26” una de esas baladas a las que Paramore ya nos tiene acostumbrados, sólo que esta vez el tema podría formar parte del momento romántico de alguna película como The Karate Kid (Dir. John G. Avildsen, 1984) o Say Anything (Dir. Cameron Crowe, 1989).

Una de las cosas que hay que resaltar del álbum, es que a pesar de que todas sus canciones suenan similares, esto nos remite totalmente a los 80’s, cuando las bandas tomaban una dirección diferente para inventar un nuevo álbum y sí, tal vez After Laughter carece de balance o creatividad al 100%, pero le sobra diversión y frescura, recordándonos una vez más, que lo viejo vuelve (aunque sea en forma de ficha, como Alf).

Si en Paramore (2013) la banda logró encontrar un camino alterno a lo que siempre habían hecho, tomando en cuenta todas las alternativas que la música implica, con After Laughter, lo único que Paramore está buscando es recalar en esos 13 años de carrera que tienen encima y seguir divirtiéndose haciendo música.