THE BLACK QUEEN – “INFINITE GAMES”

 


Fever Daydream (2016), álbum debut de The Black Queen, colocó al trío californiano en el radar de la música con su seductora síntesis de synth pop, cold wave y un sonido preciso e industrializado que sólo podría haberse forjado en la escena new wave de los años ochentas. De esa manera mostraron una perspectiva compositiva emocionalmente intensa junto a una necesidad intrínseca de hacer las cosas a su manera. Greg Puciato, fundador de este acto, es una expresión de pasión e individualismo que actuó como gancho para muchos.

En Infinite Games, la banda reafirma su pasión y métrica para crear un ambiente oscuro, perturbador y lleno de una cadencia sexual que inunda el ambiente de un aroma distintivo junto a emociones que salen desde lo más profundo de Puciato, ya que durante los 2 años posteriores al lanzamiento a Infinite Games él se vio estremecido profesionalmente y personalmente, tanto por el robo de equipo como por haber experimentado cercanamente el suicido de Chris Cornell al haber estado girando con el. Así, Infinite Games es un acto de rechazo a retroceder ante la adversidad, es una declaratoria intención de sobrellevar lo negativo de manera infinita.

Infinite Games es un genuino trabajo de amor y un viaje expansivo hacia la esfera distópica de ritmos pulsantes, acompañados de un ambiente escalofriante y un minimalismo desarmado que incorpora más influencias y experimentación que su álbum debut (Fever Daydream).

En apenas dos minutos, “Even Still I Want To”, funciona como una distorsión de sonidos ambiguos que van labrando la brecha para el suntuoso “Throw Ino The Dark”, que evoca el sonido new wave de décadas pasadas y presentes. “No Accusations” y “One Edge Of Two” cuentan con las melodías más penetrantes y gélidas del disco, mientras las líneas de bajo que las adornan son palpitantes y rayan en el descaro del R&B. Ambos temas son los más centrados en el pop. La voz de Greg rememora a ese Trent Reznor de principios de los 90s: Destruido, deprimido y vocalizando junto a sintetizadores análogos que manifiestan la incomparable habilidad de The Black Queen para componer la exuberancia a través de sonidos forjados en un procesador de sonido.

A lo largo del álbum, Puciato muestra fragilidad en la voz, no por que sea un tipo “frágil”, más bien es su manera de preparar la escena para todo el álbum que se ve complementada con los ritmos y melodías de Joshua Eustis y Steven Alexander, mientras el ambiente gira y desorienta en cada cambio de canción, casi susurrando cada letra con fragilidad y tristeza.

Con esta línea planificada, The Black Queen lleva al oyente a lo largo y ancho de un paisaje onírico sonoro; a veces hay una sensación de inmensidad – tal vez una ironía que llama a The Dillinger Escape Plan – pero en este caso, el enfoque está en el borde de los sonidos expansivos del disco. Este se siente más enfocado y encuadrado en el borde de la propagación de un nuevo sonido que como un vorágine consume el silencio, llenando los espacios entre notas con metáforas que derriban al oyente.

La mayoría de los tonos electrónicos de Infinite Games se mezclan en una neblina auditiva. La propia edificación de las canciones impulsa ese énfasis. Por un lado, la voz de Puciato fluye, no es irregular y junto a eso, los instrumentos crean atmósferas más espesas a medidas de que el álbum va avanzando.

Al final, el vibe de Infinite Games, es una promesa de emociones que se mimetizan con la cimentación musical del disco, su técnica y su producción, mientras que el escucha es un catalizador para entender que no hay nada más abrumador que él mismo dentro de la ecuación del álbum y de cómo esto da como resultado a la banda sonora de sus poluciones nocturnas.

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EMMA RUTH RUNDLE – “ON DARK HORSES”

El nuevo álbum de Emma Ruth Rundle, On Dark Horses, no pudo haber salido ni en otro año ni en otro momento más que en éste. Si bien muchas personas recurren a la música para escapar, no cabe duda de que el mundo que nos rodea se siente cada vez más amenazante y caótico; y On Dark Horses, es un intento por parte de la cantautora para describir esa sensación. El álbum es un ensayo de cómo coexistir con nuestros miedos, cosa que para Rundle, simplifica el vivir luchando de manera precisa, hermosa y destructora.

Los caballos, en forma metafórica y literal, forman parte intrínseca del disco. La dimensión visual que toman en el título del álbum y en sus letras es única. Rundle los describe a lo largo de sus canciones como bestias poderosas y hermosas, pero sin libertad. Así que “el caballo negro” (Darkhorse) trabaja de forma visual como una representación de una fuerza contenida que ganará la carrera o superará las expectativas de la sociedad y de ella misma.

On Dark Horses es demoledor y más que eso. Rundle ha construido paisajes sonoros titánicos que le permiten a sus emociones tomar todo el espacio que se merecen. Sin embargo, hay una sensación de control allí también. Estas canciones son catárticas, permiten que el miedo, la ira, y la soledad fluyan a través de ti en vez de controlarte. Mientras las canciones son meticulosamente construidas, la voz de Rundle es cruda y filosa, y ello ayuda a que sea lo que sea que hemos pasado, estemos pasando o estemos por pasar, sea más llevadero, sencillo y mucho menos explosivo.

Y así, mientras el último álbum de Emma, Marked For Death (2016) fue una pieza de arte excepcional que dictó el nivel al que la cantante quiso llegar, intentar hacer un seguimiento de un LP generacional es una tarea desafiante que muchos no logran, pero ella iguala el fervor e intensidad de ese disco con el igualmente temible pero devastadoramente hermoso On Dark Horses.

“Fever Dreams” abre el camino de la vereda del caballo oscuro. En este tema se revela la desesperanza de la mortalidad y como los sentimientos de desesperación y pérdida se transforman en una sensación de perpetua confusión. La atmósfera es austera pero apasionante, y a través de la densidad de los ritmos y las guitarras abrazadoras, Rundle llora sombríamente.

Sin embargo, a diferencia de Marked For Death, Rundle no permanece estática. La mayor parte del álbum relata la inquietud de los diferentes personajes y la búsqueda constante de encontrar un escape o, como se dice en “Control”, tomar posesión de lo que se puede. Un misticismo del desierto envuelve la pista, mientras un momentum musical y guitarras reverberantes llenan el espeso y cálido aire.

Después, Rundle arroja a los oyentes a los confines del Desierto de Mojave con el agotador pero impresionante tema “Darkhorse”. En lugar de un solitario vagabundo, Rundle dibuja en esta canción a dos viajeros cansados. Son hermanas que están buscando encontrar sus piernas nuevamente y superar el “horizonte de aguas oscuras” que se traduce a buscar la salida de un pasado traumático compartido. La composición de Emma – y las imágenes que crea – es magnífica, ya que mezcla la poesía con el cine.

“Races” es la canción más solemne. Esta ofrece un leve respiro de esa sinergia del folk y goth rock convergiendo en una hermosa sintonía. Un tono inquietante que coexiste junto a la guitarra cristalina y disonante zumbando en el fondo, y al mismo tiempo, la voz de Rundle se desgarra de una manera metódica e introspectiva. La historia del tema es aquella que habla de un amor que se ahoga en la noche, un amor olvidado y antiguo entre un hombre y una mujer que hacen de sus palabras, balas.

Incluso cuando Rundle aborda un tema común, lo pone de cabeza, lo deconstruye y le da muchos significados. En “Light Song” lo hace. Una balda de amor como ninguna otra. Rundle desencadena una aventura escabrosa, cinemática y legendaria. En esta canción la vocalista se ve acompañada de Evan Patterson, frontman de Jaye Jayle, dando un contraste vivaz a una danza musical que pretende describir un baile de cortejo entre el sol y la luna.

“Apathy On The Indian Border” es un himno político que comienza con un sonido pletórico que dibuja paisajes desconocidos e angustiosos. La voz y la letra están llenas de desesperación, furia y memoria. Esta historia recuerda a las familias que fueron desmanteladas recientemente por lo agentes de ICE y les da voz, forma, color y rostro a todas esas personas que han llenado de sufrimiento su sueño de tener una vida mejor.

El álbum llega a su fin con la emotiva “You Don’t Have To Cry”. La instrumentación es ligera y delicada, con la excepción del ocasional brillo de la guitarra. El remordimiento y la reflexión llenan la voz de Rundle, mientras conmemora a todos los jóvenes que fueron tomados demasiado pronto por se diferentes. Rundle, también, es diferente. Ella está creando un arte audaz, sombrío y meditabundo, pero al mismo tiempo, hermoso. Y aún más importante, ella esta contando historias que deben ser contadas, escuchadas y visibilizadas. Incluso en los momentos más terribles y en el más oscuro de los tiempos, ella encuentra algo de lo que se puede obtener fortaleza o aprender. Ella encuentra el dolor que nos inflige a todos, pero nos alienta a no simplemente huir, sino también, ser el remedio para la imposición para creer que no solo estamos montando un caballo negro si no que somos esa bestia.

THRICE – “PALMS”

Abre tu mente y acepta las posibilidades que se encuentran fuera del espectro del blanco y negro. Abre tus brazos en un abrazo cálido y unificador, abre tus oídos en nombre de Palms, el décimo álbum de Thrice.

Thrice es una banda que, como un gran surfista, ha recorrido muchas olas a lo largo de sus veinte años de carrera. Formados durante la preparatoria, para el año 2000, estaban lanzando su álbum debut – Identity Crisis – Sin embargo fue su tercer lanzamiento, The Artist In The Ambulance (2003), que los colocó en las listas de popularidad y los hizo ser un foco de atención por su innegable talento. En 2005, Vheissu continuó consolidando su reputación musical, junto con cinco álbumes más en los once años consiguientes, que van desde la oferta conceptual de 2007, The Alchemy Index Vol.I & II, hasta To Be Everywhere Is To Be Nowhere (2016) que está lleno de tintes políticos. Entre toda esa marabunta musical, hubo paréntesis, EPs, sencillos, álbumes en vivo y canciones poderosas, regalos gloriosos por parte de la banda que se ha encargado de ofrecer música de primer nivel a lo largo de toda su existencia.

Con Palms, que también marca su debut en Epitaph Records, el vocalista Dustin Kensrue, el guitarrista Teppei Teranishi, el bajista Eddie Breckenridge y el baterista Riley Breckenridge presentan una colección de 10 canciones realmente potentes y extraordinarias. Curiosamente, en esta producción, el cuarteto optó por dividir la producción; colocando los deberes vocales y de percusión en manos de Eric Palmquist (Mute Math, Bad Suns), las guitarras y cuerdas ellos mismos y entregando la mezcla del álbum al ganador del Grammy, John Conlgeton (St. Vincent).

El álbum abre con sonidos de Moog ochenteros sintonizados con la voz de Kensrue, mientras la banda lanza un apasionado recordatorio de lo que significa ser humano a través de “Only us”… No importa qué tan diferente quieras hacerte, todos somos uno y lo mismo. Al igual que con todo lo que Thrice toca, hay una intensidad y una fuerza sincera en esta canción, una abrumadora profundidad de sonido y una pasión febril en su intención artística. Sin duda, no se puede cuestionar su franqueza.

A continuación explotan con “The Grey”, una canción que habla a cerca del abrazo de esa zona gris que se encuentra más allá de las divisiones sociales, mientras que con “The Dark” la guitarra de Kensrue lidera la lucha personal contra nosotros mismos por el bienestar y la conservación del planeta. En este tema se cuenta con un coro de más de mil voces, fanáticos de todo el mundo que enviaros sus propios videos para ser incluidos en la canción.

En “Just Breath” hallamos un sonido más orgánico y de penumbra que se complementa con la bella y delicada voz de fondo de la cantante y compositora Emma Ruth Rundle. Así, este pequeño gran círculo, se expande hacia niveles inesperados haciendo del track algo totalmente atípico para la banda. Un sonido poco prolijo pero no por menos asombroso. Al mismo tiempo, “Everything Belongs” es un magnífico respiro del rock que permite a la banda deleitarse con una epifanía sonora verdaderamente brillante.

Con nuestras almas reabastecidas, comenzamos el viaje serpenteante hacia “My Soul”. Aquí, Thrice, produce un sensual blues que flota sobre los tímpanos como nubes en un cielo otoñal justo antes de que amplíen su sonido y lo lleven a través de la distancia que marca “A Branch In The River”. De forma distinta “Hold Up The Light” tiene algo sucio y fangoso en sus capas musicales que invita a sacudir las caderas, hacer headbanging y a llenar estadios.

Paralelamente la brillante acústica comienza con “Blood On Blood”, un fino vino que se desliza por el paladar con sus capas de sonido deliciosamente envejecidas. En última instancia, van por el gran final con el barrido cinematográfico de “Beyond The Pines”, un conjunto único que reúne esas guitarras maduras que brillan como diamantes junto a las escofinas filosóficas de Kensrue.

Algunas bandas disfrutan de reputaciones legendarias que nos dejan aturdidos, mientras que otras transitan ciegamente a través de distintos géneros para llamar la atención continuamente con su dominio técnico y su conocimiento sincero. Thrice se encuentra en esta última categoría ya que todo lo que tocan es digno de un estatus dorado. Palms, por lo tanto, no es diferente. Existe una vulnerabilidad espiritual en este disco y en Thrice también; una banda que posee la habilidad de poner todo en la línea lírica mientras que pone capas de musicalidad extravagante a través de su campo de vibrante unificación creativa.

Si bien en Palms no hay un grandilocuente himno al rock, el disco es una mirada limpia al espíritu de una banda que desea transmitir un mensaje de unidad en nombre de la música, de la humanidad y de ellos mismos.

ALKALINE TRIO – “IS THIS THING CURSED?”

Dejemos de lado todas las ideas preconcebidas, los prejuicios y el esnobismo indie por un minuto. En los últimos 20 años, la amalgamación impía de Jawbreaker-Misfits-The Ramones llamada Alkaline Trio, ha sido una de las voces más consistentes dentro de toda derivación del punk. Encuentren una banda contemporánea que, entre Maybe I’ll Catch Fire (2000) y Crimson (2005), haya lanzado cuatro discos que eclipsen a los otros lanzados por los oriundos de Chicago… Es imposible.

Is This Thing Cursed? Viene con el argumento de que fue un álbum escrito en el estudio, por ello las comparaciones con Maybe I’ll Catch Fire (2000) se desvanecen en un instante; no se trata de composiciones sencillas, llenas de enojo post-adolescente e instintivamente labradas en una habitación diminuta. En cambio, lo que tenemos es un retorno de la banda en toda la extensión de la palabra, además de que para el trío ha sido un paso completamente natural. Un detalle en esta nueva era que es importante resaltar es que, por primera vez la voz de Dan Andriano bajista de la banda, es más socorrida y utilizada a lo largo de todo el álbum.

“Is This Thing Cursed?” abre el disco y da nombre al álbum. Tiene un inicio con un suave piano, sencillo y que envuelve la estructura del intro de la canción antes de estrellarse con los galopes de Derek Grant y los acordes rítmicos de Matt Skiba. Al mismo tiempo, Skiba y Andriano intercambian versos y armonías de coro (una cosa nueva y rara para Alkaline Trio) y que vuelve más interesante la nueva tendencia musical que la banda esta tomando.

Esa noción de asociación es la clave de Is This Thing Cursed?: Cada músico ha tenido el tiempo necesario para construir su dirección en la producción del disco. “Demon In Division”, por ejemplo, comienza con algunos acordes de bajo por parte de Adriano que parecen haber sido escritos en los 90s y desempolvados para este disco, pero Skiba toma el core de la canción para llevarla a otro nivel. En producciones anteriores esa mecánica habría sido la regla en casi todas las canciones, pero en su lugar la banda ha funcionado como eso, repartiendo responsabilidades y siendo más abierta a la creatividad de sus propios integrantes. Esto es muy notorio al encontrar teclados sutiles, guitarras acústicas y al trío empujando las canciones a ángulos oblicuos para refrescar su ya clásico sonido. Mientras tanto, la batería de Grant, mantiene la energía en todo momento y es una presencia estimulante en todo el álbum. Que una banda de 20 años de existencia todavía encuentre nuevas formas de colaborar es inmensamente gratificante.

A lo largo de la primera década del siglo XXI, las letras de Skiba tuvo un declive, por lo que la banda se apodero de las letras de Andriano. Pero Skiba comenzó a redescubrir su toque en My Shame Is True (2013) y para cuando llegó a Is This Thing Cursed? el dominio de la creación de canciones lo regresó totalmente al vocalista. “I Can’t Believe” presenta el mejor coro que la banda ha logrado desde “Sadie” de Crimson (2005), mientras que “Sweet Vampires” y “Goodbye Fire Island” unen sus letras macabras y oscuras con un humor y comprensión de la melodía que no se escuchaba desde Good Mourning (2003).

Andriano también recurre a algunas de sus composiciones más fuertes en este disco. “Little Help” nos trae reminiscencias a Green Day y a “Im Dying Tomorrow”, canción de Alkaline Trio que describe la depresión, la apatía y la autodestrucción inducida por el alcohol y que se incluye en su álbum del 2001, From Here To Infirmary. “Worn So Thin” esta cortado de una tela similar, pero su narrador reconoce propia parte en la espiral inevitable hacia la ira. En medio de todo este nihilismo se encuentra “Stay”, su conmovedora admisión de culpa y deseo de reparación que actúa como un respiro y un recordatorio de que, el trío, ya no son las mismas personas que nos invitaron a meternos en una tina… con un radio.

En Is This Thing Cursed? No hay una disminución de calidad musical y creativa. En los 40 minutos que dura el álbum se van revelando pequeños toques que agregan profundidad a la experiencia auditiva. Desde las cuerdas del coro final en “Goodbye Fire Island” hasta los arpegios de “Heart Attacks” y la distorsión de “Throw Me To The Lions”, Is This Thing Cursed? Es una colección de temas sutilmente gratificante. Se puede argumentar que no se trata de un terreno musical nuevo, pero el estatus que Alkaline Trio ha cimentado a través de su reputación, como unos de los mejores compositores de este género, es más que evidente.

DEATH CAB FOR CUTIE – “THANK YOU FOR TODAY”

En “Gold Rush”, el primer sencillo de Thank You For Today, Ben Gibbard habla sobra las muchas formas en las que su natal Seattle ha cambiado en las últimas dos décadas, llorando recuerdos de edificios antiguos y momentos íntimos bajo las lámparas antes de sollozar: “Please don’t change, stay the same…” El video que acompaña al sencillo es una reinterpretación de “Bittersweet Symphony” de The Verve en la que se presenta a Gibbard siendo golpeado por transeúntes groseros durante un paseo diurno por un vecindario encallado en la ciudad fundada en el estado de Washington, todo para terminar atrapado en un mar de peatones enchufados a sus teléfonos.

Death Cab For Cutie es una banda conocida por su empalagosa sinceridad que, muy de vez en cuando, enseña los dientes para criticar la efímera vida moderna. Recordemos los momentos finales de “Amputations”, tema incluido en su primer disco Something About Airplanes. La canción muestra un discurso que dice más o menos así: “…In this modern day, we have instant coffee and instant tea—instant disbelief, that’s the reason we will never become anything…”

Pero mientras que “Amputations” es un remanente de aquella época en la que la banda editaba sus discos bajo el sello de Barsuk, su más reciente sencillo, “Gold Rush”, es uno de los pocos momentos en los que Thank You For Today encarna la manera en la que Death Cab For Cutie decidió hacer su música en los 2010s. Construido en torno a un sampleo de “Mind Train” de Yoko Ono, la canción se siente inerte en su constante galope, mientras que la voz de Gibbard es un poco espectral y zigzagueante. Thank You For Today marca el primer álbum de la banda en ser grabado en cinta magnética desde que cambiaron a su productor de casa: Chris Walla. Sin embargo, esta producción producida por el veterano Rich Costey (Muse, Interpol), hace que los 10 tracks que conforman Thank You For Today tengan un brillo competente, único y anónimo.

Si bien es tentador culpar completamente al productor (Costey) por los momentos más vacíos del álbum, la culpa inconfundible es de Gibbard y compañía. Las fallas del álbum son un subproducto de la tendencia de Death Cab For Cutie por confundir momentos líricos con momentos sonoros que influyen en la composición de la música y de las letras de Gibbard, haciendo que se llegue a un punto incongruente en el que algunas canciones no tienen la personalidad que musicalmente – o líricamente – se les quiso dar desde el principio.

Thank You For Today no es tan uniforme como Codes & Keys (2011) que es, sin duda, el álbum más fuerte de Death Cab For Cutie de la década de 2010. En Thank You For Today hay momentos que sugieren que Gibbard y el resto de Death Cab… todavía están luchando con la falta de mojo que ha ensombrecido su trabajo más reciente. “I Dreamed We Spoke Again” sufre de un procesamiento vocal junto a melodías a la deriva y una línea de bajo muy a la New Order que más que original parece un cover. “When We Drive” posee todo el encanto de un comercial de autos mientras que “You moved Away” sofoca sus reflexiones líricas de la vida pasada y esos temas nostálgicos que recorren las venas de todo el álbum.

La canción que cierra el disco, “60 & Punk”, es posiblemente una de las canciones más mordaces que Gibbard ha escrito desde el infame “Someday You Will Be Loved” incluido en Plans (2005).

Antes de Thank You For Today, han sido escasos los logros en lo que respecta a la obra de Death Cab For Cutie en los años 2010s, así que es un alivio que este último lanzamiento ofrezca algunas de las canciones más fuertes de la banda desde Narrow Stairs (2008), joya del indie pop que recuerda los días de gloria de la banda, aunque sea solo por unos minutos.

Luego está “Your Hurricane”, posiblemente la canción más adorable de Death Cab For Cutie en mucho tiempo. Una balada disfrazada de guitarras vintage y una emotiva toma vocal de Gibbard que puede entenderse como uno de sus mejores trabajos. Cierren los ojos y tal vez suene a un clásico. De esta forma se puede comprender que Gibbard todavía es capaz de estos momentos de seda sin sentirse a la deriva. Capitular la nostalgia es a menudo una elección estilística imprudente, pero quizás Death Cab For Cutie podría mirar hacía atrás un poco más en el futuro para comprender que el pasado no siempre tiene que ser un obstáculo, pero si, un buen lugar para descansar un rato.

“DARKHORSE” by EMMA RUTH RUNDLE


Educada en los caminos de Nocturnes mientras transitaba en vuelo con Red Sparowes y terminaba de madurar en las vicisitudes de Marriages, Emma Ruth Rundle se ha posicionado como una artista multifacética que logra, a través de cualquier disciplina artística que utilice, proyectar un mensaje claro, pero que en otros momentos toma un tenor enigmático, demostrando que es en la simpleza de su trabajo donde recae su complejidad.

La Emma de Marked For Death (2015) ha muerto, y después de explorar en total solitud aquel álbum, la intérprete prepara On Dark Horses, álbum que esta por ser lanzado el próximo otoño. Mientras tanto, la cantante nos deja una pequeña muestra de su próxima producción y que lleva por título “Darkhorse”.

En la canción, la cantante de construye su sonido anterior optando por brindarle a su sonido folk una oscuridad que desde sus inicios la ha caracterizado; sin embargo, es hasta la construcción de este nuevo álbum que esta característica circunda por toda la columna vertebral del disco.

“Darkhorse” cuenta con esa parte reflexiva e introspectiva de la oscuridad personal. La canción actúa sobre acordes menores simplistas y corrientes eléctricas que enlazan la suntuosa voz de Emma con un peso emocional que se percibe a lo largo de toda la canción. Al mismo tiempo, esta toca el tema de la superación, el cómo y el porqué comprender y abrazar las situaciones paralizantes que nos hacen ir más allá o retroceder a un espacio personal alienado, introspectivo y aislado en el transitar de superarse… O hundirse un poco más.

La letra es una dimensión visual que se torna un himno vigoroso y divino, aunque no necesariamente enalteciendo la libertad que cualquier persona podría – o debería – ostentar. De esta forma, “Darkhorse”, es una manera visual de representar la fuerza contenida que implica la presión de superar la expectativa de la sociedad.

Por otro lado, el sonido de “Darkhorse” se inclina hacia el aspecto del post-rock, insistiendo en la parte cinemática de su sonido al capturar la esencia más personal de la intérprete y proyectándola a lo largo de sus notas, extrapolándolas con una ominosa batería que se transforma en un muro alrededor de la voz de Rundle, que en vez de aprisionarla, le da más brillo. El sonido resultante es el de un rico esplendor “gótico” que viaja por atmósferas desconocidas para, una vez más, demostrar que Emma Ruth Rundle es muy buena en lo que crea e inventa.

DEAFHEAVEN – “ORDINARY CORRUPT HUMAN LOVE”

La música de Deafheaven no esta hecha para el día a día. No hay dos de sus cuatro discos que suenen igual, pero su estado de ánimo se identifica de inmediato. Ese es un lugar donde los temas importantes – el amor, la pérdida, el apocalipsis emocional, la existencia – se amplifican como la luz del sol a través de una lupa. Con esta temática de por medio, Deafheaven logra crear un caleidoscopio de los rincones más introspectivos de la música dura, esos que se caracterizan por los gritos torturados y los galopes de black metal que la banda logra agitar a través de las envolventes melodías del shoegaze, todo construidos con la paciencia celestial del post-rock. Uno no pone estos discos por casualidad.

Dada su inclinación por la gran inversión de calidad en sus discos, lo más extremo a cerca de Ordinary Corrupt Human Love, su nuevo álbum, es lo subestimado que es su sonido. Este es el primer lanzamiento del quinteto con sede en Los Ángeles que se siente más como una colección de canciones en lugar de un “todo” ininterrumpido. De esta forma expone matices de su trabajo que han mantenido en su periferia, pero que ahora, centralizan para dar más colores a su paleta de colores. “You Without End” es el tema que se encarga de abrir el álbum. Este florece desde las notas nacidas en un tenue piano para ir incorporando, poco a poco, filosas guitarras e instrumentos que dan un toque de tristeza a sus melodías típicamente explosivas.

Otras canciones incorporan cantos limpios en contraste con el característico aullido de George Clarke. “Night People”, donde Clarke canta junto a Chelsea Wolfe, es la grabación más espectral y más frágil que Deafheaven ha grabado hasta la fecha. Esta canción sugiere devastación sin ubicarse en el centro de ella, mas bien como un testigo que ve todo a su alrededor arder.

En los últimos años, Deafheaven ha atravesado varios golpes personales que ha  “enaltecido” en la creación de New Bermuda (2015), un esfuerzo inquieto e intenso que cita la depresión, la fatiga creativa y el abuso de sustancias. El bajista Stephen Clark se retiró de la banda una vez que terminó la gira para promocionar ese álbum. El guitarrista, Kerry McCoy, alcanzó la sobriedad tomando un refugio más metafórico mientras que Clarke se interesó en la fotografía al colaborar con Nick Steinhardt para crear retratos que ahora son parte del arte de Ordinary Corrupt Human Love.

Estos cambios de perspectivas, de lo vasto a lo ordinario, es el punto de quiebra para lo que Deafheaven propone con Ordinary Corrupt Human Love. En este álbum abundan historias poco glamorosas, examinando escenas íntimas que se apagan cuando nadie esta mirando. La voz penetrante de Clarke sigue evocando los niveles más altos del dolor humano, sin embargo, se ha vuelto más hábil al exponer una melancolía más sutil.

El resto de la banda coincide con Clarke en toda la visualización de su camino. Se han vuelto tan expresivos que temas como “Near” se vuelven canciones de cuna que arrullan el espíritu. La canción central del álbum, “Canary Yellow”, explora los ciclos epifánicos irregulares que le dan sentido a la vida. Es claro que a Deafheaven aún le encanta dejar su alma al descubierto. Funciona tan bien para un mosh-pit como para la banda sonora de una escena culminante en una película con argumento kafkiano. Así, el abanico de emociones y colores que manipulan es único en su tipo y logra que la banda parezca no estar interesada en crear un sonido de moda, pero si de nuevos contenidos y melodías.

A lo largo de una hora, Ordinary Corrupt Human Love se desenvuelve como una muestra imparcial de las fortalezas de Deafheaven y al igual que Sunbather (2013) y New Bermuda (2015), esta marcado por momentos fugaces de belleza pura. Muchos de ellos llegan gracias a las guitarras de Kerry McCoy que son una línea de comunicación directa e intuitiva que complementa la emoción ilegible de George Clarke. Algunos de sus mejores riffs se encuentran dispersos en “Glint”, un tema que evoluciona magníficamente cuando Clarke entrelaza visiones de dicha marital con fantasías de autodestrucción, demostrando que este álbum es una adición instantánea a su canon de éxitos, transitando por el ríspido, y sobretodo crítico, camino de la música pesada y el rock alternativo de los 90s, pero sin hundirse en el cursi e histriónico centro del diagrama de Venn. Que Deafheaven esté menos interesado en arriesgar el destino de su camino, sólo hace que sus éxitos se sientan más triunfantes y alejados de la ridícula y anticuada escena del black metal.

Siempre ha habido dos formas de escuchar la música de Deafheaven. Existe el enfoque pequeño, ese que consiste en diseccionar las influencias de la banda y navegar por su discografía como un mixtape sin un setlist definido. En Ordinary Corrupt Human Love se recuerdan las atmósferas de una amplia variedad de bandas en las que Deafheaven se ha inspirdado. En su anatomía musical encontramos a Slowdive, Smashing Pumpkins, Bathory y The Smiths, siendo sugeridos en varios puntos culminantes de su estructura melódica. Buscar estas referencias puede atraer admiración tanto como desilusión al intentar entender como todos esos sonidos se unen en uno sólo.

El otro ángulo para admirar a Deafheaven es el gigantesco, lo que beneficia especialmente a este álbum mientras te apartas y te rindes a su tormenta. Ordinary Corrupt Human Love es la música más bella y sutil de Deafheaven y apunta hacia un tipo diferente de trascendencia. Por todas las influencias que su música evoca, nunca confundirás estas canciones con ninguna otra banda. El título del disco se toma de la novela de 1951 de Graham Greene, The End Of The Affair, palabras pronunciadas por un narrador que se debate entre el amor y el odio. En lugar de sus obsesiones devoradoras, anhela algo benigno e ingobernable para reflexionar: El amor humano que prospera en los momentos en lo que lo extraordinario y lo común colisionan y se vuelven indistinguibles. Así y en busca de algo silenciosamente universal, Deafheaven no puede dejar de notar el pequeño milagro que es el humano, lo ordinario, lo corrupto y el amor en cada respiración.