CHEVELLE – “12 BLOODY SPIES – B•SIDES & RARITIES”

En 1999 Chevelle lanzó su primer álbum – Point #1 – desde ese momento, la banda oriunda de Chicago, ha construido un estilo y un nombre que a lo largo de 20 años le ha dado un prestigio y sonido inigualables que, actualmente, se encuentra madurando y descansando para su próxima producción, sin embargo en ese lapso, el trío se ha dado a la tarea de entregar 12 Bloody Spies: B-Sides & Rarities, una colección de material enlatado y regrabado dedicado a sus más ávidos fanáticos.

12 Bloody Spies da “continuidad” al fantástico The North Corridor (2016) y narra, a través de cada canción, con qué álbum de su historia esta vinculado. Así, el álbum en el que desenlatáron material no incluido en su discografía y otro lo volvieron a grabar, es un ejercicio interesante en el que uno se expone a las diversas épocas de la banda. Dentro de estas doce pistas Chevelle se posiciona de la misma manera que siempre lo hacen. Riffs tan sencillos que son complejos, actitud, un sonido vibrante y ese característico “crunch” de la guitarra de Pete Loeffler que se ha convertido en la marca de la banda.

El álbum abre con “A Miracle”, un tema que tiene todos los puntos necesarios para haber sido incluido en algún disco de la banda. Por alguna extraña razón no quedó en el corte final de ninguno pero la canción incluye ese dramatismo al que Chevelle nos tiene acostumbrados. Cuenta también con un tono sombrío y susurrante que revienta los oídos cuando el coro entra en contacto con los oídos. La voz de Pete ilumina con colores grisáceos las notas de su guitarra mientras que la batería de Sam Loeffler es suave pero potente y acompaña al bajo de Joe Loeffler (que dejó la banda en el 2005) para crear una canción increíblemente clásica.

“In Debt To The Earth” es un tema que crece poco a poco. El ritmo se va construyendo alrededor de la voz de Pete que logra un contraste bastante peculiar con la melodía de la canción. Casi a la mitad, el tema estalla para dar movimiento y fluidez a distorsiones que pintan el camino con una novedad ya conocida a toda la canción.

Una cosa que hay que resaltar del álbum es que incluye nuevas versiones de “Sleep Apnea” incluida en Sci Fi Crimes (2009) y “The Clincher” que forma parte del aclamado álbum del 2044 This Type of Thinking (Could Do Us In). Las dos canciones toman un acercamiento diferente pero fresco a cada uno de los temas, dotándolos de una nueva personalidad pero que no afecta su condición de clásicos.

Otra cosa, de las que hacen a 12 Bloody Spies, algo memorable es se siente como un LP nuevo. Todas estas pistas comparten características similares con las que los fanáticos se han familiarizado, y aunque cada canción proviene de una época diferente, el disco en conjunto fluye bastante bien.

El empaque, la presentación y el arte están tan bien pensados para el disco que Chevelle demuestra el énfasis y el cariño con el que esta lanzando 12 Bloody Spies. Con frecuencia, estas compilaciones pueden parecer un intento desesperado para sacarle dinero a los fanáticos, pero este se siente ingeniosamente organizado. Haciéndolo una pieza de colección para los fanáticos más acérrimos de la banda.

Chevelle sobresale con fantásticas vocales, letras afiladas y atinadas y una sección de ritmos vibrantes que pulsan en cada canción. Hay una gran cantidad de estas grandes características en todo este álbum y se entiende que ninguna de estas canciones son desechadas o recicladas, son temas originales, que a pesar de haber sido ya escuchados por la banda, presentan una novedad única.

12 Bloody Spies es el área gris entre un disco de éxitos y un nuevo LP. Si sacamos las dos nuevas versiones de viejas canciones y dejamos los 10 tracks restantes, el álbum podría funcionar como un álbum de estudio totalmente nuevo que le da a sus fanáticos una colección concisa de temas memorables que servirán de aperitivo mientras el nuevo álbum llega.

No hay duda de que aquellos que aman a Chevelle amarán 12 Bloody Spies y aquellos que aún no se han expuesto a su música – y deciden escucharlos – se verán atraídos totalmente a este sonido que evoca el pasado en un presente único que va creciendo hacia una nueva dirección.

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COHEED & CAMBRIA – “VAXIS • ACT I: THE UNHEAVENLY CREATURES”

Desde antes de lanzar su noveno álbum – Vaxis • Act I: The Unheavenly Creatures – Coheed & Cambria logró posicionarse como una fuerza cambiante del rock progresivo, capaces de crear momentos complejos, impresionantes y abrumadores. Su nuevo álbum sirve como un severo recordatorio de que la banda no piensa desvanecerse en mucho tiempo. El álbum tiene una buena dosis de sonidos clásicos, sumados a intrincados e innegables momentos de elocuencia novedosa donde Claudio Sánchez, una vez más, lidera las batallas libradas en The Amory Wars.

A pesar de lo agradable que fue su disco de 2015, The Color Before The Sun, este era un conjunto de canciones que para muchos, al no estar relacionadas con la historia que Coheed & Cambria viene narrando desde su concepción (The Amory Wars), fueron prescindibles por no decir decepcionantes. Por supuesto, cualquier banda que se jacta de alcanzar momentos más allá de lo creativo, tiene la libertad de probar cosas nuevas y las expectativas que esto conlleva. Sin embargo, el grandioso concepto de The Amory Wars que Claudio Sánchez ha integrado en la identidad del cuarteto neoyorkino, es la fuerza medular que se ha vuelto un valor atípico en el peso de la banda.

Por fortuna, la epopeya de este cuento de ciencia ficción que venimos comprendiendo a lo largo de 7 álbumes, vuelve con el siguiente capítulo de la historia. Vaxis • Act I: The Unheavenly Creatures funciona como el “inicio” de un arco literario completamente nuevo, al igual que lo fueron los álbumes precuela The Afterman: Ascencion/Descencion (2012 • 2013). Dicho esto, su enfoque se acopla como una narrativa quintaesencial del canon de la historia. En otras palabras, la banda todavía hace lo que hace inmensamente bien tanto en este nuevo álbum como en todos.

El álbum abre con un suave prólogo de piano que se va desvaneciendo en un susurro de lo que sólo podría describirse como un hombre de gran tamaño, con una voz bestial y que instaura la historia de dos creaturas. A partir de ese momento, el clásico Coheed & Cambria hace aparición en escena con “The Dark Sentencer”, que combina las voces de Claudio con las inquietantes frases de una mujer y un pegajoso coro que le dan contraste a las guitarras distorsionadas que activan las letras complejas, que siguen narrando y describiendo una historia más del vasto universo de The Amory Wars.

La canción que da título al álbum – “Unheavenly Creatures“ – cuenta la historia de un extraño escape mientras que la voz de Claudio Sánchez se amalgama en el coro con la orquestación que Travis Stever, Josh Eppard y Zach Cooper logran fabricar en un tema que hace que uno quiera despertar después de vivir algo horrible y que pudiese ser descrito como una pesadilla.

A lo largo y ancho del álbum, se cuenta la historia épica de dos creaturas, entretejidas a través de baterías potentes, rangos de voz variados e impresionantes teclados suaves que contrastan con la potencia de las guitarras. Así, si alguien duda del crecimiento y evolución de la banda, simplemente hay que mirar y escuchar “The Gutter”; una mirada al sonido clásico del cuarteto pero que se transforma en una colisión de distorsiones y melodías que pintan una paleta de color totalmente diferente en los matices del grupo. Una canción que es una promesa de algo nuevo y diferente de una banda que ya ha logrado y hecho mucho.

Sin lugar a dudas, Vaxis • Act I: The Unheavenly Creatures, captura todo lo que hace que la estética dinámica de Coheed & Cambria sea tan atractiva. Por ejemplo, “Toys”, con su constante e interminable crescendo, su prefiguración dinámica y su disonancia digital, es sumamente eficaz para establecer un tono ominoso y profundo. Del mismo modo, el extenso sucesor “All On Fire” evoca, pero no coincide, con gemas transformadas en himno de la talla de “Welcome Home” tema clásico incluido en Good Apollo, I’m Burning Star IV, Volume One: From Fear Through the Eyes of Madness (2015), eso si, la acción y el hipnotismo de los riffs pesados, esta ahí, en esencia y en técnica.

El multifacético “Black Sunday” es una herramienta que yuxtapone su aplastante primera mitad con su parte más melódica e inclusiva. Más adelante “Old Flames”, “Lucky Stars” y “Love Protocol”, muestran la habilidad del grupo para mezclar lo insulso de un sonido pop con deliciosas reflexiones fatalistas. Sin lugar a dudas, este álbum reúne el tipo de pesadez intrincada, odas densas y oscuras, con revitalizaciones intermedias que hacen que el trabajo de la banda sea un trabajo único.

Al final, Vaxis • Act I: The Unheavenly Creatures, es una continuación cautivadora de la saga de The Amory Wars. Cementa cuan relevante, idiosincrásicos y apreciables son Coheed & Cambria y aunque a momentos repiten una fórmula probada y verdadera, en lugar de agitar las cosas de una manera totalmente innovadora, nos damos cuenta que la química sigue siendo lo suficientemente distintiva y agradable para reconocer que la evolución esta ahí. En general, la manera en la que este álbum esta conjugado hace que tenga un comienzo bastante seductor que incita y anticipa al escucha para lo que será el próximo episodio de la banda.

THE BLACK QUEEN – “INFINITE GAMES”

 


Fever Daydream (2016), álbum debut de The Black Queen, colocó al trío californiano en el radar de la música con su seductora síntesis de synth pop, cold wave y un sonido preciso e industrializado que sólo podría haberse forjado en la escena new wave de los años ochentas. De esa manera mostraron una perspectiva compositiva emocionalmente intensa junto a una necesidad intrínseca de hacer las cosas a su manera. Greg Puciato, fundador de este acto, es una expresión de pasión e individualismo que actuó como gancho para muchos.

En Infinite Games, la banda reafirma su pasión y métrica para crear un ambiente oscuro, perturbador y lleno de una cadencia sexual que inunda el ambiente de un aroma distintivo junto a emociones que salen desde lo más profundo de Puciato, ya que durante los 2 años posteriores al lanzamiento a Infinite Games él se vio estremecido profesionalmente y personalmente, tanto por el robo de equipo como por haber experimentado cercanamente el suicido de Chris Cornell al haber estado girando con el. Así, Infinite Games es un acto de rechazo a retroceder ante la adversidad, es una declaratoria intención de sobrellevar lo negativo de manera infinita.

Infinite Games es un genuino trabajo de amor y un viaje expansivo hacia la esfera distópica de ritmos pulsantes, acompañados de un ambiente escalofriante y un minimalismo desarmado que incorpora más influencias y experimentación que su álbum debut (Fever Daydream).

En apenas dos minutos, “Even Still I Want To”, funciona como una distorsión de sonidos ambiguos que van labrando la brecha para el suntuoso “Throw Ino The Dark”, que evoca el sonido new wave de décadas pasadas y presentes. “No Accusations” y “One Edge Of Two” cuentan con las melodías más penetrantes y gélidas del disco, mientras las líneas de bajo que las adornan son palpitantes y rayan en el descaro del R&B. Ambos temas son los más centrados en el pop. La voz de Greg rememora a ese Trent Reznor de principios de los 90s: Destruido, deprimido y vocalizando junto a sintetizadores análogos que manifiestan la incomparable habilidad de The Black Queen para componer la exuberancia a través de sonidos forjados en un procesador de sonido.

A lo largo del álbum, Puciato muestra fragilidad en la voz, no por que sea un tipo “frágil”, más bien es su manera de preparar la escena para todo el álbum que se ve complementada con los ritmos y melodías de Joshua Eustis y Steven Alexander, mientras el ambiente gira y desorienta en cada cambio de canción, casi susurrando cada letra con fragilidad y tristeza.

Con esta línea planificada, The Black Queen lleva al oyente a lo largo y ancho de un paisaje onírico sonoro; a veces hay una sensación de inmensidad – tal vez una ironía que llama a The Dillinger Escape Plan – pero en este caso, el enfoque está en el borde de los sonidos expansivos del disco. Este se siente más enfocado y encuadrado en el borde de la propagación de un nuevo sonido que como un vorágine consume el silencio, llenando los espacios entre notas con metáforas que derriban al oyente.

La mayoría de los tonos electrónicos de Infinite Games se mezclan en una neblina auditiva. La propia edificación de las canciones impulsa ese énfasis. Por un lado, la voz de Puciato fluye, no es irregular y junto a eso, los instrumentos crean atmósferas más espesas a medidas de que el álbum va avanzando.

Al final, el vibe de Infinite Games, es una promesa de emociones que se mimetizan con la cimentación musical del disco, su técnica y su producción, mientras que el escucha es un catalizador para entender que no hay nada más abrumador que él mismo dentro de la ecuación del álbum y de cómo esto da como resultado a la banda sonora de sus poluciones nocturnas.

EMMA RUTH RUNDLE – “ON DARK HORSES”

El nuevo álbum de Emma Ruth Rundle, On Dark Horses, no pudo haber salido ni en otro año ni en otro momento más que en éste. Si bien muchas personas recurren a la música para escapar, no cabe duda de que el mundo que nos rodea se siente cada vez más amenazante y caótico; y On Dark Horses, es un intento por parte de la cantautora para describir esa sensación. El álbum es un ensayo de cómo coexistir con nuestros miedos, cosa que para Rundle, simplifica el vivir luchando de manera precisa, hermosa y destructora.

Los caballos, en forma metafórica y literal, forman parte intrínseca del disco. La dimensión visual que toman en el título del álbum y en sus letras es única. Rundle los describe a lo largo de sus canciones como bestias poderosas y hermosas, pero sin libertad. Así que “el caballo negro” (Darkhorse) trabaja de forma visual como una representación de una fuerza contenida que ganará la carrera o superará las expectativas de la sociedad y de ella misma.

On Dark Horses es demoledor y más que eso. Rundle ha construido paisajes sonoros titánicos que le permiten a sus emociones tomar todo el espacio que se merecen. Sin embargo, hay una sensación de control allí también. Estas canciones son catárticas, permiten que el miedo, la ira, y la soledad fluyan a través de ti en vez de controlarte. Mientras las canciones son meticulosamente construidas, la voz de Rundle es cruda y filosa, y ello ayuda a que sea lo que sea que hemos pasado, estemos pasando o estemos por pasar, sea más llevadero, sencillo y mucho menos explosivo.

Y así, mientras el último álbum de Emma, Marked For Death (2016) fue una pieza de arte excepcional que dictó el nivel al que la cantante quiso llegar, intentar hacer un seguimiento de un LP generacional es una tarea desafiante que muchos no logran, pero ella iguala el fervor e intensidad de ese disco con el igualmente temible pero devastadoramente hermoso On Dark Horses.

“Fever Dreams” abre el camino de la vereda del caballo oscuro. En este tema se revela la desesperanza de la mortalidad y como los sentimientos de desesperación y pérdida se transforman en una sensación de perpetua confusión. La atmósfera es austera pero apasionante, y a través de la densidad de los ritmos y las guitarras abrazadoras, Rundle llora sombríamente.

Sin embargo, a diferencia de Marked For Death, Rundle no permanece estática. La mayor parte del álbum relata la inquietud de los diferentes personajes y la búsqueda constante de encontrar un escape o, como se dice en “Control”, tomar posesión de lo que se puede. Un misticismo del desierto envuelve la pista, mientras un momentum musical y guitarras reverberantes llenan el espeso y cálido aire.

Después, Rundle arroja a los oyentes a los confines del Desierto de Mojave con el agotador pero impresionante tema “Darkhorse”. En lugar de un solitario vagabundo, Rundle dibuja en esta canción a dos viajeros cansados. Son hermanas que están buscando encontrar sus piernas nuevamente y superar el “horizonte de aguas oscuras” que se traduce a buscar la salida de un pasado traumático compartido. La composición de Emma – y las imágenes que crea – es magnífica, ya que mezcla la poesía con el cine.

“Races” es la canción más solemne. Esta ofrece un leve respiro de esa sinergia del folk y goth rock convergiendo en una hermosa sintonía. Un tono inquietante que coexiste junto a la guitarra cristalina y disonante zumbando en el fondo, y al mismo tiempo, la voz de Rundle se desgarra de una manera metódica e introspectiva. La historia del tema es aquella que habla de un amor que se ahoga en la noche, un amor olvidado y antiguo entre un hombre y una mujer que hacen de sus palabras, balas.

Incluso cuando Rundle aborda un tema común, lo pone de cabeza, lo deconstruye y le da muchos significados. En “Light Song” lo hace. Una balda de amor como ninguna otra. Rundle desencadena una aventura escabrosa, cinemática y legendaria. En esta canción la vocalista se ve acompañada de Evan Patterson, frontman de Jaye Jayle, dando un contraste vivaz a una danza musical que pretende describir un baile de cortejo entre el sol y la luna.

“Apathy On The Indian Border” es un himno político que comienza con un sonido pletórico que dibuja paisajes desconocidos e angustiosos. La voz y la letra están llenas de desesperación, furia y memoria. Esta historia recuerda a las familias que fueron desmanteladas recientemente por lo agentes de ICE y les da voz, forma, color y rostro a todas esas personas que han llenado de sufrimiento su sueño de tener una vida mejor.

El álbum llega a su fin con la emotiva “You Don’t Have To Cry”. La instrumentación es ligera y delicada, con la excepción del ocasional brillo de la guitarra. El remordimiento y la reflexión llenan la voz de Rundle, mientras conmemora a todos los jóvenes que fueron tomados demasiado pronto por se diferentes. Rundle, también, es diferente. Ella está creando un arte audaz, sombrío y meditabundo, pero al mismo tiempo, hermoso. Y aún más importante, ella esta contando historias que deben ser contadas, escuchadas y visibilizadas. Incluso en los momentos más terribles y en el más oscuro de los tiempos, ella encuentra algo de lo que se puede obtener fortaleza o aprender. Ella encuentra el dolor que nos inflige a todos, pero nos alienta a no simplemente huir, sino también, ser el remedio para la imposición para creer que no solo estamos montando un caballo negro si no que somos esa bestia.

THRICE – “PALMS”

Abre tu mente y acepta las posibilidades que se encuentran fuera del espectro del blanco y negro. Abre tus brazos en un abrazo cálido y unificador, abre tus oídos en nombre de Palms, el décimo álbum de Thrice.

Thrice es una banda que, como un gran surfista, ha recorrido muchas olas a lo largo de sus veinte años de carrera. Formados durante la preparatoria, para el año 2000, estaban lanzando su álbum debut – Identity Crisis – Sin embargo fue su tercer lanzamiento, The Artist In The Ambulance (2003), que los colocó en las listas de popularidad y los hizo ser un foco de atención por su innegable talento. En 2005, Vheissu continuó consolidando su reputación musical, junto con cinco álbumes más en los once años consiguientes, que van desde la oferta conceptual de 2007, The Alchemy Index Vol.I & II, hasta To Be Everywhere Is To Be Nowhere (2016) que está lleno de tintes políticos. Entre toda esa marabunta musical, hubo paréntesis, EPs, sencillos, álbumes en vivo y canciones poderosas, regalos gloriosos por parte de la banda que se ha encargado de ofrecer música de primer nivel a lo largo de toda su existencia.

Con Palms, que también marca su debut en Epitaph Records, el vocalista Dustin Kensrue, el guitarrista Teppei Teranishi, el bajista Eddie Breckenridge y el baterista Riley Breckenridge presentan una colección de 10 canciones realmente potentes y extraordinarias. Curiosamente, en esta producción, el cuarteto optó por dividir la producción; colocando los deberes vocales y de percusión en manos de Eric Palmquist (Mute Math, Bad Suns), las guitarras y cuerdas ellos mismos y entregando la mezcla del álbum al ganador del Grammy, John Conlgeton (St. Vincent).

El álbum abre con sonidos de Moog ochenteros sintonizados con la voz de Kensrue, mientras la banda lanza un apasionado recordatorio de lo que significa ser humano a través de “Only us”… No importa qué tan diferente quieras hacerte, todos somos uno y lo mismo. Al igual que con todo lo que Thrice toca, hay una intensidad y una fuerza sincera en esta canción, una abrumadora profundidad de sonido y una pasión febril en su intención artística. Sin duda, no se puede cuestionar su franqueza.

A continuación explotan con “The Grey”, una canción que habla a cerca del abrazo de esa zona gris que se encuentra más allá de las divisiones sociales, mientras que con “The Dark” la guitarra de Kensrue lidera la lucha personal contra nosotros mismos por el bienestar y la conservación del planeta. En este tema se cuenta con un coro de más de mil voces, fanáticos de todo el mundo que enviaros sus propios videos para ser incluidos en la canción.

En “Just Breath” hallamos un sonido más orgánico y de penumbra que se complementa con la bella y delicada voz de fondo de la cantante y compositora Emma Ruth Rundle. Así, este pequeño gran círculo, se expande hacia niveles inesperados haciendo del track algo totalmente atípico para la banda. Un sonido poco prolijo pero no por menos asombroso. Al mismo tiempo, “Everything Belongs” es un magnífico respiro del rock que permite a la banda deleitarse con una epifanía sonora verdaderamente brillante.

Con nuestras almas reabastecidas, comenzamos el viaje serpenteante hacia “My Soul”. Aquí, Thrice, produce un sensual blues que flota sobre los tímpanos como nubes en un cielo otoñal justo antes de que amplíen su sonido y lo lleven a través de la distancia que marca “A Branch In The River”. De forma distinta “Hold Up The Light” tiene algo sucio y fangoso en sus capas musicales que invita a sacudir las caderas, hacer headbanging y a llenar estadios.

Paralelamente la brillante acústica comienza con “Blood On Blood”, un fino vino que se desliza por el paladar con sus capas de sonido deliciosamente envejecidas. En última instancia, van por el gran final con el barrido cinematográfico de “Beyond The Pines”, un conjunto único que reúne esas guitarras maduras que brillan como diamantes junto a las escofinas filosóficas de Kensrue.

Algunas bandas disfrutan de reputaciones legendarias que nos dejan aturdidos, mientras que otras transitan ciegamente a través de distintos géneros para llamar la atención continuamente con su dominio técnico y su conocimiento sincero. Thrice se encuentra en esta última categoría ya que todo lo que tocan es digno de un estatus dorado. Palms, por lo tanto, no es diferente. Existe una vulnerabilidad espiritual en este disco y en Thrice también; una banda que posee la habilidad de poner todo en la línea lírica mientras que pone capas de musicalidad extravagante a través de su campo de vibrante unificación creativa.

Si bien en Palms no hay un grandilocuente himno al rock, el disco es una mirada limpia al espíritu de una banda que desea transmitir un mensaje de unidad en nombre de la música, de la humanidad y de ellos mismos.

ALKALINE TRIO – “IS THIS THING CURSED?”

Dejemos de lado todas las ideas preconcebidas, los prejuicios y el esnobismo indie por un minuto. En los últimos 20 años, la amalgamación impía de Jawbreaker-Misfits-The Ramones llamada Alkaline Trio, ha sido una de las voces más consistentes dentro de toda derivación del punk. Encuentren una banda contemporánea que, entre Maybe I’ll Catch Fire (2000) y Crimson (2005), haya lanzado cuatro discos que eclipsen a los otros lanzados por los oriundos de Chicago… Es imposible.

Is This Thing Cursed? Viene con el argumento de que fue un álbum escrito en el estudio, por ello las comparaciones con Maybe I’ll Catch Fire (2000) se desvanecen en un instante; no se trata de composiciones sencillas, llenas de enojo post-adolescente e instintivamente labradas en una habitación diminuta. En cambio, lo que tenemos es un retorno de la banda en toda la extensión de la palabra, además de que para el trío ha sido un paso completamente natural. Un detalle en esta nueva era que es importante resaltar es que, por primera vez la voz de Dan Andriano bajista de la banda, es más socorrida y utilizada a lo largo de todo el álbum.

“Is This Thing Cursed?” abre el disco y da nombre al álbum. Tiene un inicio con un suave piano, sencillo y que envuelve la estructura del intro de la canción antes de estrellarse con los galopes de Derek Grant y los acordes rítmicos de Matt Skiba. Al mismo tiempo, Skiba y Andriano intercambian versos y armonías de coro (una cosa nueva y rara para Alkaline Trio) y que vuelve más interesante la nueva tendencia musical que la banda esta tomando.

Esa noción de asociación es la clave de Is This Thing Cursed?: Cada músico ha tenido el tiempo necesario para construir su dirección en la producción del disco. “Demon In Division”, por ejemplo, comienza con algunos acordes de bajo por parte de Adriano que parecen haber sido escritos en los 90s y desempolvados para este disco, pero Skiba toma el core de la canción para llevarla a otro nivel. En producciones anteriores esa mecánica habría sido la regla en casi todas las canciones, pero en su lugar la banda ha funcionado como eso, repartiendo responsabilidades y siendo más abierta a la creatividad de sus propios integrantes. Esto es muy notorio al encontrar teclados sutiles, guitarras acústicas y al trío empujando las canciones a ángulos oblicuos para refrescar su ya clásico sonido. Mientras tanto, la batería de Grant, mantiene la energía en todo momento y es una presencia estimulante en todo el álbum. Que una banda de 20 años de existencia todavía encuentre nuevas formas de colaborar es inmensamente gratificante.

A lo largo de la primera década del siglo XXI, las letras de Skiba tuvo un declive, por lo que la banda se apodero de las letras de Andriano. Pero Skiba comenzó a redescubrir su toque en My Shame Is True (2013) y para cuando llegó a Is This Thing Cursed? el dominio de la creación de canciones lo regresó totalmente al vocalista. “I Can’t Believe” presenta el mejor coro que la banda ha logrado desde “Sadie” de Crimson (2005), mientras que “Sweet Vampires” y “Goodbye Fire Island” unen sus letras macabras y oscuras con un humor y comprensión de la melodía que no se escuchaba desde Good Mourning (2003).

Andriano también recurre a algunas de sus composiciones más fuertes en este disco. “Little Help” nos trae reminiscencias a Green Day y a “Im Dying Tomorrow”, canción de Alkaline Trio que describe la depresión, la apatía y la autodestrucción inducida por el alcohol y que se incluye en su álbum del 2001, From Here To Infirmary. “Worn So Thin” esta cortado de una tela similar, pero su narrador reconoce propia parte en la espiral inevitable hacia la ira. En medio de todo este nihilismo se encuentra “Stay”, su conmovedora admisión de culpa y deseo de reparación que actúa como un respiro y un recordatorio de que, el trío, ya no son las mismas personas que nos invitaron a meternos en una tina… con un radio.

En Is This Thing Cursed? No hay una disminución de calidad musical y creativa. En los 40 minutos que dura el álbum se van revelando pequeños toques que agregan profundidad a la experiencia auditiva. Desde las cuerdas del coro final en “Goodbye Fire Island” hasta los arpegios de “Heart Attacks” y la distorsión de “Throw Me To The Lions”, Is This Thing Cursed? Es una colección de temas sutilmente gratificante. Se puede argumentar que no se trata de un terreno musical nuevo, pero el estatus que Alkaline Trio ha cimentado a través de su reputación, como unos de los mejores compositores de este género, es más que evidente.

DEATH CAB FOR CUTIE – “THANK YOU FOR TODAY”

En “Gold Rush”, el primer sencillo de Thank You For Today, Ben Gibbard habla sobre las muchas formas en las que su natal Seattle ha cambiado en las últimas dos décadas, llorando recuerdos de edificios antiguos y momentos íntimos bajo las lámparas antes de sollozar: “Please don’t change, stay the same…” El video que acompaña al sencillo es una reinterpretación de “Bittersweet Symphony” de The Verve en la que se presenta a Gibbard siendo golpeado por transeúntes groseros durante un paseo diurno por un vecindario encallado en la ciudad fundada en el estado de Washington, todo para terminar atrapado en un mar de peatones enchufados a sus teléfonos.

Death Cab For Cutie es una banda conocida por su empalagosa sinceridad que, muy de vez en cuando, enseña los dientes para criticar la efímera vida moderna. Recordemos los momentos finales de “Amputations”, tema incluido en su primer disco Something About Airplanes. La canción muestra un discurso que dice más o menos así: “…In this modern day, we have instant coffee and instant tea—instant disbelief, that’s the reason we will never become anything…”

Pero mientras que “Amputations” es un remanente de aquella época en la que la banda editaba sus discos bajo el sello de Barsuk, su más reciente sencillo, “Gold Rush”, es uno de los pocos momentos en los que Thank You For Today encarna la manera en la que Death Cab For Cutie decidió hacer su música en los 2010s. Construido en torno a un sampleo de “Mind Train” de Yoko Ono, la canción se siente inerte en su constante galope, mientras que la voz de Gibbard es un poco espectral y zigzagueante. Thank You For Today marca el primer álbum de la banda en ser grabado en cinta magnética desde que cambiaron a su productor de casa: Chris Walla. Sin embargo, esta producción producida por el veterano Rich Costey (Muse, Interpol), hace que los 10 tracks que conforman Thank You For Today tengan un brillo competente, único y anónimo.

Si bien es tentador culpar completamente al productor (Costey) por los momentos más vacíos del álbum, la culpa inconfundible es de Gibbard y compañía. Las fallas del álbum son un subproducto de la tendencia de Death Cab For Cutie por confundir momentos líricos con momentos sonoros que influyen en la composición de la música y de las letras de Gibbard, haciendo que se llegue a un punto incongruente en el que algunas canciones no tienen la personalidad que musicalmente – o líricamente – se les quiso dar desde el principio.

Thank You For Today no es tan uniforme como Codes & Keys (2011) que es, sin duda, el álbum más fuerte de Death Cab For Cutie de la década de 2010. En Thank You For Today hay momentos que sugieren que Gibbard y el resto de Death Cab… todavía están luchando con la falta de mojo que ha ensombrecido su trabajo más reciente. “I Dreamed We Spoke Again” sufre de un procesamiento vocal junto a melodías a la deriva y una línea de bajo muy a la New Order que más que original parece un cover. “When We Drive” posee todo el encanto de un comercial de autos mientras que “You moved Away” sofoca sus reflexiones líricas de la vida pasada y esos temas nostálgicos que recorren las venas de todo el álbum.

La canción que cierra el disco, “60 & Punk”, es posiblemente una de las canciones más mordaces que Gibbard ha escrito desde el infame “Someday You Will Be Loved” incluido en Plans (2005).

Antes de Thank You For Today, han sido escasos los logros en lo que respecta a la obra de Death Cab For Cutie en los años 2010s, así que es un alivio que este último lanzamiento ofrezca algunas de las canciones más fuertes de la banda desde Narrow Stairs (2008), joya del indie pop que recuerda los días de gloria de la banda, aunque sea solo por unos minutos.

Luego está “Your Hurricane”, posiblemente la canción más adorable de Death Cab For Cutie en mucho tiempo. Una balada disfrazada de guitarras vintage y una emotiva toma vocal de Gibbard que puede entenderse como uno de sus mejores trabajos. Cierren los ojos y tal vez suene a un clásico. De esta forma se puede comprender que Gibbard todavía es capaz de estos momentos de seda sin sentirse a la deriva. Capitular la nostalgia es a menudo una elección estilística imprudente, pero quizás Death Cab For Cutie podría mirar hacía atrás un poco más en el futuro para comprender que el pasado no siempre tiene que ser un obstáculo, pero si, un buen lugar para descansar un rato.