WILL HAVEN – “MUERTE”

En lo más profundo de mi mente tengo a Will Haven archivada como una banda ruidosa, potente y en dónde convergen el hardcore, el sludge y muchas agallas. Sin embargo, una descripción tan incipiente como esa es obsoleta, considerando que el acto; originario de Sacramento, California, elimina las cualidades menos deseadas de los subgéneros antes mencionados para crear una fusión extremadamente satisfactoria.

Debido a la mezcla de subgéneros que Will Haven representa, y que a momentos parecen tan opuestos, la banda nunca se estableció como un acto meramente dentro del mainstream, por el contrario, siempre se mantuvo como una banda que era sólo para aquellos “conocedores” que sabían cómo desenterrar las joyas más míticas del sonido Californiano de mediados de los 90s. Sin embargo, la producción musical de Will Haven se mantuvo consistente y con calidad hasta estos momentos en los que la banda nos entrega Muerte – su séptimo álbum – en dónde a pesar de seguir ostentando un sonido áspero y provocativo, también redujo lo obtuso de su sonido para conceder una producción más refinada.

El álbum abre con la siniestra introducción “Hewed With The Bran”, un tema sutil y que en su crescendo choca con la disonancia del hardcore avivado por la violencia del metal. La batería que comanda Mitch Wheeler se matiza con los gritos de Grady Awenell, que con astucia, turban los riffs de Jeff Irwin y Anthony Paganelli contrastándose con la métrica del bajo de Adrien Contreras.

Otras canciones como “Kinney”, “43” o “Unit K” se embarcan en un camino rítmico contundente y decidido. Estas dan más color a Muerte mientras que piezas como “The Son” y “Ladwig No.949” se mezclan con la estructura dinámica del disco, logrando que cada canción incluya una gran cantidad de energía que se capitaliza de manera notable.

La crítica más evidente a Muerte, es el hecho de que muchas de las canciones se mezclan entre si y no hay melodías que enreden al escucha. Si bien existe una variedad de secciones rítmicas, el rango tonal del álbum permanece relativamente dentro del mismo espectro al que Will Haven nos quiere acostumbrar en este disco. Para contrarrestarlo hay un par de colaboraciones que hacen que el estado de ánimo del disco sea más inquietante. Stephen Carpenter, guitarrista de Deftones, agrega algunos riffs en “El Sol”, tema que cierra el álbum; mientras que Mike Scheidt, guitarrista y vocalista de YOB, añade drama con su voz en “No Escape”, haciendo que el territorio del hardcore se vuelva ecléctico y mucho más interesante.

Otro componente importante que permite que estas canciones sobresalgan es el uso de sintetizadores atmosféricos y una alta carga de noize, casi todas las canciones en Muerte tienen in momento o visualización consistente de esto. Los tracks que más notablemente usan estos elementos son “Winds Of Change” y “Now In The Ashes” En ambas canciones no pasa más de un minuto cuando el paisaje se llena de una energía fantasmal que agrega una capa adicional al sonido de estas, dibujando un paisaje sonoro que se detalla con sonidos atmosféricos que parecen haber salido de una película.

Si comparamos Muerte con el trabajo anterior de la banda – Open The Mind Discomfort (2015) – no suena estilísticamente diferente. Sin embargo, los detalles más finos como el uso de la voz, la producción y el manejo de atmósferas hacen que este álbum sea el disco más importante de Will Haven hasta el momento.

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