CRADLE OF FILTH – “CRYPTORIANA • THE SEDUCTIVENESS OF DECAY”

Cuando Cradle Of Filth lanzó Hammer Of The Witches (2015) hubo quienes rechazaron los elogios que recibió sin siquiera escuchar el álbum. Asumieron que cualquier comentario “positivo” era el resultado de 15 años de bajas expectativas. Pero resultó que los elogios estaban totalmente justificados. No sólo Hammer Of The Witches marcó el regreso de la vieja fórmula de Cradle Of Filth de hacer música, también, los acercó a un punto creativo que se asemeja a su trabajo en Midian (2000).

Si somos sinceros, las bajas expectativas que Cradle Of Filth despierta en la escena del metal y la nostalgia de una banda que lleva 26 años haciendo música, han desempeñado un papel importante en la creación de su más reciente producción: Cryptoriana • The Seductiveness of Decay, álbum que definitivamente hace que la banda regrese a un sonido clásico que a muchos “puristas” les parecerá más de lo mismo.

Cradle Of Filth es una de esas bandas especialistas en crear un concepto detrás de cada uno de sus álbumes. Desde hablar de Elizabeth Bathory hasta tomar de base el poema Paradise Lost de John Milton, Cradle Of Filth utiliza universos oscuros para inspirar sus historias y melodías. En esta ocasión el título que bautiza al álbum (Cryptoriana • The Seductiveness of Decay) habla de la forma lírica y artística del horror gótico de la época victoriana y cómo los victorianos se encaprichaban con lo sobrenatural y el hedonismo; mientras que el subtítulo, cimenta aún más la atracción por la muerte y el proceso prolongado de la auto-aniquilación.

De esta forma Cradle Of Filth, una vez más, demuestra que no tiene miedo de ser creativo y salir de la forma “común y corriente” de acercarse a la música extrema. Los británicos han sido autores de que durante los 90s popularizaran el black metal a través de sus elementos visuales y sinfónicos sin alejarse de las influencias clásicas del metal noruego, sin embargo, en estos días su estilo tiene más elementos góticos que los hacen ser una banda que polariza opiniones.

Y Cryptoriana • The Seductiveness of Decay no es la excepción. Este álbum lleva la mezcla clásica y moderna de su predecesor a un nuevo nivel. Es una verdad universal que Cradle Of Filth abre sus discos con una introducción con teclados sinfónicos y atmosféricos que envuelven al escucha en un momento específico, esta vez, “Exquisite Torments Await” comienza en silencio para después, en el primer minuto, acelerar a un galope lleno de riffs espesos, teclados y voces corales que se acompañan con los gruñidos de Dani Filth. Después de apenas dos minutos abre “Heartbreak And Seance”, tema en el que se destacan más las vocales y el coro pero sin dejar de lado de ser la pista más rápida del álbum.

“Achingly Beautiful” mezcla elementos sinfónicos grandiosos con secciones pesadas. Como comúnmente sucede en los discos de Cradle Of Filth, las canciones de Cryptoriana… son largas y épicas, mientras que el flujo de cada una de las canciones son cambiantes y evitan cualquier indicio de volverse monótonas ofreciendo una gran cantidad de riffs que sin esfuerzo viajan entre el thrash metal y el black metal. Las armonías de guitarra, a momentos, parecen inspiradas en Iron Maiden mientras que las percusiones, las melodías de los teclados y los solos de guitarra hacen un sonido multifacético que le brindan un upgrade a la idiosincrasia musical de los ingleses, haciéndolos sonar frescos y novedosos.

Cryptoriana • The Seductiveness of Decay contiene algunos de los mejores ensambles musicales en la carrera de la banda. Tampoco es exagerado decir que el álbum es el más consistentemente agresivo de su carrera. Este también cuenta con algunas de las canciones más complicadas de la banda al dibujar cambios dinámicos y tangentes rítmicas que la banda nunca antes había experimentado. Con este tipo de arreglos, Cradle Of Filth siempre ofrece una gran paleta de colores por escuchar. Desde esos teclados llenos de visualizaciones cinematográficas hasta las voces femeninas (incluyendo la de la exvocalista de Leaves Eyes, Liv Kristine en “Vengeful Spirit”) hacen de Cryptoriana • The Seductiveness of Decay un álbum equilibrado entre atmósferas eficaces y excelentes melodías.

Nadie esperaba que Cradle Of Filth sobrepasara las expectativas que trazó con Hammer Of The Witches, pero lo hicieron. A pesar de eso, todavía quedan muchas preguntas a cerca de la habilidad de la banda para seguir siendo vigente y sobrepasando sus propias expectativas. Cryptoriana • The Seductiveness of Decay es fácilmente el álbum más visceral, matizado y consistente de los ingleses en sus veintitantos años de carrera. Los riffs transgreden la excelencia, las melodías están maravillosamente bien desarrolladas y las voces de Dani Filth suenan mejor que nunca. Cryptoriana • The Seductiveness of Decay hace todo lo que su predecesor hizo bien, pero mejor, con más estilo y mayor convicción.

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GRAVE PLEASURES – “MOTHER BLOOD”

La amenaza de una guerra nuclear vuelve a surgir mientras dos egocéntricos pseudo líderes en extremos opuestos se enganchan con ridículas amenazas. Si el final de los tiempos esta realmente cerca y no tenemos control sobre él, ¿deberíamos simplemente surfear el Apocalípsis? El segundo álbum de Grave Pleasures (antes Beastmilk), Mother Blood, ofrecería una tétrica banda sonora para bailar mientras el mundo arde y los cuerpos se calcinan manteniendo una sonrisa perversa a medio derretir.

Mother Blood está cargado de imágenes apocalípticas en medio de un romanticismo salido de un oscuro corazón. “Doomsday Rainbow” es un moderno himno post-punk que gotea nihilismo que se intensifica cuando Mat McNerney repite una y otra vez su frenético coro “Our time is up!, Our time is up!, Our time is up!” mientras que los tímidos riffs que componen el track se vuelven paranoicos, el bajo y la batería permanecen firmes y precisos como un reloj atómico.

“Be My Hiroshima” es una canción pegadiza llena de adrenalina, death-rock y una cadencia digna de haber salido del BatCave de Londres en la década de los 80s. La canción aboga al amor que se desvanece en una nube con forma de hongo mientras que los amantes disfrutan ver al mundo destruirse.

El debut post-punk con el que Grave Pleasures se dio a conocer fue Climax (2013) mientras aún se llamaban Beastmilk. Esta banda, en aquel álbum, lograba una mezcla perfecta entre Danzig, The Chameleons, Gang Of Four, The Sisters Of Mercy y Bauhaus. Con todo este antecedente la banda logro melodías infecciosas y el mainstream presenció el nacimiento de una banda que ganó, casi instantáneamente, un centenar de seguidores. Poco después, Beastmilk, se transformó en Grave Pleasures y ahora que tenemos el beneficio de la retrospección, podemos darnos cuenta que el debut de Grave Pleasures ha sido como una transición para reajustar su sonido y volverse más honesto. Su sucesor, ciertamente, demuestra grandes referencias a Beastmilk e innegablemente la misma calidad de composición y corazón existen en esta nueva etapa de Grave Pleasures. “Joy After Death” es el claro ejemplo de esta etapa, un esfuerzo sonoro lleno de tintes clásicos del post-punk mientras que a la canción la rodea una esencia salida de la película Death Proof (Dir. Quentin Tarantino, 2007).

La yuxtaposición entre oscuridad y luz que se percibe en Mother Blood es esencial para la música de Grave Pleasures, detalle que se distingue en las letras y también en su diseño de portada donde divisamos a la Diosa hindú Kali, dadora de vida y de muerte.

Mother Blood es exactamente el tipo de álbum que Grave Pleasures necesitaba. El atractivo de Beastmilk esta de regreso, y pesar de que algunas canciones utilizan la misma fórmula para existir, el sonido de Grave Pleasures es más preciso, mejor trabajado y más uniforme hacia la dirección que la banda quería tomar, logrando que cualquiera de nosotros dance con los esqueletos siendo Mother Blood la droga de elección para disfrutar todos los placeres nihilistas que bailar sobre las tumbas puede ofrecer.

 

 

MOGWAI – “EVERY COUNTRY’S SUN”

Durante la última década los scores y soundtracks en los que Mogwai ha participado han amenazado con eclipsar sus lanzamientos de estudio. Tanto la música que escribieron para el documental de la BBC Atomic Living In Dread & Promise (Dir. Mark Cousins, 2015) y para el drama francés, Les Revenants (Dir. Fabrice Gobert, 2012), han logrado destilar la fuerza bruta de la banda escocesa, agregando sorprendente sutileza y gracia a su trabajo. De manera directamente proporcional, el escribir música de forma colaborativa parece ser un acto nato para el cuarteto que les libera de presión para hacer una declaración enorme a través de través de Every Country’s Sun y dejar que la trayectoria que tienen los guíe dentro del estudio.

A excepción del excelente trabajo que hicieron en el 2011 con Hardcore Will Never Die, But You Will, los trabajos más recientes de Mogwai han carecido de esa meticulosidad por la que la banda se hizo famosa. Desde esos ruidosos y enormes sonidos casi lo-fi que los hicieron importantes en sus inicios, hasta el histrionismo sónico del krautrock y la electrónica análoga, la banda se ha esforzado por encontrar un camino estable hacia el futuro. En Every Country’s Sun, su noveno LP, Mogwai encuentra su balance. Finalmente, los de Glasgow, están divirtiéndose, concentrándose y ensuciándose al hacer su música; esta vez, con un poco más de propósito e intensidad.

El álbum incluye temas bizarros que salen de la línea a la que Mogwai nos tiene acostumbrados. “Coolverine” repite muchos de los temas recientes de Mogwai: Frío, atmósferas electrónicas, mid-tempos, art rock y mucho New Order. “Party In The Dark”, sin embargo, es un éxito furioso – una gema de indie pop que cumple la promesa de un sonido futurista – en ese tema, la guitarra de Stuart Braithwaite nunca ha sonado más desnuda y melódica.

Pero en última instancia, estos tracks parecen lados b que han estado enlatados por años; son distantes, pensativos, bien producidos pero no comprometidos con la causa actual de Mogwai. “Sweeties Cerebro” es una canción ambivalente que fluye a través de olas de sintetizadores mientras que “Aka 47” dibuja un camino hacia el olvido lleno de sonidos salidos de una historia distópica. Sin embargo, en otros lugares, Mogwai suena como una nueva banda y en cierto sentido lo son. Ahora son un cuarteto después de la salida de John Cummings en 2015. “Battered At A Scramble” se convierte en una pelea instrumental entre un órgano y un solo de guitarra que nos recuerda a ese joven Mogwai que le temía a satán.

Desde cierta perspectiva, Mogwai se perfila como una nueva banda que intenta cargarse de energía con nuevos sonidos que bajo la producción de Davr Fridann, hacen resonar a la banda. Este regresa a trabajar con ellos después de 16 años tras haber producido Rock Action (2001) y como lo fue en su momento (Rock Action), Every Country’s Sun trata de emular sus guitarras ricas y cálidas. “20 Size” es un brillante pedazo de sonido que resuena con guitarras estrechas y tangibles a la par de que la batería de Martin Bulloch es una fuerza que guía al cuartero a través de conclusiones rítmicas potentes.

Every Country’s Sun es un resumen de la última década en la que la banda de post-rock ha sido perseguida por las mismas preguntas: ¿Ha logrado de manera significativa ir más allá de del sonido con el que han definido un género?, ¿han hecho algo genuinamente interesante?. La respuesta a ambas preguntas es si. Pero la verdadera pregunta para cualquier banda que lleva existiendo por más de 20 años, no es a lo qué juegan, sino cómo lo interpretan. Por lo menos en la mitad de su nuevo álbum, Mogwai juega por primera vez en años, con la misma convicción maliciosa que ha definido sus mejores discos. En el mejor de los casos, Every Country’s Sun, es impetuoso, sin pretensiones y una obra de volumen y violencia que nos hace recordar de dónde viene y cómo se inventó Mogwai hace veinte años.

 

 

ZOLA JESUS – “OKOVI”

Sobre la portada de su quinto álbum de estudio, Okovi, Zola Jesus esta empapada en una sustancia viscosa similar a la que oscureció su rostro en el frontispicio de su EP Stridulum (2010). El álbum, cuyo nombre significa grilletes en la mayoría de idiomas eslavos, también marca el regreso de Sacred Bones, disquera que alimentó y produjo a la cantante en sus primeros años y en la que ha lanzado todos sus discos a excepción de Taiga (2014). Zola Jesus, también conocida como Nika Roza Danilova, esperaba que con su lanzamiento de 2014 tocara el Valhala de la música “popular”, cosa que no sucedió pero que simplemente le provoco producir música más interesante, más pensada y mejor hecha.

Desde el lanzamiento de Taiga (2014), Danilova ha experimentado varios roces con la muerte: Alguien cercano a ella fue diagnosticado don cáncer, un amigo intentó suicidarse dos veces y ella misma se sintió atraída por el vórtice de la depresión. Okovi relaciona estas historias en repeticiones tanto metafóricas como directas. Danilova anhela suprimir los instintos suicidas de sus allegados en el tema “Witness” mientras que en “Siphon” insiste en repudiar la muerte, incluso, como un proceso natural de la vida del hombre. Estas apelaciones directas a los suicidas conjuntan las reflexiones más abstractas de Zola Jesus sobre la muerte y le dan un significado más complejo sin dejar de lado la simpleza con la que los expresa. Mientras que Taiga a menudo sacrificaba lo literal a favor de tener sonidos más potentes, Okovi es un álbum más dramático que es complicado de ignorar.

Incluso las narrativas explícitas de ficción como “Soak”, en las que Danilova canta como una mujer que decide suicidarse en vez de se asesinada, sobresalen entre los temas más ligeros del álbum. La canción, que transita sobre un cadencioso beat y un violonchelo, logra que Danilova se aventure en la piel del personaje Ophelia de Virginia Wolf, que muere ahogada. El gesto, una sinécdoque para la locura femenina, se siente como el intento de Danilova de externalizar su anhelo por morir, para conectarlo a un arquetipo mucho más antiguo que ella. Mientras ella habita la escena clásica de una mujer que se ahoga, también logra dotar al momento de una teatralidad al explicar que la muerte es algo mucho más ligero cuando se ve desde un escenario o detrás de un cristal.

Esta claro que Zola Jesus encuentra alivio al contar estas historias, pero también, provoca ansiedad, claro ejemplo es “Veka”; un tema oscuro que se regocija de su “gótico” beat y envuelve al escucha con sus múltiples preguntas sin respuestas que hacen eco al poema de Percy Shelley “Ozymandias” y su ilustración de futilidad al intentar construir algo que perdure.

La portada de Okovi difiere de la de Stridulum (2010) de una manera notoria. En lugar de que la sustancia viscosa cubra totalmente el rostro de Danilova, en Okovi, los ojos de la interprete han sido despejados de la suciedad. Ella mira ligeramente a la izquierda con tranquilidad e introspección. Si ponemos más atención, podemos observar que ella no se está ahogando en el aceite, en cambio, parece que el aceite esta sobre una fotografía de la intérprete, con círculos hechos a propósito sobre sus ojos para que pueda presenciarlo todo. Esto, en vez de una mancha, parece más una máscara que ella ha elegido usar. Tal vez el usar esta “máscara” es el mensaje de Zola Jesus para decirnos que todavía lleva los mismos grilletes que le han pesado durante los años, pero al menos ahora puede ver claramente a través de ella. Por todos sus oscuros significados y la muerte, Okovi, es un álbum que claramente se inclina hacia la luz.

BODY COUNT – “BLOODLUST”

Se necesita un equilibrio especial para cruzar la línea divisoria entre la autocompasión y la autoparodia, pero Tracy Marrow, conocido como Ice-T lo ha logrado con gran destreza. Desde el comienzo de su carrera en el hip hop con el álbum Rhyme Pays de 1987, Marrow ha saboreado el papel en el que personalmente se ha encajado como el embajador no oficial de Los Ángeles en el mundo. Como Marrow alguna vez le explicó a Arsenio Hall en 1989, su modus operandi ha sido pintar, intencionalmente, escenarios sobre exagerados en los que muestra al mundo lo que es la vida callejera, mientras que también desalienta a los jóvenes negros de perseguir una vida de crimen. En 1990, Marrow llevó el mismo acercamiento en su proyecto más ambicioso, Body Count, banda que fundó junto a Ernie Cunnigan alias Ernie C.

En un interludio del séptimo álbum de Body Count, Bloodlust, Marrow explica que el comenzó la banda para ofrecer a su eterno compañero y guitarrista de Body Count, Ernie C., un vehículo musical que le ayudara a expresar su amor por tres influencias clave: Black Sabbath, Suicidal Tendencies y Slayer, influencias que han bañado la carrera de Body Count con matices y sonidos sacados de la vieja escuela de la música dura.

Por su cuenta, Ice-T se ha mantenido vigente durante 17 años gracias a su papel del Detective Tutuola en la serie “Law & Order: SUV”. Pero la última vez que Body Count causó un verdadero revuelo, fue en el verano del 91 y del 92, primero como una sorpresa al ser una de las bandas abridoras de la gira inaugural del Lollapalooza y luego como la fuente de una acalorada controversia gracias a su canción “Cop Killer”. Desde entonces, la banda se ha repetido básicamente, casi convirtiéndose en un acto patrimonial antes de su época. En estos días, Body Count puede operar en un espacio cómodo que satisface los apetitos del público por el metal de la vieja escuela y el hardcore. Tan vigente y actual es que Bloodlust incluye un gran cover a “Raining Blood” de Slayer y colaboraciones con Dave Mustaine en “Civil War”, Max Cavalera en “All Love Is Lost” y Randy Blythe de Lamb Of God en “Walk With Me”.

Pero, de cierta forma, la controversia regresa gracias a los recientes incidentes de brutalidad policial que han sido capturados en video. Body Count está preparado para, una vez más, golpear fuerte lo políticamente correcto y hacer de lo cómodo incómodo. Así como “Cop Killer” resonó en su momento, en Bloodlust, “No Lives Matter” se vuelve una manera descarada en la que Body Count hace lo propio con un título que es una ironía al movimiento Black Lives Matter, mientras que también se vuelve un recordatorio de que el racismo esta muy vivo y que las élites del poder ven a todas las personas con desprecio inhumano.

No hace falta decir que a Marrow le gusta explicar las cosas. En Bloodlust suena como si estuviera narrando un segmento de Plaza Sésamo con profanidades y que sigue los pasos más clásicos del hardcore. Sin embargo, su estilo no ha cambiado ni un ápice desde entonces. Toda la banda mantiene la música bastante cruda que suena nueva y old school, y al mismo tiempo, Marrow logra que ese sonido hardcore y thrash no caigan en lo absurdo haciendo de Body Count.

Bloodlust plantea la importancia que Ice-T y Body Count tienen para el mundo, y más en el que ahora tenemos, complementando el mensaje con la capacidad única que la banda tiene de entregar mensajes inmortales, contestatarios y que reaccionan de manera adecuada ante una sociedad que lleva sus moralismos y acciones sociales a un extremo lleno de agresividad e incertidumbre, dónde por momentos, Body Count junto a su álbum Bloodlust, parecen ser la luz al final del túnel.

 

CHELSEA WOLFE – “HISS SPUN”

Como una hechicera renaciendo de las cenizas donde fue quemada, Chelsea Wolfe emerge de las profundidades de la oscuridad en su nueva producción Hiss Spun. El sonido que envuelve este álbum es una transición natural y fluida de la ominosa tormenta sonora que su anterior álbum (Abyss, 2015) fue. En Hiss Spun, Chelsea se acerca lo más que puede al metal como un elemento fundamental en su música, al punto de sonar como una versión gótica de principios de los 90s de PJ Harvey.

De hecho, en Hiss Spun, Chelsea Wolfe hace notar que ha adquirido la sabiduría necesaria para incluir ritmos pesados y riffs complejos a su repertorio musical, todo esto a través de las manos de colaboradores de la talla de Troy Van Leeuwen (QOSTA), Aaron Turner (Isis) y por supuesto Kurt Ballou (Converge), quien no solo produjo el álbum, si no que también se encargó de su grabación.

Hiss Spun es la pieza musical más pesada y conmovedora que Chelsea Wolfe tiene en su repertorio. Temas como “16 Psyche”, “Strain” y “Particle Flux” son cortes que incluyen toda la idiosincrasia del doom, aderezándolo con toques folk y momentos de armonías erráticas que establecen un claro romance entre la interprete y la música extrema.

En “Vex”, primer sencillo que se desprende de este álbum, Wolfe se acerca más que nunca a la esencia espiritual del Black Metal, un sonido con el que ha coqueteado en más de una ocasión, pero en el que jamás se había sumergido totalmente. Esta canción, inspirada en un extraño zumbido de las profundidades del océano es, en palabras de la propia cantante, una guía para descubrir las bestias que ahí habitan. En esta versión personal de ese sonido, se percibe un repunte de la emoción traducida en sonidos que se ven complementados con la guitarra estridente de Troy Van Leeuwen mientras que la voz de Chelsea Wolfe se cierne en el aire con melódicos falsetes que se quiebran con los bramidos guturales de Aaron Turner, creando una cacofonía equilibrada en la que Chelsea Wolfe parece estar en casa.

Así, los mejores momentos de Hiss Spun son aquellos que se refieren a las interesantes mezclas que Chelsea inventa en cada track junto al énfasis de transportar a los escuchas a los rincones más oscuros de su espectro musical, aliándolo con sus más inspiradas y desafiantes incursiones instrumentales.

Hiss Spun es un disco complejo y a momentos difícil. Tiene un sonido abrasivo que emana de los altavoces y que pocos se atreven a enfrentar; pero si lo hacen, tendrán la seguridad de descubrir momentos increíbles y música pensante que llena la atmósfera con la voz surrealista de la interprete norteamericana. Hiss Spun crea un ambiente que se relaciona directamente con las emociones mas fútiles y la lucha interior desesperada a la que todos nos hemos visto expuestos, lucha que se ilumina con densas historias y un imaginario único que solamente Chelsea Wolfe sabe dibujar a través de su música profética.

 

RISE AGAINST – “WOLVES”

Durante la última década, Rise Against se ha convertido en una banda de primer nivel en la escena del rock alternativo. Los de Chicago, Illinois que comenzaron como una banda de hardcore-punk, han evolucionado para sonar, a momentos, más alternativa de lo que solía ser para forjar un sonido único a lo largo de su trayectoria y ser una de esas selectas bandas que con su octavo álbum, Wolves, vuelve a la carga con un sonido melódico y que se aleja de cualquier estereotipo punk al que el cuarteto haya sido sometido.

Wolves abre con la canción que da nombre al álbum, una representación solida del estilo de la banda, que mezcla melodías sedosas con momentos duros y agresivos. “House On Fire” hace que las apuestas suban, logrando que la conjunción de Tim McIlrath, Joe Principe, Brandon Barnes y Zach Blair sea más homogénea que nunca, y mientras que un coro memorable parece contribuir a que esta canción se convierta en un clásico, “The Violence” es un claro llamado a nadar en contra la corriente de intolerancia que baña a la nación del norte.

Las canciones en Wolves son pegajosas y eso tal vez pueda hacernos olvidar lo políticamente cargadas que son. Tim McIlrath se ha encargado de expresar a través de estas canciones, espacios peligrosos donde la misoginia, el racismo, el sexismo y más, no existen. Donde la xenofobia es repudiada, los sentimientos tienen aire y las ideas no mueren. Wolves no intenta crear un espacio seguro, pero si un espacio peligroso para la injusticia.

“Welcome to The Breakdown” se mueve con facilidad entre versos de hardcore punk y momentos de grandilocuencia melódica. “Bulls…t” incorpora breves momentos de reggae con ese épico sonido de rock de arena.

La voz de MacIlrath aporta un enfoque variado a las voces al regular su sonido áspero con tonos más dulces como en “Politics Of Love” mientras que en “Far From Perfect” lleva al límite esa transición entre cantar y gritar.

Wolves consta de 40 concisos minutos de canciones fuertes y potentes. La segunda mitad del disco tiene grandes canciones como “Miracle” y “Mourning in Amerika”, temas que denotan de manera magistral el trabajo de producción de Nick Raskulinecz (Deftones, Mastodon) con el que logró amalgamar aún más el sonido de cada uno de los integrantes con el ímpetu y actitud de la banda.

Así, el cuarteto mantiene su sonido medular sin estancarse al incorporar diversidad a su sonido mientras que Raskulinecz le da un montón de atributos al sonido sin hacerlo demasiado simple. En conclusión: Wolves es una combinación de canciones pegajosas, potentes, llenas de pasión y mensaje que hacen reflexionar. Como todo lo que crea Rise Against.