65DAYSOFSTATIC – “NO MAN’S SKY: MUSIC FOR AN INFINITE UNIVERSE”

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Desde las profundidades del abismo la estática se escucha, intenta transmitir un mensaje desde el tono más oscuro del universo. Replicando como un satélite que busca en la infinidad de las galaxias mensajes que nos ayuden a entender nuestra existencia y a no sentirnos tan solos. Este es el verdadero cielo; aquel que se llena de cuerpos celestes que durante 65 días (o menos o más), no pertenece a ningún hombre… Pero a los dioses.

No Man’s Sky: Music For An Infinite Universe es el más reciente álbum de los ya veteranos 65DaysOfStatic, cuarteto inglés que ha logrado a través de su discografía, amalgamar conceptos, imágenes y sonidos que han logrado ponerlos sobre bandas del pedigrí de Mogwai o Explosions In The Sky.

En esta ocasión, 65DOS, se dio a la compleja tarea de emparejar el sonido único que los caracteriza con la aventura visual que representa el videojuego No Man’s Sky, un juego que pretende viajar a través de universos nuevos y mundos complejos vastos de flora y fauna… El hint del juego es que todo se crea en tiempo real; por lo que ningún universo, ningún planeta, ninguna criatura, ningún enemigo o nada dentro del juego prácticamente será igual a otra sesión en otra consola de otro jugador…

Con esta primicia, 65DOS, tuvo la oportunidad de incluir su distintiva fusión de post-rock y música electrónica dentro de la mística del juego, logrando un sentimiento de urgencia por explorar la inmensidad de este juego que crece y crece cada vez que se enciende la consola. El contexto, cómo tal, presentó una oportunidad notable con la que la banda logró hacer que su música se sintiera completamente diferente a lo que ya habían hecho con anterioridad.

Musicalmente, No Man’s Sky: Music For An Infinite Universe, no es tan diferente a pasadas producciones: Las canciones viajan de casi un silencio nulo a una saturación sónica abrumadora y potente. Los arreglos son precisos, los pianos y teclados drone dan un toque sutil a cada track mientras que el sonido general del disco se desenvuelve con la cacofonía que las guitarras diseñan a la par de los sintetizadores. A la par de todo esto, No Man’s Sky… tiene una vibra más cercana a la ciencia ficción que pudiese recordarnos a filmes como Solaris (Dir. Boris Nirenburg, 1968) o 2001: A Space Odyssey (Dir. Stanley Kubrick, 1968) logrando que ese esfuerzo cinemático que 65DOS siempre ha impreso en su música sea aún más notorio y espectacular.

El track “Asimov” se siente como una aventura épica con una batería hipnótica que te hace sentir como si estuvieras por despegar y surcar las pléyades. Mientras que “Monolith”, canción que abre el disco, presenta esa sensación de sentirse pequeño al conocer lo extenso que es el espacio.

El álbum en general tiene una estructura interesante. La primera mitad del álbum se sostiene por sí misma con alicientes musicales que dan una buena escapada mental. Sonidos espaciales con canciones que logran que este disco; también, funcione fuera del universo en el cuál fue concebido.

Mientras tanto la segunda mitad de No Man’s Sky: Music For An Infinite Universe tiene una forma más libre y más adaptable a lo que se buscaba en un principio con el disco. Los tracks son más largos, atmosféricos  y se balancean de manera extraña para hacer de los silencios un preámbulo para momentos más intensos que pintaran la exploración espacial como una cotidianeidad terrenal.

Sin duda No Man’s Sky: Music For An Infinite Universe es un soundtrack atípico, ya que también la música del juego se irá creando de diversas formas para dar una experiencia única al videojugador, sin embargo, el trabajo logrado por 65DOS hace de este disco un contexto que funge de introducción al mundo que se irá creando en cada consola, haciendo que cada particularidad de los sonidos del juego este cimentada sobre una base sólida y que no se había escuchado o visto en el mundo de la música ni en el de los videojuegos.

BAT FOR LASHES – “THE BRIDE”

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A momentos idealizamos las relaciones y las enaltecemos tanto que se hacen una tragedia Dantesca en la que, a veces, perdemos el hilo de lo que realmente estaba sucediendo en una relación como cualquier otra y que puede ser tan sencilla como complicada. Natasha Khan hace lo propio en su álbum conceptual, The Bride, donde decide explorar los ideales de una relación y sus vicisitudes.

The Bride más que ser una tragedia en la que el novio abandona a la novia en el altar o escapa con alguien más, detalla la muerte de este en un accidente automovilístico cuando se encamina a la ceremonia nupcial. La historia de Khan consigue reunir la angustia y la furia de novias que han experimentado eso y que a ello se le suma la reflexión y el descubrimiento que implica una parábola trágica como la planteada por Bat For Lashes.

Este cuarto álbum le da a Nathasha Khan la tarea de emparejar las cualidades fílmicas que destacaban en Fur & Gold (2006) y Two Suns (2009), con la madurez de The Haunted Hand (2012). Haciendo que The Bride brille por ser un disco que en vez de tener éxitos rítmicos y pegajosos, opta por ritmos más lánguidos que se adaptan a una narrativa de la historia que, al final, recompensa al escucha.

“I Do” abre el disco siendo la antesala del downhill que se viene… Un recuerdo efímero que se hace sonidos e imágenes en el momento en el que el novio pierde la vida, y junto a él, las ilusiones de la novia y con ello, Khan abre un imaginario con su voz que entre el dolor y la serenidad encuentra la resolución necesaria para seguir adelante.

“Never Forgive The Angels” es sombría y melancólica mientas que “Widow’s Peak” postra a la novia en un ritual de purificación en el que las palabras sobran y faltan. “I Will Love Again” es sencilla pero trascendente al ser un tema que recae en el sentido más emocional de la situación que plantea el álbum.

The Bride, sin duda, es un disco que no contiene los elementos más básicos en los que Natasha Khan se ha enfocado a lo largo de su carrera, pero es un paso adelante en su música, en su producción y en la forma en la que se acerca a contar una historia que puede ser personal para muchas personas, pero desde su perspectiva.

DESCENDENTS – “HYPERCAFFIUM SPAZZINATE”

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Todo empezó como un viaje a la universidad en el que nadie se imaginaba que Descendents crecieran y maduraran. El “Peter Pan” del punk se ha dedicado a escupirle a la adultez por casi 40 años y que mejor que recordar títulos de canciones como “I Don’t Want To Grow Up” y “When I Get Old” para constatar la condición musical y de actitud que esta icónica banda ha mantenido a través del tiempo.

Ahora que Milo Aukerman, Bill Stevenson, Karl Alvarez y Stephen Egerton han regresado con Hypercaffium Spazzinate parece que ese sentimiento de desadaptados sociales, con el que más de uno nos hemos identificado, ha regresado acompañado de esas letras jocosas, reales y poco convencionales acompañadas de ese punk único que sólo logra que quieras tomar una patineta y surfear el asfalto.

El punk significa muchas cosas diferentes para muchas personas diferentes, pero la estimulación y esa energía que produce siempre ha sido parte de su núcleo. Aukerman canta en “Feel This” un himno que se traduce al sentimiento de sentir, de percibir cada uno de los detalles de la vida y de los rituales que uno mismo se inventa… Descendents pueden rechazar la manera en la que la madurez los acecha como un vampiro escapa del sol, pero en su música, nos percatamos de que saben que la vida es un viaje con altas y bajas pero que han sabido aprovechar cada momento para volverse un ícono.

Hypercaffium Spazzinate muestra una versión de los Descendents que es más adulta en cuanto a su look, pero audiblemente pareciera que siguen siendo esos chavales que tocaban sin saber tocar en un garage “Im The One” o “My World”.

Algo de lo más divertido de Hypercaffium Spazzinate es que en el álbum, Descendents reconoce su legado e incluso hace mofa de él. “No Fat Burger” es una respuesta directa al EP de 1981 Fat que celebraba el exceso de comida rápida con temas cómo “I Like Food” y “Weinerschnitzel”… Y en esta ocasión, Aukerman habla de comer más sano, en lo que podría ser, la primera canción punk que se ha escrito sobre el abuso de carbohidratos y colesterol.

“Without Love” nos trae un inminente sentimiento al que Descendents ya nos tiene acostumbrados: Ese amor imposible, pero que después de algunos años, es real y se busca su cuidado y permanencia. “Fighting Myself” tal vez sea el track que más nos remonte al pasado, su ritmo, la voz de Akerman y esa actitud despreocupada es lo que hacen de esta canción un hito que a los más recalcitrantes fans de la banda les pintará una sonrisa.

Sin duda, Hypercaffium Spazzinate es similar a muchos álbumes de Descendents, musicalmente y en cuanto actitud, pero en realidad es un paso fresco en la dirección correcta en la que Descendents solo nos enseña que el punk siempre estará ahí a pesar de que todo comience a decaer.

THRICE – “TO BE EVERYWHERE IS TO BE NOWHERE”

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Hay bandas que cuando se separan o deciden tomar un break no regresan; o si lo hacen, regresan sin ese mojo que en un principio los hizo escribir la historia que los transformó en quienes son. Con Thrice pasó que después de 4 años de descanso, la banda regresó con una nueva actitud, más madura y más enamorada de su propia música para hacer de To Be Everywhere Is To Be Nowhere un álbum que cubre tanto las necesidades de la banda cómo de sus más exigentes seguidores.

En el advenimiento musical, de este su noveno álbum, pareciera que Thrice nunca se fue, que siempre estuvo ahí y que el tiempo que se tomaron para descansar simplemente les dio las energías necesarias para escribir un álbum que es más artesanal que otros, lo que es inspirador e inesperado.

“Hurricane” abre este disco, una canción catártica en dónde la voz de Dustin Kensrue converge furicamente con la música que Teppei Teranishi, Eddie Breckenridge y Riley Breckenridge crean para recordarnos esa esencia potente que Thrice lograba en discos como The Artist In The Ambulance (2003).

Thrice se mantiene cómo una banda intoxicante, y mientras To Be Everywhere Is To Be Nowhere podría estar compuesto enteramente por canciones que abogan al post-hardcore para complacer a sus fans, el disco construye un sonido que si bien se basa en la esencia principal de la banda, también los lleva a nuevos niveles creativos y cómo músicos para crear un minimalismo musical que por ello mismo se enaltece. “The Window”es como si Radiohead estuviese enojado y no tuviese tanta languidez dónde Eddie brilla por la manera en la que ejecuta el bajo, dando una dinámica sutil que se une en la vida adulta de Thrice.

Y dentro de ese espíritu, To Be Everywhere Is To Be Nowhere también tiene momentos ambientales como se escucha en “Seneca”, canción que funge como el precursor perfecto para introducirnos a “Black Honey”, el track más potente del disco, canción que brilla por el tecnicismo y el acompañamiento atmosférico que toda la banda logra. Tema que brilla por el timbre que Kensrue maneja desde Major/Minor (2011) y que brilla en “Stay with Me”.

Thrice siempre ha tenido una capacidad innata para hacer música lo suficientemente pesada para un mosh pit, pero al mismo tiempo, bastante cerebral para revelar más de ellos mismos a través de cada canción. “Whistleblower” fortalece esa dinámica. El álbum cierra con “Salt & Shadow”, un experimento que cuenta con capas de armonías, instrumentación etérea y una calidad inquietante. La mayoría de las bandas no serían capaces de iniciar un álbum con guitarras tan potentes y cerrarlo con una línea de piano sutil y delicada, sin embargo, este tipo de versatilidades siempre ha estado en el núcleo de Thrice y que se enaltece en este pequeño triunfo llamado To Be Everywhere Is To be Nowhere que deslumbra por su existencia y su ejecución.

WALLS OF JERICHO – “NO ONE CAN SAVE YOU FROM YOURSELF”

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Ocho años de ser implacables, ocho años desde aquel brutal The American Dream y ocho años de espera para poder lanzar el puño a un muro al escuchar el más reciente lanzamiento de Walls of Jericho, No One Can Save You From Yourself. Álbum que marca el regreso del quinteto originario de Detroit conformado por Candance Kucsulain, Chris Rawson, Mike Hasty, Dustin Schoenhofer y Aaron Ruby.

Más allá del hiatus que tomaron, de los cambios de integrantes o de la espera por un nuevo álbum, Walls Of Jericho retoma en No One Can Save You From Yourself esa actitud despreocupada y agresiva para gritarte a la cara lo que piensan; sin reparos, y de la manera que sólo ellos saben hacer.

Walls Of Jericho retoma el camino justo dónde lo dejaron. The American Dream (2008) tomaba la política norteamericana como un conjunto de arbitrariedades sociales muy claras… Y por lo que representa No One Can Save You From Yourself, el álbum no pudo haber salido en mejor momento. Y sin ser demasiado específicos, Walls Of Jericho transmite ese mensaje, haciendo añicos la política en un año electoral que es crucial para la sociedad estadounidense.

El disco abre con un intro en el que se escucha una transmisión del presidente americano imponiendo ley marcial, inmediatamente los dientes se parten con la patada sonora que es “Illusion Of Safety” que podría ser un himno a la situación actual que se vive en aquel país en cuanto a cómo se imparte la ley y cómo las minorías; bajo ese esquema, son las más desprotegidas. Fuera del mensaje que el track tiene, el sonido tiene una reminiscencia a su último disco, sin embargo, es más crudo, más visceral y más hardcore.

Dos canciones enormes que aparecen en este álbum son “Fight The Good Fight” y “Relentless”. La primera es un claro grito de guerra que se engalana con la frase “… Fight or die, that’s how I want to live my life”… Y si bien no todos vivimos en condiciones complejas, el mensaje de raíz, es vivir haciendo lo correcto, no lo que nos dictan hacer. “Relentless”, una de las canciones más potentes del disco, se inspiró en la lucha de un hombre por recaudar dinero para su amigo con cáncer y esto dio un resultado inesperado ya que la banda se relacionó directamente con la asociación HopeKids.

No One Can Save You From Yourself cierra con “Probablly Will”, canción dónde Candance demuestra que no sólo es una gran frontwoman llena de actitud, gritos e intensidad; sino que también puede cantar y encontrar es parte durmiente de la agresividad que puede percibirse desde otra perspectiva. Tal vez la canción pueda ser como un bálsamo que sirva para curar las heridas después de meterse en un pit de hardcore, del que les aseguro, no saldrán librados.

El álbum adquiere un sonido más duro que el metal, más abrasivo y más directo siendo hardcore y alejándose de esfuerzos anteriores que los catalogaban en el metalcore. Tal vez Walls Of Jericho no demuestran mucha evolución musical, pero en cuanto actitud, es de las agrupaciones más sinceras y directas que puede haber.

GONE IS GONE – “GONE IS GONE”

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Cada vez estamos acostumbrados a encasillar a ciertos grupos bajo el sinónimo de “superbands”, cuando en realidad, son sólo un grupo de músicos tratando de canalizar su creatividad en otras vertientes, que si bien son cercanas a su estilo medular, les da la oportunidad de experimentar cosas diferentes a lo usual.

Ahí tenemos a Chino Moreno, vocalista de Deftones, hacer lo propio a través de Team Sleep, Crosses, Saudade y Palms o Maynard J. Keenan con A Perfect Circle y Puscifer. Esfuerzos musicales que no sólo hablan de lo creativo que pueden ser estos frontman, pero también, los diferentes acercamientos musicales que pueden tomar.

En esta vertiente encontramos a Gone Is Gone, banda conformada por Tony Hajjar (At The Drive In), Mike Zarin, Troy Van Leewen (Queens Of The Stone Age) y Troy Sanders (Mastodon). Los dos primeros se dedicaban a hacer música para películas en sus ratos libres, pero buscando llevar a otro nivel la música que hacían, decidieron invitar al bajista de la banda originaria de Atlanta y al guitarrista compañero de Josh Homme. Así se forma Gone Is Gone, banda que hasta cierto punto repite la misma fórmula de hacer dreamteams musicales, que después de un gran álbum, quedan en el olvido… Como le sucedió a Dave Grohl y su increíble Probot.

Sin embargo, Gone Is Gone, es una banda que puede rebasar las expectativas del escucha y trascender. La banda presume a cuatro de los músicos contemporáneos más experimentados y lo demuestran cabalmente en su EP homónimo.

El EP es lo que se podría esperar de estilos tan variados, logrando que cada uno de los integrantes deje su zona de confort, para incursionar en sonidos como el shoegaze, hardcore y hasta post punk. Gone Is Gone logra ser una ecuación perfecta en la que cada una de sus variantes inspira a la otra, mostrando que el esfuerzo en conjunto da frutos tal como el primer sencillo, “Starlight”, lo señala. Esta canción es el ejemplo de cómo cada uno de los componentes de Gone Is Gone se aleja de su estilo principal. Las guitarras de Van Leewen son más brillantes y precisas que en QOTSA, la voz de Troy Sanders, a pesar de sonar igual que en Mastodon, inunda con una melancolía etérea y Hajjar y Zarin permean lo anterior con atmósferas y sonidos que hacen un universo único.

Una de las cosas más destacables de este EP es la atmósfera. Esa es la clave del primer lanzamiento de Gone Is Gone: “One Divided” es un track enteramente sludge pero con un ambiente diferente, más lúgubre y desolado, mientras que “Praying From The Danger” es como si Mogwai le pusiera letra alaguna de sus canciones. Todos esos detalles hacen de este EP un viaje a través de diferentes atmósferas, cada una posándose sobre cada uno de los estilos de los integrantes de la banda, pero funcionando de manera harmónica.

Gone Is Gone, como un acto, puede ser más que la suma de sus partes. Si ponen estas piezas juntas se construye una edificación más cohesiva y que sin duda es, por momentos, más completa que las bandas anteriores de sus integrantes.