HELMET – “DEAD TO THE WORLD”

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Para muchos, nadie en el mundo suena ni se acerca al sonido de los ya legendarios Helmet. Desde Nueva York, la banda comandada por Page Hamilton, ha sido una de los grupos que han sabido mezclar el rock clásico, el rock alternativo, el punk y el metal en una sociedad que desde 1989 le ha dado al grupo una solidez pocas veces vista.

Este año, con Dead To The World, Page Hamilton y la alineación que desde 2011 lo acompaña, han decidido intercambiar la visceralidad sónica que se notaba en álbumes como Strap On It (1990) o Meantime (1992), para comprometerse con melodías vocales que le dan un matiz diferente a la agrupación. De esta manera, Dead To The World, se transforma en una rareza dentro del catálogo de Helmet. No se aleja del núcleo del sonido de la banda, sin embargo, es una bestia encantadora llena de sonidos fuertes que reafirman la condición legendaria de Hamilton dentro de la música alternativa.

Dead To The World ofrece un colección de canciones concisas, bien escritas y que a menudo, son vocalmente impulsadas fuera de la zona de confort en la que la banda se instaló con Monochrome (2006). Esto tal vez solo quiera decir que la banda halló la fórmula para seguir siendo vigente y convertirse en un activo en vez de un obstáculo para si misma.

Hay una enorme cantidad de influencias en este álbum, tanto personales como musicales. En temas como “Bad News” o “Life Or Death”, encontramos la opinión personal de Hamilton ante la decepción política que ha sido nota en los EE.UU. durante los últimos meses y que se enriquece con el enojo, frustración y despecho que Helmet mantiene en sus letras. Pero si escuchamos más a fondo, encontraremos influencias que van desde Pink Floyd hasta Alice Cooper pasando por Stone Temple Pilots y Smashing Pumpkins, lo que no es novedad ya que estas bandas son contemporáneas de los neoyorkinos, pero tal vez por primera vez, la banda se atreve a incluir algo de ese sonido en su ADN.

Helmet también añade una novedad a Dead To The World: El uso de sintetizadores. Estos dan un efecto musical diferente en canciones como “Dead To The World” o “Look Alive”. Si bien este sonido le quita un poco la crudeza a Helmet, logra que sea más fácil de escuchar y la dota de más profundidad y un énfasis más comprensible al mensaje del álbum y l a banda.

Es alentador notar que el invento de Page Hamilton alcanza nuevos modos de expresión a través de Dead To The World y es confortador que después de hacer una contribución tan indeleble a la manera en la que el rock duro ha adoptado un nuevo lenguaje, este siga demostrando la confianza que tiene sobre el estilo que él inventó.

SÔBER – “VULCANO”

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Vulcano, el álbum más reciente de los madrileños de Sôber, se caracteriza por estar repleto de emociones y galopes rítmicos que hacen de este disco una pieza maravillosa de hard rock que supera a producciones anteriores cómo Superbia (2011) y Letargo (2014).

Fieles a su estilo, los hermanos Escobedo, acompañados de Antonio Bernardini y Manu Reyes, logran armar en once canciones un recorrido a través de esas emociones tanto sencillas como complejas que atormentan a cualquier persona con suficiente sangre en la cabeza y calor en el corazón para dejarse llevar. Vulcano es un álbum capaz de recorrer el presente, el pasado y el futuro de Sôber. Entre riffs potentes, baterías veloces y voces que acogen al escucha, Sôber logra crear momentos de intimidad y familiaridad que difieren de cualquier otro período de ímpetu de la banda, y vaya que la intensidad los caracteriza, siendo una de las bandas más dinámicas sobre un escenario.

“Enterrado” es similar a lo que Paradysso, allá por el 2002, quería manifestar musicalmente. Una voz intensa y melódica por parte de Carlos Escobedo acompañada de los acordes complejos de su hermano Jorge. Este es uno de los puntos más eficaces de una banda como Sôber, la manera de llevarnos en un viaje a través de su historia con cada canción sin perder la frescura y novedad. Sin embargo, “La Escalera”, denota un momento más íntimo y descarado de Vulcano, una senda en la que la banda se atreve a seguir haciendo melodías potentes pero acercándose un poco más a la crudeza que en Morfología (1999) los definía.

A pesar de lo clásico que puede ser Sôber, incluso en producciones nuevas como lo es Vulcano, también encontramos momentos arriesgados y que distan de ese color que los españoles manejan a la perfección. “El Viaje” extrae el ambientalismo del post-rock para hacerlo parte del fervor del hard rock, la composición es diferente y la narrativa de la canción también, crescendos de poder mientras al fondo se siente una atmósfera letárgica que genera mirar hacia una dirección diferente en la que Sôber quiso apuntar en esta canción. Sin ser balada, sin ser un potente track, Sôber logra en este tema un momento que lo aleja de toda su historia y lo dispara mil años luz al futuro.

En “Papel Mojado” encontramos guitarras compenetradas, bien ensambladas y que logran dibujar melodías preciosas alrededor de la voz de Carlos Escobedo; mientras que “Estrella Polar” se convierte en uno de esos clásicos cortes de Sôber que ya hemos escuchado en canciones como “Náugrafo” o “Letargo” dándole ese toque de balada a un disco que cierra de manera brutal con “Magnolia”, una canción cargada de un groove metalero que va de menos a más con un magnetismo sonoro que rodea al escucha con mucha distorsión y le da un respiro con un estribillo melódico y pegajoso.

Vulcano es un álbum que sigue marcando la evolución y consolidación de Sôber, una banda que fiel a su estilo, ha sabido encontrar los momentos más importantes para renovar su sonido y convertirse en una banda que merece larga vida y prosperidad.

METALLICA – “HARDWIRED… TO SELF-DESTRUCT”

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En un nuevo amanecer para la música pesada en el que intrépidas bandas se atreven a redefinir el metal, ¿Cómo la banda más renombrada del género puede mantener su relevancia? A la velocidad a la que vamos y en la forma en la que la música de todo género progresa debemos preguntarnos si habrá un lugar en el futuro para Metallica fuera de los libros de historia. A este ritmo, dónde la definición del género continua expandiéndose en relación con lo que solía ser a principios de los 80’s, ¿puede Metallica mantener el paso? Hardwired… To Self-Destruct puede ser la respuesta.

Atrapando a los oyentes rápidamente, Hardwired… To Self-Destruct se abre paso reintroduciendo los mejores elementos de la banda. “Hardwired” y “Atlas, Rise!” son bestiales. Estallan de vitalidad. La primera es un ejemplo de cómo, después de tantos momentos de tormento, la banda logró trabajar como tal, esa conjunción que desde Master of Puppets (1986) no se escuchaba. Mientras que la segunda, es masiva, con grandes elementos melódicos y uno de los coros más pegajosos en todo el catálogo de Metallica. Los riffs de “Atlas, Rise!” tienen un impacto serio gracias a la batería de Lars Ulrich, que sin mucha novedad, sigue siendo la seguridad rítmica de la banda, mientras que el solo de Kirk Hammet es jactancioso y épico, dando a entender que la banda esta en el mismo barco remando hacia la misma dirección.

Pero entonces, las cosas comienzan a desmoronarse desde el núcleo del álbum. La voz de James Hetfield, por momentos, suena titubeante y evita que canciones cómo “Now That We’re Dead” se conviertan en clásicos. “Confusion” comienza queriendo ser un tema progresivo y complejo pero tropieza con su progresión de acordes fuera de lugar y a esto le sigue un paso en falso llamado “ManUNkind”, con corpulentos riffs bluseros y cambios de tiempo en los que pareciera que cada integrante de la banda pareciera estar en desacuerdo; es como si esta se constituyera de 4 ideas diferentes que no pudieron converger.

Desde ese punto, todo se convierte en un downhill. “Here Comes Revenge” sería una secuela sónica de “Enter Sandman” si no fuera por sus destiempos y decepcionantes crescendos. “Am I Savage?” y “Murder One” dejan atrás todo por lo que Metallica se convirtió en Metallica: La velocidad. La primera se aferra a un solo de Kirk Hammet que podría ser soberbio si no fuera por ese sonido inerme que lo rodea, mientras que “Murder One” podría pasar por un tributo a Mötorhead si sólo lo tocaran al doble de velocidad.

En casi 80 minutos, es comprensible que un álbum como Hardwired… To Self-Destruct tenga momentos de tranquilidad, pero se vuelve demasiado cómodo demasiado pronto, e incluso, sigue tropezando sobre sí mismo una y otra vez. Para cuando llegamos a “Murder One” nos surgen dudas sobre si Metallica sigue reconociendo su propio estatus, apostando por sonidos salidos del rock sureño.

Afortunadamente el arma secreta de Hardwired… To Self-Destruct se llama “Spit Out The Bone”, canción que casi manda todas las dudas sobre este álbum al olvido. Un sonido thrash glorioso lleno de velocidad y riffs que, sin duda, se escucharían mejor acompañados de esa distorsión que engalanó a la banda en los 80’s pero que tal vez dirija a Metallica en la dirección correcta para trabajos futuros. Así, “Spit Out The Bone”, cierra el álbum, tomando los acordes de apertura de “Hardwired” y acelerándolos con una precisión y melodía únicas. Su violencia y emoción cambian naturalmente al igual que los ritmos del tema y esto permite momentos fantásticos como aquellos en dónde Rob Trujillo canaliza a Lemmy Kilmister en un solo de bajo, demasiado bajo. Aquí se escuchan los solos más enérgicos de Hammet mientras que Hetfield se concentra en crear riffs reptantes que se dispersan a lo largo de la canción para mantener a los oyentes al borde de sus audífonos.

Es lamentable que una conjunción como esta se encuentre al final del álbum. Una canción que pudo haber sido el arquetipo para todo el sonido de Hardwired… To Self-Destruct, sin embargo, el combustible que se ha quemado en los corazones de incontables fans de Metallica durante décadas, seguirá siendo esa energía que la agrupación necesita para demostrar que la vieja maquinaria aún no esta acabada.

WHITE LUNG – “PARADISE”

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Al escuchar un álbum de exactamente 29 minutos de duración usar la palabra “expansivo” es la forma equivocada para describirlo, sin embargo, el cuarto disco de White Lung, Paradise, es una evolución expansiva en todas direcciones. El último esfuerzo discográfico de la banda de Vancouver compacta instrumentación cruda con melodías brillantes que son atravesadas por insinuaciones que le quitan un poco de punk y lo establecen un poco dentro del pop. Menos enojo y más música amigable. Pero no se equivoquen, White Lung dista mucho de haberse convertido en un acto pop. Mish Barber-Way aún mantiene en su voz ese seco desprecio por todo y en Paradise claramente lo detalla, haciendo referencia a este de distintas maneras.

Para la producción de Paradise, la banda eligió a Lars Stalfors, productor de Chelsea Wolfe y HEALTH, buscando un sonido más moderno y menos crudo; pero al mismo tiempo, estridente y pulido. Una dirección que tal vez, White Lung, necesitaba.

Kenneth Williams, guitarrista de la banda, se propuso componer cada una de las canciones de Paradise en una tonalidad diferente, reafirmando el ritmo del álbum completo sin sacrificar el momentum. “Below” es una “balada” que fácilmente podría encajar en lo indie, sobre todo por su trabajo de guitarra que brilla y zigzaguea a través de los acordes que presenta. De esta forma White Lung exhibe una variedad sonora que le da una faceta diferente y la aleja de sus momentos musicales más clásicos, haciendo que cada canción que constituye a Paradise suene como un eco único.

La producción hábil de Paradise y su arriesgada construcción, son dos aspectos que hacen que el álbum sea dinámico y diferente sin quitarle esa característica fuerza en la trayectoria emocional de sus letras. “Dead Weight”, tema que abre el disco, es un cúmulo de frustraciones reprimidas que va labrando el camino para llegar a “Narcoleptic”, un despertar brutal que le da energía al resto de las canciones que conforman el álbum.

No hay una manera “correcta” de escuchar, leer o acercarse a Paradise. Este es un disco que presenta varias facetas de Mish Barber-Way y de cómo ella las resuelve de maneras inesperadas. “Kiss Me When I Bleed” nos deja ver a una mujer sumida en circunstancias de pasión obsesiva y denigrantes, pero lo interesante es la manera en la que puede mimetizar esos distintos escenarios con su música, para darle un matiz totalmente característico al fluir del disco y de la banda, logrando explotar tabúes que se vuelven un coro intenso y melódico haciendo de Paradise un álbum que habla universal y explícitamente desde una perspectiva femenina, describiendo que la única cura para el dolor, son esas medicinas de amargo sabor y que nos recuerdan que la vida no es tan desolada como a veces podría parecer.

THE DILLINGER ESCAPE PLAN – “DISSOCIATION”

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Por más de 20 años, The Dillinger Escape Plan se han establecido como uno de los actos más interesantes e innovadores dentro de la música dura. La manera en la que gestionan sus intensos ejercicios musicales a través del math rock, prog, post-hardcore, jazz, punk y quién sabe qué más, los han hecho ser una de las bandas más eclécticas de la escena. Esto sumado a sus intensas presentaciones que incluyen sudor, sangre, y en ocasiones, mucho fuego.

Ellos han sido capaces de vencer la barrera de lo estridente para llevar a sus seguidores a un estado de meditación tan cambiante, que por momentos, no se sabe si uno escucha, sueña o despierta. Su tenacidad por experimentar parecía diseñada para sobrevivir cualquier frontera musical, y sin embargo, por desgracia, hay un límite que The Dillinger Escape Plan no puede sobrevivir: El suyo.

El quinteto, oriundo de New jersey, está lanzando su sexto y último álbum, Dissociation, un disco que acaricia las alturas demenciales que la banda consiguió en Ire Work (2007) y que los catapultó al mainstream para seguir haciendo las cosas a su manera.

No es sorpresa para cualquier fan, que Dissociation esté a la altura de las expectativas de la banda, ya que no sólo es el álbum con el que la banda termina su existencia, si no que también, es un disco totalmente impredecible. Con “Limerent Death” como primer sencillo, la banda sienta las bases en la una unidad perfecta de sonidos afilados y diferentes gamas de negro que bien podrían hacernos pensar en un intrincado tatuaje. El título del sencillo se refiere al final de un estado romántico, y en el, se siente la frustración y la rabia adornadas con las letras de Greg Puciato, que disuelven el ímpetu con el que la banda ejecuta la canción, hasta el momento en el que los sentimientos del pasado se vuelven tan viscerales que dejan de existir.

Como siempre, The Dillinger Escape Plan sabe cómo equilibrar la furia esquizofrénica con los sonidos más relajantes, ya que inmediatamente después de “Limerent Death” escuchamos “Symptom of Terminal Illness” dónde Ben Weinman y Kevin Antreassian esbozan frágiles líneas rítmicas y acordes suaves y hasta los momentos relativamente más tranquilos tienen su propio núcleo lleno de intensidad, como la canción cargada de jazz “Low Feels Blvd”, que nos rompe el momentum para luego encontrarnos con un dulce falsete en “Nothing to Forget”.

“Wanting Not So Much as To”, por su parte, entrelaza esa disociación característica de The Dillinger Escape Plan en un solo track. Billy Rymer se mantiene al día con ritmos dispares y sorprendentes, notas fantasmas y una métrica bizarra que podría caer en un solo género musical que llega hasta “Fuge”, tema que contiene una resbaladiza esencia electrónica muy a la Aphex Twin.

La canción que cierra el álbum lleva el mismo nombre del disco, este tema es una nota apropiada y dramática que sirve como un telón que poco a poco va cerrando y va escondiendo el último aliento de un acto itinerante y explosivo. El estruendo industrial, el ritmo metálico y la voz de Puciato inundan la escena donde su voz crea un juego sugestivo y después de más de 3 minutos de la voz de Puciato, la batería de Rymer hace presencia para mandarla a un lugar de mayor armonía y oscuridad. Los instrumentos se matizan y lo dejan a él sólo en un dramático final.

Sería difícil decir que Dissociation es el mejor álbum de The Dillinger Escape Plan por que siendo el último, siempre tendremos la duda de qué es lo que se les habría ocurrido para dar continuidad a este, pero honestamente, ellos siempre estuvieron muchos pasos adelante, musicalmente hablando, como para tratarlos con una narrativa básica. Así, su último álbum, es cíclico y se engendra a partir del amor para llegar, conclusivamente a la muerte, mientras que en el transcurso musical se puede apreciar toda la belleza del camino que une el inicio y el final.

Es cierto, puede que jamás haya otro disco de The Dillinger Escape Plan, pero este se adapta perfectamente a la trayectoria de la banda.

MONO – “REQUIEM FOR HELL”

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El cuarteto de Tokio, Mono, puede no haber sido siempre la más original de las bandas que entraron al terreno del post-rock. Comenzando su carrera cuando el trayecto de este género ya tenía a grandes representantes, como GS!YBE o Mogwai, Mono ha permanecido como un constante recordatorio de la dinámica del género a pesar de que la fórmula para hacer post-rock se ha reformulado en pocas ocasiones.

A pesar de no reinterpretar la forma de acercase a su música, Mono, ha sabido sobrevivir en una época en la que el post-rock ha sido un poco aislado del mundo musical. En gran parte esto deben agradecerlo al trabajo de Steve Albini que les produjo 3 álbumes y los apoyó como su ingeniero de audio y sala en varias giras, además de ser una de las bandas más conocidas de Japón y constantemente estar creando, inventando y escribiendo nueva música.

Así es cómo 10 años después, Mono, regresa con su noveno álbum de estudio Requiem For Hell, un esfuerzo musical que conglomera lo mejor del back-to-basics de la banda y los reconecta con su sonido original al mismo tiempo que buscan tocar territorios más oscuros y pesados. También, Requiem For Hell, ve a la banda regresar a la producción de Steve Albini que logra encaminar de manera increíble este álbum inspirado en la Divina Comedia de Dante Alghieri.

Si no están familiarizados con la música de Mono deben saber que son dos guitarras, un bajo y batería que a momentos suenan monstruosamente abrumantes, como si tuvieran más integrantes cuando en realidad son sólo cuatro personas. A pesar de todo esto, Mono, es una banda bastante genérica, continúan teniendo esa habilidad para escribir canciones impresionantes, torciendo las guitarras y las cuerdas, las notas e interpolando ese sentimiento que parece hacernos flotar.

Requiem For Hell permanece siendo un álbum muy al estilo de Mono: No hay nada que sorprenda demasiado en este disco. “Death & Rebirth” es un tema clásico que incluye las cualidades más interesantes de Mono para hacerlo un clásico instantáneo de la banda. Mientras tanto, “Ely’s Heartbeat”, concluye un momento despuntante del sonido al que el cuarteto nipón ya nos tiene acostumbrados.

Y, sin embargo, Requiem For Hell simplemente funciona. A pesar de mantener esas tonalidades y colores clásicos, Mono continúa siendo una banda digna de escuchar y de brindarle atención. Tal vez la mayor virtud de Requiem For Hell sea que más allá de describir todo lo que se escucha y cómo, debe servir para describir lo que se siente al escucharlo, sobre todo al tratar de musicalizar la grandeza que exige caer dentro de los nueve círculos del infierno dantesco y salir de él, ileso.